Wednesday, January 27, 2010

La vida te da limones (pero te pasa la factura)


Cuando yo tenía unos dieciséis años, me compré un librito en un aeropuerto llamado Life’s Little Instruction Book. Es uno de esos manuales que enumeran los modos de comportamiento necesarios para vivir una vida feliz y normal. Al momento las sugerencias parecen completamente lógicas y aplicables. El problema es que de todos los libros del mundo, ese es el último que viene a la mente cuando uno está ocupado viviendo su vida nocturna. Es solamente cuando nos vemos obligados a mirar a la vida en retrospección, que nos damos cuenta que de haber tenido ese libro en la mesa de noche (y no el Kama Sutra for Dummies o The Dangerous Book for Boys) no estaríamos pagando las consecuencias que nos llegan a fin de mes con las facturas.

He decidido que soy un desastre como adulto que sale de noche. No tengo la más mínima idea de cómo serlo, como comportarme y como ahorrar y pagar por mis vivencias. No salgo de terminar de pagar una cuenta en la tarjeta de crédito por tres restaurantes a los que me acuerdo que fui y a quince discotecas a las que no, cuando ya Movistar se disfraza nuevamente de Don Barriga y hace que me llame la señora esa con voz de colibrí que elegantemente te dice que te va a suspender el servicio. Yo y Movi habíamos terminado luego de nuestro impasse por mi dolce vita en Italia pero los montos sucesivos –aunque considerablemente más bajos- son una patada a mi pobreza.

Ya que no sirvo como adulto, he decidido que voy a volver a ser un adolescente en lo que al dinero se refiere. Pero esta vez que no vive en plan “Papi Paga” el cual considero fue un error garrafal de mi familia porque no hizo más que hacerme creer que yo era un heredero sin fondos, sino en plan “Toto es su propio Papá”. Ahora pienso pagar mis cuentas la misma noche en que me las consumo y no esperar a fin de mes para pagarlas. Las tarjetas, según el Life’s Little Instruction Book, deben ser usadas por su conveniencia y no por el crédito. Le voy a pegar una calcomanía de esas “Hola, mi nombre es” a mi cartera y con Markette escribir ese mismo mantra para que no se me olvide. Porque me está pasando que me gozo mis fiestas pero a finales de mes me da dolor de bola tener que pagar por mi pasado. Es mejor sufrir la debacle al momento. Estaré más pobre pero con un futuro promisorio libre de llamadas pregrabadas que te recuerdan que aún no han recibido su pago.

Igualmente, me voy a cambiar a un plan tarifado de pre-pago en el celular. De esos que te dejan sin sarrrrdo a las doce de la noche en plena autopista. En verdad no es tan importante. En una fiesta a la que fui, un grupo estaba jugando a Isabel La Católica y Fernando de Aragón en la Inquisición con una pobre a la que le robaron el Blackberry. Le decían “¡que peligro!” eso de andar sin celular y que debía reponerlo de inmediato. Mi nueva poster girl les respondió: “Yo estoy más feliz que nunca. Si me van a violar, me violan tenga o no tenga el celular. Tampoco es que en plena cojida puedo llamar a un amigo. Si me quedo accidentada siempre va a haber un metiche que me va a preguntar en la calle “¿le pasó algo?” y si voy al cine, pues voy al cine. No es tan difícil encontrarme.” Pues yo voy a tratar de ser la versión de esa mujer en hombre (espero que sin la violación) en actitud prepago. No voy a durar un mes pero por lo menos van a ser treinta días en los que Dr. Diablo's no me esté fastidiando la paciencia.

Se cansa uno que la vida te de instrucciones para aquellos días lluviosos. De libros que te ofrecen consejos de como ahorrar para la conveniencia de tu futuro. El problema es que jamás te enseñan a como ahorrar cuando le debes a bancos y servicios telefónicos que se comportan como huracanes. Esos, se afrontan con otro tipo de paraguas.-

1 comment:

Astrina said...

la vida prepago no es facil. Menos cuando uno viene de la vida postpago. El saldo se acaba justamente en los momentos menos oportunos, y obvio, llamas a *cualquiercosa para recargar tu saldo y el banco "no puede realizar la operación". Buscas desesperadamente un kiosko para comprar la tarjeta y raspar el codigo con una monedita y resulta q ya no hay tarjetas. O peor aun, hay solamente de las otras dos operadoras (la tuya jamas). Pero en fin, luego de pasar 1, 2 o varios momentos incomodos, el tiranosaurio rex q todos llevamos dentro aprende a mantener las cuentas en su sitio.
Saludos tots, buen post as usual.
Sorry por el comment-testamento. xD

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