Wednesday, April 21, 2010

If you're gonna fail, fail gloriously!

Perder una competencia de natación es la peor sensación del mundo. Primero estás en Speedo, lo que te hace demasiado consciente del bolero de Ravell. Si bien, no fuiste uno de los idiotas que en “Preparados, listos, ya” (yo nadé en las amateur que ni se molestaban en decir “en sus marcas”) saltó cuando gritaban “listos”, tampoco es que saliste cuando silbaron “ya”. Chapoteaste esa piscina, jurándote Mark Spitz y aunque te estabas ahogando en el metro cinco, tú le diste con furia a esa excusa de crawl que aprendiste en la piscina inflable que te trajo tu papá en Semana Santa.

Que peor sensación que tocar esa pared, arrancarte medio pelo con la quitada de la capucha y descubrir que tienes los lentes de natación amarrados al tobillo, para encima darte cuenta que el único que queda en la piscina, eres tú. El ganador tiene un paño de Hello Kitty (es de Rambo pero todos los ganadores en la mente de los perdedores son unos maricones), una mamá en kakis que le anda tomando fotos y un entrenador con cara de que se va para el Alazán a almorzar con la mamá. Tus papás andan en pose de buscar el ticket de estacionamiento aunque después te juren que aplaudieron muchísimo. Todo un foso de día.

Hace años salió un video de una señora que aprovechó el auto lavado para echarle un manguerazo a sus chamos. La prensa la tildó de “La Peor Madre de América”. Hay que aplaudirla. Uno siempre dice que no se puede ser monedita de oro de todos pero cuando te dicen que eres el “peor” de todos mira, chapeaux. Alguien siempre tiene que quedar de último. Siempre hay un candidato que queda de cuarto, una miss que queda de quinta y un nadador que ni llegó a la piscina. Pero eso tiene su mérito. A fin de cuentas, nadie se acuerda del segundo lugar. En cambio, todo el mundo se acuerda del autogol de Colombia en el Mundial USA ’94.

No se habla de los idiotas que juran cantar y se van a las audiciones de American Idol. Amigo, cuando tu profesora de música en Kinder te puso en el coro y no como cualquiera de los caballeros de Spamalot, era por algo. Tampoco de los que llegan a un programa de invenciones, con un cuento estilo los de Extreme Makeover, en los que perdieron la casa por la inversión de un prototipo para meter el control remoto en una funda que cabe en los brazos del sofá. No saber que toda persona que haya visto un infomercial en su vida lo tiene (así como la raqueta del mosquito) quiere decir que Tom Hanks se inspiró en Usted para hacer la película de “El Naufrago”.

Se habla de los que trataron y no pudieron. ¿No les ha pasado que ven las tortas de Betty Crocker en el auto mercado y se mueren de hambre? Ustedes que no han cocinado ni un hielo, llegan a sus casas y sacan cuanto cachivache hay en la despensa para hacerla. La receta es lo más fácil del mundo, y treinta minutos es el tiempo aproximado de preparación. Treinta minutos (y cuatro horas después), el ventilador de la cocina espolvorea Nevaazúcar como un sueño orgásmico de un cocainómano.

Ustedes están más bañados de chocolate que Augustus Gloop en Willy Wonka y los bomberos están a siete segundos de tocar el timbre, luego de la llamada frenética de la vecina metiche alertando que hay más humo en la urbanización que fumigación de alcaldía. La torta se cocinó. Allí está inmaculadamente puesta sobre la mesa. De ahora en adelante será usada como aguanta puertas.

También está el caso de los centros de bateo. Obviamente yo no soy muy dado al deporte. No tengo coordinación alguna. De hecho, les temo secretamente a aquellas personas que me dicen “chócala”. Si uno choca manos con otra persona diez mil veces en su vida, lo juro que yo pelaré siete mil (ya me enteré en @omgfacts que la clave del éxito es verle el codo al chocador. Tarde piaste pajarito). En los centros de bateo pasa lo mismo. Una vez estaba sentado (no voy ni siquiera a inventar que traté) en el ring de mi universidad. Era sábado y había acompañado a un amigo mío que es papá a dar unos pelotazos ahí con su chamo.

Mi amigo, que tiene más lipa que Homero Simpson, empezó con todo ese cuento de Búfalos Mojados “yo te voy a enseñar a ser hombre” a su hijo, explicándole el sistema de bateo. El chamo lo veía fastidiado. Uno nunca debe asumir que los varones no tenemos postgrado en explicaciones. Lo peor es que el chamo le dio una redoblona al papá, quien no logró conectar ni una sola de las pelotas. Y es tan mojonero que ni siquiera la pegaba y como sabía que el chamo no lo estaba viendo decía “¿Viste, viste como le di a esa? Amigo, asume tu barranco. Tu hijo es mejor que tú.

La vida no puede ser tan insensible con esto del último lugar. Odio a los guías de campamento que dicen “¡Oído! ¡Mosca! Lo que importa es que trataste”. No se le puede tener ningún tipo de respeto a un adulto que comienza cada oración con “¡Oído! ¡Mosca!” No se trata de tratar. Ninguno de mis chamos en Harvard quiso perder. Yo no quiero perder en el concurso de cartas. Nadie quiere ser un mal papá o hacer una torta que te merece ponerte un diente de oro ghetto. Se trata de reconocer que si se llega a perder, la vida te tiene que otorgar el certificado de haber perdido con dignidad. Porque sin ti, no hubiese habido ganador. El Correcaminos no tendría razón de correr. Y cuando se está a mitad de piscina, tratando de llegar de primero a la meta o esperando que salga esa torta esponjosa con bordes dorados que te dice la receta, eso hace toda la diferencia.

A fin de cuentas, Meryl pierde todos los años.-

Esta sí falló completamente.-

5 comments:

Maiskell said...

¿Cuando sabes del concurso? porque estaba que no quería terminar de leer el post para no encontrarme con esa noticia!

Esencialmente said...

Y a veces me pongo repetitiva con este de ser mama pero creeme que es complicadisimo decirle a tu hijo que lo maximo es ganar y estimularlo a que lo haga y al mismo tiempo protegerles la autoestima. En esta epoca de carajitos atletas, super dotados, avanzados, pilas y multitasking la barra subio y es cuesta arriba buscar un equilibrio. Pero al igual que tu creo que hay que disfrutar ganar, ser los mejores pero aceptar los barrancos con dignidad!

Astrina said...

hace una semana hice un brownie de esos "facilitos" de Betty Crocker y se me quemó. Es todo lo que voy a decir al respecto.
=)

todoloquemepasa said...

Hola Toto, apenas te leo desde ayer y este postme pareció muy interesante. Yo soy de las q piensa q sí importa intentarlo en vez de darse con antelación sólo porq muy en el fondo sabemos q es muy probable q no ganemos, intentarlo para mí es símbolo de valentía, de creer en uno mismo aunq sepas q seguramente hay alguien mejor q tú o sólo con más suerte; pero prefiero intentarlo con todas mis ganas siempre con la esperanza de ganar; es evidente q nadie se apunta para perder pero no siempre se puede ganar; de eso se trata, es una apuesta.

A mí sí me queda la satisfacción de haber dado lo mejor de mí tras cada intento aún si pierdo, y me imagino q a eso te refieres cuando dices "perder con dignidad"; al menos es lo q he interpretado.

Hace varios días estoy por escribir un post sobre un tema relacionado con esto y ahora q he leído esta entrada me da aún más inspiración para escribirlo, sólo q no he tenido tiempo pero volveré a estas líneas cuando llegue ese momento.

Un saludo,
C.-

Toto said...

Maiskell: el 27
Esencialmente: Los chamos superdotados de hoy ya no es ni de blog, eso es de stand up comedy
Astrina: Betty Crocker nos creó falsas expectativas
Coraline: Claro que se trata de "tratar", uno no va sintiendose perdedor jamás porque para eso ni compites. Yo lo que escribo es, que pasa cuando nadaste tan duro, tan duro, tan duro y aun así ni llegaste a octavos de final. No digo, celebremos la mediocridad pero hay cosas en la vida que uno hace bien, en las que hay 16 personas que lo hacen mejor que tú. Y nos defraudamos porque "no ganaste", cuando la verdad el que no ganó fue el que no participó. Digo yo.

También te puede interesar:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...