Saturday, December 26, 2009

Una Navidad Terrorista

En un lamentable entierro el veinticinco de diciembre, varias personas me comentaron sobre lo afligida que se veía una tía mía, a quien llamaremos Auntie Claire. Vestida de negro Morticia, lloraba a mares en una esquina, lejos del cortejo fúnebre. Lo que ignoraban los preocupados era que no lloraba precisamente por tristeza. Yo la conozco. Si bien fue a ofrecer su sentido pésame –pues todos quisimos a la difunta- al verme se tuvo que retirar a una esquina y comenzar a llorar lágrimas de cocodrilo – de la risa. Yo le traía recuerdos de la noche anterior, la víspera de Navidad, y eso provocaba en ella recuerdos malandros que hasta hoy no sé como perdonárselos. O como vengarme.

La Navidad en mi casa fue como en todas. Rodeados de familiares que se pelearon todo el día porque el papá no compró el hielo, a la hija se le olvidó el pan de jamón y a último minuto, la mamá, exhausta de poner la mesa con la vajilla fina, se recordó de la existencia de un sobrino sin importancia, por lo que hubo que salir corriendo a comprar un regalo. Con el cansancio a cuestas opacado por la pinta exitosa y el olor a pino mezclado con laca, comenzó el bonche con el sonido tradicional de la Navidad en mi casa. No precisamente el sonido de la gaita sino más bien el aullido de las perras a la mesa donde se encontraba el pavo.

El descorche de la champaña inauguró la festividad. La lastima fue que en un caso insólito, el corcho salió disparado hacia el techo, donde rebotó en un ventilador y le terminó cayendo en los lentes a la abuela que habían sentado en un sofá escogido estratégicamente para alejarla del frio, las perras, los niños y cualquier otra causa de accidentes. El corcho jamás estuvo en la lista de posibles por lo que gracias a Dios, hasta la Nonna tuvo que lanzar un educado “coño” y morirse de la risa.

Cual Kevin McAllister el de Home Alone pero a la inversa, Alejandro mi hermano y Claudia mi prima llegaron en el vuelo desde Milán. Luego de descongelarlos porque esos vinieron casi que en un cubo de hielo, producto de las fuertes nevadas en Europa, comenzamos la repartición de regalos. Todos los regalos muy bellos. Pero no contábamos con que Auntie Claire traería unas cuantas sorpresillas a la mesa.

A mí me regaló una cámara fotográfica. Yo me sentí el hombre más sortario del mundo porque vamos, hoy en día ni a una novia se le ocurre regalarle a Roberto Mata una cámara. Siempre son carteras y porta billetes. Ella me convidó a tomar fotos, posando junto a mi tio con sonrisas Colgate que la hacen merecedora de la más simpática. Y yo sentía que la cámara era demasiado liviana para ser verdadera y lo decía a viva voz pero ella insistía en que le tomase una foto. Trataba de prenderla o de ver porque pesaba tan poco pero en esta era de Mac Air, todo es posible. Craso error.

El pulsar el botón del zoom hizo que todas las cargas magnéticas de un rayo cósmico volasen cien veces a lo largo de mi brazo. Me había electrocutado como un idiota, lanzando la cámara por los aires y poniendo esa cara que ponen los chamos que buscan a un adulto antes de empezar a llorar. Pero no encontraba más que las risas histéricas de la malandra de Auntie Claire. La terrorista esa había encontrado la única tienda en el centro comercial Millenium donde no venden sostenes y camisas Arrow y comprado regalos de bromas pesadas. Esos regalos que uno cae como un idiota para que los demás se puedan reír a carcajadas de la reacción de uno. Y a ella le encanta eso. Estoy seguro que fue una de las primeras inversionistas de los Whopee Cushion cuando salieron.

Obviamente decidí no hablarle más. La sonrisa obligada que uno pone en Navidad que pega con el sweater de crochet con Rodolfo el reno bordado se cancela automáticamente con regalos que no gustan. Ella con risas verdaderas me pedía mil perdones, y yo con risas falsas le decía que no se preocupara. Pero secretamente quiero demandar a la compañía porque eso no fue un descargue eléctrico normal. Eso es haber pegado el dedo en el enchufe de la represa del Guri.

Aún así, no pienso que me fue tan mal. A las dos de la mañana cuando ya todos soñábamos en nuestras camas, mi señora madre que no puede dormir a menos que toda la casa esté en correcta formación, se sentó en la penumbra de su terraza inmaculada a apreciar la noche antes de dormir. Viendo un cigarro puesto en un cenicero de cristal, pensó en lo afortunada que era pues su marido o alguno de sus hijos le había dejado el ultimo cigarrillo como recompensa de su labor titánica al haber producido (las cenas de mi mamá son producciones al estilo Joaquín Riviera) una noche memorable.

BOOM! Ella no sabe que pasó o como pasó. Lo único que se acuerda es que Josefa salió en pijama con un casco de guerra puesto corriendo hacia donde ella estaba. Un encendido del cigarro había provocado un estallido estruendoso como para que más nadie vuelva a prender un cigarro y aspire. En esta vida y en la próxima. Mi mamá tranquilizó a Josefa, quien ya estaba opinando que los vecinos nos iban a atacar (Josefa se toma en serio la guerra con Colombia) y se fue a dormir sin poder dar explicación a la explosión.

Siete de la mañana se oye otro BOOM! en mi casa, seguido por un “COÑO”. Alejandro mi hermano, despierto por el jet lag decide abrir el sobrecito que le trajo Auntie Claire metido en una cartera nueva. Mi papá nos enseñó que cuando a uno le regalan real, uno da las gracias y espera hasta que esté solo para ver cuánto le dieron. Lo que no sabía es que la terrorista de la tía le había metido los reales en una cartera explosiva. Ahí mi mamá hizo su conexión con el cigarro de la noche anterior y en el desayuno cuando le conté mi episodio con la cámara, ordenó una requisa exhaustiva de la casa en caso de cualquier otra plantación de minas antipersonales por parte de la Tía Terrorista.

Y la gente en el entierro unas horas después me pedía que fuese a consolar a mi tía. Pero la gente no podía entender que yo no la quería saludar. Yo lo que quería era encontrar una venganza rápida y efectiva que me elevase a la par de sus bromas. Mi mayor tragedia es que estábamos en un sitio donde había que jugar a ser gente grande. Pero ya en casa estoy en mi laboratorio planificando mi venganza. ¡Voy a encontrar la manera! Mientras eso pase, por órdenes superiores de Josefa, Auntie Claire no entra a mi casa sin pasar por un detector de metales, una requisa canina y varias preguntas de seguridad porque "¿cómo la Señora Clara le va a hacer eso a mi compae Don Totín?" Clara, como mi abuelo Viejo quien no se ha cansado de llamarme por el celular a burlarse de mí, sigue riendo a mares respondiendo siempre: “¡a mí que me registren!”

A la Tia Terrorista: Just you wait Henry Higgins!

6 comments:

Auntie Claire said...

Tots I love you!!! Everything was planned para salir en tu blog otra vez, porque como ya no salgo en las revistas....tengo necesidad de buscar notoriedad de otra manera!!!! Jijijijijiji, solo te pido que no entres en una armeria para planear tu venganza, I still want to LIVE a couple of years!!!

Dad said...

JA Ja!! eso me recuerda al día que estábamos en un taxi y al bajarse se tiró un PEO y al bajarse me dijo: Juan, cochino!! y el taxista espantaba el olor con la mano!! That is AUnt Claire, the one we all love

Brigida said...

Toto que bien escribes Aunti Claire y sus locuras…. La foto de gata genial Viejo se moría de la risa Besos YIYA

Jorge said...

Que maravilla!! Todavia se estaba riendo cuando hable con ella!

Mari said...

NO HE DEJADO DE LLORAR ]!!!!!!! YA SABIENDO EL CUENTO CONTADO POR LA TERRORISTA, RESULTA QUE LEIDO DE "UNA NAVIDAD TERRORISTA " ESCRITA POR EL GRINCH, ES AUN MAS DIVERTIDO!!! MIS CONDOLENCIAS A LA FAMILIA AGUERREVERE BRANGER !!!! JAJAJAJA
MILES DE BESOS!!!!!!!

Nelly Guinand said...

Totin jajajajajajaja La cabana en PA retumbaba de mis carcajadas y todod abajo no entendian que me pasaba. No he parado de reirme mi ahijado querido,me imagino todo el cuadro de esa noche .... con la que supuestamente quiere tener "un millon de amigos" ,espantandolos con las bromas!!!!con todo lo que han pasado este ano Clara acerto con una Navidad diferente y divertida. Desde una cabana en la montana solo con pistas de ski con nieve artificial les mandamos unos besos Los Galavis Guinand

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