Saturday, November 13, 2010

Clientes en espera: 106 cascos & 1 calva

Soy otra persona desde que el banco puso unas maquinitas automáticas para depositar los cheques. No soy como algunas personas que afortunadamente tienen un motorizado que los hace por ellos. Yo soy mi propio motorizado. Tengo que ir al banco a pata porque el estacionamiento que ofrecen fue útil en los años treinta cuando solamente tres personas tenían carro. Deslizar mi tarjeta de debito por la taquilla para que me de mi numero más avanzado por ser cliente del banco. Pero como soy lerdo, siempre la deslizo por el lado que no es y me sale el número genérico. 106 clientes en espera. Siempre son 106, así en el banco hayan tres pelagatos con casco. De ahí a la espera.

Me entretengo llenando mi planilla de depósito. A mí me ven cara de saber la fecha por lo que me las tiro de recepcionista para pasar el tiempo mientras trato de amuñuñar los veinte números de los cheques en la excusa de casilla. Luego, comienza el juego de intercambiar papelitos con los motorizados. Todos tenemos por lo menos siete papelitos que vamos recolectando desde los ceniceros. Aquellos dejados por las personas que sacan su papelito, le saltan los ojos cuando ven que hay 106 personas en cola, dan una vuelta de reconocimiento a ver si se pueden colear y se rinden. Esos son los papelitos que nos jugamos. “Pana tengo aquí el que faltan 46” es el más común. Los más codiciados son los que solamente faltan veinte. Esos, solamente los consiguen los motorizados profesionales. No los amateurs como yo que no tienen el casco guindado por el brazo.

Sentado en mi sillita azul observo a las pre-mamás que llegan a la taquilla preferencial. Hay las honestas que creo están haciendo su último deposito antes que su retoño le dicte casa por cárcel. Hay las ilógicas que no tienen ni un Toronto en la barriga y se hacen las que están cargando con trillizos. Pero mis favoritos sin duda son los viejitos. No hay nada más sabroso que ver a un viejo con sombrero y vestido de luces, yendo a hacer su depósito. Lo máximo es cuando hay siete viejos en la taquilla preferencial y ver a uno bravo porque los demás no son taaan ancianos como él.

Cuando tenía celular jugaba Solitario hasta que me regañaban. Ahora, solamente me queda leerme los folletos en donde sale una familia feliz diciendo “ahora es más rápido ir al Banco”. Irónico. Los numeritos en la pantalla aparecen cada tres segundos pero ninguno de ellos es el mío. Hace un mes me tocó el número 829 e iban por el número 993. Pregunté si ya habían dicho mi número y me vieron con cara de iluso. Había que esperar a que diese la vuelta. Lo que sí me da rabia es que cuando pego el número avanzado por ser cliente del banco, hay una sola casilla que se ocupa de nosotros. Tesis confirmada que ser VIP no sirve de nada, ¡porque una cola de banco SÍ es socialismo! (así los depósitos sean capitalistas).

Apaciguado de la espera, me rio con el motorizado galán que se sabe todos los nombres de todas las cajeras y les pregunta por sus hijos. Atrasa la marcha de los numeritos pero si yo conociese a las cajeras también les lanzaría un piropo. Por fin faltan cinco números para lograr mi libertad y mi riqueza económica. Los cinco pendientes vamos sacando nuestros cheques, vueltos a meter en algún bulto cuando nos dimos cuenta hace hora y media que la cosa no iba pa’l baile pronto. Por fin un número menos para que me llamen. ¡Por fin! Pero obvio, el que va antes que yo es el motorizado que maneja todas las cuentas de las dos torres de Parque Central. Y saca ese forro de cheques que se ríen de mi chequecito con un “no te vistas, que todavía no vas”. Charlie Brown y yo.

DING! Mi número. Siempre me da miedo que lo vayan a pasar más rápido de lo que me tardo caminando hacia la taquilla. La transacción dura menos de un minuto, lo suficiente como para decir “Buenas Tardes” y poner cara de pánfilo en la maquinita que te graba por seguridad. (La gente que lleva el registro de esas fotos debe morirse de la risa con las caras de uno). Doblaje de recibo, metido en el pantalón, caminar hacia la puerta y salir a la vida, cegado por el Sol. Toda una proeza, esto de ir al banco. El guardia debería darnos un certificado.

Ahora con las maquinitas, como nadie las entiende, es como ir a AutoMac en 1986. Rápido y efectivo. Hasta que se ponga de moda y tenga que volver a sucumbir a mis papelitos intercambiables como las barajitas de Panini. Todo por no poder pagarle a un motorizado.-

2 comments:

Maiskell said...

¡Me pasó hoy!

Astrina said...

en un par de ocasiones he ido con alguien a cobrar cheques e invito a mis acompañantes a salir conmigo en la foto. Las cajeras me ven con cara de loca, pero no dicen nada, porque seguro no se lo esperaban. Es todo lo que voy a decir al respecto.
=)

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