Thursday, May 27, 2010

Countdown del Sifrinismo (#50 - #40)

Arrancamos la Semana Nacional del Sifrinismo con el countdown de las 50 Cosas que Hacen Los Sifrinos de Caracas. Una rendición de tendencias, momentos e indumentarias que acercan a una persona al Sifrinismo. Comenzamos en esta primera edición con las siguientes condiciones.


# 50 – Declarar que una tendencia “se puteó”


Un verdadero sifrino caraqueño se destaca porque no es precursor de las tendencias, sino más bien su más acérrimo seguidor. En muchas cosas, se parecen a los pingüinos al momento de cazar comida. Los que están afuera del círculo y más cercanos al agua, se sumergen a ver si no hay moros en la costa. Si vuelven a la superficie, los demás pingüinos se lanzan a las aguas. Si no, se quedan estáticos. Igual sucede en Caracas. Oír música alternativa, comer en un restaurante donde “no hay nadie conocido” o usar una prenda de vestir distinta, viene en ciclos claramente definidos por la ridiculización, la adaptación, el apogeo y el declive.


Cuando una flaca se apareció por primera vez con unos leggins, la fiesta completa se preguntó a sus espaldas si ella pensaba que esto era un sarao temático de Flashdance. A la semana siguiente, sin embargo, sus tres amigas se presentaron en un local nocturno con los abraza muslos. En un mes, no había mujer en Caracas –gorda, flaca, anoréxica o en estado- que no estuviese disfrazada de balletista. Hoy, no hay sifrina caraqueña que no opine que los leggins “se putearon”. Es importante el término. Uno no es verdaderamente sifrino hasta que no opine, en presencia de los demás, que alguna tendencia pasó de moda. Irónicamente, nadie se acuerda de mencionarle a la sifrina que la que más se tardó en usar los leggins, fue ella.


# 49 – Chapearle a un mesonero


El sifrino de Caracas no comprende el concepto servicial de “por favor espere a ser atendido”. Competir en una barra por un trago es extremadamente difícil en todas las ciudades del mundo pero en Caracas, donde la afluencia de personas en un local es proporcionalmente inverso al tamaño de la barra, esperar pacientemente a que lo atiendan o hacer la señal internacional de levantar dos dedos para llamar a algún bartender, es cosa de gente quedada.


Las sifrinas pueden gritar todo lo que quieran, llamando a los bartenders por su nombre para que les de su Vodka Tonic sin limón, pero el sifrino tiene su arma secreta: el chapeo. El chapeo puede venir en formato de dinero pasado entre mano y mano o porque en verdad el sifrino es simpaticón. Como tal, el bartender ya sabe perfectamente que una mirada basta para que se produzca un whisky con soda para él y siete Vodka Tonics para sus acompañantes. El sifrino no hace cola, ni espera, ni grita. Lo mismo sucede en un matrimonio. Un sifrino no persigue a nadie con una bandeja. Se encarga de que lo persigan a él.


# 48 – Jugar Canastón


Las sifrinas caraqueñas trabajan en importantes corporaciones, así sea haciendo trajes de baño. A pesar de lo que diga el vulgo, son pocas las que en verdad se tomaron a pecho su “Mientras Me Caso” y no hicieron más nada sino ir a la peluquería y parir herederos. Las sifrinas trabajan y son buenas en lo que hacen. Lo único es que no portan el carnet de uso obligatorio amarrado al cuello, sino discretamente aferrado al bolsillo del pantalón. Eso todo termina a las seis de la tarde con un mensaje en el Blackberry que comienza con “Niñitas”. La afirmación a ese mensaje produce la apertura de alguna terraza, el acondicionamiento de una mesa con mantel de fieltro verde y la preparación de un tinto de verano para recibir a las empleadas capitalistas en la celebración de un “happy hour” de naipes.


Sí, las sifrinas te juegan y te juegan canastón. El bridge es considerado un deporte de viejas, mientras que el póquer un pasatiempo de hombres. Una sifrina se lanza tres paquetes de cartas en una jugada en la que intentar llevarse el pilón va a venir acompañado con más gritos de “Marica” que los que puede oír Juan Gabriel cantando en un concierto en Sudán. En el ínterin, se pasa revista a todos los matrimonios y divorcios del mes, volviendo leña a una pobre novia que se encuentra en Asia en su luna de miel. A las diez, entonadas por las cinco botellas de vino que “ay chica, tomamos full” y los ceniceros copados de colillas de Belmont Suave, se van a sus casas sin saber que en una tarde destruyeron a la mitad de la población masculina de Caracas (y al 100% de la población femenina).


# 47 – Hablar del Plan “B”


Toda Venezuela está mal. Quien diga lo contrario, vive en la heladería 4-D. Pero nadie se imagina lo que esto significa para los sifrinos. Los obliga a pensar más allá de blindarle los vidrios a su camioneta Merú. ¿Qué hacer en este país de inseguridades donde ni el deporte del sifrinisimo puede ser ejercido en plena libertad? Entra a la conversa, el Plan “B”. Un curso de vida alternativo para ser activado cuando todo esto se vaya al zipote. Conversaciones que se dan vestidos inmaculadamente en un matrimonio o sentados almorzando en restaurantes, lanzado perlas como “Voy a tener que mandar a los chamos a estudiar a Miami y yo irme los fines de semana mientras esto se arregle.” Eso es otra cualidad del sifrino caraqueño. El “mientras esto se arregle” jamás es a largo plazo. Es una cuestión de inmediatez. Y todos involucran a la cargadora.


# 46 – Comprar tickets de rifas que organizan tus tías
El arte de la beneficencia se da espléndidamente entre los sifrinos caraqueños. Contribuir con el prójimo es importante. La mejor manera es comprando tickets de rifas. A nadie le interesa para donde van los fondos de la rifa o a que institución se está ayudando. Esto, porque los tickets vendidos entre sifrinos son de obligatoria compra.


Los sifrinos han sido entrenados desde chiquitos en esto. Fuera para la verbena del colegio o los consabidos tickets para cierta institución benéfica, a cada uno le entregaban diez talonarios los cuales debían ser vendidos en su totalidad. Ahora de grandes, y sin tener a una mamá chequera que resuelva, los sifrinos se deben amparar en sus amigos. El mantra “hoy mi rifa, mañana la tuya” es el modus operandi. Se compran diez tickets de una. Lo irónico es que el primer premio de la rifa (siempre un viaje a Los Roques) se lo gana el que mandó al horno la convención tácita de los diez tickets y adquirió solamente uno.


# 45 – Traerse los Tylenol de Miami


Esta práctica va en descenso por eso de la disminución de los viajes al exterior por culpa de CADIVI. Pero cuando se va a Miami no se regresa con dos maletas llenas de ropa. También en una bolsita blanca y roja de Wallgreens, está toda una parafernalia de drogas farmacéuticas que ponen a Locatel o a Farmatodo a pensar que les están haciendo la competencia. Las pastillas para la depresión, el adelgazamiento, la vitamina C y el zinc vienen acompañados con las cajetillas de Tylenol. Las mismas pueden ser adquiridas en cualquier farmacia caraqueña hoy en día, pero los hábitos y costumbres de épocas pasadas son difíciles de superar. Una migraña sifrina no se quita sino con Advil Extra Strength.


# 44 – Hablar como no es (e insistir que todos los demás están equivocados)


El sifrino caraqueño tiene un problema grave con la palabra “cabello”. Le produce angustia léxica el tener que escucharlo. Puede estar hablando con un Premio Nobel de Economía pero si éste llega a mencionar que se siente en la necesidad de “orinar” las neuronas del sifrino cuestionan seriamente el merecimiento del premio sueco. Una sifrina caraqueña que se asee el cabello teñido es un impostora. Las sifrinas caraqueñas se pintan y se secan el pelo. Lo mismo sucede con palabras como broche, blusa, el calzado y la tumbona. A nadie le importa que salga algún sabiondo a decir que “axila” es la palabra correcta a ser empleada Hay cuentos de novios sifrinos contados por la suegra en calladito: “él es perfecto pero dice ‘orinar’.”


# 43 – El pañuelo keffiyeh


Salvo la camisa arremangada y por fuera del pantalón, el sifrino caraqueño es clásico en el vestir. Por no decir uniformado. La verdad, son pocos los accesorios que se puede permitir un hombre y no parecer disfrazado en una fiesta. Son pocos los que se pueden salir con la suya y usar pajaritas de John Nash en vez de corbatas. O no usar corbatas del todo.


Ningún sifrino caraqueño, salvo uno, iría a una fiesta en sombrero. De ningún tipo. El sombrero de Panamá se reserva para la playa o algún paseo en Galipán donde el sifrino cree estar haciendo “turismo”. En lo que sí no escatimó el año pasado – ni hombres ni mujeres – fue en ponerse el pañuelo similar al usado por Arafat, amarrado al cuello. Copiado de los alternativos, caló en los viajes a los conciertos en Bogotá y ahora no se puede ver un álbum en Facebook de venezolanos de paseo en Colombia sin la clásica fotografía de cuatro mujeres con sus pañuelos palestinos como indumentaria.


# 42 – Predespachar
Probablemente sólo 150 sifrinos caraqueños se han sentado en las sillas del Café del Mar en Ibiza a ver la puesta de sol. Eso no quita para que todos los demás hablen de la discoteca Pachá como si quedase en el Centro San Ignacio. La música chillout se oye en parrillas domingueras o en predespachos. El predespacho es la reunión en casa de alguien antes de salir a rumbear o a un matrimonio. Comenzó por razones de necesidad. Antes, los sifrinos caraqueños invitaban a sus casas a tomarse el whisky del papá para llegar entonados a un bar y no tener que pagar tanto. Hoy en día es el non plus ultra. Nadie entiende por qué. Un pre-party en donde el reggaetón no está permitido. Solamente pura música suave para comenzar la noche y hablar de temas triviales antes de salir a ver y dejarse ver. Ocasión perfecta, dicho sea de paso, para que una novia molesta termine con el novio y le arruine la noche a los demás.


# 41 – La cargadora con el uniforme blanco Cherokee
El marido podrá decir misa pero hay cuatro personas fundamentales en la vida de una mamá sifrina: el maquillador, el que le hace las mechas, el profesor de Pilates y la cargadora de sus retoños. No tener una es no ser mamá. Ella puede no hacer nada con su vida y quedarse en casa viendo Greys Anatomy repetidas veces pero que falte la cargadora de su bebé para que entre en cólera que a ella no la dejan salir para ninguna parte.


El orden de entrada a una piñata apoteósica en Caracas es el siguiente: Una catira con lentes de avispa de Tom Ford, blue jean pegado, camisa vaporosa (o en su defecto guayabera azul) y cartera bulto de Tory Burch. Detrás de ella un vestido bombacho tejido con nido de abeja (o de avispa si la competencia infantil es fuerte) en color azul pastel y dos lazos, tratando de alcanzar una mano adulta que la guíe. Adentro en alguna parte está una niñita. Por último una cargadora vestida de blanco (de azul es considerado “de a por día”) con regalo, pañalera y coche si lo amerita. Ella será la encargada de lidiar con una infanta que no es suya mientras la de los lentes de avispa se sienta con siete pares de lentes de avispas más a quejarse de lo difícil que le ha sido cuidar a su hija.


# 40 – Adueñarse de la canción “I Gotta Feeling”


Cada cierto tiempo viene a la palestra una canción que se convierte en el himno icónico de los sifrinos caraqueños a la hora de bailar. “Victoria” de Aditus fue una; “Matador” de Los Fabulosos Cadillacs, “Saturday Night” de Whigfield y el “Boriqua Anthem” de C&C Music Factory, otras. Luego llegó el trance, cosa que ningún sifrino (salvo los viajados) entendió pero se bailó “Born Slippy” de Underworld hasta que la música dance hizo un comeback con “Barbie Girl” y los volvió gays a todos. Después de un período de confusión con “The Rigga Ding Dong Song” de Passion Fruit , todo lo sacado por los Vengaboys y el patético “Baile del Pescado” de La Factoría, los años pasaron hasta llegar a la actualidad con gente como The Killers, Gwen Stefani y The Black Eyed Peas.


Es este último grupo el que ha sacado el himno sifrino de turno. No hay sarao donde “I gotta feeling” no se oiga al menos tres veces y se se forme una bailanta sensacional digna de orquídea. Siempre, se oye a tres sifrinas gritando: “Marica, esa es mi canción”. Es un hecho que a los sifrinos no se les deja subir mucho los brazos. Eso no se ve bien porque uno tiene que bailar como con pena por eso del “qué dirán”. Con “I gotta feeling” como himno icónico todo se vale. Nadie te está viendo porque todo sifrino jura que lo están viendo a él. El himno icónico te enseña que la vida es una montaña rusa. Arriba los brazos. Para todo lo demás, moderación.


¿Cuántos puntos llevan? El tea party lleva 4.


Mañana el countdown continúa celebrando la Semana Nacional del Sifrinismo con diez condiciones más para desenmascarar a los sifrinos escondidos.-

20 comments:

Manuela Zárate said...

Yo también llevo 4.

Esto está muy bueno...jajajaja. Me gustó.

María Buroz said...

Yo llevo 6 y me dió remordimiento lo de la cargadora jajajajajaja!

Nick Vega said...

Boicot a los Leggins, que viva el picón!

Matilde Amorell said...

Me acabo de dar cuenta que no estoy sola!!! Que mi angustia léxica al tener que escuchar "orinar" y cuando me corrigen cuando digo que me seque el pelo y no el "cabello" es compartida!!!

SHAMI said...

2 y contando....

Fabs said...

Jaaaaajajajajajajajaja
hiciste mi tarde 'gordo' no sabes lo especial que fue leer como admiras a los de mi tipo (frase pronunciada con el mandibuleo incontrolable de la sin par de caurimare)

Saul Rojas Blonval said...

Yo "te" llevo 2 apenitas, pero tengo una pregunta técnica. ¿El plan B cuenta si ya está implementado y en ejercicio? Si es así entonces son 3.

Emiliana said...

Jajajajajajaja chamo me hiciste el dia!!!! Tengo toda la tarde con un dolor de mierda en una pierna que me operaron y leer tu post ha sido lo unico q me ha quietado la mente del dolor!!!! You're the Best!
Por cierto, creo que llevo 4 y 1/2 cumplo con El Canaston pero no trabajo.....

Esencialmente said...

Graveeeeeee yo llevo 5! y que conste que la nana de uniforme blanco no la conte porque la mia los usa de colorcitos jajajaja creo que estos son los mejores post de este año!!!!

Ani said...

Cooye... Yo te salí directo a buscar en You Tube: The Riga Ding Dong Son para recordar aquellos tiempos. Y sí, me adueño de las canciones, pero lamentablemente bailo sin pena y con las manos arriba!!

rgv333 said...

eso de calificar nunca me ha gustado... a pesar de que lo hago, pero uso un calificativo más general: los uniformados.

ahora, leyendo este post, le podría agregar la distinción categorías. pero más amplias: AAA, AA, A, BBB, BB, B, CCC...

los venezolanos somos así. hasta aquellos que califican de "niches", de ahora en adelante "Uniformados CCC" (fíjese que los coloco muy cerca de tus Clase B), algo de "sifrinos" son y también siguen sus protocolos.

por cierto, te pelaste con el #40. adueñarse de ESAS canciones es hiper NICHE.

Valentina said...

Llevo 1... 2 si realmente considero que una canción de los Fabulosos Cadillacs pueda considerarse Himno Sifrino alguna vez, pero la verdad no lo creo... Y no sé si para bien o para mal, en Madrid me acostumbré a escuchar (y a veces hasta decir) mear... Ni siquiera orinar. No, no... MEAR.

Lo que sí agradezco es odiar más de la mitad de las canciones que mencionaste, lo mío es menos bailable.

Espero el resto del countsown para sacar mi total!

marimarval said...

6 so far... jajaja esto es demasiado! estripada de risa chico

LauStrazza said...

JAjajajajajajajajajajajaa
ok te tengo una correccion de la cargadora.
No se si de has dado cuenta, pero la mayoria de las mamas sifrinas caraqueñas cargan el coche, la pañalera, el regalo... mientras la cargadora sigilosamente carga al retoño. Cosa completamente ilogica, deberia ser como dices tu.
Fijate pa que veas!!!

LauStrazza said...

PS Yo también "te llevo" 6

Vida Gaviria said...

Toto! Pareces cronista de Hola!

Vida Gaviria said...

By the way, sòlo te llevo 1 (44) pero dancingly speaking, segùn mi hermana, soy burda de niche porque subo los brazos y bailo como ex mini pop!

Mariana said...

Canción "Empire State of Mind"; no tengo cría ni cargadora pero sí a Orlando, el señor de mi casa...y soy la que te lleno la maleta de Tylenol Cold and Sinus (daytime-non drowsy)...esto es buenazo tots!

Fabiana Pigna said...

jajjaja que novelesco lo de la mamá sifrina y la cargadora, una frivolidad insuperable!

Fabiana Pigna said...
This comment has been removed by the author.

También te puede interesar:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...