Tuesday, February 2, 2010

Los príncipes no tienen apellidos

Un día como hoy me encontraba en casa de It’s Good to Be estudiando para un examen de Derecho Constitucional. Mis colegas femeninas habían salido corriendo ante el rumor que el príncipe Felipe de Asturias se encontraba almorzando en el comedor del Country Club. Volvieron a la media hora con un autógrafo. “Felipe Borbón”. A sabiendas que nuestra experticia grafológica y cultura tercermundista de Hola! era suficiente como para desenmascarar esa firma y declararla fraudulenta. Los príncipes no tienen apellidos.

Un día como hoy me encontraba haciendo esquemas sobre los derechos y deberes que yo tenía como ciudadano. Aprendiéndome de memoria que el Artículo 4 de la Constitución decía que la soberanía reside en el pueblo quien la ejerce mediante el sufragio. Sabiendo plenamente que esa misma Constitución estaba en peligro porque el pueblo falló en ejercer su soberanía al no acudir en masa a las urnas electorales para escoger a una persona como Presidente. Solamente tres millones de votos habían hecho falta para elegir al último.

Un día como hoy fui interrumpido de mis estudios para ir a ver la toma de posesión de ese señor en la televisión. Y vi como mató a la misma Constitución que yo estaba estudiando con un juramento de una oración que cambió para siempre mi país. Luego lo vi invocar a Bolívar como originario de sus pensamientos, de emplazar al pueblo hacia un referéndum porque había que frenar la “trampa constitucional” como lo había hecho Adolfo Hitler con la de Weimar. Una pedida al Congreso para que le otorgase una ley habilitante, un clamado para que todos reconocieran sus culpas y una promesa de no callar las verdades, emplazó a Venezuela a hablar de revoluciones en contraposición a las evoluciones que se merecía para el nuevo siglo que se avecinaba.

Un día como hoy pasé de ser un clase media cualquiera a un oligarca escuálido. A creer en una verdad que no era compartida por la mayoría. A ser vilipendiado sin nada haber hecho. A protestar por derechos que me siguen siendo negados. Un día como hoy pasé a ser parte de una Venezuela distinta. Una que se escribe con “V” de violencia hasta tanto el “por ahora” no termine de concretar su “para siempre”.

Un día como hoy acabaron mis estudios sobre constituciones "inservibles". Se terminaron los días de perseguir príncipes que no firman autógrafos. Comenzaron protestas tranquilas con esperanzas de resultados que no vinieron. Por falta de interés o más temerariamente por falta de sueños. Un día como hoy ya yo sabía, a mis incultos dieciocho años lo que ahora sé a mis treinta. Lo que me confunde es que los demás, no lo supieran.

Los príncipes no tienen apellidos. Las revoluciones unipersonalistas, sí.-

8 comments:

Carlos Julio said...

Toto, que maravilla!! Me reí mucho acordandome de la estampida frenética y el autografo de Cheo. Se me aguaron los ojos con tu analisis de tal día como hoy. Te acuerdas cuando fuimos a repartir panfletos en Plaza Venezuela encontra de la Asamblea Nacional Constituyente, eramos tan pocos que, agarrados de las manos, no le dabamos la vuelta a la fuente. Pero ahora somos muchos mas!!!

Esencialmente said...

Wow Toto, tremendo post, triste, revelador pero sin duda bueno...sera que algun dia recuperaremos nuestra constitucion?

Manuel Andrés Casas said...

Diferencia: yo nunca tuve la oportunidad de estudiar la Cosntitución cuando era algo que significado y era tomado en cuenta!

marimarval said...

Lloré con esto ... Makes me feel so sad. Yo tenía 13

Elena Sánchez Vilela said...

A los 10, mi profesora de 4to grado nos acompañaba en la cantina mientras comprábamos el jugo. En el televisor de la señora Celia (la súper mujer que era capaz de hacer/rellenar 3 arepas por minuto) pasaban una propaganda del MAS apoyando "al cambio", unos jóvenes felices sacaban su "two thumps up" mientras que la imagen de un tal Hugo Chávez iba de fondo como en marca de agua. No es por ser "echoneta" pero suelo tener muy buena memoría y recuerdo claramente cuando mi profesora de 4to año dijo: "Miren niños, recuerdan la clase de los presidentes, bueno ahí viene un nuevo cambio. ojalá gane ese hombre, vale, cómo necesitamos mejorar." Todos sonreímos pues en nuestras casas el discurso era parecido (excepto el de mis abuelos que desde el comienzo ya estaban en contra). Quería votar en ese momento por él también, no sé por qué pero a donde iba la gente grande hablaba de los viejos politicos, de los 40 años, del susodicho cambio. A mis padres les llegó un papelito de un psiquiatra que advertía sobre la egolatría de ese candidato "del cambio". En mi diario anoté: 6 dic 1998 (parte amorosa-infantil.. ah y hoy ganó las elecciones hugo chávez, que bien, ahora todos andamos contentos.
Quien diría que en dic. 2001 ya andaría cantando "Aló, aló, aló presidente aló.." y que aquél hombre amigable de la voz chistosa ya no era tan amigable y su voz ya estaba más arraigada. Quien diría que cuando cumplí 15 ya quería cumplir 18, no para rumbear legalmente ni para poder manejar sino para ir a votar a favor de otra voz. Ni nostradamus podría haber planificado que mi adolescencia estaría marcada no por el olor del algodón de azúcar de un domingo en la tarde sino por el viento gasificado que provenía de fuerte tiuna cuando las "viejas encopetadas" les lanzaban pantaletas a las caras de los militares que no dejaban llegar a la gente a aquél lugar público (Los próceres); o que en ocasiones mis programas no eran en nickelodeon, mtv o discovery channel sino que veía CNN, Globovisión y el canal 8 porque habían disturbios. allí estaba mi miniserie vespertina de algunos años. Quien diría que la voz de un tal Chávez haya tenido más autoridad que la voz de mi padré y que me acostumbré a sus cantos y chistes; también me acostumbré a llamarle "loco" al que guía la nación, sin darme cuenta en efecto lo que eso significa.

Quizás un día como hoy yo debatí con algún amigo de aquellos que crecieron comiendo empanadas de la señora Celia y que comparten el gobierno "del cambio", el cual irónicamente sigue siendo el mismo. Ni el más afamado pitoniso podría ver en su bola de cristal que satisfacería mis ganas de votar a los 18, 19, 20 y ahora a mis 21 y que en el fondo aún haya gente, como mi profesora de 4to año, que espera "un cambio para mejorar".

Pero al final no escribo con tanta tristeza porque si no fuese por cómo viví mi niñez quizás hoy no estaría escribiendo, hablando ni pensado de la forma en que lo hago. Quizás ni me hubiese molestado en entender al país, en comprender que somos personas y no consignas, quizás tampoco me hubiese gustado el cine ni tampoco estudiar sobre propanga y sociología. Quizás si hubo un cambio, pero ya veremos si fue totalmente malo o bueno.

P.d. Toto me inspiraste demasiado con este post, jeje excuse-moi si esto fue demasiado largo pero un post así merece una buena respuesta.

Saludos.

Elena Sánchez Vilela said...

sorry por los malos acentos, las mayúsculas no puestas y aquél paréntesis no cerrado, pero es que escribí muy rápido esto (ya me iba cuando revisé tu blog). Espero que mi profesora de redacción y estilo no ande por acá jeje.

GBA said...

Que buen post Toto, cada palabra y cada oración tienen un sentido bárbaro...

Pero bueno la lucha es por eso, por rescatar esa constitución moribunda que se merece Venezuela.

Un abrazo

Gerardo

isaac said...

Bárbaro Toto, que buen post!!!

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