Thursday, January 21, 2010

Avatar: El viaje espacial de Pocahontas

Hay dos maneras de arruinarte una película. La primera es que te cuenten el final. La segunda es que tu sensacional movie date te comente en pleno Noti Color que una amiga dijo que la película que van a ver a continuación es una rendición de Pocahontas, tres mil años después. Para un film como Avatar no importa que te digan el final. Es como Titanic, ya sabes que se hunde. Pero que te adviertan que tiene un cierto tufo al cuento de la princesa india que salva a su amado colonizador británico de la muerte y con eso trae la paz entre enemigos, es suficiente como para sacar el Wiki Disney mental que todos llevamos por dentro y comenzar a hacer comparaciones de principio a fin.

Tan complicados son los nombres en Avatar que es más fácil usar los nombres de Pocahontas para comentarle algo a tu pareja durante el cine. El Árbol de las Almas se convierte en Grandma Willow, el indio Kocum termina siendo el novio que se tenía que casar con Neytiri y el Gobernador Ratcliffe sustituye su collar isabelino por el uniforme del insufrible G.I. Joe que no se termina de morir. Hasta la secada de pelo que se echa Neytiri en la mitad de la película (antes de volver a las trenzas de Bo Derek) te recuerda a Pocahontas cantando esquizofrénicamente por el bosque antes de echarse su recostada con el azulado John Smith, (escena muy al "Can you feel the love tonight?" en el Rey León en Disney). Tírenle una buena dosis de la trama ambientalista de Fern Gully, otra película animada, denle fast forward a los siglos, y ahí está: Avatar de James Cameron.

¿Es un plagio? No. No, si nos damos cuenta que todas las historias contadas en la literatura y en el cine parten de un mismo punto: el hombre. El giro está en la aventura de ese hombre, ya sea con si mismo, con otro hombre, la naturaleza, la tecnología, la religión, lo sobrenatural etc. Aunque hay autores que ubican solamente siete situaciones dramáticas que se pueden construir en el desarrollo de un argumento para una novela (en nuestro caso un film) el escritor francés Georges Polti identificó la existencia de 36 de estas situaciones. Viendo que Avatar toca tantos temas en una sola película, el paralelismo con otras historias es inevitable. La genialidad es que, con o sin intencionalidad de Cameron, lo hace evidente.

Aún con el hallazgo de matices familiares a lo largo de esta película de ciencia ficción, el espectador no puede dejar de pensar que está ante la presencia de un gran film, cuyos efectos sobrepasan los estereotipos fantásticos a los que estamos acostumbrados. La ambientación de un mundo que no es el nuestro se va volviendo placentero a medida que el “hombre” de la película y los “hombres” que estamos comiendo cotufas nos vamos adentrando en un mundo fantástico, llegando a un momento en que dejamos de percibir a los avatares como extraños y los tomamos como si los hubiésemos visto toda la vida (inclusive cuando hay que perdonarle la vestimenta tráiler trash del avatar de Sigourney Weaver).

El énfasis de girar el tablero de Risk, en donde el humano espectador se ve en la necesidad de rechazar al humano protagonista para tomar posición junto al alienígena, es completamente genial. Muy Wall-E. Eso permite apartarse por un momento de nuestras preconcepciones sobre la humanidad, detectar los males que nos hacen ciegos – la avaricia, el desperdicio y el odio, entre otros - y constatar que la lucha por la paz, la apuesta por la diplomacia, la conservación y la autodeterminación de los pueblos, no conoce de tiempos ni de momentos históricos. Son luchas eternas que dependen de nosotros como hermanos, como ciudadanos, como naciones, como terrícolas para lograr una solución.

Sólo es cuestión de creer que hay personas en el mundo que estando en el lugar equivocado y en el momento equivocado, sin tener como luchar o tener por qué hacerlo, toman la iniciativa de combatir la opresión y pelear por lo que es correcto. Lo que es mejor para todos. En eso, Avatar tiene mucho de Disney. A fin de cuentas, si algo nos ha enseñado Pocahontas y las demás películas animadas, es que el bien siempre triunfa sobre el mal y que sólo basta soñar para lograr lo impósible. Así Pocahontas se haya tenido que disfrazar de astronauta.-

4 comments:

Anonymous said...

Excelente! Los argumentos son eternos, lo importante es que nunca perdamos la magia al aproximarnos a ellos!

Mene said...

Yo tengo que decir, que sin que me dijeran nada de lo de Pocahontas hice la comparación. Resulta que destras de la "genialidad" de Cameron se encuentran unos guiones vacios y predecibles. A mi Avatar no me gusto toto, la verdad. Un saludo, a ver cuando nos reunimos de nuevo con esa gente que tiene blogs jeje

Toto said...

Mene: el guion es malazo! A mi lo que me gustó fue que el contexto de la historia lo puedes relacionar con demasiadas otras. por eso fue que me gustó.
Te aviso si hay otro encuentro!

Luis! said...

Los efectos especiales: sí.
El diseño de Pandora con su flora y fauna: sí.
No entiendo el revuelo. Avatar es una película de verano glorificada.
¿Alguien vio The Last Samurai?

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