Tuesday, January 26, 2010

“Lo paso tal cual me llegó”.

Con la pelazón en la que anda uno –por no decir aburrimiento- cualquier detonación del celular es motivo de celebración. Ese sonido de ping pausa cualquier actividad mundana que estés haciendo en ese momento. Es tan decente que hasta te indica con sucesivas lucecitas rojas, como las aeromozas de avión disfrazadas de Rodolfo el Reno, que tú tienes un mensaje importantísimo en el celular y que te tienes que ocupar de él.

Apartando los textos romanticones y los simpáticos “¿Dónde coño estás tú” de mi señora madre, yo divido a mis mensajes en tres grupos. El primero son los chistosos. Aquellos que lo único que hacen es enviarte fotos de cosas ilógicas como lo que está escrito en griffin en el carro que tienen en frente en la cola. Esos se responden con un “je je je”. Si en verdad la cosa es muy niche: “jajajajajajajajajajaja”. El “jijijijij” es válido. Siempre y cuando tu oficio sea ser la voz de Speedy González.

Los segundos son los chismosos que a su vez se subdividen en dos categorías. La primera, corresponde a los que te vomitan el chisme de una: “Sandra metió la pata con el abuelo de su novio” con sucesivos ping! ping! ping! Como para dramatizar la situación. A esos les respondes con el ya clásico “¡Que bolas!” (es que Sandra en verdad está burda de buena pero es una quemada). La segunda, son los que se hacen los interesantes: “¿Adivina quién metió la pata?” A esos les puedes responder “Nitu Pérez Osuna” o lo que se te ocurra porque igualito van a pasar horas jugando al juego imbécil del Gallo Pelón con su retórica de “Noooo. Adivina”. No hay nada peor que un inseguro con un chisme. No lo suelta así de fácil porque una vez que lo dice pierde todos sus poderes. Por eso me gusta responderles ante su primera adivinanza “sí yo sé, que bárbaro”. Eso los derrumba moralmente.

El tercer grupo de mensajes corresponde a aquellos que buscan plan. Si es un “me muero de hambre” es que vas a estar destinado a almorzar con esa persona y pasarte el resto del día con ella. Lo cual es chévere porque no hay nada más bueno que un sábado de espontaneidades. Si es “¿qué más?” es que la persona está tan aburrida que necesita que le organices un plan vacacional para esa noche porque no se halla en su casa. Estos se dividen también en los suicidas, a los que no les provoca plan alguno y en los prostitutos, a los que si les respondes que tienes la piñata del sobrino de una colega, te responden con un “yo voy”. A esos no los critico. Un arrocero con iniciativa siempre termina prendiendo la noche.

Si esta es la disección anatómica de un Blackberry común (exceptuando a los Gargamel que usan emoticones de diablitos hasta para decir que se murió el abuelo que metió la pata con Sandra) entonces yo tengo una pregunta: ¿Quién es el idiota que estima de suma importancia reenviar una cadena en morado a todos sus contactos? El que la escribió originariamente no es objeto de mi profundo desprecio. Hay espacios reservados en el Infierno solamente para spammers como él. Lo que no entiendo es como puedo yo tener amigos, a los que considero todos inteligentes, interesantes, multifacéticos y con serios problemas de egocentrismo, que estimen que ese pedazo de basura es tan vital, que debe ser reenviado en masa a sus contactos.

Una niña que pobrecita ella tiene cáncer, pero por cada mensaje enviado se depositan quince centavos en una cuenta. ¿De que país es la niña y quien deposita en la cuenta? A los refugiados de Haití, la Cruz Roja les va a dar mantas si tú le envías este mensaje hasta a la niña que conociste anoche y que aún no has llamado. El gobierno va a caer y es necesario que estemos pendientes con máscaras de buceo porque eso viene, segurísimo, esta noche. Hay que rodar este mensaje porque es inconcebible que los venezolanos hayamos comprado 3500 entradas con nuestro dinero para tapar la verdad de 1 pancarta sobre 1 señor que ha dicho 3500 mentiras. Todo en morado. Y todo firmado “Lo envío tal cual me llegó.” Veracidad: nula.

Lo bueno es que con este escrito no me gano enemistades porque todo el mundo está harto de las llamadas cadenas por celular y, milagrosamente, NADIE confiesa haberlas enviado. Es como si Poncio Pilatos hubiese borrado a Jesús de su lista de contactos. Una cosa es una cadena seria. “Miren, se murió el abuelo de Jorge, el que se cojió a Sandra. El entierro del viejo es mañana. Please, nadie le diga nada a Sandra sobre su barriga.” Otra cosa es enviar una cosa con el disclaimer “Lo paso tal cual me llegó”. Esa es la manera más Hallmark de decirle a un amigo que tú eres un idiota que no filtra información.

Hay amigos para todo. Los chistosos, los chismosos, los monta planes y los arroceros. Con ellos es suficiente como para estar ocupándonos de alguien que en letras púrpuras nos preocupó a todos con el curioso caso de una señora llamada Mireya Díaz. ¿Quién conoce a esa Mireya Díaz? Exacto. ¡Al horno!

1 comment:

H' said...

"Un arrocero con iniciativa siempre termina prendiendo la noche."

AMEN

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