Sunday, November 29, 2009

Visitando Florencia

Estamos de vuelta en Milán luego de un fin de semana sensacional en Florencia. Considerando que por fin pude ver el cielo y el Sol, pues aquí lo único que hace es llover y llover, me gustó lo suficiente como para que me haga falta. Salimos en tren el viernes lo cual fue toda una odisea porque no teníamos puesto asignado, lo que nos obligó a sentarnos en el piso. Cuando llegamos nos montamos en el taxi y le dijimos el nombre del hotel. El carro literalmente dio una vuelta en U y nos dejó en la puerta. Indicativo de lo chiquita y recorrible a pie que es la ciudad.

Esa noche comimos en un restaurante que se llama Buca Mario, recomendado desde el Messenger por la Queen Zubi. Un tagliatelle con trufas (no aceitito, sino una buena cepa) y un prosecco sabrosísimo me dieron la bienvenida a las pastas italianas, las cuales no puedo dejar de comérmelas. El hotelito, uno de esos baratones pero confortables con la regadera que no tiene para meterse sino que es el piso completo. Cosa que me recordó a mis épocas en Paris donde me mandaron por equivocación a una residencia de inválidos y uno se bañaba sentado en la poceta.

Al día siguiente hicimos un recorrido por toda la ciudad. Fue bastante interesante porque decidimos irnos hacia la Plaza de Michelangelo para ver un panorama de toda la ciudad (me encanta que cuando uno es turista la palabra “panorama” es como un must) y tomar unas fotos cheverísimas. Ahí vi a una pareja de abuelitos que son la encarnación humana de los protagonistas de la comiquita “Up”. Cuando llegue a Caracas monto la foto porque no es normal lo que me moría por abrazar a esos viejitos.

De ahí bajamos a pie pasando por el Ponte Vecchio en donde me comí mi primer helado italiano (es todo muy naive pero yo nunca he estado en Italia así que tengo que hacer todas las cosas que hablan las del Tour de quinceañeras como paraulatas hasta que se casan a los veintidós para ver como me puedo meter más con ellas). Luego, llevé a la Cookie y al Junip en un recorrido relámpago por todos los museos, tratando de explicarles lo que me recordaba de mis clases de Historia del Arte Religioso Cristiano en la Metropolitana. Me di cuenta de lo poco retentivo que soy pues aunque adoré la clase y estaba en frente de todos los cuadros que me enseñó la profesora, me dio rabia no habérmela estudiado antes de venir para acá (ignoraba que Florencia era tan de primera comunión).

El día estaba demasiado espectacular. 16 grados de sol y todo el mundo en las calles, lo que nos llevó a sentarnos en la Plaza de la Republica la cual decreté como mi plaza favorita a tomarnos unos Kir Róyale y brindar por la calidad de vida. Alejandro dice que yo soy demasiado “tourist trapeable” pues no puedo con la gente que canta canciones gringas en las calles. Pero yo me burlo de él de vuelta porque a él le pasa lo mismo con las esculturas humanas. El David, fue demasiado impresionante. Ninguna fotografía me había preparado para ver esa escultura. Tanto que preocupaba mi atención homosexual hacia el trasero del señor. Pero me le quito el sombrero. Eso es algo que hay que ver en vivo y en directo.

Me encantó haber estado en Florencia. Se hace perfectamente en un día. Tanto que llegó un momento en que nos encontrábamos con la misma gente en las esquinas. Esta mañana nos montamos en nuestro tren y nos devolvimos hacia Milán (esta vez manejando el sistema de trenes como unos profesionales y con asientos asignados). Ahora llueve, lo cual es una lastima pues estamos decidiendo si salimos o no a un mercado que montan a finales de mes en la ciudad, a ver si consigo algún soldadito de plomo para añadir a mi colección. Mientras tanto, el silencio apremia en este domingo. La lluvia no pega con el turismo.-

Thursday, November 26, 2009

Paseando con una japonesa llamada Jet Lag

Aquí me encuentro por las calles de Milano paseando con una japonesa horrenda llamada Jet Lag. Es pana pero es de esas que se te pega como una insegura que se niega a irse y el hecho que el Sol no ha aparecido por estos lares desde hace dos dias, no ayuda la causa. Mucha lluvia ridícula que no cae a torrenciales sino de esas de telenovela que algunos llaman rocío.

El apartamento de Alejandro y Cookie es una nota. Cada uno tiene su cuarto que parece una sabana y comparten lo que oficialmente pasara a la historia como la regadera más claustrofobica y no apta para gordos del planeta Tierra. El lavamanos chilla cada vez que uno lo prende como si le diese fastidio darte agua. La nevera cabe en cualquier fanny pack gringo. NO hay hielo, lo que me convence cada vez que vengo a Europa que eso fue un invento innecesario que hicieron nuestros libertadores para diferenciarnos de los que arqueaban el meñique para tomarse algo.

El apartamento tiene unos ventales sabrosisimos que se abren hacia la calle donde uno se asoma para ver al gentío caminando y a los dueños de los locales con la cabeza sacada, invitando a la gente a entrar. Una agencia de viajes con un afiche promocionando a Los Roques me recuerda que no es tan malo vivir donde yo vivo, aunque Europa me guste cada día más por como me tratan. Italia, la conserje (go figure), es una de esas nonnas que no le falta mucho para subir y prepararme una sopa. Desde un balconcito donde me echo mi cigarrito mañanero, hace lo imposible para comunicarse conmigo y ver como me estoy sintiendo con Jet la japonesa. Ella en italiano y yo en itaespafrancés. Por las noches, el ruido del bar Las Lolitas que queda debajo del apartamento lo inunda con gritos de farra estudiantil pero eso le da un toque urbano a la experiencia.

No he visto mucho de la ciudad aunque ya oficialmente me comí mi primera pizza italiana. Si uno se muere y no hay un horno de leña en el Cielo, es mejor regresarse al infierno y llamarlo Italia porque son demasiado ricas. Tambien ya fuimos victimas del hampa común. En el metro, le abrieron la cartera a Cookie y le sacaron el celular. Todo un arte del raterismo, considerando la rapidez y el hecho que la persona más fea en todo el vagón era yo.

Manana espero caminarme a Milano de fondo y en la tarde irme a Florencia con los chamos a pasarme el fin de semana. Todo nuevo para mi, ya que es mi primera vez en Italia pero hasta los momentos gozando (aún a pesar de mi japonesa). Inclusive hasta el vuelo Frankfurt – Linate en donde confundí a los Alpes con un centenar de nubes hasta que me di cuenta que eran picos nevados. Toda una sensacion de brochure de viajes allá arriba en ese avión (muy cursi, lo sé pero en verdad me gustó).

Happy Sangiving a todos! Hay que celebrar la noche en la que Pocahontas se le monto encima a John Smith y éste dijo GRACIAS!

Tuesday, November 24, 2009

Permiso no remunerado

Me ausento del tea party por una semanas. Me voy a Milán a visitar a mi hermano y luego a comerme a París para autoabastecerme como los osos y no tener que llegar de nuevo a Caracas a sufrir la anorexia nerviosa que me da cada vez que abro mi nevera y la vea atiborrada de hallacas. Ugh. Ojalá pueda escribir algo desde allá. Mientras tanto, a los caraqueños, no se pierdan los araguaneyes que están floreando por todos Los Palos Grandes. Indicativo que esto es un noviembre que quería ser marzo y un augurio que el febrero que viene va a ser de esquimales.

Arrivederci.-

Monday, November 23, 2009

La Fama de ser Bloguero

Ví la película Julie & Julia y estoy absolutamente convencido que puedo cocinar lo que sea, aunque la evidencia demuestre lo contrario. Tenía bastante curiosidad de ver la película, no tanto por la perspectiva de Julia Child (historia que conozco desde que me enteré que había sido espía para los Estados Unidos durante la II Guerra Mundial) sino por la faceta de la otra protagonista –Julie- y sus experiencias escribiendo un blog mientras cumplía el reto que lo originó: probar las más de quinientas recetas del libro de cocina de Child “Dominando el Arte de la Cocina Francesa”.

Quedé gratamente sorprendido porque, hasta la ultima media hora de la película, me pude identificar con cada una de las sensaciones por las que Julie pasa mientras escribe su blog. Y digo hasta la última media hora porque en el ínterin se vuelve “famosa” y se comienza a mostrar los inicios de su carrera como escritora (y tema central de la película misma). Obviamente no podemos esperar que Meryl Streep se monte en un avión y venga a Caracas, Venezuela a tocarme la puerta y decirme: “Hooola Toto. Vengo a interpretar a Josefa.” Aunque todos sabemos que Meryl podría hacerlo. Sólo es cuestión de dominar el cacareo y que le guste el béisbol. El resto es magia de Oscar.

Todas las demás sensaciones sobre escribir en un blog están allí. El decidir abrirse uno para matar el aburrimiento tras un horario de oficina sin sentido. Lanzar el primer escrito al vacío sin saber quien te lee. Descubrir que NADIE lo hace. Recibir un regaño del único pendejo que sí se lo lee, advirtiendo que no escribas sobre él. Descubrir la manera de esconder que estás escribiendo sobre él/ella e inevitablemente ser regañado de nuevo por ello. Transitar por la Avenida de los Narcisos porque la gente comienza a hablar de tu blog de manera positiva hasta terminar perdido en el Callejón del Foso porque un día no tienes nada fabuloso que contar. Por todo eso pasa Julie en la película hasta caer en la comodidad de escribir sobre lo que le provoca con la plena seguridad que la “fama” no vale nada hasta que no haya alguien dispuesto a pagar por ella.

Esto último es un punto interesante que se trae a colación al final de la película y no se explica del todo, dejando a la audiencia preguntándose que pasó con eso. No les quiero arruinar la película a los que no la han visto por lo que les sugiero que se salten los dos párrafos que vienen a continuación. Nos vemos donde dice "Hay una recomendación". Chao. Me van a hacer falta.

SPOILER: Ok, para los que quedan. Julie se entera por una llamada que su ídolo, Julia Child, a quien jamás conoce durante el desarrollo de la trama, le menciona a un reportero que conoce sobre la existencia del blog pero que no le gusta del todo. Esto devasta a Julie quien ha visto en la vida de Julia un cierto paralelismo con su vida propia. Como no me puedo quedar tranquilo, me metí en el blog de Julie y en artículos de prensa publicados alrededor de la época en que el blog se escribió y la opinión de Julia Child, aunque no explicita, es que el blog no estaba escrito con la seriedad que se merecían sus recetas.

Para empezar, el blog está lleno de groserías (según la propia Julie Powell su manera habitual de hablar, hasta tal punto de declarar que le pareció injusto que la única grosería de la película -“mierda”- no la dijese su personaje sino Stanley Tucci), seguido de detalles de su vida matrimonial, las películas que va a ver al cine y el fastidio que le da seguir alguna receta al pie de la letra. Esto, en opinión de quienes conocieron a Julia Child, le quitaba la seriedad al reto de cocinar cada una de las recetas contenidas en el libro. Esa parece ser la explicación consensuada. Tal es el precio de la fama que uno paga si el blog está mal escrito. Lo que es entretenido para algunos, es poco serio para otros. La lastima es que ese ‘otro’ en la vida de Julie fue la propia Julia Child.

Hay una recomendación bien buena por ahí que dice lo siguiente: no se metan en el blog de Julie ni averigüen nada sobre ella hasta después de ver la película. Les va a gustar más la versión imaginaria si no saben nada sobre la realidad (algo que los niños Von Trapp siguen luchando desde que Robert Wise sacó “La Novicia Rebelde” y los puso a todos en trajes de marineros). Luego que la vean métanse en el blog. Se sorprenderán de todos los paralelismos y palabras textuales que son tomados del blog para la creación de la película (¡Hasta la escena final con la mantequilla es verdadera!) así como las licencias creativas que se tomó Nora Ephron con el excelente guión (Julie jamás se disfraza de Julia Child por ejemplo).

Realidad o ficción, la que se prefiera, es una muy buena película que converge las dos historias de una manera interesantisima (¡terminen de darle a Meryl el Oscar de una buena vez por todas!) y más aún, narra la vida de un bloguero de una manera honesta y directa. Así es tal cual. Que lo diga yo que sigo esperando ser interpretado por Ben Stiller en algún momento.-

Friday, November 20, 2009

Rick nunca dijo "Play it again, Sam"

Este final de año está tan bizarro que no me explico cómo es noviembre y los araguaneyes de mi calle florecen como si fuese el día más bonito de marzo. Es imposible cantar gaitas con calor cuando uno lo que desea verdaderamente es tirárselas de playero y echarse un buen chapuzón Nestea. Aún así, el Rey David –irónicamente- no nos deja olvidar que ya se acercan las Navidades. El sempiterno San Nicolás ya se mueve de lado a lado desde el techo. Sudado, pero se mueve.

A causa del calor en las noches, lo único que me ha provocado es sentarme a ver buenas películas para así olvidarme que tengo que caminar y moverme hacia alguna parte. Un éxito porque con ello he retomado mi meta de cubrir la lista de las 100 mejores películas según el American Film Institute. Mi Popcorn Crowd, para tragedia de todos sus miembros, se diluyó hace tiempo por razones ajenas a nuestro pacto de ver buen cine. Uno se fue a hacer postgrado, otro sucumbió al horario nocturno otros dos terminaron su idilio de An Affair to Remember y yo me perdí en el bosque buscando el tea party, lo que dejó al grupo con cierto tufo a la canción “Summer of ‘69”.

Aún así he encontrado que mi cuasi vecina Anne, es una virgen cinéfila por lo que me he tomado la tarea de hacer mi propio cine foro con ella para enseñarle un poco. Me gusta porque le interesa que le expliquen el trasfondo de la película así como su importancia dentro del cine americano (ella lo niega a sus amigas, dice que viene porque yo le doy cotufas). Anne se exaspera conmigo un poco porque yo soy de los que le gusta ver los créditos iniciales en las películas. En las viejas, esos créditos llevan su tiempo pero yo le hago ver que es un arte perdido además de enseñarle que el mismo que hizo la dirección de iluminación, el vestuario o los efectos especiales la hizo en otra película que vimos. Igualito me encanta que ella es como yo en el sentido que no tiene miedo a darle a pausa cuando vio algo que le llamó la atención y discutirlo allí mismo. Así haya que retroceder la película.

A veces cuando no está Anne las veo solo. No es lo mismo porque siempre es chévere discutirlas con alguien pero hay películas como Chinatown que se ven fastidiosas en caratula cuando la verdad, una película de esa talla es épica. Eso me pasó hoy con El Puente sobre el Río Kwai, una tremenda película con un dilema moral que es fácilmente trasladable a nuestros tiempos. Tenía meses tirada ahí retándome a que la viera y estaba negado. Ni siquiera sabía de que se trataba cuando la comencé a ver, por lo que tuve que recurrir a imdb.com (amo la sección de trivia de la pagina) para leerme la sinopsis.

Eso me encanta bastante, leer sobre la película. En muchas ocasiones, como en Un Americano en París, me ha gustado MÁS la película por lo que me dicen los libros que por la reacción inicial a la película misma. Suena un poco banal y poco inteligente de mi parte pero lo único que provoca es que me siente a verlas de nuevo. Un Americano en París tiene un ballet de 17 minutos al final. Nadie habla en los últimos 20 y tantos minutos de la película. Pero una vez que sabes cómo se construyó ese ballet y reconoces que cada escena está influenciada por un pintor distinto –Dufy, Renoir, Utrillo, Rousseau, Van Gogh, y Toulouse-Lautrec (porque si eres gallo como yo vas a ver algunos cuadros antes de volver a la película) la experiencia es completamente distinta. Con eso ves a Gigi (que siempre me ha fastidiado) de una manera distinta y aprecias la influencia de Gene Kelly en la danza americana (si le enseñó a bailar a Sinatra, he’s our guy any time).

izq. Gene Kelly en Un Americano en París (1951). der. Toulouse-Lautrec Chocolat Bailando, (1896)

El problema es que algunas películas son propias de una época y son difíciles de verlas en nuestro contexto. El Mejor Año de Nuestras Vidas se ganó un Oscar a la Mejor Película en la década de los cuarenta pero es tremendamente aburrida. Un film sobre la adaptación de veteranos de la II Guerra Mundial a sus puestos de trabajo y a sus hogares no trae la misma emoción ni impacto que lo hizo seguramente cuando se estrenó.

En cambio Bonnie & Clyde, que hoy en día no tiene nada que envidiarle a ninguna película de acción, te marca de por vida. El final es tan astutamente elaborado que no tienes más nada que decir, así hayas visto mil muertes en cualquier pantalla grande. Y cuando te enteras que fue la primera película en mostrar en un mismo plano el tiro y el impacto de la bala en el cuerpo del otro, aprendes a apreciar las innovaciones del cine. Lawrence de Arabia tiene un poco de eso. Una toma del soplo de un fosforo corta abruptamente hacia un amanecer en el desierto. Lawrence fue la primera película en hacer uso de esa técnica. ¡Blanca Nieves es del año 37, por Dios! ¡Imaginénse la innovación de una pendeja cantando en comiquitas por más de 70 minutos!

Lo que encuentro sabroso de la investigación es que me siento poderoso al ver (o volver a ver) úna película determinada. Ya no es impactante que Janet Leigh se muera en Psicósis, que a Scarlett O’Hara la dejen o que el puente en Kwai estalle porque la cultura pop nos ha revelado el desenlace en camisas, parodias y afiches. Lo que queda es estudiarlas para poder acercarnos lo más posible a la misma reacción que tuvo la audiencia cuando se estrenó. Eso es lo que nos pertenece y con la cantidad de información que sale cada año, es un privilegio que no pudieron darse los primeros cotufahabientes que fueron a la premiere.

West Side Story sigue siendo un fastidio, no hay manera de quitarle la sacarina a una historia de Romeo y Julieta. Lo impactante es haberlo hecho desde una perspectiva racial en plenos comienzos de los años sesenta. Una mirada a Cleopatra es más emocionante cuando se sabe el trasfondo del romance Burton-Taylor (aunque esa es perfectamente olvidable una vez que te sientas a ver Who’s Afraid of Virginia Woolf). Para gustarte Un Tranvía llamado Deseo ayuda saber el colapso emocional de Vivien Leigh y el método de actuación de Brando (Stella!!!) Y Zhivago, pues Zhivago como toda obra de arte, se tiene que ver con paciencia.

No sé como hacerlo pero me encantaría formar un curso para enseñar la historia a través de las películas. O si no un curso de historia pop sobre las películas mismas. Tiene que haber otra persona que le interese que en El Puente sobre el Río Kwai también se oye el escalofriante proverbio que emplea Jack Torrance para rellenar las páginas del manuscrito que escribe en The Shining: “all work and no play makes Jack a dull boy” o que Rick jamás dice "Play it again, Sam" en Casablanca.-

Thursday, November 19, 2009

What difference does one make?

I've been thinking. Tomorrow it will be twenty-eight years to the day that I've been in the service. Twenty-eight years in peace and war. I don't suppose I've been at home more than ten months in all that time. Still, it's been a good life. I loved India. I wouldn't have had it any other way. But there are times when suddenly you realize you're nearer the end than the beginning. And you wonder, you ask yourself, what the sum total of your life represents. What difference your being there at any time made to anything or if it made any difference at all, really, particularly in comparison with other men's careers. I don't know whether that kind of thinking's very healthy; but I must admit I've had some thoughts on those lines from time to time. But tonight... tonight! [Baton falls over bridge into the water] Blast!

Colonel Nicholson (Alec Guiness).-

Lo que me encantó es que el dilema moral (cooperar con el enemigo de la mejor manera posible, en este caso construir el mejor de los puentes, como un rendimiento de honor para la posteridad) se mantiene vigente y es fácilmente trasladable a situaciones de la vida de uno. Me acordó muchísimo a mis épocas de Harvard. Ya me vendrá el por qué.-

Wednesday, November 18, 2009

El regreso a casa de Felipe Zoui Ramírez

No hay nada peor que tener un chamo inquieto. No hay nada peor que ese chamo sepa contar números. No hay nada peor que se sepa el día de su cumpleaños. No hay nada peor que lo use para jugarse una lotería en una verbena. No hay nada peor que gane. Pero definitivamente el acabose es que el premio sea un conejo.

“Felipe Zoui Ramírez” entró a la vida de mi colega y amiga la Cookie Monster (ella es pana pero violenta con sus amigos, ergo el nombre) precisamente porque su hijo se lo ganó en la verbena de su colegio. Una pelusa grisácea que fue bautizado cristianamente por el propio chamo en el asiento posterior de la camioneta familiar cuando anunció a viva voz que ese era el nombre que había escogido para su conejo: Felipe Zoui (pronunciado 'Zo-whee') Ramírez (pronunciado ‘Ra-mee-res’ como lo hacen los comentaristas beisboleros). Nadie sabe de dónde diablos salió la conjugación de nombres. El apellido de su papá no puede ser más europeo y la Cookie de gringa no tiene ni el color pero así se quedó el conejo, Felipe Zoui.


La Cookie Monster es una de esas madres que documenta el reality show de sus hijos (tiene dos, el demonio de Taz Mania y la personificación humana de Maggie Simpson) a través de los mobile uploads de su Facebook. Cosa que en otras mamás raya en la personalidad borderline con el sobrecargo de información infantil desde aquella primera foto del feto hasta la última que enseña el peinado totuma con lazo para su primer día en el colegio. Cookie, por lo menos, sabe entretenernos con cosas chéveres. Desde denunciar a una infanta nazi que mordió a su hija en el preescolar, evidenciar la renuencia del chamo a intercambiar el traje de Spiderman por la pijama, hasta montar una foto de la primera práctica de futbol de su hijo en la que todos driblan la pelota a través de unos conos anaranjados, con la sola excepción que su primogénito lleva el cono en la cabeza.


Fue precisamente por un status update en Facebook que nos enteramos de la existencia del conejo. Algo como “Bienvenido a la familia, Felipe Zoui Ramirez” apareció con su respectiva foto del chamo sonriendo con el animal metido en una caja. A los pocos segundos las amigas comentaristas que todos tenemos hicieron acto de presencia con su respectivo: “[nombre]eeeeeeeeee! Que cuchiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!” Los flojos se contentaron con apretar su botón de “Like” y el pesimista nietzscheniano puso “yo sé lo que le pasa a los conejos de las verbenas.” Me dio risa la foto pero también me dio risa el comentario pesimista. No todos tuvimos un conejo, pero todos tuvimos un pollo de verbena, así que podemos asimilarlo.

Por experiencia sabemos que un pollito azul no sobrevive su primer baño de espuma. El único caso en la historia caraqueña de Survivor Chickens es en casa de It’s Good to Be en donde la manada de pollos traídos por los cuatro hermanos luego de una verbena en el San Ignacio no solamente sobrevivieron la primera noche, sino que se convirtieron en gansos, gallos y gallinas que lograron hacer que el pavo real de la casa se hundiese en la piscina por wannabe. Un conejo no puede ser tan diferente.

El anuncio de la llegada de Felipe Zoui fue puesto a las 6:29 post meridiem, horario venezolano (con la caída de la noche en este país, pongamos que a las 10 de la noche horario de Ustedes, la gente normal). A las 7:03 –sin exageración- la Cookie acudió frenéticamente al Facebook para postear un nuevo estatus: “URGENTE: ¿Quién quiere un conejo? El niño es ALÉRGICO!” No hubo quórum para la pedida y la familia Telerín se las arregló poniendo a Felipe Zoui Ramírez a dormir (y vivir) en un jardincito afuera.

Craso error. Al poco tiempo Felipe Zoui fue atropellado por un carro. Sin éxito, Cookie Monster hizo todo lo que pudo por esconderle al chamo el accidente, llamando a todos los veterinarios de Caracas para saber el costo de una operación. Llamó a su esposo que estaba de viaje para comentarle que la operación costaba tres mil Bolívares Fuertes a lo que éste respondió como todos hubiésemos respondido: “yo sé de otra operación que podemos hacerle al conejo.” Todos opinaban lo mismo, una simple subsitiución de Felipe Zoui por otro Felipe Zoui no era imposible. Búscate cualquier madriguera con conejos grises y presto.

Pero la Cookie sabía que su chamo es más sabio que Tío Conejo. Él es como el cuento verídico de una familia con dos hijos que vivían al lado de una laguna a la que sus papás no los dejaban acercársele diciendo que era peligrosa. Una mañana en la que estaban en el colegio, su querido Basset Hound falleció. Temiendo histeria infantil, el papá y la mamá manejaron frenéticamente por toda la ciudad en búsqueda de un perro nuevo pero nada más pudieron conseguir a una perra. Cuando llegaron los chamos del colegio, les dijeron para asombrarlos que el perro se había caído a la laguna y se había convertido en niña. Tiempo después, un buen amigo de la familia los fue a visitar y se llevó a los chamos a pasear por los jardines. Acercándose demasiado a la laguna, los niños le gritaron con horror: “¡No te acerques que si te caes te conviertes en niña!” Así es el hijo de Cookie Monster.

Con la sanidad mental de su hogar en mente, Cookie Monster acudió a la versión en Caracas que tenemos de Dr. Dolittle, el hermano de It’s Good to Be que cuida culebras, hamsters, hurones, gallinas y unicornios. Aunque también sugirió sustituir el conejo como cura de todos los males, logró enmendar la pata y devolverlo sano y salvo a su casa para el deleite del dueño de Felipe Zoui. Hoy en día el Dr. Dolittle, después de Spiderman, es un héroe en casa de Cookie Monster con un busto de bronce y todo. Todos felices y todos contentos, incluyendo Felipe Zoui en su jaula.


No hay nada mejor que tener un chamo inquieto. No hay nada mejor que ese chamo sepa contar números. No hay nada mejor que se sepa el día de su cumpleaños. No hay nada mejor que lo use para jugarse una lotería en una verbena. No hay nada mejor que gane. Pero definitivamente el pináculo del día es que el premio sea un conejo y que le ponga de nombre Felipe Zoui Ramírez.-

Tuesday, November 17, 2009

Cronología de las órdenes

Lávate las manos. Pídeme la bendición. Cepíllate los dientes. No hables con la boca llena. Amárrate los zapatos. No se le dice ‘asco’ a la comida. Ponte el cinturón. Quédate quieto. Siéntate derecho. No saques la cabeza por la ventana. Baja la poceta. Juega con tus marcadores. Di ‘por favor’. Se dice ‘gracias’. No, no puedes. Porque yo digo. Métete la camisa por dentro. Saluda a la señora. Dame un beso. No jures en vano. Recoge tu cuarto. Dije ‘ya’. Baja. Móntate en el carro. No te pegues al vidrio. Prométeme que te vas a portar bien. Siéntate ahí. Espérame. Vístete. Comete la ensalada. No puedes jugar con él. Haz silencio. Enséñame la tarea.

No afinques los marcadores. No, no puedes ir al baño. Deja de pelear. No me vuelvas a preguntar si ya llegamos. Busca que hacer. Dame un beso. Estás retenido. Así no se lee. Dime la tabla de tres. Si no corres no creces. Déjate la corbata quieta. Eso también es una grosería. No puedes salirte de la piscina. Estoy bravo contigo. Córtate las uñas. Tienes que ir. A las mujeres no se les pega. Le has debido pegar más duro. No existe. Corre. Ya lo dije una vez. Basta. Sopla las velas. No se puede quedar a dormir. No estás enfermo. Esa película es para gente grande.

Si te afeitas te sale más pelo. Está bien pues, vete. Córtese el pelo. Te dije hasta las diez. Estás castigado. No se copie. No puedes ir. Porque yo digo. Una hora y nada más. Enséñame la boleta. No me gusta que andes con él. Venga al frente. Párate derecho. No ruedes los ojos. Toma diez bolívares, no tengo más. Pues, te lo pones. Me llamas cuando llegues. Saque papel y lápiz. Está bien pues. Conjugue el verbo. Baja. Recoge tu cuarto. Tienes que enfocarte más. No. No. No. Respétame. Dame un beso. Lea las instrucciones. Tú no sabes lo que estás diciendo. Yo soy más fuerte que tú. No son las diez, son las once y media. Mañana hay colegio. No fuiste a misa.

Que no te voy a prestar el carro. Así vestido no sales. Esto no es un hotel. Córtate el pelo. Habla pues. No puedes venir. Bachiller explíquese. No ahí no se puede parar. Enséñeme la cedula. Devuélveme el sweater. Ahí venden drogas. Que no quiero hacerlo. Estudia tú por tu cuenta. Tú si eres amargado. Quédese después de clase. Tú si eres flojo. No vengas. Ya bajo. Que no te voy a dar un beso. Te vi con ella. Déjame en la esquina. Cómprame una vodka. Ahí no se puede estacionar. No puede entrar al salón. Baja la velocidad. Devuélveme la tarjeta. No se puede confiar en ti. Come. Dame un beso. No cruce la raya amarilla. Tú a mi no me quieres. Paga tú que no tengo. Está bien pues vete.

Te dejé un cheque. Resuelve. Sube el vidrio. Busca la tintorería. Quítate el reloj. No te saques la cartera. Tú tienes que estar deprimido. Estas no son horas de llegar. Es mi casa, no tuya. Asume tu responsabilidad. No hay línea. Tócame. No me toques. Esa corbata es horrenda. Estás muy flaco. Estás gordo. Apague el celular. Dame el celular. Quiéreme. No tomes más. Pase a mi oficina. Ve al médico. Sal a votar. Te dije que lo quería para el viernes. Dame cambio. Tú no me quieres tanto así. Manténgase ahí. No fumes tanto. Estás burda de calvo. Arréchate con otra. Marque el seis. Abra la boca. Dígame su tipo de cuenta. Siempre la pagas conmigo. Llegaste tarde. Cójeme pues. Tú nunca me sacas. Ni te molestes. Llama a tu abuela. Espere en línea. Quítese la correa. Devuelve las películas. No hay puesto. Dame un beso. Paga el choque. Paga la cuenta. Paga el celular. Paga la luz. Paga la tarjeta.

Treinta años de órdenes superiores, jerárquicas, consanguíneas y afines son la prueba fehaciente que aunque las mismas evolucionan, mutan y se transforman, la necesidad de pedir un beso es eterna.-

FanArt

Una fan del tea party me envió esta foto. ¡Yo quiero este libro!

Monday, November 16, 2009

Por una mejor sobremesa: La importancia de tener un amigo inseguro

Una parrilla en Galipán. Es ese preciso momento de cualquier almuerzo dominguero en el que los comensales se echan un poco más para atrás en sus sillas, en una señal inequívoca que el ritual cavernícola ha concluido. No volverán a pensar en comida hasta … hasta diez minutos después cuando alguna Betty Crocker autóctona (traducción: gorda antojada) se le ocurra sugerir buscar el pie de guayaba que compró esa mañana en la Pastelería Danubio. Mientras tanto, los dedos comienzan a circular el borde de una copa de vino tinto a medio tomar y las bocas a fungir como botafumeiros sevillanos con la fumarola del cigarrillo más placentero luego del post coitus: el post atragantatus.

Los cuentos van y vienen como dardos. En el olvido el fulano tema del clima para romper el hielo entre los que no se conocen. A media mañana, alguien salió con el siempre ‘elocuente’ tema escatológico –presente en toda conversación fuera de la ciudad- lo que bateó de home run cualquier tipo de conversación educada. Ya para el momento en el que se habló de la Jezebel del momento, esa que causó revuelo en la fiesta de la noche anterior por mal vestida, libidinosa o echona, uno se aferra a esa mesa. Alguien podrá decir que es un tema fatuo y que es Rachmaninoff y Borges los que revolotean constantemente en sus conversaciones de sobremesa. Yo reto a cualquier erudito a no parar la oreja cuando se hable de la mujer escarlata. Ni a palos se levanta uno de la mesa.

La conversa se torna más reflexiva a medida que cae la noche. Las botellas semi vacías y la sensación imperante de un lunes que desenmascara a todo domingo que juega a ser sábado, produce un descenso en la emoción de los comensales similar a la bajada de la mesa de las risas que se forjó el Tío Albert, el de Mary Poppins, en el techo. En medio de referencias a películas, recuerdos del pasado o temas serios matizados por diversas opiniones, la vocecita de la Tía Mamá con su “a guardar, a guardar cada cosa en su lugar” se va haciendo cada vez más ruidosa, hasta que llega el inevitable momento de la iniciativa: el valiente que se para a lavar los platos.

A nadie le gusta lavar los platos. Yo digo que sí cuando hay que hacerlo pero es una compensación boy scout por el hecho que ni me molesto en bajar una bolsa de supermercado del carro, ni por error cargo la cava y la única razón por la que me paro al lado de los carbones de la parrilla es porque alguien me tumbó el yesquero en Caracas y necesito quemar un papel de periódico para prender un cigarro. Si lo tengo que hacer lavo, seco y guardo con gusto pero me fastidia, como a los demás, tener que separarme de la conversación sabrosa para irme a la mazmorra de la cocina disfrazado de Rufino Robotina.

Alguien tiene que hacerlo pero ayer sentado en la mesa, se me ocurrió que sería genial tener en el repertorio de amigos a un inseguro. Un amigo que no sabe si lo van a volver a incluir en planes futuros por lo que hace todo lo posible para caer en gracia con los demás. Esto incluye, lavar los platos. No es egoísta ni malo pensar así. Yo pienso que todo parrillero tiene un complejo de héroe así como todo el que lleva la batuta conversacional tiene un complejo narcisista. Si los llevamos a los tres a un psiquiatra, el inseguro sale mejor parado que los otros dos.

El amigo inseguro debe rellenar unas condiciones necesarias. No es un amigo todero. Mayen mi amiga es una todera. Es la que carga la bolsa de hielo, hace la ensalada, cambia un bombillo y se para al lado del parrillero y que para abanicarlo pero en verdad, le está cayendo. Tampoco es un amigo Q-tip como mi amigo Sicilia. Ese que sueltas con un hisopo y teipe plomo y te construye un circuito eléctrico. No, el amigo inseguro debe estar dispuesto a perderse parte de la conversa de la sobremesa, creer que la gente lo está utilizando (como en efecto lo estamos haciendo) y debe pensar que si hace algo en grande, la gente lo gratificará.

Como nadie le va a dar ni las gracias que se le da al parrillero porque si no la novia se arrecha, ni le van a decir “que cómico” como se lo dicen al que se sentó en una poltrona y habló y habló hasta por los codos, el inseguro tiene que tener la decencia de lavar todos los platos, pasarle un pañito a la cocina y venirse a sentar en la mesa y empatarse en la conversación a hacer barra. Si el viaje es de un día no puede protestar que encima tiene que vaciar la cava porque sabe que en el otro carro lo van a reventar. Si es de tres días, entretiene que se arreche en la última noche y le compensemos con un trago, con todo el apartamento de playa vuelto mierda, para celebrar que sabe que lo estamos utilizando. Igualito a la mañana siguiente, a todos los inseguros les da complejo de culpabilidad y se paran más temprano que nadie a pasar coleto.

Es un trabajo difícil pero hay que aceptar el reto de serlo si se quiere contribuir al mejoramiento de la sobremesa. La inseguridad, cuando no se sabe hacer parrillas y no se sabe conversar, tiene que llevarse con dignidad . La lástima es la falta de candidatos dispuestos.-

Sunday, November 15, 2009

Love & Tonic

Toto: "¿Cómo se conocieron?"
Ellos: "Nos metimos una borrachera juntos y cuando pasó el ratón ya era demasiado tarde como para ser amigos."

Me encanta la gente honesta.-

Saturday, November 14, 2009

Serious Shoes can be Deceiving

Antes que los vuelva ñoña esta noche en un matrimonio, mi declaración de profunda admiración al Señor "Quenes Coll" por haberse lanzado este diseño que no puede sino llamarse en criollo el zapato perfecto para los de “cara seria…..” Lograr que una persona con cero fetiche por los zapatos (los odio, todo el mundo debería andar en Birkenstocks) se emocione por sus suelas es digno de ovación.-

Surfistas de Sofás

Anoche mi amiga Cristina me introdujo al mundo del couchsurfing. Esto es un sistema de interacción a través de la Internet en la que viajeros de alrededor del mundo buscan un “sofá” en donde alojarse gratuitamente en el país al que van a viajar. El quedarse en casa de alguien, le permite al viajero entender la cultura de un país así como recibir asesoramiento de los mejores sitios adonde ir. Amén que se ahorra una chorrera de real, el cual lo puede usar para comprar cosillas, comer o inclusive, seguir viajando. La persona que quiere alojar a alguien pone sus criterios (en el caso de mi amiga Cri, alguien que no fumase y que no le importase los gatos) y el viajero la contacta para cuadrar su estadía.

Con ella se está quedando un personaje chéverisimo. Es de Argentina y salió hace año y medio de su casa. Su único plan era ir a visitar Bolivia pero se terminó quedando más de la cuenta y decidió echarle pierna hasta pasar por todos los países andinos e inclusive llegar hasta Cuba. Su viaje completo lo ha hecho en autobús (salvo obviamente el avioncito que agarró para llegar a La Habana) y la estadía en un país depende de cuánto le guste. En Colombia duró tres meses, en Perú un poco más. Y así le fue dando hasta llegar a Caracas porque había que conocerla. No le pareció la más bonita de todas pero concuerda que como las demás tiene su encanto particular. Hoy agarrara un avión para irse Córdoba donde su papá lo está esperando desde hace seis meses con una pancarta que seguramente dirá “Al Fin”.

Lo que me impresionó de él fue su espontaneidad. Agarrar un buen día y salir de su casa sin más nada que un pasaporte. Ni siquiera el celular. De casa en casa, de plaza en museo, de autobús en metro, hasta llegar a sentarse conmigo y con Cristina en una pizzería. Ha conocido a tanta gente que le ha hecho las mismas preguntas que yo que seguramente le parecí un fastidio. Pero no todos los días se conoce a un Forrest Gump latinoamericano. Y como él –me cuenta- hay centenares de personas, sobre todo mujeres, yendo de puerto en puerto para conocer más de cerca al mundo. Cuando se tiene que trabajar para ganarse unos churupos se trabaja. Cuando se tiene que lavar ropa, se lava y cuando se quiere tomar, se festeja con los amigos que andan en la misma nota. La mayoría se llega a conocer en los trayectos y arman sus bonches con los residentes.

Hablamos sobre los peligros del programa del couchsurfing. Como todo hay cuentos de cuentos pero por lo general parece ser un sistema confiable. Cada persona tiene un sistema de puntaje (entre positivos y negativos) que se va acumulando con el viaje y que se reflejan en la página. Obviamente los negativos no son tan acogidos como el resto. Inclusive hay personas que no ofrecen alojamiento sino sencillamente compañía para tomarse un café, llevarlos a conocer la ciudad u orientarlos por aquí y por allá. El amigo todo se lo gozó. No podía creer que ya se tenía que regresar a su país. Por él, seguiría viajando.

Hay gente así. Yo no soy una de ellas así me encanten todas esos cuentos. Al pana lo mareé con mis cuentos de todas las excursiones de gente que he leído en National Geographic. Desde el chamo que navegó el mundo en barco hasta el que se caminó Estados Unidos completo (y conoció a su esposa en el proceso). Él me dice que lo más difícil es salir de la puerta de su casa. Todo lo demás es cuestión de montarse en el autobús indicado. Y si el autobús se accidenta siempre hay otro que viene por ahí.

Irónico. Así es la vida. Unos nos pasamos todo el día apagando incendios en oficinas y en casas. Otros, viajan.-

Friday, November 13, 2009

Road Trip

Una cámara antigua rueda imágenes en Súper Ocho. Tú, yo, él, ella y dos que jamás llegaron. Una mañana de soles a bordo de una furgoneta que echa humo. Una sola ventana por donde botar las cenizas de un cigarrillo que se niega a apagarse. Destino incierto. Lo único certero es que el conductor es el disc jockey. La música suena a libertad. Jugamos a Herbie. Tú jamás ganas porque eres miope. Pero yo hago trampa y te señalo un Volks rojo destartalado a lo lejos para que no te sientas mal con los demás.

Las horas pasan y hacemos de la parte de atrás un departamento de solteros. Una almohada sirve de bandeja para algún canapé propio de viajes donde no se sabe a dónde se va. Un silencio a media mañana, señal que la aventura comenzó demasiado temprano, sirve como el medio adecuado para que te recuestes junto a mí. Tus pies salidos por la ventana, tu mirada aburrida en las imágenes cinéticas que ofrece la velocidad de las ruedas de esta furgoneta feliz.

Algo te atrae lo suficiente como para que te acerques a la ventana y recuestes la barbilla sobre tus brazos cruzados. Un mechón de tu pelo revolotea frenéticamente contra el viento, como una serpentina sujeta a una cabeza que piensa en sonido pero que no manifiesta en estéreo. Yo te hago cariñitos en la espalda mientras converso con otro. A sabiendas que la conversación verdadera está entre el tacto de mis yemas y la reacción de tu columna. Una cosquilla repentina parece no importarte. Cómoda como estás, no quieres que el viaje se acabe.

La verdad es que yo tampoco.-

Thursday, November 12, 2009

Si mi mamá me enseñó, tú me enseñaste

Si mi mamá me enseñó a contar historias, tú me enseñaste a vivirlas. A comprender que son momentos efímeros y que la felicidad es un instante que se prende como una vela y se apaga con apenas un soplo. Por eso la importancia del momento para el recuerdo. Fotografías añejas de momentos felices que se van amontonando a medida que uno transita por las autopistas de la vida. Mis álbumes de fotos están basados en los tuyos de Suiza. Momentos que no volverán pero que te alegran uno de esos días grises cuando no vale la pena levantar la cámara para capturarlos.

Si mi mamá me enseñó la dirección de la vida, tú me enseñaste el poder de la aventura. De la emoción detrás de una idea de proyecto. Que todo es emocionante. Todo lo que nos rodea es objeto de inspiración; una oportunidad escondida en lo inoportuno. Si bien hay cosas que parecen aburridas, queda de nosotros darle el vuelco con tan sólo un pensamiento. Porque así es la vida. Para gozarse el proceso. Así sea haciendo una maqueta, una pintura, un blog o un negocio. A mirar a la gente por lo que son y por lo que pueden ser; no por lo que tienen. A fin de cuentas, jamás nos ha interesado las cuentas bancarias ni el destino en los viajes. Nuestro deleite es la conversación en el trayecto.

Si mi mamá me enseñó a valorar el entretenimiento de la cultura, tú me enseñaste a gozarme la cultura del entretenimiento. De no ver un concurso de música o la apertura de las Olimpiadas porque es frívolo, sino porque en realidad es una lección de geografía, de valores y de compañerismo entre naciones. Que si bien todo cuadro tiene un trasfondo, todo Óscar un mérito cinematográfico, toda moda una intención y todo edificio una historia estética, en el fondo verdadero la decisión de si algo es bueno queda en la valentía de decir a viva voz “me gusta o no me gusta”. Así no tengamos vela en ese entierro.

Si mi mamá me enseñó a valorar los momentos, tú me enseñaste a apreciar los detalles. Que los almuerzos largos no se terminan sin una revista de corazón abierta de par en par porque eso extiende la conversa. Que las tardes no se terminan sin tararear una canción mientras tú das vueltas interminables a un sencillo mechón de pelo entre los dedos porque eso trae recuerdos. Y que las noches no se van hasta que no se hayan contado los detalles de una fiesta en el desayuno porque compartimos la misma opinión que ninguna fiesta termina sin los comentarios del día después.

Si mi mamá me enseñó a amar a las personas, tú me enseñaste a quererlas. Por eso te quiero a ti, madrina bella. Un río de enseñanzas desde tus brazos hacia mi cabeza. Una pila bautismal que actuó como testigo que de ti saqué todo lo bello.-

Feliz Cumpleaños Nelly.

Wednesday, November 11, 2009

El Curioso Caso de la Pantaleta Perfecta

Lo chévere del Grupo de Autoayuda Manos Unidas (AAMU) es que, en sus inicios, todos más o menos estábamos en la quilla. Los estancamientos mentales cumplían cabalmente con nuestro lema “estar deprimido está de moda” y nos contentábamos en saber que siempre había alguien dispuesto a llevarse el último brownie. Jamás pretendió ser una competencia para ver quién era el más loser de todos, dado que la intención de AAMU es decirte de frente la verdad que necesitas oír sin tener que gastar tus reales en las oficinas del Dr. Vizcarrondo.

Aún así, jamás hubiésemos sospechado que dentro de nuestro comité organizador, habría una persona que traicionaría al resto. Una Judas Iscariote que vendería su alma al Diablo y nos dejaría a los demás cual presos dentro de la Caverna de Platón. Ella sabía su defecto desde un principio y lo escondió para el resto de los deprimidos. Su defecto mortal, que nos terminó clavando la estaca, es que desde un comienzo siempre fue feliz. Les presento a Doña Perfecta. La que no tiene defectos.

La verdad es que siempre lo sospechamos. Ella lo niega rotundamente, clamando ser tan paupérrima como el resto del combo pero a estas alturas nadie le cree. Su ausencia en todas las reuniones espontaneas (la depresión no tiene agenda) que se han suscitado a lo largo de los años para atender a los problemas de algún miembro, ha sido notoria. Con la banal excusa que jamás ha recibido ni siquiera el newsletter electrónico de Navidad, nos restriega en la cara subliminalmente que en verdad todos nuestros correos son considerados Spam. Ni siquiera tiene la decencia de mentir como nuestra vocal Miss Pega, quien hace años se inventó que tenía unos pintores en su casa para no tener que ir a otra de nuestras charlas de Pare de Sufrir y todavía sigue con el cuento que le falta una capa de gris perla más en el comedor.

Ver la perfección desde tan cerca duele en el ego. Una patada a la depresión de los demás. Por eso no pudimos dejar de deleitarnos sobre el cuento que llega fresquecito desde las tuberías de Nueva York. Obviamente, Doña Perfecta corrió el maratón. Obviamente. El resto del clan AAMU o tiene una barriga montada o un lumbago a cuestas y nuestra idea de hacer ejercicio es aplaudir. Aún así, la aupamos con un soundtrack motivacional para que empezase su corredera luego que las notas de Sinatra dejasen de oírse al pasar el Puente de Brooklyn. Si algo sabemos en AAMU es de música para la motivación. “Alone again, naturally” fue considerado como el himno olímpico pero la canción necesitaba algún ritmillo inspirador para prevenir potenciales suicidios por lo que estamos aún con el cancionero abierto en espera de seleccionar la canción definitiva.

En ese día de nubes perfectas, Doña Perfecta corrió el maratón con sus zapatos perfectos, logrando una marca perfecta mientras los imperfectos de sus amigos la aupaban con gritos de motivación en los costados para que no perdiese la templanza. Las perfectas jamás la pierden pero nosotros los deprimidos no sabemos nada de eso. Medalla en cuello, hizo su señal de victoria por haber completado otro de sus logros –sólo le falta ser astronauta, cosa que no dudamos logrará antes del 2015 – y se dispuso a seguir trotando con soplo de “chu chú” hacia la bañera de la Chica Bond en donde se deleitó con un baño de espumas para saciar el cansancio. Las burbujas como la escena de La Cenicienta volaban por el baño mientras ella aprovechaba para echarle una remojadita a una pieza intima que tenía olvidada. El relajo de las aguas, le calmó el cansancio y ya envuelta en su perfecta bata de paño, procedió a drenar la bañera y apagar la luz.

Siete de la mañana del lunes siguiente. La Chica Bond entra a su baño arrecha porque a ella le dan arrechera los lunes. Se tiene que lavar el pelo y en esa particular mañana hace un frio que quita el frizz de los pelos de la nariz pero ella tiene una reunión importantísima y necesita ese baño. A mitad del champuseo con papaya, empieza a notar que el agua de la regadera no baja por el desagüe, llegándole cada vez más alto a nivel de las rodillas. No lo piensa mucho. Debe ser que se tapó por algún jabón que cayó el cual se desintegrará con el tiempo. Se seca el pelo, se viste y se va a trabajar. Sin sospechar que los siete vecinos de su piso están comenzando a bañarse y les pasa lo mismo que a ella.

Tres días después, el agua continúa empozada por lo que la Chica Bond decide llamar a un plomero. En opinión del experto con la raya del trasero visible es que hay algo atracado en la alcantarilla que es mucho más que un jabón. Hay un pedazo de tela obstruyendo el paso de las aguas, la cual está tan enterrada que no la pueden sacar ni con excavación arqueológica. La Chica Bond recuerda instantáneamente un comentario de paso que le hizo su amiga la Perfecta días atrás sobre una pertenencia suya que había desaparecido en el baño y allí mismo hace la relación: es la pantaleta de Doña Perfecta la que está causando la obstrucción.

Ni con ácidos químicos logran destrozar la prenda de la perfección. El acido hace que la bañera comience a corroerse pero la pantaleta se niega a morir. El plomero inquiere sobre el material, pues opina que parece un cinturón de castidad. La Chica Bond infla narices al pensar en los retoños de la Perfect pero no está preparada para un encuentro con el presidente del condominio quien la detiene en el ascensor para decirle que por su obstrucción van a tener que romper las tuberías pues la pantaleta ha logrado que todo un piso se comience a inundar. Decide llamar a Doña Perfecta para contarle del episodio culposo a lo que la Doña espeta la más famosa frase desde que alguien se preguntó ¿Quién engañó a Roger Rabbit?: “¿y cómo saben que esa pantaleta es mía?”

No se ha visto el desenlace de la historia. O si la Chica Bond ha sucumbido en Nueva York a imitar a los venezolanos y bañarse con tobitos y taparas, mientras los vecinos la ven como la pantaletera descuidada. Lo que si sirve como lección para imprimir en los afiches motivacionales de AAMU es que no hay hueco donde no puedan caerse las cosas más preciadas: anillos, relojes y pantaletas con la palabra “Sunday” impresas a lo ancho de la parte de atrás. Pero, si se descuida lo suficiente, también puede irse por la borda nada menos que la perfección .

¡Bienvenida de nuevo al grupo Miss Perfect! Tu pantaleta será de ahora en adelante nuestra bandera (aún cuando la Chica Bond me diga que esto no es un cuento divertido).-

Tuesday, November 10, 2009

Ziggy ha muerto

Cuenta la Chica Bond que entró en un gimnasio hace un tiempo y se encontró a una muy buena amiga pedaleando con furia encima de una bicicleta estacionaria. Acercándosele, nuestra Chica la saludó como lo ha hecho desde que usaba mocasines con el clásico penny insertado en el zapato: “¿Qué más Ziggy?” La amiga no desvió la mirada del espejo que se encontraba frente a ella; un acto de concentración que en nada tiene que ver con el amor al entrenamiento físico sino con la soberana rabia de haberse metido tanto pan de jamón en las vacaciones decembrinas. La Chica Bond intentó saludar de nuevo a su amiga Ziggy pero jamás imaginó que recibiría una respuesta tan lacónica como la que oiría a continuación. Con temple de monje tibetano, la amiga ciclista detuvo su ejercicio, miró a su compañera de loncheras y deméritos y simplemente le dijo: “Ziggy ha muerto.”

El trasfondo de su muerte se debe claramente a que nuestra amiga deseaba ser conocida por el nombre que le dieron en la pila bautismal y no el sobrenombre que se ganó con la vida. Una especie de reinvención al mejor estilo del anuncio de nuevos paquetes económicos para ser observado a posteriori por quienes toda la vida han acostumbrado a llamarla de otra manera que no sea la versión conjugada de los dos nombres propios de estas tierras cristianas. Ziggy ha muerto. Larga vida a Ana Cristina.

Todo el mundo tiene o ha tenido un sobrenombre. Por alguna razón a todos nos choca eso de tener que decirle Juan Cristóbal a una persona que se llama de esa manera. Como si el cariño no fuese el mismo si no tuviésemos la oportunidad de acortarlo para decirle Juanchi. Otros se lo ganan por su fisionomía (Nariz), actitud (La Perfecta) o porque sencillamente su nombre de pila no ofrece más remedio. Brígida mi hermana tuvo que sucumbir temprano en la vida con "Bibi" si no quería ser considerada como la prima soltera de la Señorita Rottenmayer. Más aún cuando llegó de su primer día de colegio y anunció que su mejor amiga se llamaba Margot. Patty y Selma pues.

El mío, Toto, es un caso de pronunciación accidental. No me habían quitado el sucio de la placenta y ya había salido un primillo con dos dientes a confundir el “Juan José” por “Tototé”. Un “ay que cuchi Fernandito como llamó a su primo” me ató involuntariamente para siempre a un nombre del cual jamás me pude –y creo que ni podré- desprender ni desasociar. Un simple recorte a las cuatro primeras letras del apodo fue lo más que pude negociar en un mundo en el cual hay personas que jamás se han puesto a pensar si yo de verdad tengo un nombre más decente o es que mis padres eran unos kansanos con un gusto kitsch a todo lo referente a El Mago de OZ o decidieron nombrarme como una famosa marca de poceta japonesa.

Hubo una fiesta de quince años a la que yo no pude entrar sin mandar a llamar a la mamá de la fiesta porque mi cédula no reflejaba el “Toto” que estaba anotado en la lista. Innumerables tarjetas de matrimonio han llegado a mi casa con el Sr. Toto Aguerrevere marcado en tinta china. Una ni se molestó con el apellido. Toto bastó. Jamás he evadido ni ocultado mi nombre verdadero pero he descubierto que como una canción mediocre, sencillamente no pega en las carteleras. Así, el nombre de prócer lo he dejado para presentarme porque eso de dar la mano e introducirte con el nombre artístico siempre me ha parecido de pánfilo. Bono puede hacerlo. Yo no.

Inevitablemente sé que es causa perdida. Salvo Manolita Zarate que jamás ha dejado de llamarme Juan desde que nos conocimos montando caballos, el “Toto” siempre ha encontrado la manera de colarse en lugares donde la gente no tiene porque saber que yo respondo a ese apodo. Tarde o temprano, el “Juan José” se deja reservado como una formalidad para pagos de cheques, relleno de formulas medicas u otorgamiento de diplomas, y el sobrenombre al sobrenombre se impone. “Toto” aparentemente no es lo suficientemente básico para un apodo como para que no tenga mis buenas dosis de Tots, Totón, Totero, Totíns, Don Totín, TotA, Toston, Totona, Topo, Father Tots dentro del repertorio. La variación es cuestión de geografía social. Dime con quién ando y te diré como me llaman.

La verdad no me molesta y he sucumbido al hecho que moriré con el nombre. Ziggy pudo zafarse del suyo. Yo no. No veo a mis sobrinos llamándome otra cosa que no sea “el Tío Toto” en un futuro. A fin de cuentas, mi nombre verdadero, con el que uso para llamarme a mí mismo, es sencillamente “Yo”. Ese, es el nombre que más me gusta de todos.-

Monday, November 9, 2009

Youth by Teddy Roosevelt


"I want to see you game, boys, I want to see you brave and manly, and I also want to see you gentle and tender. Be practical as well as generous in your ideals. Keep your eyes on the stars and keep your feet on the ground. Courage, hard work, self-mastery, and intelligent effort are all essential to successful life. Character, in the long run, is the decisive factor in the life of an individual and of nations alike".

- T. Roosevelt.

Lo vi haciendo la cola para entrar al Museo de Ciencias en Nueva York y me pareció genial. Me encanta que con el tiempo voy encontrando más discursos de él que me encantan. Por lo menos compensó mi desilusión en el museo cuando me di cuenta que la ballena que está colgada allí era simplemente un modelo y no algo de verdad como yo creía cuando la vi la última vez a los diez años. First Santa Claus, then the whales. What next?

Sunday, November 8, 2009

Díganme que no soy igualito

Mañana mismo estoy introduciendo una demanda por el cobro de royalties debido al uso desautorizado de mi nariz sexy.

Saturday, November 7, 2009

Mi vida es como 27 Dresses

Mi amigo It’s Good to Be es una persona a la que le gusta cumplir con la gente. Es de esas personas a las que tienes que llamarla con diez días de antelación para ver si está disponible para una partida de Wii. Si no está casando gente, como lo hacía cuando trabajaba en una alcaldía, está de invitado en el sarao y a falta de matrimonio siempre hay un libro al que bautizar, un bebé al que desatanizar o algo que merezca que se malgaste una botella de champaña como la inauguración de un barco (esto ultimo no es cierto pero bueno imagínense que un sobrino lo llamó para bautizar el viaje inaugural de una lanchita de plástico en las aguas de Playa Azul).

Yo siempre le echo vaina que ninguna mujer quiere salir con él porque para ello necesita tener veintisiete vestidos. Su vida es una maraña de corbatas y yuntas, algo que uno aprecia un viernes cuando no tiene nada que hacer pero que francamente, se puede volver aburrido. Yo tengo la mitad de los matrimonios y bautizos y recién ayer le dije a una madre primeriza que estaba acabada para así salirme honestamente de un bautizo al que no quería asistir.

Su viaje a Nueva York fue placentero pero tuvo su conato cuando se dio cuenta que la vida neoyorquina no es tan diferente como lo es la de Caracas. Una visita siempre equivale a una emoción y la gente espera reencontrarse con seres queridos de afuera. En mi caso pueden ser quince. En su caso, veintisiete. Él es el tipo de personas que se encuentra al Maestro Abreu en un aeropuerto y lo saluda de nombre y apellido, que besa a mis primas y me las presenta porque yo no tengo idea quienes son. Todo eso tiene su precio: el agotamiento de ser quien es no deja espacio para gozarse verdaderamente lo que se quiere hacer.

En una mesa de PJ Clarke's, en honor a que Toto se tenía que comer la hamburguesa numero veintisiete que se tragó en el viaje, se abrió sorpresivamente la sesión del Grupo de Autoayuda Manos Unidas. Un invitado adicional ocupaba la mesa: una caja enorme que contenía cuchillos, libros, cargadores eléctricos, ropa y tazas para bebés. Todos ellos encargos de gente que vive en Nueva York y que le habían pedido a It’s Good to Be el favorcito para traerlos a Caracas. La gente ya estaba alertada por mi blog que yo no me traía de vuelta ni un pasaporte por lo que no tuve problemas allá. It’s Good to Be, educado como es, sufrió el revés. Y explotó.

“Más nunca vuelvo a Nueva York” fue la frase que originó el tumulto psicologico de darse cuenta posteriormente que su vida efectivamente es como la película “27 Dresses”. Y no es solamente su caso. La verdad es que todos nosotros somos un poco así. Nos deleitamos cada día en abultar nuestra cuenta de Facebook con un millón de amigos, hacemos planes con gente nueva y extendemos nuestros círculos en la esperanza que por fin alguien lo suficientemente chévere venga a decirnos que también quiere salir con nosotros en plan “When Harry Met Sally”. Pero llega un momento, en ese espiral de fiestas interminables y un mar de caras irreconocibles, en que lo único que provoca es ponerse su abrigo y salir corriendo hacia donde están los mismos cinco pendejos que jamás se irán. Ese tipo de amistades que se basan en el silencio. Porque todo se dice cuando se está callado. Esas son las amistades que bien valen la pena.

Here’s to 27 dresses. Bien gozados y bien vividos. May there be change in what was said that night to prevent the 28th. "Porque la vida, no es como un tour de Protocolo." Nadie, salvo unos cuantos contados con los dedos, es indispensable.-

Sunday, November 1, 2009

Run Toto, Run

Titi y Bobo corriendo el Maratón

El Maratón de Nueva York fue una de las mejores cosas que he visto en mi vida. Si como cheerleader, barra y apoyo moral de los desconocidos fue genial, correrlo ha tenido que ser una experiencia fenomenal. Por todo Nueva York, la gente aplaudía a los corredores gritándoles por sus nombres que los maratonistas tenían marcados en sus países. It’s Good to Be coreaba en diversos idiomas: “Allez Pierre, Vamos Ignacio, Move your ass Susan” mientras Ana Elena decidió tomarse a pecho los países y minorías poco representadas. Sobre los coros “Go USA!!!” salía una vocecita que gritaba “Run Azerbaiyán, Run!”

Nunca supe quien fue el ganador hasta que llegué a Caracas cuando me enteré que Keflezighi lo hizo en dos horas y unos cuantos minutos. Pero lo sabroso era ver la satisfacción de los que terminaban, arropados con una cobija de plástico metalizado mientras veían la medalla que le ponían a todos con felicidad de haberlo logrado. Después me contaba la gente que lo que más les emocionaba era cuando los aupaban por sus nombres. Las calles forradas de vasos de Gatorade por doquier, desparecidos como por arte de magia al día siguiente cuando ni el recuerdo de alguna basura del maratón quedó. Eso es una ciudad.-

Ennis del Mar en la Calle de la Anarquía

Como todos los años, el tema de Halloween es a donde ir a rumbear. Uno se pasa todo el día planificando su disfraz para darse cuenta que el sinfín de fiestas es igual a escoger una el 31 de diciembre. En Nueva York la cosa no fue distinta por lo que mi escapada se vio a un sitio donde jamás había ni caminado, Brooklyn. Con la Bibi vestida de Josie and the Pussycats y yo de Ennis del Mar (explicación del disfraz en el post de abajo), nos montamos en un carro de alguien y procedimos a cruzar el puente para oir a los Crema Paraíso en un barcito por allá. Jamás llegamos a verlos porque el parade y las calles trancadas nos dejaron varados en un tráfico que no fue muy distinto al de la Cota Mil a cualquier hora del día. Lo único que sirvió fue para ver un montón de disfraces que nos encantaron. Desde E.T. con bicicleta incluida, Mad Max, la gripe porcina y Karl Lagerfeld, aunque ninguno superó a un cuento de algún negro que se disfrazó de trasero (con su cabeza saliendo por el medio del disfraz).

En Brooklyn llegamos a un barcito debajo de un logo de neón que rezaba Sunless Tanning, algo que seguramente se pondrá de moda en los meses de frío que están por venir. Ahí en medio de curas y Minnie Mouse y diablos y dos que tres chamitos haciendo el trick or treating nos encontramos con una Changa vestida de muñeca haciendo arreglos a su llave mecánica que le tardó todo el día en construir. Poco después aparecieron It’s Good to Be y la Coroline vestidos con pelucas de Ni Fu Ni Fa (It’s Good to Be se había traido su disfraz de chavista, indispensable para el regreso cuando en el aeropuerto le abrieran las maletas pero no se lo puso esa noche) y procedimos a comenzar la larga parada de fiestas que nos esperaban del otro lado del puente.

La primera fue en una casita ubicada en lo que apodé la Calle de la Anarquía. Me recibió el Che Guevara en persona quien procedió a verme como si Ennis del Mar era persona non grata. Lo que sucedió fue un encuentro de primos que jamás se habían visto. Guillermo, debajo de la boina del Che y Toto debajo del sombrero de Ennis. Adentro un cumulo de personajes, desde una disfrazada de perico, otro de ropa sucia, una de la niña de Entrevista con el Vampiro que fue el mejor disfraz que vi en toda la noche y las clásicas diablas que se fotografiaban con los Snorkel.

Una calle desierta probó ser un circo para nosotros. Uno hacía malabarismos en un uniciclo, las otras se estiraban y hacían splits en andamios cerca de una construcción y todos corrían por las calles como si ese fuese el más americano de los vecindarios que te venden el sueño en las propagandas de Lysol. De ahí salimos para otra fiesta. Una en una galería de arte donde el calor podía más que el frio de afuera, sirviendo para reencontrarme con una novia muerta que resultó ser mi amiga MMartin a quien tenía como diez años sin verla.

Con un arsenal de cervezas en cada uno de los bolsillos íbamos de fiesta en fiesta hasta terminar en un bar que nada más tenía un disco (y de reggae) pero que sirvió para el descanse de pies pues puedo decir con toda exactitud que si los maratonistas al día siguiente recorrerían buena parte de la isla, yo cubrí vestido de Ennis del Mar, buena parte de Brooklyn. Para terminar la noche un taxista hindú que afirmaba que la palabra “cristiano” era el equivalente a “casino” y que a pesar de su acento, no era de la India sino de Antigua. Nueva York es anárquico, cuando te sales de la ruta convencional.

“Toto la gente no está así vestida porque es Halloween. En Brooklyn, esto es así todos los días.”
- Changa

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