Monday, December 28, 2009

Las Tres Gracias de la Modernidad


La Inmediatez de una Década (2000-2010)
El mundo habrá podido guindar a un tirano por el cuello, haber visto caer los dos bastiones de la seguridad internacional, rescatar a los que se consideraban perdidos, callar a reyes y elegir a negros para que nos gobiernen y aún así, la hazaña de la ultima década no se encuentra en las botas militares ni en las banderas que dicen ondear libremente en paz. El hito de estos diez últimos años, es haberse bajado de un carro blindado, ante cientos de miradas y flashes fotográficos y demostrarle al mundo que la fama no requiere de pantaletas.

Es así. Si la década de los doble ceros sirvió para algo, fue para demostrarnos la fascinación que tenemos por saber sobre la vida de los demás. Paris Hilton, Lindsay Lohan y Britney Spears representaron a Las Tres Gracias de nuestra época, aunque nos cueste y nos duele decirlo. La llegada a la fama con la velocidad del Mach-5 se nos hizo posible a todos. Basta un llorón por los derechos de privacidad de la otrora Princesa del Pop, a un asexuado que hace la coreografía del video “Single Ladies” mejor que la propia Beyoncé Knowles y al niñito que vocifera satánicamente su incredulidad ante recibir en la mañana de Navidad una consola del Nintendo 64, para saber que vivimos una década en donde el protagonista ni siquiera fue “el vecino de al lado”. Fuimos nosotros mismos. Todos bellos in this city of blinding lights.

Los quince minutos de fama que según Andy Warhol, nos tocarían a todos en algún momento, se han convertido en 140 caracteres con los cuales narramos nuestras propias biografías. Pensamientos ilógicos en Twitter que en nada deberían importarle al vecino, si no fuese por nuestra imperante necesidad de diferenciarnos del montón. De ser protagonista de nuestro propio reality show, así sea en You Tube o en un blog. Hagan la prueba. Fíjense cuantos amigos suyos en Facebook tienen como foto de perfil una foto en traje de baño o con el torso descubierto. He ahí, en la inconsciencia de una exhibición, la necesidad de hacernos conocidos. Algunos por las letras que teclean como zombis desde sus celulares y otros, a través de una foto en bikini que hace del mini dress de los noventa, un hábito de monja.

Ha sido una década rápida en la que ha ganado el que se ha sabido vender en los medios (o el que pueda ganar un reality show para convertirse en el mejor amigo o compañero de celda de Paris Hilton). Aún a sabiendas que la frase acuñada por Heidi Klum: “un día estás in y el otro estás out” cobra más sentido en una década en donde si un video no carga su buffer a tiempo, un solo clic puede borrarte del mapa con la misma vehemencia que la sobresaturación. Que lo diga Jennifer López. Con un solo vestido verde de Versace logró que su carrera de actriz B la transformase en un emporio completo clase A para luego bajar de escalafón cuando la gente se sobresaturó del perfume, el restaurante, el blue jean, la canción, el Benifer y la confesión que ella seguía siendo Jenny la del barrio.

A diferencia de Teri Hatcher, David Hasselhof, Vanilla Ice y Paula Abdul, la Lopez no necesitó resucitar para recuperar su estatus. Solamente le bastó salir en estado como a Britney le bastó dejarse crecer el pelo otra vez. Si algo aprendimos de Madonna y de Michael Jackson es que cuando uno cimienta sus bases, una reinvención basta para volver a la palestra. Y si se llega a morir, tampoco es mala publicidad. La elevación de nuestros dioses no queda solamente en lo que esperamos sea una pronta beatificación de Juan Pablo II. Las estrellas del pop también van al cielo.

Ascienden a las alturas porque la cobertura continua en CNN de algo que debería salir en E! los ha expuesto a tal punto que los terminamos queriendo más en muerte que en vida. ¿O Anna Nicole Smith no está en el Cielo? Las denuncias de herejía o de vidas libidinosas son cosas del pasado. Vivimos en tiempos donde el Vaticano no se preocupa por ex comulgar a Angelina Jolie, considerándola hereje por romper el matrimonio Pitt-Aniston como sí lo hizo en los sesenta con Elizabeth Taylor cuando logró entrometerse en el connubio Fisher-Reynolds antes de disfrazarse de Cleopatra y caer tentada en los brazos de su Marco Antonio, Richard Burton.

Ahora, las denuncias de prácticas herejes van hacia aquellos que osan ponerse un condón para protegerse de enfermedades venéreas que azotan a millones, a los que se cambian de sexo para poder convivir con los que le dice su alma y no el espejo y a los que sugieren en literatura del género ficción que un santo en un cuadro podría en verdad ser una mujer. Galileo Galilei y Martín Lutero podrán ser nombres importantes de nuestra Historia pero la genialidad de nuestra época es que el más hereje de todos, es alguien con un nombre tan común como Dan Brown.

Esto fue la década de los doble ceros en la que todos lucharon por jamás volver a ser un cero a la izquierda. Una palabra tan disímil como Google logró ser la responsable de la inmediatez de nuestros tiempos, dejándonos a todos con cara de “Poker Face” al no saber adonde se fueron estos diez años así como cuestionarnos el por qué nos importó tanto la muerte de Heath Ledger y menos la de Ronald Reagan. Si algo nos toca reaprender para la próxima década, es el legado que nos deja Harry Potter, Frodo Baggins, Carrie Bradshaw, Peter Parker y Anakin Skywalker: hay que saber dejar al público queriendo más. Pues hay una gran audiencia que no se contenta con la inmediatez de una película pirata sino con entretenimiento de calidad. Enseñarlo todo, de un solo golpe, es lo mismo que otra fotografía más de la Lohan sin pantaletas en la pagina Web de Pérez Hilton. In this city of blinding lights.-

Sunday, December 27, 2009

Ironías de la Autoyauda

A la abuela de un amigo mío le regalaron de Navidad el libro “¡No sea Usted tan Pendejo!” de César Landaeta.

Llamó mortificada porque había hecho el examen que acompaña al texto para saber si uno es pendejo o no y salió summa cum laude.-

Saturday, December 26, 2009

Una Navidad Terrorista

En un lamentable entierro el veinticinco de diciembre, varias personas me comentaron sobre lo afligida que se veía una tía mía, a quien llamaremos Auntie Claire. Vestida de negro Morticia, lloraba a mares en una esquina, lejos del cortejo fúnebre. Lo que ignoraban los preocupados era que no lloraba precisamente por tristeza. Yo la conozco. Si bien fue a ofrecer su sentido pésame –pues todos quisimos a la difunta- al verme se tuvo que retirar a una esquina y comenzar a llorar lágrimas de cocodrilo – de la risa. Yo le traía recuerdos de la noche anterior, la víspera de Navidad, y eso provocaba en ella recuerdos malandros que hasta hoy no sé como perdonárselos. O como vengarme.

La Navidad en mi casa fue como en todas. Rodeados de familiares que se pelearon todo el día porque el papá no compró el hielo, a la hija se le olvidó el pan de jamón y a último minuto, la mamá, exhausta de poner la mesa con la vajilla fina, se recordó de la existencia de un sobrino sin importancia, por lo que hubo que salir corriendo a comprar un regalo. Con el cansancio a cuestas opacado por la pinta exitosa y el olor a pino mezclado con laca, comenzó el bonche con el sonido tradicional de la Navidad en mi casa. No precisamente el sonido de la gaita sino más bien el aullido de las perras a la mesa donde se encontraba el pavo.

El descorche de la champaña inauguró la festividad. La lastima fue que en un caso insólito, el corcho salió disparado hacia el techo, donde rebotó en un ventilador y le terminó cayendo en los lentes a la abuela que habían sentado en un sofá escogido estratégicamente para alejarla del frio, las perras, los niños y cualquier otra causa de accidentes. El corcho jamás estuvo en la lista de posibles por lo que gracias a Dios, hasta la Nonna tuvo que lanzar un educado “coño” y morirse de la risa.

Cual Kevin McAllister el de Home Alone pero a la inversa, Alejandro mi hermano y Claudia mi prima llegaron en el vuelo desde Milán. Luego de descongelarlos porque esos vinieron casi que en un cubo de hielo, producto de las fuertes nevadas en Europa, comenzamos la repartición de regalos. Todos los regalos muy bellos. Pero no contábamos con que Auntie Claire traería unas cuantas sorpresillas a la mesa.

A mí me regaló una cámara fotográfica. Yo me sentí el hombre más sortario del mundo porque vamos, hoy en día ni a una novia se le ocurre regalarle a Roberto Mata una cámara. Siempre son carteras y porta billetes. Ella me convidó a tomar fotos, posando junto a mi tio con sonrisas Colgate que la hacen merecedora de la más simpática. Y yo sentía que la cámara era demasiado liviana para ser verdadera y lo decía a viva voz pero ella insistía en que le tomase una foto. Trataba de prenderla o de ver porque pesaba tan poco pero en esta era de Mac Air, todo es posible. Craso error.

El pulsar el botón del zoom hizo que todas las cargas magnéticas de un rayo cósmico volasen cien veces a lo largo de mi brazo. Me había electrocutado como un idiota, lanzando la cámara por los aires y poniendo esa cara que ponen los chamos que buscan a un adulto antes de empezar a llorar. Pero no encontraba más que las risas histéricas de la malandra de Auntie Claire. La terrorista esa había encontrado la única tienda en el centro comercial Millenium donde no venden sostenes y camisas Arrow y comprado regalos de bromas pesadas. Esos regalos que uno cae como un idiota para que los demás se puedan reír a carcajadas de la reacción de uno. Y a ella le encanta eso. Estoy seguro que fue una de las primeras inversionistas de los Whopee Cushion cuando salieron.

Obviamente decidí no hablarle más. La sonrisa obligada que uno pone en Navidad que pega con el sweater de crochet con Rodolfo el reno bordado se cancela automáticamente con regalos que no gustan. Ella con risas verdaderas me pedía mil perdones, y yo con risas falsas le decía que no se preocupara. Pero secretamente quiero demandar a la compañía porque eso no fue un descargue eléctrico normal. Eso es haber pegado el dedo en el enchufe de la represa del Guri.

Aún así, no pienso que me fue tan mal. A las dos de la mañana cuando ya todos soñábamos en nuestras camas, mi señora madre que no puede dormir a menos que toda la casa esté en correcta formación, se sentó en la penumbra de su terraza inmaculada a apreciar la noche antes de dormir. Viendo un cigarro puesto en un cenicero de cristal, pensó en lo afortunada que era pues su marido o alguno de sus hijos le había dejado el ultimo cigarrillo como recompensa de su labor titánica al haber producido (las cenas de mi mamá son producciones al estilo Joaquín Riviera) una noche memorable.

BOOM! Ella no sabe que pasó o como pasó. Lo único que se acuerda es que Josefa salió en pijama con un casco de guerra puesto corriendo hacia donde ella estaba. Un encendido del cigarro había provocado un estallido estruendoso como para que más nadie vuelva a prender un cigarro y aspire. En esta vida y en la próxima. Mi mamá tranquilizó a Josefa, quien ya estaba opinando que los vecinos nos iban a atacar (Josefa se toma en serio la guerra con Colombia) y se fue a dormir sin poder dar explicación a la explosión.

Siete de la mañana se oye otro BOOM! en mi casa, seguido por un “COÑO”. Alejandro mi hermano, despierto por el jet lag decide abrir el sobrecito que le trajo Auntie Claire metido en una cartera nueva. Mi papá nos enseñó que cuando a uno le regalan real, uno da las gracias y espera hasta que esté solo para ver cuánto le dieron. Lo que no sabía es que la terrorista de la tía le había metido los reales en una cartera explosiva. Ahí mi mamá hizo su conexión con el cigarro de la noche anterior y en el desayuno cuando le conté mi episodio con la cámara, ordenó una requisa exhaustiva de la casa en caso de cualquier otra plantación de minas antipersonales por parte de la Tía Terrorista.

Y la gente en el entierro unas horas después me pedía que fuese a consolar a mi tía. Pero la gente no podía entender que yo no la quería saludar. Yo lo que quería era encontrar una venganza rápida y efectiva que me elevase a la par de sus bromas. Mi mayor tragedia es que estábamos en un sitio donde había que jugar a ser gente grande. Pero ya en casa estoy en mi laboratorio planificando mi venganza. ¡Voy a encontrar la manera! Mientras eso pase, por órdenes superiores de Josefa, Auntie Claire no entra a mi casa sin pasar por un detector de metales, una requisa canina y varias preguntas de seguridad porque "¿cómo la Señora Clara le va a hacer eso a mi compae Don Totín?" Clara, como mi abuelo Viejo quien no se ha cansado de llamarme por el celular a burlarse de mí, sigue riendo a mares respondiendo siempre: “¡a mí que me registren!”

A la Tia Terrorista: Just you wait Henry Higgins!

Friday, December 25, 2009

Hay maneras de decir la verdad

Explicarle a un niño el tema de San Nicolás no es fácil pero que tus padres decidan que ésta es la manera más lógica para revelar la verdad es francamente el colmo.-

Thursday, December 24, 2009

Un percha exitosa para esta Navidad

Sentadito aquí en el tea party, solamente les deseo a todos los que lo han visitado a lo largo del año que les floreen su percha de esta noche. Eso de la percha es tan nuestro como La Flor de Altamira y el esmero que uno le pone para verse como de alfombra roja (más no rojita) es tanto, que bien vale la pena que un familiar o algún interés romántico post atracón de hallacas le comente sobre lo bien que se ve. Que chévere que a la Humanidad (o a un monje bonchón) se le ocurrió esto de celebrarle el cumpleaños a Jesús Cristo. Si tuviese Facebook, hoy su muro estaría atiborrado de mensajes de congratulaciones sobre su onomástico. Algo estilo: “Feliz Cumpleaños Pana. Tripea burda esta noche.” Lo sabroso es que el cumpleaños nos lo terminamos gozando todos.

Es que si lo vemos en frío, la gorda mental por fin se sale de la dieta y se mete ese pan de jamón que tanto ha velado todo el mes de diciembre. Los que nunca se besan se dan un piquito. Los que se besan todo el tiempo se dan un jamón Plumrose. Los chamos esperan la llegada de San Nicolás como un venezolano en Miami espera la visa de residencia. Es un día en el que el reguetón por fin no pega en una reunión, en el que el más coleado es un invitado más. Una noche de abrazos y de buenos augurios. Como si le hubiésemos dado pausa a CNN y a Globovisión para concentrarnos en lo que verdaderamente debería ser la noticia principal de nuestros días: el bienestar de nuestras familias. Así el subdesarrollo se colee en nuestro empeño por hacer volar triquitraques porque no nos terminamos de acostumbrar a vivir un día sin pólvora.

De mi parte, solamente me queda decirles a mis lectores anónimos que les debo el año. Su regalo ha sido el leerme, a pedazos o completo y comentarme en la calle o por escrito algo que les gustó, haciendo que todos los días esté en la búsqueda de material nuevo para escribir sobre cosas entretenidas que nos hagan pensar que la vida se vive a través de las cosas sencillas y que el sentido del humor debe prevalecer sobre la tristeza de la cotidianeidad.

Mis mayores deseos para Ustedes y sus familias en esta Navidad de calorones. Podremos haber tenido el mercurio en alto como consecuencia de las canalladas políticas, sociales, económicas y culturales que hemos vivido a lo largo del año. Pero no podemos negar que el calorón geográfico ha servido para apartar las nubes del cielo decembrino y poder apreciar, como nunca antes, las estrellas que nos brillan encima.-

¡Feliz Navidad! Un brindis por el éxito de su percha.-

Tuesday, December 22, 2009

El Amigo Secreto: Robert Langdon es mi Mamá

Ya no estamos para épocas de burguesía criolla en donde el capitalismo arreciaba y los regalos familiares consistían en dos corbatas, una correa, una colonia, un cheque jugoso que le tumbaba el caché a los demás regalos y un inexplicable kit de buceo con chapaletas incluidas. En estos tiempos de austeridad y de luto activo por el secuestro de Pacheco, un intercambio de regalos entre la familia donde cada quien recibe un solo regalo de parte de todos, es la norma en vez de la excepción. Es cuestión de poner un poco de papelitos en una totuma laqueada y cada quien va sacando un nombre de algún tío, primo o mamá. Si se hace algún intercambio posterior (porque, estemos claro, hay gente tan insoportable a la hora de regalarle que es mejor deshacerse del papelito) queda de cada quien hacerlo en una negociación secreta.

La sencillez del juego no amerita complicaciones. A menos que se haga en una casa como la mía. Empecemos porque la palabra “secreto” pasó a segundo plano cuando alguien (y no diremos nombres porque se molestan pero fue mi señora madre) hizo público los documentos secretos de la CIA cuando pegó a la nevera con un imán de Toto (el perro) en Oz, la lista completa de nombres de la familia con una correspondiente flecha que daba al nombre de la persona a la que le tocaba regalar. Los arqueólogos y hackers de códigos todavía están rascándose la cabeza viendo como diantres hizo la señora para conseguir toda la información pero ahí está el Código de Hamurabi con su chuleta correspondiente. Yo le regalo a ella y ella le regala a mi tía y mi tía le regala a mi hermano, y él le regala a mi prima y mi prima le regala a mi cuñado y mi cuñado me regala a mí y así va la cosa. El secreto salió del closet. Robert Langdon es mi mamá.

No contento con la develación de información que si mi familia trabajase para el Consejo Nacional Electoral, los venezolanos estarían claros en que las características de “clara y veraz” no constituirían problema alguno pero que nos rasparían en cuanto a lo “oportuno”, ayer llego a mi casa y me encuentro que mi mamá y mi papá están en actitud de elfos en un sweatshop en Malasia, envolviendo una maraña de regalos en mi comedor. Yo me gané un diploma en kínder que decía “Toto puede contar hasta 10” y todavía lo tengo guindado en mi baño como recordatorio que algo hice en la vida. Pero lo que cuento son más de diez regalos en la mesa, por lo que concluyo que o se pusieron exquisitos y decidieron hacer un comeback a la cuarta republica o, como se me confirma posteriormente, se fueron de Mónica Geller y decidieron comprar todos los regalos ellos mismos.

De esa manera, el regalo que yo supuestamente le debería hacer a mi señora madre por papelito secreto, está siendo envuelto por mi papá en papel crepé azul petróleo para luego ser metido en una bolsa de regalo amarilla china que irá con una tarjeta, sin mi puño y letra que dirá “De: Toto Para: Mom”. La participación de Toto en el proceso: nula. El cariño y el abrazo posterior cuando ella abra el regalo: de Mastercard. Y no contento con eso, ella llama a mi cuñado a notificarle que le va a regalar a mi abuela una olla. Hasta por teléfono pues. La persona ni tiene que venir a ver nada. Esto es express. Los únicos que se salvan del terrorismo navideño son Alejandro y Claudia que como están en Milán, asumimos que son de la high y van a traer regalos de marca. Poco importa que estén enterrados en nieve. Ya se les alertó que si no traen lo que se les pidió (alias giandugias, Junips), que ni se molesten en regresar.

Le comento a mi señora madre que voy a escribir sobre esto y se molesta conmigo, aludiendo a que el que no entiende el juego soy yo. “No es secreto quien te va a regalar. Lo que es secreto es qué te van a regalar.” Le explico que el juego ha debido ser sorpresa a lo que me responde: “Cuando te vuelva a tocar el kit de buceo ilógico hablamos.”

Tiene razón. Hay secretos que no ameritan la pena guardarse. Sobre todo porque por más bien que se envuelvan, uno siempre sabe que allí adentro hay unas chapaletas que jamás va a utilizar.-

Jups: la lista en la nevera. Firma.

Monday, December 21, 2009

El Triatlón Olímpico por la Mejor Hallaca

Las Navidades. Una época para compartir los deseos de prosperidad con nuestros allegados. Una celebración de tarjetas bienaventuradas y regalos que adornan nuestros arbolitos mientras compartimos una mesa de platos típicos que nos son legados por las recetas de nuestras abuelas para conmemorar la llegada del Niño Jesús a la Tierra. Una noche de paz embadurnada de Ponche Crema en la que nos damos las manos y le damos gracias por ser tan afortunados de vivir en un país que no se viste de sweater y de tener amigos que intercambian hallacas hechas en casa, como símbolo inequívoco que la amistad se fortalece con la alimentación de nuestras almas.

“El guiso de Marinés no le quedó tan bueno este año.” ¡Ah, ahora sí empezó la Navidad! Olvídense de los pensamientos cursis que si amor al prójimo y paz y prosperidad para todos. Eso se dice para quedar bien con el carnicero al que se le debe el mes de noviembre y al que vende las tarjetas de la Sociedad de Ciegos. La Navidad en este país también da para un evento secreto en el que participan –a sabiendas pero se hacen las locas- todas las señoras de su casa que se fajan con su mamá, sus tías y sus respectivas Josefas para producir aquel pedazo de cielo con el que sus maridos y familiares se deleitarán hasta que se rehusen a abrir la nevera con tal de no tener que ver de nuevo la proliferación de hoja de plátano que envuelve el platillo: las hallacas de la familia y, en un sitio intocable, la hallaca social.



El Triatlón Olímpico para la Producción de la Mejor Hallaca Social se hace con premeditación y alevosía. Están las sesenta hallacas que quedan para el marido goloso y los hijos. Las quince vegetarianas para la ambientalista enrollada, las sin tomillo para el alérgico, el bollo para el que odia la hallaca y las que vienen con picante para el guerrero. Esas se amarran sin pensarlo dos veces, se meten en una bolsa plástica y pasan a sobre poblar la nevera como si a la señora le hubiesen dado un pitazo en el auto mercado que no va a haber leche para enero. Esas no entran en competencia.

Las que son para las otras casas se hacen con un esmero que ya quisiera uno que lo consintieran así. Al guiso se le da una vueltica más con cuchara de madera. A la hoja de plátano se le pasa una lavadita casi con Pantene Pro-V y el pabilo se corta como si fuese la cinta de raso con la que amarraban las batas de piqué de María Antonieta. Una a una se van colocando en cestas de mimbre para ser repartidas en actos de buena fe “a mi compadre que tanto le gustan, a la señora que me hizo el suspiro de níspero y a la pobre Betsa que se está divorciando.” No se entregan directamente al comensal. Se las deja con la señora de servicio o el vigilante, con las especificaciones correspondientes de refrigeración y cocción y con la alerta explicita que se tiene que acordar del nombre de la señora que lo entregó. La plegaria: que les guste. La verdadera plegaria: que Armando Scannone no se les haya adelantado y entregado sus hallacas a la familia primero.

Una a una de estas hallacas sociales se van probando en las casas. Las de caraota de las Quiroba, las de almendras de las Palacios, la de carne de tortuga de las García y las de papas de los Fernández. Como las cosechas de vinos, van pasando la prueba y se van haciendo los rankings. Todos secretos porque en público se agradece con “Malula, la MEJOR hallaca fue la tuya” aunque en privado las de Malula dieron indigestión. Y las señoras de sus casas se hacen un mini trofeo mental, un aplauso propio en su espalda porque una vez más, no defraudaron a sus predecesoras que las regañaban porque no sabían amarrar pabilos, que esta vez la pendeja de Ingrid a la que siempre le dicen que es la mejor, no se salió con la suya y que deben anotar para el año que viene que no se le puede dar a Josefa la responsabilidad del picante porque le echa de más.

Una época prospera en la que las Bree Van de Kamp criollas cierran sus neveras con una mano inmaculada, luego de observar con ojos de triunfadora, el resultado de un día de faena laboriosa. Cocinera sólo hay una, y en su cabeza ella siempre es la mejor. La ganadora indiscutible del Triatlón Olímpico para la Producción de la Mejor Hallaca Social. Así los paladares de otras casas opinen de manera distinta. Sin jamás decírselo de frente, porque vamos, es Navidad. Todo mal guiso, se baja con Ponche Crema.-

Sunday, December 20, 2009

It’s Good to Be se muda de casa.

En el acto de valentía más grande de esta zoociedad -irse de su casa sin haberse casado- podemos confirmar que It’s Good to Be, personaje recurrente en este tea party, ha dejado las comodidades de su hogar debajo del Ávila y se ha mudado a un apartamento propio. La despedida fue como en todas las casas de familias unidas: sus hermanos le revisaron las maletas como el SENIAT para ver si se estaba usurpando alguna propiedad comunitaria y lo despidieron con pitos, serpentinas y la bandera de Venezuela ondeando con un cartelón que decía “Hasta Nunca”. Desde el tea party le deseamos ventura a nuestro amigo en su nueva vida de soltero (pero jamás solterón) y esperamos con ansias reportar sus aventuras con la Junta de Condominio, la vecina maldita, la conserje metiche y el wachiman novelero. ¡Hay material para el 2010!

Saturday, December 19, 2009

He went to Paris

Looking for answers to questions that bothered him so.
He never found them.
Fuck it.
Life goes on.
It's only a matter of crossing the street.-

Friday, December 18, 2009

James Bond oye a Éxitos Unión Radio

A la derecha de la foto está el nuevo modelo de carro que va a sacar Aston Martin en el 2010. Dos conjeturas. O James Bond anunció su retiro del servicio a Su Majestad, se casó con Moneypenny porque le montó una barriga y trabaja en una aseguradora de bancos o los Bróccoli decidieron sustituir a Daniel Craig por Ned Flanders el de Los Simpsons para que interprete al 007 en la próxima película. Obvio que el intento es para competir con el Mini Cooper pero aun así, este carro es Bond for pussies. Sacar este carro es como hacer una película de nosotros mismos. ¡Devuélvanos la ilusión!

Thursday, December 17, 2009

Por el Pecho


En la bajada de la mula más grande de la Historia, hoy no escribo por temor a que mis caracteres me salgan caros.-

Wednesday, December 16, 2009

Mi familia les desea hoy [ilógicamente] una Felíz Navidad

Le voy a regalar esta tarjeta a mi próximo date. Si vomita, me caso.

Mi familia es ilógica de por si pero la noticia en el desayuno que hoy en la noche es la cena de Navidad, me hace pensar que soy adoptado. Son razones de conveniencia. Algunos viajan el 24 y no van a estar para celebrarlo por lo que los demás nos vemos obligados a ponernos un sweater ridículo con un Rodolfo bordado en crochet y hacernos creer, con bastante alcohol de por medio, que mañana llega el Niño Jesús. Se les olvida que hay familiares como mi hermano y mis tíos afuera, que sí llegan para Navidad.

Ese pequeño detalle lo tratan de esconder evadiendo el tema con alguna referencia sobre lo bonito que está el día en un intento de callar mi voz de chamo que detecta al Emperador desnudo, alertando que hay algo podrido y no es precisamente la hallaca que todos los años me ponen en el plato para luego anunciar a viva voz: “ah si es verdad que el carajito no come hallacas” para luego preguntar por qué. Como no sé explicar porque no me gusta, me preguntan si estoy deprimido. No, no estoy deprimido, me provoca decirles. Lo que estoy es perdido en el tiempo con esto que me adelantan la Navidad, asemejándose a aquella película sobre un viaje titulada “If it’s Tuesday, this must be Belgium.”

Aún así la verdad, me viene de perla el adelanto en fast forward de la Navidad. En un acto de caridad poco característico en mi, había decidido que este año iba a donar todos mis regalos a una causa benéfica. Pero como me di cuenta que las compañías de celular que se ufanan de ser socialmente responsables se dan el tupé de clavarme cinco mil Bolívares en llamadas en el exterior, he llegado a la conclusión que mi mejor causa soy yo: el desamparado de las comunicaciones.

Cual Ebenezer, hoy le he solicitado a mi abuela y respectivos padrinos que devuelvan cualquier tipo de regalo con lazo y se conformen con un sobrio sobrecito marfil de Crane con un regalo en metálico adentro. Si los novios lo pueden hacer en sus matrimonios, pues yo lo puedo hacer en familia y quedo de lo más educado. Porque no hay cofre de por medio. Reconozco que me faltó pilas pues he podido pedirles que se fuesen ellos a Movistar a decir que vienen de mi parte para abonar cierta cantidad hacia mi cuenta. Algo así como una lista de matrimonio pero para descomunicados. No puedo pensar en un acto de responsabilidad social más grande que yo pueda volver a twiteear como se debe.

Pasada la repartición de regalo (se hace primero para los chamos inquietos pero Alejandro mi hermano dice que se hace para ver con quien te sientas al lado en la mesa), mi familia canta. Se los juro. Es como en The Grinch cuando todos los Who se unen a cantar “Fah who for-aze! Dah who dor-aze! Welcome Christmas, come this way!” Es una canción que no sé de donde la sacó mi abuela pero todos los años se canta, aún cuando ella (quien planifica la cena desde agosto) amenaza con retirarla del repertorio de las tradiciones de esta noche. ¡En una familia con sentido del humor negro, no se puede cantar!

Después hacemos algo que a mi me parece de lo más chévere. Místico rayando en lo santero pero chévere. Mi abuela prende una vela y dice unas palabras y va pasando la llama para que cada quien prenda su vela y pida por algo (que no sea real, que es lo que en verdad quiero pedir). Es todo bien bonito aunque la apuesta en la mesa es por cuantas veces mi mamá dice “que bello”. El record fue en el año 2004, cuando en una familia de veintiséis personas dijo “que bello” 17 veces. Se pueden llevar novias bajo la advertencia que somos gente rara. Algunas sobreviven, otras no. Ayer me contaba una que este año va por el “que bello” de mi mamá. “El año pasado se lo dijo a la novia de tu primo tres veces y a mi ni una sola vez. Pues a esa le terminaron y ya esa muérgana no esta, así que yo este año voy con todo!”

Después de la cena, no queda más nada que hacer sino tomar. Auntie Claire, personaje fascinante que ayer en el bazar dijo “estoy gordísima así que vengo a comprar tres tortas de chocolate porque quiero seguir engordando” es la primera que sucumbe a la champaña y comienza la hora donde burlas van, burlas vienen (hay que venir con la autoestima altísima). Es ilógica la noche pero se goza sabroso. Todo por una familia feliz que tiene que creerse por una noche, que mañana es Navidad. Aún cuando haya trabajo.

Feliz Navidad les desea [ilógicamente] la Familia Aguerrevere. Los Branger sí son del 24 (aunque ellos son peores que estos).-


p.s. Junip you’ll be missed! ¿Quién va a decir under his breath: “¡Monica entonanos!”?

Tuesday, December 15, 2009

Por echoneto, safrisco e inseguro

Que lo diga mi gente, yo no soy de tecnologías. Cuando salieron los mensajitos de texto yo hice la siguiente pregunta: “¿uno llama a una operadora, le dice el mensaje y ella lo telegrafía al recipiente, no? Como boté el prende cigarros del carro por la ventana en el año 2002, en el error "mental" de creer que era un fosforo, el huequito más nunca hizo electricidad por lo que no puedo enchufar el Ipod teniendo que sucumbir –gustosamente- a los discos niches y canciones pavosas del ayer. Una Mac es algo que usa la gente que vive en La Lagunita, alienígeno. Y que Gaby Espino y mis amigos sean testigos, que antes de empatarme con Black Berry, la hermana menor de Halle, ni el más engominado con moco de gorila del Liceo Pastor Bueno donde estudiaba Jegny Carolina, tenía un celular tan chimbo como el mío.

Ahí es donde yo fallé. Yo sucumbí a mi pasión por BlackBerry y me dejé llevar por el aparato como el video del niñito que abre el regalo en Navidad y descubre que es un Nintendo 64. Me gustó, me hizo sentir que era alguien superior, que había llegado. Yo no era así antes. En una época yo no celaba mis aparatos. No era una victima del peor crimen capital en el mundo Blackberry. No, no es el robo. Eso es accesorio. El pecado mortal es que a la otra persona le salga la letra ‘R’ de read a un mensaje que te mandó y que tú no le hayas contestado. Pero el Blackberry me ofreció cocaína. Eso eran fotos, mensajes del paraguayyyo, Twitter, e-mails, Klondike. La confirmación que mis 52 contactos necesarios seguían siendo mis amigos y que los demás fueron lo que han debido ser desde un principio: mis más queridos amigos. Porque que pase un mes y no te borren, mira ¡eso tiene que significar algo en esta era!

Todo chévere hasta aquí. Pero me fui de viaje. La cagada del pato macho. Pues por echoneto, safrisco e inseguro yo seguía twitteando mis banalidades. Una foto en frente de la torre Eiffel hay que mandarla A JURO. Una para el pana que vivió contigo en Paris, la otra para la que te tienes levantado y la tercera foto para el pobre pendejo que no ha ido a París. Porque con alguien te la tienes que echar. Después vienen los mensajitos, algunos validos como preguntar la dirección de cierto restaurante. Los otros son de los quedados que no se han enterado que tú no estás en Caracas. Y esos hay que responderlos porque, de pana, uno se las tiene que echar que está en Florencia y decir que no puede salir esa noche. Y como hay un cuento de alguien que metió la pata o de un divorcio, eso hay que averiguarlo. ¡A esta edad, es obligatorio averiguar! La primera noticia es para tachar a la persona de la lista de "potenciables". La segunda, es para agregarla.

Y uno llega feliz y contento a Caracas porque su Blackberry lo acompañó en las buenas y en las malas. En todos los trenes y en cuanta burbuja se zampó uno sin pensar en la cuenta. Y uno texteó, y mensajéo y se tomó fotos de si mismo como si eso fuese el espejo de los Leo para el mundo y miren no se puede negar y vamos a estar claros: un Blackberry es el mejor acompañante de viaje porque te da mapas, te da cámara, te da notas y te da amor de amistades que (según tú) te envidian porque están en una ofcina y tú estás en L’Atelier de Joel Robuchon zampándote un magret de pato. Valentina Quintero no te da cámara. Valenta: 1; Blackberry: 2.

¿Saben cuanto fue la cuenta? Yo fui hoy con un chequecito del Banco Mercantil. Azulito, bello con una firma de John Hanckock que lo que le faltaba era escarcha porque me había salido en una perla lo que me había gastado: Bs. 800, tanto Nueva York como Europa. Caro pero una ganga por los dos continentes. Hago mi cola porque pagarlo es lo máximo, ese Blackberry se comportó a la altura. Es como hacerle el servicio al carro. Vale la pena cuando te llevó a La Gran Sabana sin corcovear.

-Disculpe, señor pero le faltan cuatro mil bolívares más.
-¿De los viejos?
-No.

Gracias. Atentamente,
La Gerencia.
Por echoneto, safrisco e inseguro.

Moraleja: NO SAQUEN A SU BLACKBERRY A PASEAR FUERA DE VENEZUELA.-

Monday, December 14, 2009

Te conocí en un bazar

Hola Fanaticada, ¿Cómo están? Yo chévere. Bien de salud, regular de corazón, malísimo de pelo. En calidad de anunciante escribo esto para decirles que mañana martes 15 de diciembre va a haber un bazar navideño que está montando mi mamá en su casa. En contra de todas mis recomendaciones, el bazar no es a lucro personal para así contribuir con la pelazón sino que es para ayudar a una fundación llamada De Todo Corazón Richard Gibson, la cual opera a niños con deformaciones congénitas.

Es un bazar reducido para las que odian aquellos bazares con colas kilométricas de tarantines que venden los mismos zarcillitos y las medallitas de Virgencita Plis. Hay un stand seleccionado para cada cosa por lo que, (y lo copio textualmente porque aquí vienen palabras que un hombre jamás podría decir) hay: "orfebrería, bisutería, lencería camisas bordadas, velas ornamentales y aromáticas, rincón galipanero, comida" y demás parafernalia como los zapatos de Hot Chocolate, álbumes de fotos, cosas de Navidad, las agendas Astro Lunar, paté, los brownies de Josefa y para los y las que no conciben un bazar sin alcohol, un muy buen happy hour (esto último me encargué yo así que it's stocked!).

Pásense después de la oficina o se vienen a almorzar con un poco de viejas aquí y gozan una pelota. Si no estoy le dicen a mi mamá que me conocen y le dan un beso (es que me meto comisión si traigo benefactoras).

Atentamente, Toto del Almacén Don Manolo.

Sunday, December 13, 2009

Bienvenidos al País de lo Absurdo

Una sensación extraña comienza con la voz en off de algún sobrepargo: “Por favor coloque su asiento en posición vertical”. La almohadita que ha visto mejores horas yace tirada en el corredor y la liga del revistero aguanta el vasito plástico, los chicles y libro innecesario que se trajo porsia el aburrimiento. El primermundismo todavía ralla en la cornea. A fin de cuentas uno sigue rodeado de europeos albinos que se vienen en pantalones de camuflaje –su idea de un atuendo propiamente vacacional- para agarrar los rayos de sol que no consiguen en sus respectivos países. A la derecha de la ventanita, la montaña de uno del lado que no es. Bella, imponente y siempre atenta en recibirlo a uno con los brazos abiertos.

Pero con ella, viene un precio. El cinismo que nos hace únicos, como la arepa o el abrazo, nos termina de invadir. Ya venga con la burla del aplauso en el aterrizaje o en el maldito papelito del SENIAT en el que hay que declarar los montos de unas compras a las que con atención se les quitan las etiquetas y se mezclan con ropa vieja –que no es la sopa que tomaba Inés María Calero- para no ser detectadas como “de lujo”. Así sea un piche de calzoncillo de El Corte Inglés. Ese papel es el signo inequívoco que uno está llegando a un sitio donde no debería estar: La Tierra de lo Absurdo. Tan absurdo, que ESE es el papel que entrega la aerolínea pues el otro, el formulario de inmigración, “ah ese no tenemos”.

El avión aterriza y uno hace su cola para salir. Lo que no sabe es que la cola para llegar a su casa, comienza desde ahí. A la bajada del avión están dos representantes de la aerolínea para llevarse a los inválidos. El resto de nosotros, los inválidos mentales y los europeos first timers, debemos valernos por nuestros propios medios. En una mesita en la puerta como quien no quiere la cosa está el papel de inmigración. La gente se lo arranca de las manos. Nadie sabe si uno tiene que llenar tres papeles –el original, la copia y el carbón- pero se agarran de a cinco “porque mijito uno nunca sabe”. Y uno todavía es lo suficientemente iluso como para creer que no le va a dar tiempo de rellenarlo porque ya lo van a atender.

El Ellis Island criollo. Una larga maraña de colas inventada por los propios viajeros porque a nadie en el aeropuerto se le ocurre remotamente organizar. Estamos de suerte porque hay funcionarios en cada uno de los cubículos pero con cuatro vuelos internacionales llegando a la misma hora, es tal el flujo de personas que ni con eso se dan abasto. Las señalizaciones “venezolanos” y “extranjeros” son una mera formalidad para quedar bien en las fotos. La realidad es que la cola que esté menos llena es adonde uno se mete. Y si comete el error garrafal de ser pendejo y pararse en la mitad de la sala a rellenar su papelito, está sujeto a que le griten que uno es un vivo porque se está tratando de colear “haciéndose el musiú” o que sea una especie de Gandhi para los peruanos que siempre se acercan a preguntar que si ahí donde está parado Usted es que empieza la cola.

Cuarenta y cinco minutos después uno no ha llegado al cubículo pero ya entendió que la línea de abajo del formulario es donde va la profesión y que “tipo de documento” no es la cedula sino un numero ilógico de pasaporte que empieza con D. Eso es un avance histriónico pues el empeño de poner el mapa de Venezuela en el mismo grado de tinta que la letra del formulario hace que el relleno de información (que ya tienen en la computadora pero a nadie le da la locha) sea un calvario. ¿Alguien tiene una dirección básica como 5ta. Avenida, Altamira, Nº10? Porque lo usual en Venezuela es que la dirección de uno sea 99ava Transversal de Los Bosques de Roca Tarpeya con Calle Caudal, Residencias Mayomar de Mucubají Piso 32-C pero con once espacios para la dirección todos entramos al país como “Pedro por su casa.”

“Buenas mi rey” es el saludo formal de los agentes femeninos de inmigración en Venezuela. “Papa” (sin acento) es el saludo masculino. Eso viene seguido por un “hermano” para indicar que algo faltó en el formulario y que eso es TAN vital que no se puede entrar al país sin él, seguido por un “tranquilo mi doctor que no tiene que hacer la cola otra vez” porque se está convencido que el erudismo viene al que logre completar todo el formulario y se está siendo “demasiaaaaado pana” al no tener que devolver a alguien a hacer la cola. El problema de los apodos no es que seamos niches querendones sino que seamos tan ilusos de creer que con eso estamos siendo amables.

Y para terminar (ajá si ponte a creer) el pináculo de la aventura ocurre en los carruseles de las maletas. Las televisiones “esplasmas” brillan como nuevas pero el control remoto no sirve hoy. Siete flamantes guardias nacionales con su uniforme de gala velan por la seguridad y el orden del recinto pero la verdad es que si les das un perfumito, son lo mismo que cualquier modelito de tienda de departamentos que ofrece muestras de Chanel Nº 5.

El que más sabe es el señor que está encargado de desviar las maletas para que todas fluyan uniformemente por el carrusel. El sabe a qué vuelo pertenecen esas maletas, cuando viene el próximo, que hacer si una maleta se perdió, como salir más rápido que los demás y cómo va el juego de los Leones del Caracas. El por lo menos te ve a la cara. Los guardias, siempre ven al horizonte como si uno les diese ladilla cuando viene a pedir información. Porque lo cómico es que sí hay información. Debajo del anuncio enorme sobre el socialismo hay un puestico de lo más bello en donde sientan a una señorita con su gorrita roja. Pero la amiga no habla inglés, no sabe que vuelos llegaron, ignora cual es la cola para salir, y “tarde piaste pajarito” porque ella es pasante y tú viniste a preguntarle a las 5:14 y ella se va a las 5:10.

Sanas y salvas las maletas llegan. A uno le da pena que son seis maletas para tres personas pero cuando ve que el vecino saca una caja de nevera forrada que dice “Trixi Marjory Ramírez González” sabe que no raspó su cupo de CADIVI como ha debido. Entre el maletero, uno debe hacer una pausa para encontrar los benditos tickets de las maletas porque hay que revisar bien que nadie se esté robando el carry-on negro Samsonite de otra persona. Así de honestos somos en Venezuela.

Uno espera impacientemente en su cola para entregarlos mientras ve a la mami de Trixi Marjori con sendos lentes avispa de Dior y un tatuaje en el culo de terciopelo que dice Juicy Couture, pegada al lado de un flaco en corbata y walkie talkie que la está coleando para salir más rápido, porque las Trixi Marjori JAMÁS hacen cola. Uno, porque es pendejo vamos que tan honesto no es, se resigna, hablando en bajito de lo malo que es todo, de lo ilógico que es la situación pero Trixi sabe como se bate el cobre. A punta de real se llega más rápido, “enigwer”.

Justico antes de La Puerta del Paraíso, donde se encuentran los familiares con los cachetes pegados al vidrio como si los hooligans hubiesen venido a recibir a alguien del Chelsea y las moscas de “taxi a la olden” no se callan, uno explota. Con el esfuerzo del mundo con que montó las maletas en el carrito ilógico –el cual no se puede sacar afuera- uno vuelve a bajar las maletas para pasarlas por rayos X para que el SENIAT compruebe algo (no sabemos qué).

Pasada hasta a la abuela por rayos X, uno se va para el otro lado para comenzar a montar las maletas de nuevo en otro carrito (que no es el ultimo porque ese no se puede sacar del aeropuerto). Y ahí uno se da cuenta de la falta más grave que le puedan cometer en un aeropuerto de cosas ilógicas. La señorita de rojo (azul, verde, a estas alturas no importa) que está encargada de ver con ojos atentos si en la maleta con el calzoncillo de El Corte Inglés está envuelto un rifle o veinte kilos de cocaína, está conversando con la de al lado. A uno no le indigna que hizo tres horas entre el avión y el taxi. Eso, a esa altura, ya no le interesa. Lo que uno quiere saber es POR QUÉ DEMONIOS, la señorita no tuvo la decencia de ver si era verdad que uno no cargaba estupefacientes en la maleta. ¿Por qué a los demás si y a mí no?

La señorita sonríe. Entre los gritos que siempre empiezan con “no es contigo amiga pero yo te tengo que decir” y terminan con una verborrea sobre la cantidad de gente desesperada, la falta de fluidez, información y el reclamo que ni siquiera vio las maletas, la señorita sonríe. Simplemente se limita a decir: “Flaco, yo todo lo veo”.

Bienvenidos. Este es el País de lo Absurdo. Mirla que cante el himno.-

Saturday, December 5, 2009

Saltando en el Lago Como


Mañana se acaban mis quince días en Milán. Cookie dice que la arruiné pues con el cuentico de “yo voy un momentito a visitarlos y no los fastidio mientras estudian” nos bajamos la mitad de la cosecha del prosseco guardado para las Navidades. Hoy, para cerrar con broche de oro nos fuimos a hacer el acto de clausura: saltar en el Lago Como. En términos de cultura pop, es donde veranea George Clooney y donde Anakin Skywalker se terminó de matar a la Reina Amidala. En términos de cultura para el alma, eso es la sucursal del Cielo. Y yo sé que eso es un dicho que se solía decir de Caracas pero el que lo inventó jamás fue al Lago Como. Es una patada a los demás paisajes. Un quítense, que llegué yo.

Uno llega desde arriba por la autopista en autobús (siéntense del lado derecho si van), pasa un túnel (el cual creo que está estratégicamente pensado para aumentarle la tensión al efecto) y allí de repente aparece: Benvenuto a Como. Un valle rodeado de casas que si modernizásemos los nacimientos así serian todas, bordeando un lago azul al que no le faltan ni los cisnes. Así de ridículamente perfecto es. Estar dentro de la ciudad no es tan magnifico como lo es la vista desde arriba. Es tal el asombro en ver el pueblo a lo lejos que de cerca es como si uno estuviese inmiscuyéndose en alguna tierra donde viven los Munchkins (con la salvedad que, como todos los italianos, fuman parejo).

El punto focal del viaje fue montarnos en el funicular que nos llevó hasta Brunate. Un pueblito que queda a lo alto de la montana que ofrece una vista panorámica de toda la ciudad y sobre todo de los Alpes que están nevados ahorita y eso es como para sacar los esquí patines. Para los italianos eso debe ser como el Ávila Mágica de nosotros que podemos echar un paseíllo por Galipan y es tal cual con la diferencia que las casas son como las casas de los jardineros de los Von Trapp. Eso sí, medio fantasmal. No sé si es que llegamos a la hora de la fiesta pero si vimos a tres locales, es mucho. Todo estaba cerrado. Una lastima también no haber encontrado algún restaurante sabroso allá arriba. Salvo algunos stands turísticos con afiches pixelados ofreciendo pastas y hamburguesas cuestionables, no hay una gran iniciativa por un servicio que ofrezca buena comida con esa vista que se gastan.

Por ello, bajamos por el funicular (después de la rigurosa sesión de fotos típica de los venezolanos autóctonos con algunos restos de nieve que habían caído la noche anterior) a comer abajo en el pueblo. Allí sí hay lo que uno quiera y queda como de pedir un cuartito con vista para echarse una siesta. El paseo por el lago, un must. Muertos de frío por el viento pero el recorrido es lo que hace el viaje. Como se disfruta desde lejos. A menos que se vaya enamorado pues es el perfecto pueblo para dos.-

Mañana Paris por una semana para encontrarme con mis papás para oficialmente inaugurar el Comilona Fest 2009. Que viva el consentimiento sin pensar en la cuenta. A mi gente, les traigo almendras (chimbisimo el regalo pero siempre les digo que con eso uno siempre queda regio con las suegras).-

Friday, December 4, 2009

El juego más corto de Cultura Chupistica

Jugando "Cultura Chupistica". Tema sugerido: Lugares en Miami.

Patty Melons: Weston
Equis: Qué es Weston?
Patty Melons: Perdiste.

En la vida hay juegos que no se pueden jugar con todo el mundo.-

Wednesday, December 2, 2009

Mañanas con Leonardo, mediodías con Callas

Hoy entendí a Milán. Me costó pero ya me siento como todo un local dentro del mundo del turista. Gracias al tour guiado que me pegué esta mañana, me sé muchos de los secretos históricos de la ciudad y dado que el Sol está de mi lado, pues se me ha hecho más sabroso el paseíllo a solas. Todo un local en una ciudad que no habla mi idioma.

Llegué tarde al tour guiado. La noche anterior nos habíamos acostado tardísimo luego de una comida que nos organizaron unas vecinas simpatiquísimas del edificio con quien hicimos el regalo del amigo secreto. Uno no se estresa con la levantada porque todos los horarios de los autobuses y tranvías están cronometrados. El fastidio es que el trafico matutino impide que ese tranvía llamado Deseo, circule rápidamente por la ciudad. Y la cosa no es como en Caracas que los viejitos y los responsables esperan a las lacras como yo que saben que la guagua no sale sino hasta pasadas las quince. Aquí el tour sale cinco minutos antes de lo que dice el boleto.

Entré a la agencia que me vendió el tour para anunciar mi llegada tardía. La señora que me había atendido el día anterior – un engendro de rechazada del ballet con madre superiora – solo me dijo “sígueme”. Yo juraba que ese “sígueme” era cruzar una cuadra. Fueron siete cuadras hasta llegar al Castello Sforzesco. En silencio absoluto. Esto es vacaciones, no tercer grado de primaria con camisa blanca sudada. Pero por más que saqué temas banales, Sor Margot Fonteyn se negaba a verme. Encontramos a mi grupo y ahí me dejó. Arrivederci.

Mi grupo era una pareja de recién casados gringos y dos lesbianas alemanas. Mi guía, una historiadora de arte a la que casi le pido el teléfono por considerarla una de esas personas a las que provoca tenerla a la mano en caso de que uno entre a Quien quiere ser Millonario? y quiera llamar a un amigo. Fue amor a primera vista. Fun facts que no encontrarán en la Michelin: La torre central del Castello explotó porque ahí guardaban el arsenal de pólvora y la ciudad no tuvo torre hasta bien pasados los siglos luego del siniestro. Los huecos de las paredes son producto de las labores de construcción, hoy en día utilizados por las palomas como apartamentos.

Los habitantes del Castello: sesenta gatos que llegaron para quedarse. Cuando aumenta el numero de felinos, las autoridades los botan. Siempre son sesenta. El año que viene van a tener su propio calendario. La fuente de la entrada se conoce comúnmente como la fuente de la torta de matrimonio y las chinas la usan para tomarse fotos en su día especial. Cursísimo. Los milaneses para nadar durante los cuarenta grados del verano.

De ahí agarramos para la Santa Maria delle Grazzie para ver lo que para mi fue la pieza central del tour: La Ultima Cena. Algo que me impresionó durante el tour fue lo destrozada que quedó la ciudad con la guerra. Esto no fue la excepción. Me habían dicho que no me esperara tanto del mural (no es fresco como te lo pintan en clases de arte con Miss Zoila) y dado mi fiasco con la Mona Lisa no estaba a la expectativa de nada. Ver esto me impresionó. Esos momentos en el que te das cuenta que Leonardo da Vinci estuvo en ese mismo cuarto. Que rico es estar en frente de la Historia, como si ésta fuese una pana tuya. La guía nos dio mil y un datos, blasfemó a Dan Brown y nos hizo pararnos en la mitad del salón para apreciar el uso de la perspectiva. Jamás me había sentido adentro de un cuadro como con La Ultima Cena. Era como estar sentado en un restaurante y pillarse a Jesus’s 12 en la mesa del fondo.

En vías al teatro La Scalla. Llamado así, no por su común escalera sino porque fue construido en donde estaba erigida una iglesia con ese nombre. Hay momentos de momentos. Entrar a un teatro y adorarlo como yo quiero al Teresa Carreño es de humanos. Pero La Scalla es de adoración divina. Entrar en uno de los boxes amerita imaginarse con un Pumpá y querer tener todos los millones para ir todas las temporadas a oír cantar a Tosca, Carmen, Aída y Norma. El candelabro central es como para lanzarse una escena de La Guerra de los Rose y en cualquier momento ser regañado por Maria Callas. Hay gente que tiene suerte. Milán tiene suerte de tener esta casa de opera.

Atravesando por la Galería Vittorio Emanuele donde mi guía me explicó que la pisada de las bolas al toro no significa que vas a volver a Milán sino que las tres vueltas es para pedir por salud, amor y dinero, llegamos al Duomo. Ya he entrado tanto que parece mi casa pero fueron más secretos los que me dio. El calendario astrológico impreso en el piso (sacrilegio!) que señala con perfección la llegada de las doce, el descubrimiento de la estatua de San Bartolomeo que si te asomas por detrás ves como carga su propia piel en señal de su propio martirio y los ángeles que están restaurados, contados con las manos y visibles por su blancura. Eso me impresionó. De hacer una restauración exhaustiva (imposible), los capiteles y columnas (52, una por cada semana del año) brillarían tan blancamente como la fachada externa. Marca ACE.

Esa fue mi mañana. Un paseo de cultura oceánica en la que por fin admití que me gusta la ciudad. Todo un centro histórico que ha sufrido los pormenores de guerras y reconstrucciones y aun así se erige como algo digno de ver y apreciar en un día soleado como el de hoy. Para celebrar mi contacto con la cultura europea almorcé en McDonald’s. Aquí no hay cuarto de libra y eso era digno de investigación.-

Tuesday, December 1, 2009

El Choro Samaritano

Los cuentos de robos en Caracas no escapan fronteras. Es el tema rompehielos por excelencia de los venezolanos. Los ingleses hablan del clima, los franceses de lo mucho que odian a los ingleses que hablan del clima. Lo de nosotros es qué tanto nos hizo el malandro. Conocí aquí en Milán a una caraqueña que por supuesto echó su cuento del robo. Lo cómico es que esa misma noche tenía un date con un tipo y no tenía como contactarlo para decirle que no tenía celular puesto que su numero lo tenía grabado en el dispositivo.

Sin ton ni son se llamó a si misma. A la llamada quince, el ladrón atendió. Ella lo saludó como si fuese un pana de toda la vida, le tiró uno de esos "ya que carajo" y le pidió que por favor buscase el numero del interés romántico en cuestión para que se lo diese. El choro diligentemente se lo dio. Con un 'un beso mi amor, suerte esta noche' y todo de despedida. Una lastima la violencia en Venezuela pero cuando hay prospecto para la noche, hasta el más miserable se conmensura con la causa ajena.-

El Sol de Strawberry Shortcake me derrite mi gelato

Hasta que por fin Milán me regaló un Sol! Estaba demasiado amargado con el tema de la lluvia. Yo soy una persona que necesita ver cielo. Me da seguridad que las predicciones mayas del 2012 no se están comenzando a elucubrar en la estratosfera. Esta mañana, me desperté tempranito, cual niñito el 25 de diciembre, y me salí al balconcito del apartamento. Allí estaba, un cielo despejado con las tres estrellas que se niegan a morir con el alba (que cursi pero aquí el Sol no sale sino hasta pasadas las ocho, por lo que da tiempo de pensar en palabras como 'alba' o 'aurora'). Con el desayuno ya estaba ese cielo azul Valium y un Sol de Fresita la comiquita. Mi sonrisa era de gancho de ropa.

Con ese regalazo, salimos el Junip y yo a dar un paseíto por el Castello Sforzesco y el Parco Sempione. Allí, con los trinitarios/ugandeses que te venden pulseras de tela (demasiado burundanga trap: te lanzan la primera en el brazo y te dicen "eeez free!" Las chinas todas cayeron), caminamos por el parque, que está detrás. El olor de los pinos era de campamento que lo que provocaba era sacar las cholas. Y luego la envidia de ver un área del parque destinada para que jugasen los perros. Mis piponas en Caracas damnificadas a un gueto canino y estos canes casi con bufanda de Burberry con sus dueños al mejor estilo Anita y Roger de los 101 Dálmatas.

Luego de entrar a la Triennale di Milano, lugar donde exhiben piezas modernas como la greca que todos tenemos hirviendo en la hornilla cada mañana (en mi opinión el regalo matrimonial por excelencia en los años setenta porque no hay casa que no tenga una), el Junip me compró para mañana uno de esos pasajes turisteros que te dan una visión de toda la ciudad. Yo estoy negado a ir porque insisto en que puedo hacer todo con mi guía Michelin pero luego de la debacle de trenes (me monto siempre en los que van directo al aeropuerto) mi hermano decidió que es mejor para la ciudad si yo estoy vigilado. Mañana voy a regañadientes pero solamente porque me garantizan la entrada para ver La Ultima Cena. Mientras tanto estoy como la escena en Forrest Gump preguntando con acento sureño por el autobús: "Is this the number naaaine?" - "No, it's the number fouuuur".

Me metieron en un amigo secreto aquí en Milán. Opino que es el colmo, dado que yo soy foráneo y encima atado a CADIVI pero me mandaron a bajarme de la mula y comprar mi regalo. En la búsqueda por el perfecto regalo descubrí una librería americana y me sentí como si hubiese entrado a McDonald’s. O al Cielo. Es la misma vaina. Eso de los libros aquí es un arte que provoca. Todos los libros de fotografía que uno se pueda imaginar están en cada una de las librerías. Nada de estar envueltos en papel celofán irrompible como en la Tecniciencia. Estos son para ver, manosear y sentarte con un espresso a hojearlos. Nadie los compra y un libro de desnudos no levanta ni la más minima ceja de las viejas que huelen a laca. Milán provoca!

Las tardes me las paso solo porque el Junip y Cookie están en clases. Es bizarro porque uno sucumbe a hablar con su bufanda y tomarse fotos con el brazo extendido pero la tarde se pasa sabrosa cuando a la vuelta de cualquier esquina hay una gelateria. Y como todo el mundo es bello, las tardes te las puedes pasar mirando gente como si fuesen obras de arte andantes. Las calles son más interesantes que los museos. Las vitrinas pondrían a cualquier revolucionario socialista a repensar el verde oliva y la guayabera roja. Los monumentos, a cualquier arquitecto a arquear la cabeza. En el Duomo me eché una rezada. Es tan grande que lo único que hay que hacer allí adentro es creerse que estás en el Country Club de Dios y por lo tanto amerita un whisky con Él en el Hoyo 19.

Hoy prenden a mi querida Cruz del Ávila en Caracas. Es triste leer los tweets en Twitter desde afuera. Son todos pesimistas y no ofrecen mucho aliento para querer volver. Aun así me gustaría ver por un huequito a esa crucecita esta noche. Por lo pronto desde el futuro les augurio que hay una luna casi llena que brilla bastante. Por si acaso y se quedan sin cruz, digo luz.-

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