Wednesday, January 20, 2010

El talentoso Sr. Ripley hace un postgrado

El fin de semana pasado me topé casualmente con una niña a la que conocí en Italia y me dio risa cuando mencionó que estaba a punto de aplicar en sus estudios un consejo que yo le di cuando me regresé a Caracas: “Viaja todo lo que puedas y gózate esta vida. Nadie se va a enterar que tú no terminaste el postgrado.” Un poco maquiavélico de mi parte, cuya pretensión no es hacer una mofa de la educación superior, pero es la verdad. A los ojos de esta zoociedad, una vez que el futuro estudiante paga la tasa aduanera de Maiquetía y abraza al Comité de Despedida (liderado por la novia llorona quien no puede esconder el hecho que todavía le duelen las piernas de la noche anterior), esa persona está graduada.

A nadie le queda dudas que esa persona que se fue con una maleta llena de bufandas sin estrenar, se está yendo para convertirse en alguien exitoso. Seguramente todos los que se largan del país a comenzar una vida de estudiante la consiguen. Por lo pronto, su estadía fuera de Venezuela se resume en la elocuente frase “Carlos se fue a hacer un postgrado.” Nadie pregunta si sacó A+, o si ya consiguió una pasantía o si Carlos tiene tema de tesis. A nosotros lo único que nos importa es si Carlos consiguió apartamento y si hay espacio para quedarse en un sofá. Porque aparentemente todos viajamos una vez al año a Nueva Haven, a Bristol o a Stanford.

De resto, damos por hecho que el joven Carlos se está quemando las pestañas. El nombre de la especialización es tan rimbombante que nos parece terriblemente complicado. Cosa que padres y representantes juegan a su favor a la hora de mencionar que su divino tesoro está haciendo una especialización en gerencia de riesgo para algo matemático-nuclear pero la verdad es que es administración con un nombre fancy. Ni uno de los dos sabe explicar exactamente para que sirve el postgrado pero el coctel de palabras “postgrado” y “Sorbonne” le mata el cuento a la pobre madre que pone entre sus comillas las palabras “inglés” y “Miami” para hablar de su propio retoño.

Seguramente Carlitos entiende el esfuerzo económico e intelectual que comprende hacer un postgrado y se haya tomado la tarea de trasnocharse en serio para poder superar a los demás estudiantes y ser considerado para un trabajo digno. Pero, ¿qué pasa si es al contrario? ¿Qué sucede si Carlitos sabe que aquí en su país ya tiene las relaciones públicas cubiertas y que nadie se entera si va a clases o no? ¿Qué pasa, si Carlos no es el nerdito que todos nos asombramos que era cuando lo aceptaron en el MBA en Harvard sino más bien el Talentoso Señor Ripley?

Si quiere puede irse a tocar guitarra debajo de un puente en San Sebastián o irse de pub en pub a estudiar el comportamiento natural de los Hooligans. Puede montarse en un barco pesquero en Maine a comer un sinfín de langostas o pasear por París a contar las palomas. Si le provoca dormir hasta las tres de la tarde puede hacerlo y si quiere acostarse a las tres de la mañana luego de una noche de tapas no hay problema alguno. La remesa paga la universidad pero con queso brie y vino más barato que el agua se vive un año de dioses. En un año está en su antiguo trabajo como administrador. ¿Le van a preguntar sobre el principio de Peter? No. Le van a preguntar sobre el frío, las mujeres y los restaurantes en los que comió.

Tengo una amiga que se fue a Paris a hacer un curso de francés al cual no asistió por parecerle más interesante un carrito de crêpes. De ahí, se preguntó si habrían crêpes en Luxemburgo por lo que se recorrió toda Europa para llegar a la conclusión –su postgrado según ella- que las mejores se encuentran en las Tullerías. El último día de su estadía en Europa abrió el programa Publisher y se diseñó un diploma de lo más bonito que la certificaba en Francés I (Bonjour). Hoy en día, el diploma reposa guindado en la pared de su cuarto, enmarcado y pulido con Pride. Algún día le dirá a su madre que no fue francés lo que aprendió ese verano pero de momento, se ríe maquiavélicamente. Ese fue un verano feliz.

Son sólo conjeturas por lo que un aplauso a los que se encuentran en el extranjero quemándose las pestañas detrás de los libros de bioquímica, haciendo gráficos de inflación, aprendiendo nuevos bailes y siendo amigos de Parvati y Kim-Lee. Desde esta tierra los admiramos por sus esfuerzos y nos hacen falta. Pero secretamente una palmada también al posible Señor Ripley que anda caminando por las calles de Berna en estos momentos cuando debería estar en una biblioteca en Marlborough. ¿Cuántas personas conocemos que se hayan devuelto a su ciudad de origen porque rasparon el postgrado y lo confiesan? No muchas, quizás ninguna. Y esto, Carlos Ripley lo sabe.-

Nota: Alejandro (senza la J) en Milano: this is tongue and cheek. A supposition. By no means should this be taken literally!

1 comment:

Saul Rojas Blonval said...

Ojala tuviera la valentía de mandar todo a la mierda y agarrar una maleta y sólo rodar, ya estoy aquí después de todo, pero la conciencia no me deja. No me quejo de los viajes y los momentos Kodak, pero especialmente ahorita no quisiera pagar por ellos con una tesis para la cual no tengo tema ni ganas. Solo queda echarle bola y ver que pasa.

Saludos Tots, burda de mal timing el mio por cierto con lo de la Blog Party, quedamos pendientes pa una proxima, aquí o allá.

Cheers

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