A las siete me armé de paciencia y crucé el Mystic River para perderme entre los montes con Ela, otra cinéfila invitada. Llegamos al edificio de la Piña sin saber que esperar. Fácilmente lo que uno tiene en la cabeza, puede convertirse en una banalización y no ser más que una televisión de wachiman con un cable enchufado por diez extensiones hasta llegar al tomacorriente del apartamento 17-B. Somos venezolanos; a nosotros nos gusta lo guarro. Pero el olor a cotufa en el pasillo – señalizado con flechas que decían “Screen on the Green” - nos indicó que ahí había abundancia de maíz (piensen en Phoebe cuando Mónica la manda a encargarse del hielo y de los vasos) y que esto de ir al cine en el jardín iba en serio.
Ela y yo cruzamos el salón de fiestas, mareados por el olor a cotufa y vimos la ambientación que había puesto la Piña. Un retroproyector con cornetas (de calidad, nada de las del Ipod) sobre la grama, dando hacia una sábana blanca enorme amarrada en un ventanal. En la grama, los invitados nos habíamos organizado y puesto nuestras cobijas y colchoncitos alrededor de la pantalla. Cada quien tratando de sentarse lo más cómodo posible para dar comienzo a la película. Vimos It’s Complicated con Meryl Streep y Alec Baldwin que ya la había visto pero no me importó. Yo estaba feliz con mi cobijita, el olor a grama penetrando mis narices y nada de luz salvo las estrellas (concedo del otro lado de Mystic River se ven mejores las estrellas que en mi palafito), la reflexión de la pantalla y la de una lámpara en el piso 1; obra de una vecina que pensó que estaríamos mejor con algo de lucecita pero que en verdad no hizo más que fastidiar el parque.
Poco después de comenzar la película, nos dimos cuenta que podíamos hablar. Esto no era un cine de verdad, sino un lugar donde uno podía hacer comentarios en vivo y en directo. Así que los chistes fueron y vinieron. Yo no fumé por ser condescendiente con la gente pero me di cuenta que en cualquier momento hubiese podido prender mi cigarrito y estaría de lo más europeo al lado de la catira Ela, el vino y nuestra cobijita roja. Mucho frío y un poco incómodo eso de estar usando tus brazos como almohada pero era parte de la experiencia. Ya en próximas ediciones cada quien irá perfeccionando su técnica de comodidad en la grama.
Manejando a mi casa me puse a pensar que cuando yo era chiquito mi papá hacía esto con nosotros muchísimo. Nos sentaba a todos en el jardín de noche y con una súper ocho (y el ruido que le acompañaba a la tracción de los carretes) nos ponía algo de Disney o una comiquita de Mr. Magoo. Luego, pensé que esto lo hacía yo todos los miércoles en mi campamento. 180 mocosos oliendo a mapurite sentados en sus sillas Coleman viendo Field of Dreams. Era natural que esto continuase. Y me encantó tanto que espero repetirlo. Un plan dominguero bueno, bonito, barato y diferente. Sin nada más que una cobija, un vino, Meryl, las estrellas y tú .-
Thank you Piña for initiating Screen on the Green Caracas!
5 comments:
Que fino!!muy buena idea! ojala se hicieran eventos así en grande
wow quiero ser amiga de Piña!!
si si si yo tambien quiero ser amiga de Piña! se lee demasiado fino ese plan..!
saludos tots!
Yo quieeero!!!!!!!
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