Wednesday, February 10, 2010

Dies Irae

Mi vieja favorita es una señora que se vino de misionera desde Seattle para internarse como profesora de historia en Ciudad Guayana. Se cambió el nombre de Janet a Juanita por eso de desenrollar a una sociedad empeñada en nombres enrollados y se convirtió en más venezolana que los muros con botellas quebradas encima para que no se metan los ladrones (ja, ja, ja). Ella siempre ha dicho que cuando le toque morirse, quiere que su entierro sea frente al río, con música, poesía, banda de tambores y sazón. Ni ella ni yo estamos próximos de salida pero concuerdo en que esa es la mejor forma de graduarse de este mundo.

Nadie se quiere morir (bueno menos los suicidas) pero inevitablemente vamos para allá en algún momento. Cruzando los dedos porque sea después que pasemos por terapia y antes que nos llegue la factura. Pero cuando alguien ha vivido una vida genial, se hace incomprensible que las tradiciones nos obliguen a ser severos con su despedida. Escogemos adornar al abuelito pachanguero con coronas dantescas y recitarle liturgias de salvación, cuando en verdad deberíamos optar por leerle la Oración Fúnebre de Perícles y darle play al You can tell by the way I walk, I’m a woman’s man que siempre cantó hasta que se decidió por Stairway to Heaven.

Por eso, jamás entenderé las formalidades de los entierros. Claramente, los caraqueños estamos educados para regirnos por ellas. Salvo It’s Good to Be que hace años le mandó saludos al señor que yacía en la tumba cuando se estaba despidiendo de su viuda, el resto de la comarca más o menos ya se ha adoctrinado en qué decirle a los dolientes y por cuánto tiempo abrazarlos. Ese no es el problema. Los caraqueños abrazamos en las buenas y en las malas. Nos da nota. El meollo viene antes y después del pésame.

“Antes” ni siquiera comienza en el sitio del velorio. Comienza en verdad en la mesa del desayuno. Como los sociales pasaron a retratar gente inhóspita y Omar Lares no termina de salir de 1976, el chisme social está en las esquelas de los periódicos. Ya uno sabe que se murió Michael Eleazar Jackson, por poner un ejemplo, y le duele. Pero el verdadero chisme es leer si Lisa Marie está metida en la participación, si incluyeron a la fertilizadora de hijos y si pusieron a alguna enfermera que es código para decir que sus hijos jamás le pararon y esta fue su gran amiga en el final de sus días. Hay gente que no lo admite pero cuando el resto del periódico es tan desgarrador, las esquelas y los carteles de citación son el Sudoko de las noticias.

Al entierro se va porque se siente una conexión con la persona que murió o con algún allegado. El problema es cuando uno nada más conoce al muerto. Lo peor de sólo conocerlo a él es que le tienes que explicar a alguien quien eres tú. Algo ilógico como “yo hice el curso de confirmación con Michael Jackson”. De repente alguien te para. Lo más probable es que no. Igual es importante ir. Si uno tuvo la valentía de conocer a alguien lo más justo es que también tenga la valentía de irse a despedir. Así sea un saludo en silencio.

“Después” del pésame –incomodo pero necesario – a los venezolanos nos parece poco prudente irnos a nuestras casas. Como si luego de haber ofrecido nuestros respetos, pensásemos que viene una nueva atracción. Yo siempre le echo la culpa a la recepción del cementerio. Desde que instalaron la marquesina rotativa que avisa como en los cines (y en colores) donde está siendo velado cada quien, nos confundieron. Esto es en serio y fíjense cuando tengan –Dios no lo quiera – que ir a un velorio allá. Ahí en mero medio donde se sienta la señora que vende las absurdas coronas (¿por qué no le venden a la viuda un pasticho para que tenga algo de comer en la noche?) está la marquesina. Falta que pongan combos de cotufas y estamos hechos.

Una vez dado el pésame y salido de la capilla, se tiene la prudencia de comentar primero sobre el velado con palabras apocalípticas como “tragedia” o “dantesco”. No importa que la señora que yace en el ataúd tenga 300 años y ya haya trascendido la categoría de tatarabuela multiplicado por tres y ahora tenga una descendencia a la que le obligan decirle “mis choznos” (con esa palabra la más feliz de morirse es ella). Toda muerte es dantesca. Pero no podemos elucubrar sobre sus razones más allá de una explicación divina. Y menos en la cafetería donde las camareras vestidas de Morticia Adams te sirven una limonada. Por eso tornamos nuestra atención a hablar de de las tres “ch”: chistes, chismes y Chávez.

El chiste de dos señoras casadas que salieron sin sus maridos a una discoteca y al salir se pararon en un cementerio a hacer pipí, es un clásico para quebrantar el nerviosismo. Un muerto, un chisme o Chávez pone nervioso a cualquiera por lo que es mejor irse con el chiste. El chiste continúa diciendo que como no había papel toilette, una se limpió con las pantaletas. Como la otra no tenía pantaletas, decidió agarrar la cinta de una de las coronas que yacían cerca de una de las tumbas para limpiarse. A la mañana siguiente los esposos de ellas se encontraron en la oficina y comentaron que algo raro había pasado. “La mía – le contó uno al otro – llegó sin pantaletas”. El otro respondió: “Por lo menos. La mía llegó sin pantaletas, toda escarchada y con una tarjeta en el culo que decía “Jamás te Olvidaremos.”

Así vamos. Hasta que un día despidamos a los nuestros con I Did It My Way. Ahí entenderemos que es mejor dar gracias por lo que vivimos con esa persona que por la tragedia que representa despedirse de ella. Mientras tanto, seguiremos tomando limonada artificial.-

3 comments:

La peque said...

Te ruego que seas el planificador oficial de mi entierro, así que échale bolas, porque tienes que vivir más que yo!!!

La Perfecta said...

lo mas loco de este post es que HOY por primera vez me toco ir a un velorio/entierro en el cementerio del este (los pocos a los que habia ido fueron en el interior del pais)

Me pare en frente de la pantallita a ver donde era la cosa y en efecto, me senti en el cine.

Respecto al chiste, GRACIAS A LENNON que lo lei aqui y no me lo contaron en la capilla, porque todavia me estoy riendo a carcajadas. Creo q no hubiera sido muy apropiado XD

Para finalizar el comment mas largo de la historia, te cuento, hoy pedi un funeral como el del irlandes de PS I Love You, en un bar, que se tomen muchas cubas libres y que por favor suene Imagine (cantada a coro por los asistentes). Cursi, pero divertido.

Astrina said...

por q será q los chistes de funeral son los q te dan mas risa??? y q se multiplica por aquello de q es "de mal gusto" soltar la carcajada en la funeraria (cosa q siempre pasa)
buen post!

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