Wednesday, September 30, 2009

Yo no [era] racista

Yo no soy racista. Crecí en un colegio laico donde abundaban todas las nacionalidades. El uniforme comunista impuesto por Luis Herrera Campins luego de su visita a China nos ha podido enmarcar a todos dentro de un ámbito de igualdad pero la verdad, el color de piel, los accesorios religiosos como el velo o el kipá y el contenido de nuestras loncheras nos distinguían más que una camiseta blanca. Luego me mudé a otro colegio donde el más negro era albino pero eso no hizo que yo cambiase mi forma de pensar en cuanto a los demás.

Soy de mentalidad abierta y acepto que cada quien tiene una forma de pensar, vestir o comportarse, pero en verdad, verdad no soporto a aquellas personas que insisten en disfrazar a sus mascotas de humanos. Tengo el leve presentimiento que las próximas discordias religiosas se basarán más en el tema del agua que sobre la religión y si tuviera un deseo jamás me lo gastaría en la paz mundial, sino en una cura para la calvicie. La gente calva ha sido discriminada a lo largo de la Historia y nos necesitan. En algún momento llegará La Rebelión de las Catiras y no hay nada peor que una catira con iniciativa. Al no tener pelo, los calvos no tenemos nada que perder en la destrucción de las Stepford.

Si el racismo está presente en Venezuela, no se habla a viva voz. Cierto, el 90% de la publicidad vende un sueño que ni siquiera es de nosotros. A menos que todos seamos hijos de Camila Canabal o de Norkis Batista y no lo sepamos. Las políticas de entrada a una discoteca en Caracas se amparan bajo el “se reserva el derecho de admisión”, código clave para decir que si a un gordo sin amigos con mirada al horizonte no le da la gana que tú entres, tú no entras. A veces temo que al morirme vaya al Cielo y haya un bouncer. Eso sería el colmo.

El Señor Presidente siempre ha mantenido un discurso que la gente oligarca (yo la busco. En serio que yo sí he buscado a los oligarcas y, salvo una doña encopetada que parece guerrillera, no los encuentro) lo desprecia por considerarlo “zambo” o “negrito merecumbé”. Y si lo dice, sus razones tendrá. Resentimiento u orgullo, la que mejor le convenga. Uno no tiene problema aquí con cómo se vean sus presidentes porque bastante flaco que era López Contreras y ese sí supo ser militar convertido a civil. Pero ojo, uno no tiene problemas con sus presidentes. El problema es cuando vienen los demás a tu país y te imaginas si esos fueran los que gobernasen aquí.

Es ahí cuando me entró la locha: yo soy más racista de lo que pensaba. En una acostumbrada transmisión en cadena nacional de la cumbre presidencial celebrada en la isla de Margarita el pasado fin de semana, no apareció el presidente al que estamos acostumbrados. Lo que apareció fue otro presidente que me hizo agradecer al mío. Hablaba sobre la discriminación que sufrían algunos países por parte de la FIFA, al no poder competir para ser sedes del Mundial y aún así uno no podía dejar de pensar en que si esta persona apareciese en televisión todos los días de nuestras vidas, el estrés nacional sería tan elevado que la FIFA no nos negaría la sede precisamente por la altura del terreno nacional.

A nuestro presidente, uno lo ve como uno más. Son catorce años en Sábado Sensacional de lunes a domingo y aunque se le ame o se le odie, ya nos es reconocible. Así sea de corbata o de boina, es cuestión de costumbre mediática. Aunque estoy de acuerdo en cómo luce y no estoy de acuerdo en lo que dice, lo cierto es que la lección de esta cumbre es que siempre podemos estar peor. Si eso es racismo, que me agarren confesado. Uno sufrió demasiado de chamo con las películas del Viernes 13 y ahora con el hampa para encima no salir corriendo si a ese otro presidente le gustó esto de las cadenas de transimisión nacional en nuestro páis y se viene a decir que se quiere lanzar a presidente por estos lares. A ese -como las hienas en El Rey León- sí hay que decirle "Mufasaaa".-

Tuesday, September 29, 2009

'Sin Título' - por Anónimo

La incomodad de verte detrás del lente me impide que sonría. Que me vea a tu ojo y te diga en silencio, todo lo que te he decir. Me veo incomodo, me siento triste. No, prefiero no sonreír. Es la fotografía. Todo lo que ella representa. Una historia que se ha de contar mientras se aprieta el gatillo. Se apunta al blanco. Disparo. Silencio. Luz. Paz. Yo. Tú no existes en la gama cromática. Ni uno solo de tus cromosomas compone el objetivo. No eres más que un dedo que aprieta. Un ojo que enfoca. Un narrador inexistente. No existes. No estás. Estoy solamente yo. Extrañándote a mi lado. Queriendo ser dos en la trama y no el sencillo soldado que se sienta a posar para tus caprichos. Deseando por todas las vírgenes que seas un reflejo guadalupense en mi ojo derecho. Una sombra. Viéndome a la cara. Yo soy tú y tú eres yo pero nadie lo sabe. Nadie que no se atreva a mirar a través de mi ojo. Nadie que no me diga a la cara ‘yo tomé esa fotografía’ y que yo conteste ‘Sí. Fuiste tú.’

Monday, September 28, 2009

Gone Baby, Gone

Me tuvieron que sacar de la camioneta a patadas, pero he's gone baby gone. Con el sobrepeso más grande del mundo que es descarado lo que va a tener que negociar en el aeropuerto y todavía semi drogado de los efectos de medio Tafill que se tomó para dormir, luego que se lo tumbó a una prima que parece dealer en estupefacientes para los nervios. No habla ni una sola palabra de italiano. A fin de cuentas, "vodka" es traducible en todos los idiomas. Pero a Milán se larga.

Yo estoy como Morgan Freeman en la película The Shawshank Redemption: "I have to remind myself that some birds aren't meant to be caged. Their feathers are just too bright. And when they fly away, the part of you that knows it was a sin to lock them up DOES rejoice. Still, the place you live in is that much more drab and empty that they're gone. I guess I just miss my friend."

Sunday, September 27, 2009

Exceso de Equipaje

He intentado deshacerle la maleta, esconderle el pasaporte, decirle que CADIVI llamó negándole la manutención. He tratado de llamar a la Guardia Nacional para que lo recluten, decirle que hay un rumor de pasillo que existe un bebé en Caracas que es de él. He evadido el tema, puesto excusas y espetado ‘peros’. Por un momento consideré bombardear el Boquerón I este fin de semana para impedirle el acceso a Maiquetía pero decidí que me da fastidio manejar hasta allá. Alejandro mi hermano se larga a vivir a Italia y no hay manera de convencerlo que se puede ir a comer pasta en La Strega, merendar en la 4-D, ponerse una camisa del Milan y aplaudir a las mujeres sin tener que salir del circuito de Chacao.

Es cómico esto de las partidas. Uno no se ve más de cinco horas en promedio durante el día, pelea por quien se robó las tijeras de uñas, no se soporta como maneja jugando Mario Kart o porque se agarró el sofá que es cómodo. Inevitablemente, todas esas peleas pasan a segundo plano cuando uno se da cuenta que el día de mañana, son esas las cosas que vas a echar de menos. Es difícil desacostumbrarse a un patrón de convivencia que ha durado veinticuatro años. Así siempre me haya hecho perder en Mario Kart.

Todavía ni me he molestado en asomarme en mi closet. Ser de la misma talla y tener una política comunista que todo lo que no haya sido estrenado o abierto es territorio libre para quien lo agarre primero, ha dado pie para compartir dos closets. Tengo el leve presentimiento que al abrir el mío mañana, pondré la misma cara que pusieron los Who cuando el Grinch se las dio de hampón y se robó hasta los cubos de hielo en la nevera. A ellos les dio por cantar porque la Navidad vino, aún sin regalos. Yo soy cursi pero tampoco nudista. Ese pendejo seguro me dejó con unas cholas que dicen I Love Margarita y una franela sin mangas de algun concierto del cual ni me quiero acordar.

Las despedidas con los amigos de él han ido y venido durante todo el fin de semana. Uno de esos fines de “salir a rumbear sin pensar en la cuenta”. Cuando uno se va a vivir afuera, los papás de uno se ponen permisivos. Usar la tarjeta de crédito “de emergencia” en servicios de vodka califica como una “emergencia” porque siempre se puede inventar que a Alejandro le dio una crisis de nostalgia en plena discoteca. Para cuando llegue la cuenta y comience la histeria paterna, ya la persona que se lanzó dos servicios, una parrilla y cincuenta shots está a más de diez mil kilómetros de aquí. A mí no me cae el regaño porque siempre puedo decir: "yo le dije que eso era un abuso." Toto: 4; Enano Expatriado: -3.

Aún sin gastar mucho, eso de salir a rumbear para despedirse de los panas hay que hacerlo. La semana que viene los amigos de Alejandro no se llamarán Carlos, Isabel y Guillermo. Serán Gino, Minerva, Patrizia, Keong-Lee, Salam, Tatiana, y Bruno los que ocuparán los puestos de los pelabolas que acompañaron a mi hermano durante toda una vida caraqueña. En mi casa cruzamos los dedos porque se consiga una gran fortuna de un pequeño país latinoamericano. Indicativo que podemos vender todo, irnos hacia Italia, comprar la villa de Under the Tuscan Sun y pasarle la cuenta a Alejandro. Suficiente con que nos lo calamos veinticuatro años de vida como para que no venga a retribuirnos con creces la inversión en educación que nos lanzamos para que fuera “un muchacho de bien”. En serio, el postgrado que va a hacer no nos interesa tanto como la heredera. Queremos la villa.

Despedidos los amigos, ya la última maleta ha sido lanzada en la entrada. El candado puesto y el sweatercito del avión tumbado encima para que no se olvide. Los 22 kilos que permite la aerolínea, copados de todas aquellas cosas del pasado que son lo suficiente esenciales e importantes como para sobrevivir los primeros días de un futuro con calzoncillos limpios. Lo que Alejandro mi hermano ignora, es que inevitablemente le van a cobrar exceso de equipaje y mentará madre y comenzará a gastar el cupo de CADIVI antes de lo previsto. Esta noche, adentro de esa maleta, me estaré metiendo yo. Si no lo pude convencer que no me abandonara, por lo menos me tendrá que admitir cuando abra la maleta, que di la talla en la pelea.-

Thursday, September 24, 2009

El pueblo aplaude si te lo mereces

“¿Cómo se le explica a un extranjero que hace 10 minutos
todos veíamos [el Miss Venezuela] por gusto
y ahora vemos [a Chávez] por obligación?”

Me divierte el hecho que el Estado venezolano esperó a ver si Boris Izaguirre –la única persona que se gozó plenamente las cuatro horas del Miss Venezuela – se atrevía a robarse la corona del concurso, para lanzar posteriormente una cadena nacional con el discurso del Señor Presidente en la Asamblea General de la ONU. Boris modeló, gritó, se arrodilló, tuvo vaporones, cayó en éxtasis con Maite, se abalanzó sobre Maite, quiso ser Maite y aún así falló en ser algo más que un efecto relleno para algo que no necesita más que solamente a Maite.

Maite Delgado es lo suficientemente representativa del mundo de Arcoíris Rainbow Brite como para que vengan a insistir que Boris Izaguirre le va a imprimir más colorido a un show que no necesita más luces rosadas. Ni tampoco camas en el escenario, ni el copete de mango chupado de Daniel Sarcos, ni “polizones aéreos”, ni los mensajes institucionales de responsabilidad social de Venevisión para tratar de acabar, de una vez por todas, con la raya que tienen montada con el país. La cadena posterior lo dijo todo sobre como se bate el cobre en este país. No podemos pretender que el Estado haya sido lo suficientemente permisivo como para no querer negarle a Venezuela una noche en la cama reguetonera con Miss Venezuela. La lástima es que crean que el pueblo no se da cuenta.

Si queremos ver una encuesta para saber cómo está el país, basta lanzarse a ver la cadena del Miss Venezuela y oír “a ver cómo están esas barras”. Las barras no engañan, porque dicen exactamente lo mismo que está diciendo el televidente en familia. A la que respondió permiso/perdón/permiso le gritaron “bruta”. A la que ganó, le gritaron “sifrina”. A la face to face, "creída". A nuestras nuevas Luisas Cáceres de Arismendi (Mendoza/Fernandez) les gritaron “te amo”. A Boris le lanzaron su “ayyyy” y a Gabriela Chacón su merecida pita.

El pueblo no es bruto, por más que diez mujeres con toda la presión de la ignorancia a sus dieciocho años no se sepan defender con una pregunta medianamente sencilla. Puede ganar Miss Take y aún así el público sabe que la que se robó el show no fue Boris, sino la que practicó con el coleto de su casa para hacer el movimiento futbolista con el trapo en el traje de baño. El entretenimiento no engaña. La propaganda, cuando es impuesta, sí.

Ya la señal del Poliedro estaba fuera del aire cuando salió la cadena nacional (cadena que no es nueva, ya se ha hecho en años anteriores. Si L’Ebel y Multinacional de Seguros capitalizan en una noche tan linda, el Gobierno no puede pretender desaprovechar a la multitud de audiencia televisiva que sigue ese bonche). Aún así, hubiese sido interesante conocer la reacción de esas barras a las que Maite tanto le pide aplausos, sobre la cadena nacional. Dijeron mucho más durante la transmisión del concurso que lo que puede decir una encuesta de Datanalisis o un autobús de franelas unicolores. Libres como son, aplaudían cuando el entretenimiento lo merecía. Lástima, que el verdadero Mister Venezuela – nuestro Bonaparte criollo - no deje que veamos lo que pasa después. Ni siquiera para saber si encontraron a la fugada Miss Distrito Capital.-


Nota: A mi amiga la eterna Miss Sucre, Jewel-N Recao: mis comentarios de Entertainment Police están en Twitter pero avisa si quieres más enchilada.-

Wednesday, September 23, 2009

Atropello Olígarca contra nuestro Himno Pop

El Señor Presidente podrá estar jugando Battleship en Honduras, CADIVI anunciando que le darán petrodólares solamente a aquellos viajeros que estén dispuestos a vacacionar en Yemen y las cable operadoras contratando a pasantes para que vean todos los capítulos de Los Picapiedras y determinen -luego que los marihuaneros en Family Guy le arruinasen la fiesta a todas las demás comiquitas- si los cavernícolas son lo suficientemente revolutionary friendly como para poderlos transmitir en Venezuela.

Admitimos que últimamente, las cadenas están más entretenidas que las novelas. Por lo menos ahora vamos a Cannes y si Juanes cantó en Cuba, estamos a esto para que nos traigan a Bono. Todo sereno en la ciudad de Nottingham; marginados pero serenos a los que no nos ha dado la locha de salir corriendo en búsqueda de Robin en el bosque de Sherwood. Todo, hasta que leemos en prensa que Venevisión –sacrilegio para las encopetadas, chicle bomba para Josefa – ha decidido remozar el himno del Miss Venezuela.

No es un cambio para adaptarse a términos rojo rojitos (o en el caso del concurso rosado, rosadito). Más bien, es una cuestión de derechos legales, dado que los autores originales de la canción están reclamando recompensa por el uso del canto patriótico –aunque escarchado- a la única noche “tan linda” que nos permitimos en Venezuela cuando no nos da por jugar policías y ladrones.* Como resultado, será otra la versión que oiremos los venezolanos de ahora en adelante. Una desgracia absoluta pero que, si se ve en términos de paz y reconciliación en Venezuela, es la oportunidad perfecta para que ambos bandos den el paso al frente en contra del reclamo de esos derechos.

Por primera vez en la historia de la fundación de esta V República (algo debatible pero si lo explico, pierdo el punto), este cambio no es culpa ni del gobierno (quien ha substituido tantos nombres que aun hay gente que no se ha bajado del Metro en un año buscando la estación del Parque del Este) ni de la oposición (quien ha fundado tantos nuevos partidos y movimientos que la gente tiene todo un closet de parafernalia propagandística como para vestir a Bosnia).

Por primera vez, desde la compra de maquinaria Kaláshnikov, creación de bases aéreas, satélites y Madres por la Libertad, el ataque al frente proviene del enemigo imaginario que se ha hecho realidad: dos compositores extranjeros, aferrados a su vil y salvaje capitalismo que osan intervenir en la idiosincrasia del venezolano para arrebatarle, peor aún, cobrarle, lo que por cultura propia le pertenece: la canción del Miss Venezuela.

Con este atropello mediático, no pierden solamente las veinte liceístas disfrazadas de la Madre Teresa de Calcuta en lentejuelas con bandas ilógicas como Miss Península de Paraguaná. Perdemos todos los venezolanos. Nos quitan algo más que la marcha de Venevisión y el Alma Llanera y nos niegan nuestra oportunidad de jugar a no ser niches por una sola noche. Aun así ganamos, porque con toda la habladuría de la oligarquía, el imperio y el yankee dominador, POR FIN, hemos dado con El Dorado y hemos encontrado a los verdaderos olígarcas. El Presidente tenía razón: son Darth Vader disfrazados de corbata.

Con "el objetivo" ya identificado, El Señor Presidente por fin podría tener su Guerra Zamorana con la que tanto ha soñado desde que se le ocurrió sentarse debajo de ese Samán de Güere y la oposición estaría de acuerdo en acompañarlo con la espada en mano. Es la única instancia en la que tanto los Montescos como los Capuletos dejarían las rencillas para unirse al frente común y luchar, rodilla en tierra o corona en mano, con lo que es nuestro. ¿Qué quieren real por una canción que nadie sabe que existía en inglés? Fuera Yankees (son británicos pero después de la debacle de Thatcher con Las Malvinas, según el Señor Presidente son lo mismo.) ¡No volverán!

Ojalá suceda. Si no, como bien dice mi amigo que escribe en La Cagada, siempre quedará reclamar cuando nos quiten la otra canción que nos identifica como venezolanos: la del heladero de Tío Rico.-

*Siempre me he preguntado si en la noche del concurso varían las cifras rojas o si de verdad, el concurso extiende, como cariaquito morado, esa “noche tan linda” hacia el resto de los venezolanos. Alguna vez leí que la criminalización en Nueva York bajaba a la hora de la transmisión del show “I Love Lucy” en los años cincuenta y según un reporte de la UNESCO, en la guerra de Bosnia existía un alto al fuego durante la transmisión de la novela brasileña “La Esclava Isaura”. Pero si aquí hasta la corona le tumban a la miss durante el show, dudo que pase.

Tuesday, September 22, 2009

Eparquio se libera de Los Hitlers

Seguimos con la regla canina que aparentemente es más larga que la descripción de un vestido contada por Boris Izaguirre. A la palestra de la casa de Doctor Doolittle en donde solamente falta “a partridge in a pear tree”, tenemos que añadirle que Eparquio el loro ha vuelto de la clínica. Sí, yo tampoco sabía que los loros se hospitalizaban. Raúl mi amigo se burla de mí, preguntando si en la “clínica” hay fuente de soda, farmacia y tienda de regalos para que los “familiares” se sienten a esperar por el diagnostico, porque a fin de cuentas quién demonios hospitaliza un loro.

La defensa de mi familia es la siguiente: cuando a un ave que tiene dieciocho años en la misma jaula, cantando opera cuando llueve (producto de imitar a Alejandro mi hermano que cantaba Pavarotti cuando se bañaba) y respondiendo los parlamentos de la novela de las tres de Venevisión, le da por caerse por cualquier razón durante la noche, cacarear como cuando la Bruja se robaba a Toto (no yo, el otro) y atacar a cuanta persona se le acerque a ponerle comida como si fuese el engendro del cartelón de la película “La Huérfana” (señores hacedores del cine: why?), no quedó más remedio que sacarlo entre cuatro –fue digno de You Tube- meterlo en una caja de Equipana y llevarlo al único veterinario en Caracas que podía exorcizar al demonio verde.

La clínica de animales exóticos – la semana pasada había entrado un hurón, la otra fueron a rescatar a una tortuga descarriada – tiene lo mismo que cualquier veterinario, salvo que cuando preguntas que como se llama el hámster te ven con cara de ignorante y te dicen que es un acure. El veterinario es la versión criolla del extinto Steve Irwin (el de los cocodrilos), una de esas personas que sientes debería tener un programa en Discovery y que si fuese tu amigo en Facebook lo odiarías porque seguramente es uno de esos que “te es buzo, te es ciclista, maratonista y chef”. La versión animal de Titina Penzini.

Con asombro le entregamos “el paquete” con el engendro de Chucky adentro, alertándole que era un animal muy violento. Cuál fue nuestra sorpresa cuando el loro sacó la cabeza de la caja, nos vio a nosotros con pánico y decidió volar cual ave fénix hacia los brazos del criollo Steve Irwin como si él fuese un secuestrado, nosotros la guerrilla e Irwin la Embajada de Gran Bretaña. Irwin no nos vio con la misma cara después del episodio.

Ese hecho se agravaría tres días después cuando nos llamaron a buscar al loro. Como en esta ciudad nunca hay puesto, fue uno de esos momentos “mamá, bajate chola yo doy la vuelta y te espero aquí.” El semáforo de la esquina no había cambiado cuando ya mi madre me estaba escribiendo un mensaje “bájate porque el doctor tiene que hablar con nosotros”. Diantres. Matamos al loro. Con la sobriedad que amerita el luto, entré al veterinario silenciosamente en señal de respeto.

Para mi sorpresa, ahí junto al hámster gigante caminando como buhonero corriendo para conseguir buen puesto en Sabana Grande, estaba Eparquio el loro. Feliz y contento. El veterinario me vio con cara de párroco de colegio por lo que entendí que lo que íbamos a hacer no era precisamente relatar el Discurso Fúnebre de Pericles sino más bien el Juicio de Nuremberg. Con la primera pregunta “¿Ustedes solamente le han dado a este pobre animal semillas de girasol a lo largo de estos dieciocho años?” pensaba desesperadamente en Steve Irwin. Que simpático era ese Cocodrilo Dundee, vale.

El cuadro clínico del loro consistía en niveles ínfimos de azúcar, irritación en la piel producto de una dieta mal balanceada, tres picaduras de ratas en la cabeza y en una de las alas, depresión y tormento por el perenne encierro. Órdenes estrictas: dejar al loro ser, semillas de girasoles son el postre, no el plato principal. Encima, “antibióticos porque el loro tiene gripe”. Firmando el cheque estoy seguro que mi mamá pensó estampar su rubrica seguida por “de Hitler”. Por dieciocho años habíamos sido el Sendero Luminoso para un pobre pajarraco que jurábamos era feliz porque Josefa no hacía más que hablarle y él contestaba. Hoy sabemos que Josefa terminó de marear al loro por la época en que se estrenó Marimar y no ha vuelto a ser el mismo desde entonces.

Así que suelto está Eparquio. Se construyó su propio Shangri-La debajo de un bonsái los primeros días pero poco tiempo después consiguió una tridilosa por la que se trepa. Picotea a las perras cuando se acercan a robarse su lechuga y su patilla y es la única persona (es persona, estamos convencidos) que se ha gozado los aguaceros debajo de un matorral porque nos ve coleteando las inundaciones de mi jardín y pensará que esa es la sentencia de trabajo forzado que nos merecemos. Lo que no esperábamos es que ahora a la hora del almuerzo, a nuestros pies se sientan tres perros y por los costados camina Eparquio el loro, cacareando como dueño del valle encima de alguna alfombra persa. Retándonos a que le digamos que por ahí no puede caminar. Bandera blanca al pajarraco. Los Hitlers claramente perdieron contra la Resistencia Verde.-

Monday, September 21, 2009

Reunión imaginaria de los blogs que leo

Me encuentro sin el chivo y sin el mecate en el Aeropuerto de José Leo sentado @Nina’s, oyendo la canción “Live From My Mind” del soundtrack de la película Fantocheblog y comiéndome un Korova milk bar lleno de golosinas con vitaminas, esperando que sean las ¿5:18? para lo que será mi punto de encuentro con Ardivs.Madness, quien me viene a contar desde el exilio (una vez que levante mi cartelón que dice "Look...It's Me!" para que me reconozca) si es verdad que es Topacio reloaded desde que vivió un amor de fuGas perpetuas con [Escribe tu nombre aquí] el cual fuese reseñado -¡Ayúdame Freud!- por Zurimendii en las True Stories of Berdarkness, sabiendo que ya era hora que esa (poesía urbana) estuviese en la palestra, pues aunque la vida es una nota, hay algunos amores que no apuntan a where the sidewalk ends ni son parte de la ideografía de mdLa, sino que se vuelven una colección de cachivaches que se asemejan a la cagada de los bienes raíces en Caracas y terminan cayendo –como the legal ramblings of Dr. Moisita- en meros cuestionamientos existenciales como “¿y tú que vas a hacer allá?” de los cuales ni el excelso Facility Manager -consultando un texto Lib:Lab- ni alguien que tenga repetidos dreams4aninsomniac poseen la respuesta sobre si es afortunado o bueno.-

Como sobrevivir el Día de la Paz siendo un Ejecutivo

Hoy es el Día Internacional de la Paz. A mí me habían enseñado que eso era el 01 de enero por eso que todo el mundo está enratonado debido a la palamentazón de la champaña y el atragantamiento de uvas en la noche anterior pero el hecho que sea hoy no es producto de una bula papal sino de una resolución de la Organización de Naciones Unidas emitida en el 2001. Eso tiene más sentido. El 01 de enero nadie trabaja. El 21 de septiembre todo el mundo sale a trabajar. Y por la paz no se descansa, se trabaja. Así que no puede haber día mejor que hoy – en una mañana llena de tráficos, huecos, smog y dos que tres señalizaciones ilógicas de “disculpe estamos trabajando para ustedes”- para levantar el dedo índice y el dedo del medio en direcciones opuestas.

La paz es una concepción asintótica. Lograr alcanzar un día completo de “cesación del fuego a nivel mundial” no es imposible. Si nadie prende un yesquero se logra el Día Internacional de la Paz pero entonces estaríamos poniendo a los cumpleañeros de hoy en un aprieto porque ellos quieren soplar su vela también. Decirle a una niña de siete años a la que le prensaron el pelo en dos coletas como palmeras y la embutieron en un nido de abeja con media panty que no puede soplar sus velas por eso de la contribución hacia la cesación al fuego, es suficiente como para que Linda Blair tenga una fiesta de disfraces y venga vestida de Saddam Hussein. Para dejar a todo el mundo contento, se permiten yesqueros pero únicamente con propósitos celebratorias.

Logar la no violencia si es un poco más difícil. Por lo general, a menos que Usted sea un coronel de alguna guerrilla paralela que le gusta mi blog, ninguno de nosotros está al frente de la batalla en un campo de guerra estos momentos. Estamos todos metidos en una oficina luchando contra el enemigo hostil que la mayoría de las empresas tienen en común: el aire acondicionado y la recepcionista olvidadiza. Para nosotros, paz se traduce en poner “Feliz Día de la Paz” en Facebook y Twitter para luego actualizarlo cuando nos enteremos de alguna peripecia del gobierno o del hampa con mensajes no poco pacíficos que expresan nuestra absoluta indignación que el Día Internacional de la Paz pasó por los Jardines Marvin y lo atracaron.

Aún así, se puede trabajar por la paz en su entorno. Ninguna acción es poca para lo que se puede hacer, pues el reto es acostarse esta noche sabiendo que alguna acción se hizo en torno a este día. Pero como no sabíamos que el Día de la Paz era hoy porque eso no es cosa que uno anota en su agenda (“cita para la endoscopia” sí anotamos pero “cita con la paz” ni de vaina) tenemos que hacer cosas sencillas que aunque parezcan insignificantes, contribuyan a este Día. Disfrazarnos de hippie –vamos, que los hippies sabían algo- ya es muy tarde e ir vestidos como Gandhi con sábana blanca no es precisamente “business casual”. Aún así encorbatados, podemos manquesea lograr sacarle una sonrisa a alguien que la necesita. Así sea la secretaria suicida.

Por ello, acciones concretas como depositar algo más que tres monedas sin valor en cualquier buzón de organización benéfica que están a la salida del súper mercado sirve. Dar el paso, no tocar corneta, no maldecir las colas de los colegios (por un solo día), dejar el periódico en buen estado para que otra persona se lo lea, dar una propina decente o decir “buenas” en el ascensor más duro que de costumbre son cosas que todos podemos hacer. Abrazar al inabrazable es la meta. Lograr el negocio donde nadie salga perjudicado es el reto.

No es de candidatura para el Nobel. Ese se lo ganará el marido que logre que su esposa no se arreche en todo el dia porque no bajó la tapa de la poceta (siempre me he preguntado si es que las mujeres entran al baño de espaldas) pero para un ejecutivo que no tiene tiempo ni para la paz, así sea no robarse el bolígrafo de la recepción o llenar la engrapadora, es algo. Y si no, siempre queda la alerta a los promiscuos para que dejen la paloma en paz, sólo por hoy. La sobrepoblación es un tema que inquieta y que francamente, no necesitamos.

La paz es fácil. Sólo es cuestión de “darle una oportunidad”. Así sea encorbatado.-

Wednesday, September 16, 2009

Buscando mi "Comeback"

El otro día le pregunté al Yimeil si la gente normal como uno tenía “comebacks” en la vida. Ozzy y Guns N’ Roses lo hicieron. A Aerosmith le quedan tres comebacks mientras aprenden a como no caerse del escenario. Cher jamás hará un comeback. Cher ES un comeback mientras que Karina e Ilan Chester no son comebacks sino sencillas repeticiones de formulas que resultaron propias en un pasado de hombreras y Converse de neón. Mi pregunta vino porque estoy actualmente en el foso. Es difícil decirlo porque para que yo diga que estoy triste, se tienen que acabar todas las velas de cumpleaños pero tengo que afrontarlo, así sea escribiéndolo. No todas las tardes de té pueden ser de jolgorio mediático. Cuando Mora Mora RCTV me respondió: “Ay, Totín, ¡yo voy como por el sexto comeback! (sólo que los de uno no los pasan por TV)”, supe que me tenía que sentar con ella.

La cita con el psicólogo sin licencia Lucy Van Pelt (aka Mora Mora) fue en mi oficina. Léase en la esquina derecha de la barra de Whisky Bar. Luego de agotar todas las conversaciones de buena fortuna por la que ella actualmente está transitando –cuerpito en casa, cuerpo en dieta, cuerpo en vías de ser socia de una firma de abogados – y de pensar que he debido escoger a alguien que no tuviera una sonrisa de gancho de ropa perenne en la cara porque esa gente no se congracia con la miseria de los demás de la misma forma que un terminado, una gorda o un veraneado, me serví otro vaso con whisky hasta el tope. Luego, prendí un cigarro. Por último, lloré. Toto hizo lo que masculinamente jamás en su vida se ha dejado hacer – en público o en privado. El último registro de una lágrima pública de este desalmado fue vista en junio de 2004, en el extinto Teatro Obelisco viendo “Big Fish.”

Fast forward al momento de la lloradera (en mi defensa: una lloradita escondida de lo más elegante. Uno tiene que camuflar su mariquismo público). Mora mi psicólogo me está dando duro. El tema va por los predios de mi escogencia de vida. Si yo escogí una vida que no fuese de oficina, entonces ¿por qué me doy contra la pared porque no estoy en una? Frases sueltas como “Te puedes tomar la vida con soda o con Red Bull. Tú escoges”; “Cada vez vas escogiendo a gente menor que tú porque no puedes lidiar con el hecho que todos tus amigos hicieron su vida y tú no” y mi favorita “lo peor de todo es que tú no tienes la respuesta a lo que quieres hacer con tu vida” van rodando como disparos de metralletas verbales de alguien que ha visto demasiado Oprah. ¿Les he presentado a mis amigos psicólogos/tomadores? Son Laura en América en crack.

Naturalmente detesto a Mora. Me hizo despertarme a la mañana siguiente con un ratón horrendo porque me obligó a pedir otra botella. Que uno tenga que pagar por oír las crudas verdades sobre sus miserias es el colmo de la ciencia psicológica. Diría Ziggs en una de sus frases favoritas: "I admit I've seen better days, but I'm still not to be had for the price of a cocktail, like a salted peanut." Pero también la detesto porque es como leerte algún manual de Deepak Chopra para fracasados. No importa lo que uno piense del indio, inevitablemente Chopra tiene razón. Es difícil buscarse la respuesta a “¿Qué es lo que verdaderamente te hace feliz?” Tarde o temprano tenemos que sentarnos a meditar sobre ello. De lo contrario, la vida se convierte en una serie de comebacks fallidos. Pero tiene que haber algún comeback que sea el verdadero lanzamiento al estrellato. Sólo espero que el mío, venga pronto.-

Monday, September 14, 2009

Wisteria Lane, Caracas

Sólo un típico día en Wisteria Lane. Donde las amenazas de truenos siempre son las últimas en llegar, aún cuando el temor de un futuro temblor termine por arrancar a las lámparas de sus zócalos. Algún transeúnte perdido pide direcciones, el jardinero de la esquina lava la calle con manguera. Mientras llego a mi casa, Josefa chismea con la Josefa de al lado. Mi madre cornetea en el carro mientras me ve pasar caminando con una canilla y el periódico bajo el brazo, haciendo señas que va para el banco a hacer un deposito de ultimo minuto. Un saludo digno de “Leave it to Beaver” de mi parte la despide. Entro a mi casa a servirme una Coca Cola. Ahhhh, el capitalismo puede apestar pero sabe rico. Una tarde más de música placentera, abriendo un documento nuevo para escribir alguna peripecia mundana ya olvidada. Todo en orden. Todo en paz. Tirémosle dos que tres cristofué en la ventana para ponerlo un poco más cursi. Interrupción del maldito/bendito Blackberry. Una estrellita roja indica mensaje. Odio que me interrumpan mientras escribo.

“¡Secuestrada en el banco! Estamos negociando. Estoy bien. 2 hombres con pistolas” es la lectura del mensaje. Atrás queda John Cougar Mellencamp cantando “Small Town” a todo volumen, la página en blanco, y una Coca Cola que terminará por volverse agua dulce a final de la tarde. Ahora sólo quedan los nervios: mi mamá está de rehén en un banco y no sé porque demonios sacó el celular para contármelo. Le mando códigos Morse: ¿Policía? ¿Refuerzos? ¿Me las tiro de Indiana Jones? “Llama a tu papá y dile que no le pude llevar la carta de referencia” es la respuesta. OK, o esto es Código Swahili para indicar que tengo que llamar hasta al mismísimo Señor Presidente para que descienda con Oliver Stone a filmar el final de lo que ha debido ser su documental o mi mamá seguro ya se cotorreó a los secuestradores y se ha convertido en una Patty Hearst que se disfraza de Jane Smith para mantener las apariencias con mi padre. ¡Demonios mujer, esto es de película! ¿Qué hago?

Decido bajar caminando hacia el banco. Por alguna razón todos los accidentes que ocurren en mi casa pasan en la misma calle. Mejor, no entrar en ello. “Ya llegó la policía” es el próximo mensaje en llegar. Yo le mando mensajes de Gurú para que se tranquilice, mi propia versión de “Mariska Hargitay”. Al llegar, ya un ladrón se ha ido. Queda otro adentro. “Estamos negociando para abrirle la puerta. La gente está muy asustada.” Con la maraña de policías en frente, el segundo ladrón logra que le abran una puerta trasera y huye por la izquierda. “Estamos bien pero la gente está muy asustada. No nos dejan salir porque hay que esperar por la seguridad.” Larga espera. Me cuenta que empiezan a salir las drogas. Rivotril para una esquizofrénica, aspirina para una viuda, un Astor Azul que ella prendió sin ninguna vergüenza.

En la espera, sentado en la esquina veo a una cabeza asomarse por el ventanal. De repente me percato que es mi mamá saludando de la misma manera como Richard Nixon se despidió de los estadounidenses cuando renunció a la presidencia. Alivio. Llega la seguridad bancaria y el CICPC. No los dejan salir porque hay que rendir declaraciones. Vienen los cuentos por mensajes. El chisme crimini es el siguiente: Un señor entró con un periódico enrollado en la mano y lo puso en la puerta para que no se trancase. En el mismo momento en que lo hace, otro señor en la cola grita “Ya”. Éste salta por encima de los cajeros y comienza a apuntar con pistolas dignas de guerra para que abran las cajas (redobladas de dinero por ser quincena) mientras el otro apunta a mi mamá. Quieta.

Con saco en mano y varios millones, el primero huye. El otro se queda adentro tratando de ver como hace para escapar. Abajo en un sótano pide a una clienta que actúe de rehén. Le lanzan un sendo “como nié” calladito en la cabeza, lo que en términos reales se traduce en “silencio”. Un cajero se ofrece a bajar y así abrirle una puerta. A sabiendas que por ese acto puede morir y está traicionando al banco pues con esa apertura se va todo el dinero de los demás. Pero también sabiendo que con eso, está previniendo una balacera mal dada entre un gorrión (¿o gorilón?) enjaulado y algún enfrentamiento policial digno de Locademia de Policía. Esos, sabemos por Domingo Millonario en Venevisión y los sucesos de El Universal, siempre terminan mal.

Esos son los mensajes que me llegan mientras yo espero pacientemente en otra esquina tomándome una Coca Cola. Como si esperase que mi madre saliese del dentista o de la peluquería. Cinco horas después, con los dedos tatuados de negro y una citación para declarar como testigo, emerge triunfante del banco. Luego de haber ayudado a alguien que se desmayó y de enterarse, por mensajito, que a un primo secuestrado en una finca desde hace cinco meses lo liberaron hoy. La miseria se celebra. Total, el secuestro en Venezuela es como ir a McDonald’s. Está ahí, a pata e’mingo y es más común que una travesti en la Avenida Libertador.

Otro día más en Wisteria Lane. Ni el connato de lluvia se atrevió a abalanzarse sobre tan risueña tarde. Me resultó cómico ver desde mi esquina de observatorio Cajigal, mientras esperaba por mi P/R (lamentablemente no “Padre/Representante” sino “Progenitora/Rehén) como la vida continuó su camino para aquellos que ignoraban lo que adentro del banco ocurría. De un lado, unos quince plagiados rindiendo declaraciones. Del otro, más de cincuenta personas a cuenta gotas, bajándose de sus carros para sacar dinero del cajero. Sin sospechar siquiera que de haber llegado tres horas antes y decidido conformar algún cheque, su día “de mierda” como seguramente estarían pensando en sus cabezas sentados en el tráfico, verdaderamente sería una plasta.

Sincerémonos. La gente no se va de Venezuela porque le parece intolerable la situación política. La gente se va de Venezuela porque no hay whisky ni Rivotril que dé contra los nervios que produce la inseguridad de vivir en una zona como Wisteria Lane. A fin de cuentas ¿cuántos de nosotros hemos visto al Señor Presidente en persona? ¿10? ¿50? Cien a lo mucho. ¿Cuántos hemos visto a los ojos a algún matón? ¿500? ¿5000? Con que ya haya una sola persona que lo haya visto, que haya sentido el gélido abrazo de una pistola, que haya esperado por su mamá prisionera a las afueras de un banco, que esté rezando porque les llegue alguna señal de vida de alguien que salió de su trabajo y no volvió, ya es demasiado. Ese, es el precio que pagamos por vivir en un gueto al que nos gusta llamar Wisteria Lane, Caracas.-

Friday, September 11, 2009

Me hubiese gustado ser Rodolfo Valentino

Me hubiese gustado ser el marinero dando el beso en Times Square. El que aparcó su Beetle blanco en pleno Abbey Road sin sospechar que sería inmortalizado por la caminata furtiva de otros Beatles. El primo de los Hermanos Wright gritando “dale, dale, dale” cuando esos dos fritos se fueron al aire por doce segundos. Me hubiese encantado ser el capitán del Lusitania. Bracque viendo a Picasso pintar Las Señoritas de Avignon. Morirme de la envidia que no se me ocurrió primero.

Quisiera haber acompañado a Lindbergh en su viaje por el Atlántico. Sin decirle a nadie. Porque la hazaña es que lo hizo solo. Quisiera ser Ralph Metcalfe en las Olimpiadas de Berlín. Y sonreír sabiendo que el único que me ganó en una Alemania hitleriana fue otro negrito fullero. Quisiera haber podido ser el que le dijo a Chaplin que usase un bastón, el pícaro moralista que le dio a Baker un racimo de cambures antes del show porque así tan desnuda no podía salir en París. Ser Rodolfo Valentino por unos instantes. Sólo para saber lo que se siente ser sexy.

Quisiera haber sido el egipcio que descubrió el primer escaloncito en la tumba de Tutankhamon. Aún cuando Carter se llevó todas las loas. Me hubiese gustado ser el Señor Bloch-Bauer y comisionar a Klimt para que pintase el retrato más bello de mi esposa. Ser Walt Disney y sentarme en un cine. Comiendo cotufas. Oyéndome silbar en Steamboat Willie. Me encantaría que Agatha Christie me confesase a donde se fue esos tres días que se perdió misteriosamente. Ser Selznick en Atlanta viendo la premiere de Lo Que El Viento se Llevó.

Quisiera haber sido el delegado de Venezuela en la Conferencia de San Francisco. El que tomó la foto de los tres grandes en Yalta. El reportero de Life que cubrió la historia de Pollock y su dripping. Un whisky con Pollock ha tenido que ser toda una experiencia. Me hubiese encantado ser Dior y decirle a las mujeres “a la mierda la austeridad.” Ser un extra en la escena de la carrera de las carrozas de Ben-Hur. Mejor aún, ser Charlton Heston. No todas las personas son Moisés y Ben Hur en una carroza en esta vida.

Me hubiese gustado ser parte del público en el show de Ed Sullivan cuando se presentaron los Beatles en América. Darle un beso a Elizabeth Taylor, entregar un Oscar, ver a Brando actuando. Hubiera dado todo por haber sido mesonero en la Casa Blanca cuando tocó Cassals. Oír en vivo y en directo el discurso de Martin Luther King. Drogarme en Woodstock. Mejor aún, haber concebido un hijo en Woodstock. Sería un cuento de tortura para ese chamo de por vida. Pero a la larga comprendería que eso fue lo mejor que le pasó.

Quisiera ser uno de los 24 humanos que ha llegado a la Luna. Pero por alguna razón no quisiese ser Michael Collins. Llegar a la Luna y no poder bajarte es como llegar a Disneylandia y que Mickey Mouse se niegue a saludarte. Ratón, soy yo. Tampoco es que es Mao. Si llegase a la Luna, me hubiese encantado asomarme en la cámara. Así fuese por tres segundos. Para saludar a mi mamá.

Quisiera haber sido un extra en Fiebre del Sábado por la Noche. Ver a Mark Spitz nadando. El 10 de la Comanecci, el juego de hockey entre los gringos y los soviets. Ser Amador Bendayán. Estar en la junta cuando se decidió que un CD debería ser del tamaño que es porque eso es lo que dura la grabación más larga en existencia de la novena sinfonía de Beethoven. Me hubiese gustado ser amigo personal del Papa Juan Pablo II. Hacer que Madonna me firmase un contrato justo cuando se terminó de parar del escenario vestida de novia. Ser el valiente desconocido en la Plaza de Tian'anmen.

Quisiera haber estado montado en frente de la Puerta de Brandenburgo. Escribir el artículo de portada de la revista Time cuando Gorbachov anunció la perestroika. Ser alguien como Walter Cronkite y reírme en la cara de Bill cuando dijo “no inhalé.” Y volverme a reír cuando dijo “no tuve sexo con esa mujer”. Es más no quisiera ser Cronkite. Ser Walter Cronkite es de eruditos alquimistas. Yo sólo quisiera ser alguien en la sala cuando se dijo eso.

Yo quisiera haber sido. Yo quisiera ser. Yo quiero ser. Yo soy. En todo. En nada. En lo posible. En lo impósible. Historia.

Así no sea nunca como Rodolfo Valentino.-

Thursday, September 10, 2009

Afternoon Delight

No se pone más bonito que esto.-

10 Señales que no eres nadie en la Política de Venezuela

  1. A Venevisión no le parece tan relevante la noticia de tu hazaña como para cambiar su logo de transparente a dorado y poner el himno de la marcha de la fanfarria que siempre transmiten cuando gana los Leones del Caracas, Miss Venezuela o el Señor Presidente.
  2. Lo que hiciste para ser importante no te merece ni siquiera un sketch en Radio Rochela.
  3. En la calle te paran para acosarte. Pero te preguntan que si tú eres John Paul Ospina.
  4. Marta Colomina no se ha atragantado ni una sola vez diciendo tu nombre en el micrófono.
  5. Kiko, Carla y Roland te invitan al programa Buenas Noches pero para que hables sobre un evento rave en el anfiteatro del Sambil.
  6. Llamas a Aló Ciudadano para difundir una noticia relevante y Leopoldo Castillo te manda a bajar el volúmen de la televisión mientras te pregunta: “Ajá sí, ¿pero de dónde nos llama Señor?”
  7. En La Hojilla te pillaron en un video haciendo "actos de violencia mediática". Pero después les diste fastidio y se pusieron a jugar "¿Dónde está Waldo?"
  8. Vas para una discoteca en Las Mercedes jurando que te la estás comiendo porque saliste en todos los periódicos esa mañana y los gorilas de la puerta te rebotan.
  9. Ni una sola vieja en la marcha tiene una pancarta con tu nombre ni te manda la bendición por el cintillo de Aló Ciudadano o Dando y Dando.
  10. A la Señora Fiscala le parece que tú eres lo máximo.-

Fiesta FUNDAPROCURA

Fiesta con motivo del aniversario de la Fundación Venezolana Pro-Cura de la Parálisis (FUNDAPROCURA) el día Martes 6 de Octubre en la Qta. La Esmeralda. Con pasapalos y música, con Los Amigos Invisibles como invitados especiales. Una oportunidad de pasarla bien y ayudar a las personas con parálisis en nuestro país.

Hay dos modalidades de entradas:

Mesas, habrá mesas para 6, 8 y 10 personas, las entradas de las mesas tienen un costo de Bs. 600 cada una, incluyen una botella de Etiqueta Negra y pasapalos. Las mesas y entradas de mesas se pueden reservar y comprar directamente en la Fundación. Anímense a formar una mesa con sus compañeros del trabajo, amigos que no ven hace un tiempo, familiares. Para más información: 993.47.71.

Las entradas sin mesa, es decir, de pie, se venden a Bs. 300 cada una, incluyen un trago y pasapalos. Estas entradas se pueden comprar en efectivo solamente en las tiendas Esperanto y en la Fundación.

Para más información:
FUNDAPROCURA
Dirección:
Calle Choroní Quinta Fundaprocura Chuao
Caracas Venezuela
Telf. (+58212) 9934771 www.fundaprocura.org

Wednesday, September 9, 2009

Casualidad Cabalística

La próxima vez que el mundo vivirá una tripleta de dígitos únicos como la de la fecha de hoy (09-09-09), será el 01 de enero de 2101 (01-01-01). ¿Y quién es la única persona que cumple 33 años hoy 09-09-09? La mística de mi hermana. Luna Lovegood en persona. Si por casualidades de la vida llama a decir que está en estado de morochos, anuncio para exhibirla en algún circo cabalístico. Debe funcionar mejor que pedir un deseo con una pestaña.-

Tuesday, September 8, 2009

Toca la guitarra (que tu papá fue patotero)

Uno de los conflictos tempranos en la vida de un hombre es lidiar con la diatriba entre “querer ser” como su papá o “tener que serlo”. Puede ser el mejor padre del mundo, enseñarte a pescar, volar papagayos y manejar sincrónico. Puede incluso darle una patada a la imaginación en eso de ser mejor San Nicolás que el santo mismo. Un papá puede enseñarte que el carbón necesita aire, que el whisky necesita soda y que una mujer necesita que le abran la puerta. Basta con que te enseñe que “no me parece que lo estás haciendo bien” para que lo detestes por el resto de tu vida adolescente.

Los hombres somos así. Tenemos la falsa creencia de ver a nuestro padre como un digno representante de la moralidad y las buenas costumbres en la que necesariamente tenemos que seguir sus pasos, si queremos continuar viviendo una vida de privilegio. Fallar en estudiar su carrera (o algo similar), hacer su postgrado o casarse con una mujer como nuestra madre, es una formula química para el fracaso. Adiós a ser socio de algo antes de los treinta. Adiós a una vida de “estabilidad.” Una mamá le puede decir lo mismo a su hijo pero el efecto campal no es el mismo. Que un padre diga que “determinada profesión no da dinero” es suficiente como para amargarle la existencia a cualquier iluso en un propedéutico. Una madre es la sección de Humanidades. El padre siempre es Ciencias.

Hay hombres que siguen los pasos de sus padres. Hay hombres que no. Inevitablemente, el resultado es el mismo. Tarde o temprano, terminamos dándonos cuenta que aquel estandarte estoico de morales y buenas costumbres no es más que otro hombre que cometió todos los errores del mundo. Somos nosotros pero en poliéster. Y cuando transitamos por nuestros propios errores, es que volteamos a ver al viejo en guayabera mirando hacia la distancia en su jardin y decimos “ahh.” No era eso de ser como él. Ese viejito cabrón sabía algo que tú no sabías: con el tiempo la parrilla se quema, el whisky da ratón y la mujer se vuelve ladilla. No era propiamente eso de “seguir sus pasos”. Era más un, “despierta pajuo que la vida te pasa y no te das cuenta.”

Bien lo decía Mark Twain sobre su propio padre: “Cuando yo tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que había aprendido mi padre en siete años.” Recientemente hablé con un chamo de dieciocho años, frustrado en la vida por las “presiones paternas”. Presión o no presión, amigo. Tu papá también probó la marihuana. Y le gustó.-





Todo en la vida tiene una referencia a Pixar

"Resetearon mi computadora. Adiós música, adiós fotos. Es como si me hubiesen reseteado a mi. Me siento como Wall-E cuando Eve se apagó."
- El Junip

Monday, September 7, 2009

Horóscopo de la Semana

Esta puede ser la semana en la que por fin te des cuenta que hay tareas que son impostergables. Enamorarse. De alguien. De la vida. De ti mismo. Esta puede ser la semana en la que cambies el bombillo quemado del baño, arregles el carro, te compres unos zapatos nuevos y termines de botar todos esos papeles que no dan espacio para nuevos recuerdos. Esta puede ser la semana en la que te vuelvas a reencontrar con el Ávila, juegues cartas, prepares esa salsa de la que tanto hablan, ponerte a navegar en suelo. Esta puede ser la semana en la que bajes a La Guaira y te tiendas en la arena. O te montes en un avión y te vayas a donde te lleve el viento.

Esta puede ser la semana en donde le abras la puerta a alguien y la mires a los ojos. Y la invites a un café y anotes su número. Esta puede ser la semana en la que te cortes el pelo y dejes de usar azul y comiences a usar naranja. Esta puede ser la semana en donde puedes escribir aquella carta que no escribes, cantar la canción que no cantas, comprarte el ticket millonario. Esta puede ser la semana en donde puedes mandar a tu jefe al carrizo. Mejor aún, mandarte a ti mismo al carrizo. En el restaurante El Carrizo hacían los mejores tequeños así que no debe ser tan malo aquello de mandar tu vida a la mierda y volver a empezar de nuevo.

Esta puede ser la semana en la que pintes esa pared de amarillo, cambies el mensaje de voz de tu celular por uno que sea más tú, no meterte en Facebook. Esta puede ser la semana en la que compres dos libros. El primero para ti y el segundo para otra persona que se merece leer los libros que han moldeado tu vida. Esta puede ser la semana en la que juegos a palito mantequillero y no al escondite. Comprometerte, terminar, estar solo, comprar dos entradas porque uno nunca sabe. Esta puede ser la semana en la que ofrezcas mil abrazos y otorgues sólo un beso. O de repente una de mil besos y un solo abrazo. No es esta la semana para que te juzgues sobre tu promiscuidad en el afecto.

Esta puede ser la semana en la que inventes algo que revolucione las cosas en tu trabajo. Así sea instituir los miércoles de arepitas para que la gente desayune. Esta puede ser la semana en la que no contestes ni una sola llamada en el celular mientras manejas. Porque ese es tu tiempo de estar solo. En la que el baño dure un poco más de la cuenta. Así haya que ponerse doble tanda de shampoo. Esta puede ser la semana en la que digas lo que te inquieta, lo que no te deja dormir de noche y dejar de lamentarte por lo que hiciste en semanas pasadas. Así tengas que llamar a alguien a decirle que lo odias. No te dará paz pero por lo menos te quitas ese callo mental de encima.

Esta puede ser la semana en la que te sientes a leer el periódico todas las mañanas. Encontrar arte urbano. Observar sonrisas pasajeras. Esta puede ser la semana de no dejar que la abuela inoportuna te llame a ti sino sorprenderla y llamarla a ella. Invitar al jefe que no mandaste al carrizo a un whisky. A saludar sin apuros a alguien porque en verdad, el tiempo lo inventamos nosotros y nadie está apurado. Esta puede ser la semana en la que vayas al cine y te parezca que tu vida es más chévere que la del protagonista. Esta puede ser tu semana.

Esta. O la otra. Todo depende de ti.-

Friday, September 4, 2009

El Empleado del Mes

Uno tiende a creer que es buena persona, que va por la vida haciendo el bien y que en general no se está metiendo en la vida de los demás. Claro, cuando eres alguien como Santo Tomás de Aquino que se la pasaba con los conejos y las ardillas de La Bella Durmiente, esta máxima puede aplicarse. Lo cierto es que todos tenemos una personalidad que no necesariamente es compatible con la del resto del mundo. A algunos le caemos buenísimo, otros son de esos “de saludo” y hay otros que no nos pueden ver ni en pintura. No es culpa de nosotros; vamos que tener que cambiar la forma de ser en beneficio de otra persona es rebajar nuestra autoestima a una especie de esclavitud. Hay gente que no cambia quien es. Hay gente que sí. A los primeros los llamamos divorciados. A los segundos, hombres forzados por sus mujeres a hacer pipí sentados.

En cada grupo, trabajo o familia hay dos arquetipos de personalidad: el que es “el Mejor de su Casa” y el “Pobrecito, es Insoportable.” Al Mejor de su Casa, se le reconocen sus cualidades, se le hala mecate (y testículos y ovarios), todo el mundo quiere estar con él; es un semi dios en el decálogo de gente pana. Si fuese un trabajador en McDonald’s, su fotografía estaría colgada allí frente a la caja registradora bajo la plaquita recién barnizada que reza: “Empleado del Mes.” Pero nadie habla tanto de él, como si hablan de Pobrecito, es Insoportable. Sobre el insoportable se elucubran teorías, se analizan comportamientos y se evaden llamadas. Juega su papel tan mal, que es inevitable no habar de él.

Toda su vida, a las espaldas del Pobrecito es Insoportable se han mencionado frases como “tuve que venir con él porque mi mamá me obligó”, “corre, corre, pana corre que ahí viene el imbécil ese”, “chamo, dile que no cabe en el carro”, “marica, ese carajo me está acosando. O sea es un sobón” y “que creído este pana.” Surge en toda conversación de farra, todo análisis frente a un cenicero lleno. La gente necesita hablar de él porque no puede ser que una persona insoportable haga todo lo posible para ser más inaguantable de lo que es. Tanto, que llega a un momento en que pasa de ser “ese idiota” a la conclusión inevitable de ser “Pobrecito, es Insoportable”. De ignorancia, a indiferencia, a odio a lastima en cuatro prácticos pasos.

Uno debe ser para algunos el Mejor de Su Casa y para otros el Pobrecito, es Insoportable. No hay términos medios, no se le puede caer bien a todo el mundo. Pero o no nos importa o ignoramos –o si no ignoramos pretendemos no darnos cuenta o evadimos- a quienes verdaderamente les parecemos un fastidio histriónico. Nadie –salvo las arrechas a las que le quitaron el novio- les dicen en su cara a otra persona: "no te das cuenta que eres insoportable." Algo como una ayudita a la persona. Para decirle que por ahí no va la cosa. Que esa actitud soberbia o fastidiosa es la que hace que no se tenga con quien hablar en una fiesta de turno. Peor, en la vida.

Como no se dice, el Pobrecito es Insoportable anda por la vida ignorante de lo que dicen de él, viendo señas por doquier pero negándose a ver que la gente lo evade, no lo trata o hace un giro a la izquierda para no saludarlo. Pero se niega a irse, porque el Pobrecito es Insoportable siempre consigue a alguien con quien bailar o a quien acosar por el resto de la noche. Siempre hay una carne fresca, un vendido que quiere algún negocio – porque el Pobrecito, es Insoportable siempre termina siendo habilidoso para los negocios – o un turista que se muere por hablar con él. Por eso es que el Pobrecito, es Insoportable jura toda la vida que es El Mejor de Su Casa y que merece ser siempre el Empleado del Mes. Porque nadie, mucho menos sus "amigos", le dijeron nunca lo que ha debido oír desde un principio. Y como nadie se lo dijo, él sigue por la vida creyendo estársela comiendo.

Then again, a ningún Pobrecito, es Insoportable que se cree el Mejor de Su Casa le han lanzado una protesta mundial en más de ochenta ciudades alrededor del mundo para decirle que no lo es. Nadie se puede ver al espejo con la misma cara después de eso. Por más que lo niegue públicamente y se siga presentando en saraos con la misma corbata. Por más tiempo que tarde en darse cuenta. Por más impaciencia que le tengan los demás que ahora no callan. Por más que mande a guindar cuadros en palacios alrededor del mundo con la plaquita barnizada que lo autodenomine “El Empleado del Mes.”-

Thursday, September 3, 2009

Beg to differ

Based on the statistics of my Facebook profile, the following analysis was given by an application I recently added: "You have 847 friends, 727 more than average. 39% are male, 61% are female. 88 are single, 332 are dating or married. If you contracted a deadly variant of flu, you would likely infect 16 people, 2 of whom would die. If you died today, an estimated 724 people would try to attend your funeral. Based on your Facebook profile, you have a 96% probability of getting married. You are likely to earn US$3.6 million and have 2.8 children over your lifetime."

My analysis: Need to delete people. Need to see the movie "I Love You, Man". There are 88 happy people who don't know it. The "happily dating" 332 doesn't count those who are "happily having affairs" or "happily divorced". The number would be higher. I heartfully apologize for the 2 people I will eventually kill. I don't apologize for the one's I will infect. You should have washed your hands. If 724 people attend my funeral, hell, I'm selling tickets. The 4% chance of not getting married sounds more enticing, if only to prove the Facebook application wrong. All my inheritance of the yet to be seen $3.6 million will be left under a trust fund for the poor 0.8th child. What, he comes without a leg and an eyebrow?

Wednesday, September 2, 2009

Incomprensiones caninas sobre esos días "en que se siente más mujer"

Otro día más sin parque por culpa de la Revolución Escarlata

Necesito que alguien me explique los pormenores de la regla. No, no quiero ser mujer. Esto de hacer pipí parado es lo máximo. En serio. Cuando salió el Piss Liberación me sorprendió la poca acogida que tuvo en el mercado femenino. Serían muchísimo más felices. Pero resulta que yo me estoy rascando la calva porque no comprendo los problemas menstruales. Ava mi perra, mi protegida, la que ocupa mi vida, mis mañanas de café y mis tardes de aceras, se ha convertido en una mujer hecha y derecha. A los siete meses, toda una señorita puberta. Pronto usará sostén. Querrá un Blackberry y me dirá ‘osea’. Yo puedo tolerar el ‘osea’. Me eduqué con gente que estudió en la Universidad del Osea. Lo que me es incomprensible, es la regla canina. No sé cómo manejarla.

Ya me leí el manual del “Encantador de Perros.” El encantador, César Millán, es como el Deepak Chopra del mundo perruno. Ambos tienen su propio programa de televisión, están avalados por Oprah y son los favoritos de gente como Will Smith y Jada Pinkett Smith. Podemos odiar a Deepak y no creerle tanto a Oprah porque, vamos, Oprah le dice que sí a todo. Lo que no podemos hacer es decirle que no a algo que hagan Will y Jada. Ellos son como Lucy y Desi pero en Mini Cooper. Son una de las pocas celebridades que uno puede imaginarse verdaderamente haciendo mercado, montando a sus chamos en autobús, tomando cerveza y usando sus dedos para hacer “air quotes” mientras hablan. Es difícil no comprar algo que esté avalado por Jada Pinkett Smith. Ella se casó con el Principe de Bel Air. Toda una generación se identifica más con ese príncipe que con Carlos de Inglaterra. Y eso que opinamos que Camilla Parker Bowles es nuestra heroína favorita de ficción. Por eso, leemos “Encantador de Perros.”

Aún así, esto de tener una perra y tener que encargarme de ella, me tiene aprendiendo palabras desconocidas del ciclo menstrual canino como proestro, estro, diestro y anestro. Explicarlas es un fastidio pero es lo mismo que los cúmulos, cirros y nimbos que uno aprendía en Ciencias de la Tierra. El estado de condensación va de mal en peor, poniéndose cada vez más gris hasta que explota, llueve (en el caso canino de otro color), se calma, retrotrae y todo vuelve a su cauce normal cuando Ava la perra era una tomboy cualquiera y Toto su dueño, era feliz.

¿Los jefes dan permisos por problemas menstruales? Porque en este caso es al revés. Necesito hacerla comprender que yo tengo que estar de permiso porque no la puedo sacar. Ya ella sabe que del parque fuimos evacuados por la policía luego de una confrontación digna de egipcios y judíos por culpa de unas cotorras infelices que denunciaron que el parque era de humanos. Allá no volvemos sino “con correa.” Como no hay más problemas en el municipio, atacan a la gente que va por la vida cero rollo. Ahora, estamos intentando trotar por las calles del municipio. Pero la regla canina crea problemas de prostitución. Una salida ayer provocó que todos los perros abandonados del municipio nos siguieran. Fue un momento Forrest Gump cuando decide trotar por los Estados Unidos. Para mí fue un calvario paterno luchar contra la castidad de su hija. Para Ava, una entonación de Dancing Queen.

Estoy negado a ponerle pantaletas. Si algo me ha enseñado la vida es que no hay nada más feo que un perro disfrazado de humano. Con el perdón de todos aquellos que visten a sus perros con chaquetas de Harley Davidson o falditas de tul. Son perros, no humanos (lección número 3 del Encantador para los que les dé flojera leerse el libro). Pero entre la regla y la comida de todos mis zapatos de cuero – ahora estoy obligado a usar unos Converse del ’93 – ya estoy llegando a la desesperación de ser un padre que no sabe cómo controlar a su hija rebelde. Tengo a Gloria Trevi en cuatro patas y no sé cómo hacerla entender que no puede andar por la vida con el pelo suelto, hasta que todo vuelva a su cauce. O hasta que inventen un modess que sea comprensible para los hombres que tienen perras.-

Nota para la posteridad: Comprar perro macho. Complicaciones: encontrar el poste de luz más cercano.-

Failure (according to the movies)

Cinematographically speaking, there are four ways of looking at failure in the eye.

The first is in lament. [Terry Malloy]: “You don’t understand. I coulda had class. I coulda been a contender. I coulda been somebody, instead of a bum, which is what I am, let’s face it.” (Marlon Brando, On the Waterfront, 1954).

The second, is in denial. [Erin Brockovich]: “I don’t know what happened to me. I mean, God! I was Miss Wichita.” (Julia Roberts, Erin Brockovich, 2000).

The third, and probably most honest one, is in disbelief. [Cameron]: “What'd I do?" [Ferris]: "You killed the car.” (Matthew Broderick & Alan Ruck, Ferris Bueller's Day Off, 1986).

The fourth and final one, is in retrospect. [Chuck Barris]: "I came up with a new game-show idea recently. It's called The Old Game. You got three old guys with loaded guns onstage. They look back at their lives, see who they were, what they accomplished, how close they came to realizing their dreams. The winner is the one who doesn't blow his brains out. He gets a refrigerator." (Sam Rockwell, Confessions of a Dangerous Mind, 2002).

What people failed to tell other people at their Commencement Address: Eventually, you'll end up fucking up your life. Nevertheless, you'll still want that refrigerator.-

Tuesday, September 1, 2009

Lamento G-mailiano: Cuando el correo no sirve

Mi servidor de correo electrónico no sirve. No me da explicación alguna, sencillamente se tarda en cargarse y después me lleva a una página que me dice algo totalmente ilógico y fuera de mis capacidades de reparación. Me retrotrae a 1999, cuando la conexión a la Internet era por discado de teléfono y hacía unos ruiditos similares a un juego de ping pong cibernético. Con el tiempo, sabías que si un determinado “ding” no caía, es que la conexión no había pasado. Aquí no. Aquí lo que queda es esperar. A que el e-mail vuelva. A que el e-mail esté de humor. A que el e-mail le de la gana.

Son en estos momentos cuando uno se da cuenta lo mucho que depende de algo. No se puede trabajar, no se puede escribir ni tampoco buscar aquel mensajito porno chistoso que Dios sabe porque uno se acordó hoy que se lo iba a mandar a otra persona y no puede. La costumbre es tal que al lado de mi escritorio hay cien carpetas por revisar. No me provoca ver ni una sola de ellas. Yo solo quiero meterme en mi Gmail.

Lo mismo pasa cuando se va la luz. Cuando ocurre un apagón es cuando más necesitas –Dios sabrá porque- algo ilógico en la vida de un hombre como un secador de pelo o una lámpara halógena. O de repente son las siete de la noche y te dio alguna fiebre literaria y te quieres leer "Los Cuentos de Canterbury". No se puede leer una novela de esas a base de velas. En algún momento sale un fantasma. Si a Ebenezer Scrooge en "Un Cuento de Navidad" le vinieron cuatro, obviamente a nosotros los venezolanos nos vendrán cien.

Otra vez he intentado acceder al Gmail. Ahora me dice que no puede encontrar el servidor. ¡Zas! Agarró sus macundales y se largó. Esta es la peor terminada que le puede hacer la cibernética al hombre. Es como si a Ross le terminase Rachel por Skype y después lo borrase de sus contactos. ¿Por qué siento la urgencia de escribir cartas en estos momentos? ¿De arreglar mis contactos? ¿De hacer algo relacionado con el correo?

¿Cómo le pide uno perdón a la Internet? Arrancar los cables no sirve –lección aprendida luego de la debacle de 2007 cuando me las di de Bob el Constructor para arreglar mi conexión y terminé llamando a un electricista. Sobar el ABA suena a pedófilo. Darle clic al mouse repetidas veces en la página de recargo es de adolescente excitado. Jugar Solitario Spider es de 2004. Jugar Sudoko es de 2008. Facebook sirve pero si alguien pone una foto de algún bebé más, podemos oficialmente decretar el sucidio cibernético en Venezuela. Lo mismo que el jueguito virtual que ahora juega todo el mundo sobre una granja. No seremos socialistas pero nos encanta jugar a María Antonieta en su Hameau.

Volví a intentar. Ahora me sale el famoso “500 Internal Server Error.” Siempre he querido saber que le pasó a los errores del 1 al 499, porque esos jamás me salen. Siempre es el maldito 500. El 500 es como el próximo novio de la ex. Según ella, todos somos un error (cosa en la que diferimos) pero él no tiene porque saber que pasaron con los otros. Mucho menos que tú fuiste el cuatrocientos noventa y nueve. Pero uno le quiere explicar ¿no? Mira, yo fui alguien en la vida de ella. Yo fui su servidor, ella mi cliente. Yo su pen drive, ella mi router. Así que tan error, no tanto. Que tú tengas más importancia porque eres un número redondo e importante, no me concierne pero yo estuve primero. Yo fui el cuatrocientos noventa y nueve. Pero eso no ayuda. Las ex, como el e-mail que no sirve, nunca explican porque están con el 500 Internal Server Error.

AAAAAAAAAAAHHHHHHH! Orgasmo electrónico. Loading. ¡AHÍ ESTÁN MIS AMIGOS! ¡MI TRABAJO! ¡MI VIDA! En letras Sans Serif y unread en Bold. Catalogada y archivada, en filtros y con estrellas. Houston. We have landed. Corky: La Vida Continúa.-

También te puede interesar:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...