Thursday, May 6, 2010

Se Busca: Abuelita Amnésica

Me tiene preocupadísimo el cuento de la abuelita amnésica. El domingo pasado, se regó la noticia en Twitter que había una señora en algún modulo del municipio Chacao, que no recordaba donde vivía y le pedían a los familiares que la vinieran a buscar. No sé si el caso se resolvió porque aquí todos somos buenísimos para echar a rodar una bola, pero nadie se encarga de decir: “@abuelita_amnésica en casa”. Yo me la imagino demasiado como Tom Hanks en la película La Terminal. Sentadita ahí en una de esas sillas de espera, que se agradecen al principio porque se tiene donde sentarse pero que después provocan un movimiento frenético de rabo ante la imposibilidad de ponerse cómodo.

No creo que sea el caso pero me he puesto a pensar ¿qué pasa si la familia se enteró y se hicieron los locos? La escena más cruel de Million Dollar Baby no es cuando le dan una zurra a la encrinejada Hillary Swank en el ring de boxeo. Es cuando está toda amoratada en la clínica y la familia la viene a “visitar”. Todos vestidos con camisas de Mickey Mouse, lo que da un indicio que llegaron a Orlando, se fueron a bailar con Blanca Nieves y los siete enanos en el Magic Kingdom y después fue que dijeron “ah chico, vamos a visitar a Boys Don’t Cry que me enteré que anda ahí hospitalizada”. ¡Dantesco!

Yo me montaba todas las mañanas en el autobús Número 7 que me llevaba al colegio. Con mi loncherita de Los Pitufos y mi bulto de E.T. Yo no sabía ni donde quedaba mi casa, ni donde quedaba el colegio. Sólo que el autobús Número 7 me transportaba de un lugar a otro. Una tarde, me quedé dormido. Cuando me desperté, solamente quedábamos Sauron (el camisa marrón que nos hacía la vida imposible a los enanos) y yo. Veía por la ventana y no había nada conocido. Jamás se me ocurrió que me había pelado mi bajada. Simplemente me di por perdido y ya. Junto con Sauron que en algún momento me iba a comer vivo.

Fue una hora después, cuando el Señor Montilla estaba devolviendo el autobús Numero 7 al colegio, que me pude zafar de mi asiento para decirle que yo seguía ahí. Se llevó un susto tremendo porque no me había visto (mi esbelto 1.70 de hoy en día llegaba a proporciones pigmeas en aquella época). Todavía me recuerdo llegar a mi casa y ver a mi mamá sentada en una silla de la cocina en la calle de mi casa, con mi papá al lado y mi Josefa de aquel entonces. Fue como un momento “Welcome Home from the War”. Más nunca pude quedarme dormido en ninguna parte. Y menos con el otro cuento fantasmagórico de Caracas sobre una niña llamada Dianita. Ese cuento fue peor que haber visto al arranca corazones en Indiana Jones y el Templo Maldito.

Los papás de Dianita, que entonces tendría unos cinco años, se la llevaron a ella y a su hermana a Nueva York en unas vacacionesComo todo venezolano que se respete, venían cargados con siete docenas de bolsas que las embutieron con hijas y todos dentro de un taxi. En el ínterin, Dianita se quedó rendida. Cuando se bajaron en el hotel, los papás de Dianita sacaron a la hija número uno, las siete docenas de bolsas, le dieron una propina a regañadientes al taxista musulmán y se fueron a su cuarto. Sacando las perchas nuevas, fue que se percataron que nadie se había encargado de bajar a la Dianita. El taxista musulmán, muy comprensivo (aunque yo insisto que ha debido morirse de miedo cuando vio a una versión liliputiense de la bella durmiente), la devolvió al hotel. Para cuando ese cuento llegó a Caracas, Dianita era la Linda Blair criolla y su mamá Faye Dunaway en Mommie Dearest. Montarse en un taxi significó una tragedia en mi generación.

Así que se imaginarán que yo clamo por el sano regreso de la abuelita amnésica a su casa. Porque yo no puedo dejar de pensar lo horrible que tiene que ser que un policía se te quede viendo y no te crea que no te acuerdas donde vives. Es imposible que la abuelita haya decidido mudarse al modulo por voluntad propia por una sola razón. En ninguna de las informaciones sale que llegó con su cuadernito de Sudoko, evidencia fundamental que la abuelita amnésica es una rolo ‘e fugitiva.

Por lo menos no es tan creativa como el Niño Polizón. Ese, que se fue a Maiquetía, burló todas las barreras de seguridad, se montó en un avión cual Kevin McAllister y llegó a Miami. Cuando le preguntaron que hacía ahí, el niño reveló sus intenciones seudo terroristas: simplemente quería ir a Disney. Lo devolvieron, obviamente sin conocer Disney, lo cual es toda una lástima para cualquier sueño infantil que se las tira de viejito en Up. Pero la abuelita amnésica sí quiere volver a su casa. Y por ella rezamos. Nadie, ni los perdidos, ni los dormidos, ni los dejados ni los polizones, tienen derecho a no saber dónde queda su casa.-

2 comments:

Astrina said...

mi version de Dianita:
En un viaje familiar (de esos de 17 personas) a Mérida, por descuido dejan a Astrina en algun lado de Los Chorros de Milla, y cuando la abuela totaliza la nietera con un menos 1, salen todos corriendo a buscar a la mas chiquita (por miedo a ser desheredados y vetados de por vida en los almuerzos domingueros) y resulta que la niñita venía hecha llantos bajando pegadita de una familia "catira" (gringos, holandeses, tu escoge) pero bajando, con la firme convicción de que su familia estaría esperandola en el carro. Luego de eso, la niña entendió la parte, y no se despegó de la abuela en el resto del viaje.
Ojala haya aparecido la familia de la abuelita

Doña Treme said...

Yo sospecho que nací con algún tipo de trauma referenta al abandono, porque siempre estaba pegada cual chipo a la pierna de mi mamá.
Hoy día mi mamá mide 1,50, yo como 1,67... e igual me adoso, aunque ahora el parásito es muy grande, jajaja

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