Monday, January 25, 2010

Un enero interminable


Entendemos la cagazón nacional. Estamos viviendo un enero interminable que no echa agua de los cielos ni que la bombardeen con la versión acuática de lo que lanzó el Enola Gay. Cada vez que hay otra detonación sísmica en Haití, a uno le da como un sustico y piensa que eso viene derechito para acá. Porque vamos, somos nosotros. Si le regalamos al mundo a nuestro querido Señor Presidente, no podemos esperar que el mundo nos devuelva otra cosa. Hubo una noticia de invasión que fue callada cuando se dieron cuenta que la foto que mostraron como prueba aparecía en Wikipedia. Ahora la verdadera noticia es que Estados Unidos está invadiendo a Haití para apropiarse de los carritos de helado Tío Rico.

Los nervios se incrementan porque nos quitan la luz y después nos la ponen. Y el que la paga la factura no es el presidente de La Electricidad de Caracas sino el pobre empleado que mandaron a todas las casas para hacer el trueque del bombillo que alumbra con el bombillo de lavandero que ahora nos obligan a poner para “ahorrar” energía. Ese señor toca el timbre y sale la señora de la casa con escoba en mano a regañarlo por la ineficiencia del gobierno. Al pobre electricista le toca ahora fungir como buzón de sugerencias de una Venezuela que no puede canalizar sus quejas porque todas las páginas Web de las instituciones gubernamentales están colapsadas.

También rondan por ahí los nervios latentes que el 4,30 no da. Hacer mercado es una amenaza de bolsillo porque no has salido de la sección de cereales y ya le estás debiendo al auto mercado. Ese cartelón chistoso de “hoy no fío, mañana sí” se ha vuelto en “no hay huevos, no hay harina y sólo se permiten dos paquetes de azúcar por persona.” Los verdaderos pelabolas de este país no son las personas que tienen sus reales en los bancos intervenidos. Son aquellos que optaron por ser el Pitufo Repostero como modo honesto de ganarse la vida.

Los pulgares se han convertido en el más férreo opositor de esta gestión gubernamental. Si antes eran los pies, las pancartas y los banderines, ahora son los dedos los que nos conminan a hacer oposición. Pero ahora somos más sabios. Nos hemos limitado a expresar nuestras divergencias en menos de 114 caracteres por Twitter. Porque ya no estamos arrechos. Ahora estamos #arrechísimos (con la vieja siempre por delante). En cuanto a enemistades se refiere, seguimos odiando a los mismos locuaces. Con la salvedad que a la palestra ha llegado el idiota que se dedica a enviar cadenas en morado por Blackberry y cree que con ello hace la diferencia.

El blackout de canales se concreta en un día en el que se conmemora el nacimiento de la democracia en Venezuela. RCTV muere por segunda vez y Venevisión es incapaz de asistir a su entierro. Un partido de béisbol es transmitido por dos canales que enseñan dos realidades sobre un mismo acontecimiento. Tomas cerradas que tapan las pancartas. Bajadas de audio que callan verdades. El resumen de los acontecimientos se puede ver, a medias y con censura previa, por “El Imparcial” (sic). Lo que pasa es que ahora nos gusta gritarle a la pantalla pidiéndole a Ana Vacarella que se pare en plena transmisión y se vaya. Antes de que la empiece a odiar un pueblo que la ama.

Así va enero por los momentos. Cualquier reclamo de lentitud es culpa de El Niño. Aparentemente él también está detrás de la pancarta que reza “¡Tas Ponchao!”

2 comments:

Kaiser Xavier said...

Irrebatiblemente interminable, porque cada día - no, más bien cada hora - pasa algo nuevo que nos cambia la vida; porque ya no es un derecho constitucional abstracto de esos que los no iniciados preguntan "¿y yo con eso voy al mercado?" (y resulta que si, pero no lo saben), sino que ahora le pega en la cola del supermercado, en la caja del bodeguero y en el fiao de la licorería.

Ya atrás quedó el ataque a la oligarquía y a los poderosos, yo lo que veo es un ataque al trabajador de Éxito que tiene que pedirle permiso a María Cristina Iglesias (Ministra del Trabajo permanente dentro del flujo constante del politburó Chavista) para que les paguen su sueldo.

Pero pasará, no porque Julio Borges se pare en la mesa del programa de la mañana de Televen y grite más que los diputados chavistas, o porque el propio Chávez gane la asamblea. Esto se cae por su propio peso, porque nadie va a poder oír las cadenas del caudillo cuando no haya luz para prender el televisor.

spinnin' the wheel,

KX

Esencialmente said...

KX muy dentro de mi tengo la esperanza que lo que dices sea verdad, pero esto se puso ya como muuuuuy pesado y no veo para nada amenazas de caida.

Toto tremendo post!

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