Friday, February 12, 2010

Días de Marlboro Rojo


En el Día de la Juventud.-

Cuando yo era chiquito, me encantaba una película que se llamaba “Travesuras de una Bruja” (Bedknobs and Broomsticks). Era sobre una señora soltera que se había metido a aprendiz de bruja en un curso por correspondencia. Descubierta por tres niños huérfanos a quienes tuvo que custodiar como consecuencia del bombardeo de la ciudad de Londres en la II Guerra Mundial, se lanza a la búsqueda del profesor Emelius Brown, quien le ha informado abruptamente sobre la cancelación del curso, impidiendo así su obtención de la formula para la lección final: la substitución locomotora.

La letra de una canción de la película, llamada “La Edad de la Incredulidad” habla sobre la llegada del momento en que todo niño deja de creer en las cosas que le hacían felices. La frase “cuando en un rincón dejas los libros, cuyos héroes tú soñaste ser” no es solamente profética, es una realidad. Mickey Mouse pasa a ser un hombre disfrazado con alta tolerancia para contener el sudor, San Nicolás es un estante arriba del clóset de tu mamá y Archie es un fracasado que jamás se termina de graduar de la Secundaria Riverdale. Si eso es así ¿Cómo demonios me pasó por la cabeza que yo podría ser Holden Caulfield a mi edad?

Tener a Manolita Zarate como amiga es una ambivalencia. Ser amigo de ella es como cuando a uno lo obligaban a ir a un campamento infantil en el club. Cada media hora hay una actividad distinta. Cada mes, es un nuevo hobby. Y ella no es de las que invita. Ella, hace cacería de brujas para que uno la acompañe en sus aventuras. Su nuevo hobby es la fotografía. El interés es captar en imágenes algún pasaje de una obra literaria. Como en su club de lecturas se están leyendo “El Guardián entre el Centeno”, le pareció genial fotografiarme como Holden Caulfield. A un hombre no se le pregunta si quiere ser Holden Caulfield. Se le dice la hora y el lugar donde tiene que estar con la capucha roja puesta. Aún cuando en pleno photoshoot los dos nos preguntamos sobre que demonios es un “centeno”.

Todo varón quiso ser Holden Caulfield en algún momento de su vida. Cuando el sueño de ser bombero se fraguó por presiones paternas y deseos de ser millonarios. Cuando aún no se había llegado a una edad en que la mente ofrecía la posibilidad de manejar un Aston Martin y conquistar a Pussy Galore (sueño que aún no se ha desvanecido). Pero a los dieciséis, el que no era amante de Sherlock Holmes era admirador de Holden Caulfield. El sueño de perderse en Nueva York como renuencia a conformarse de los materialismos de la sociedad es un sentimiento típico de la adolescencia tardía. En algunos, de la adultez.

Esa tarde, Manuela me fotografió vestido de niño expulsado de colegio con la corbata desamarrada y abrigo puesto. Caminando por una calle olvidada, sentado en un bar de un hotel ficticio. Un Marlboro rojo tras otro, una mirada de inconformismo, de depresión, de incontinencia emocional. Y la peor sensación del mundo no fue el desagrado con un cigarro que me recuerda a mi adolescencia. Fue comprobar, al mirar las fotos luego de la sesión, que yo no era Holden Caulfield. Era un hombre de treinta años disfrazado del Chavo del Ocho. Cada fotografía revelaba más mi edad, cada imagen señalaba que Peter Pan había volado hacia el cuarto de Wendy y no había regresado a la Tierra de Nunca Jamás. Sin darnos cuenta, Manuela y yo habíamos crecido. Cerrando así otro libro para olvidarlo en un rincón. Dejando el Marlboro Rojo para algo que fue.-

3 comments:

Valentina said...

Lo mejor es que el del dibujo y tú se parecen BURDA!

Maiskell said...

Quiero ver las fotos plis, y me parece buenísima la idea, yo estoy haciendo es letras de canciones, bueno, una letra de una canción.
Besos

Toto said...

Maiskell pensé demasiado en ti! Me prometió enviarme las fotos el martes. Besos,

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