Friday, May 14, 2010

Todo lo que tenía que saber de política lo aprendí en una piñata

Esta foto apareció en una gaveta que abrí esta mañana buscando un yesquero. Me encantan las fotos que no encontraron su puesto en un marco o en algún álbum con páginas de quita y pon. Son las fotos descarriadas, las que no tienen razón de ser. Shamú en el tanque, el cumpleañero con los ojos cerrados, la mamá gorda. Decenas de impresiones, mezcladas en momentos, épocas y personajes disimiles, enviadas al cementerio de las fotos inútiles: una caja raída anaranjada de Emeli Rodín la cual en algún momento vio mejores días.

El hecho es que ese soy yo en la foto. En un disfraz de Peter Pan que con una máscara adicional podía convertirse –ilógicamente- en la Rana René. Que viva la economía procesal del color verde. No entiendo porque la pichirre de mi mamá me compró una chaqueta de goma espuma en la Brujita Fiestera. Eso ni siquiera es fieltro, eso es una vulgar goma espuma. Pero la verdad veo los demás disfraces y me pongo a pensar que si ahí no hay un tirolés, o una tailandesa o un soldado de Buckingham Palace, es porque esta piñata ha debido ocurrir después de la debacle del Bolívar a 4,30 y no habían disfraces traídos desde afuera. Esta es una fiestica “peeling balls”.

A mi lado se encuentra el engendro de Marulanda. Una mamá que disfrazó a su hijo de guerrillero colombiano tiene que ser enviada al psiquiatra. Amiga señora, Usted seguramente nació en los años cincuenta y vivió los últimos años de dictadura. ¡No hay derecho! De John Wayne échele plomo, es que mire hasta de Osama lo ha podido disfrazar (no se encrespen que a seis o siete criollitos le montaron su tela musulmana) pero ¿de las FARC? Por lo menos no lo disfrazó de Libertador. Siempre he pensado que no hay nada más pavoso que un niñito de Libertador con bigotes producidos por altas dosis de naranjita.

Detrás del guerrillero, hay una niña disfrazada de Quedada. ¡Mija, voltea la piñata es pa’ acá! ¿Qué carrizos hace viendo para otro lado? A su lado, una pobre que la disfrazaron de señora con la tremenda raya que su mamá decidió pegarse como accesorio. Eso no es enfermera. Uña roja es señora madre en mi pueblo. Y ya ven, la prueba fotográfica de la razón por la cual todos tenemos problemas.

Una mamá que decide que su hijo no puede recoger peroles debajo de un Pájaro Loco mutilado por un palo, y se mete ahí con el enjambre de piojos y gripe a recogerle más juguetes, burla todas las barreras de seguridad infantiles. La de los demás que no tocan su territorio porque esas uñas rojas dan miedo (demasiado pellizco y halada de pelo con uña roja para que uno no esté condicionado pavlovicamente) y la del hijo propio que no aprende a caerse a cayapas por una fruna. ¡Ser niño es saber agarrarte a coñazo limpio por tu derecho a la fruna que se te pega en los dientes y que te da caries!

Al lado de la niña adulta con la madre de Violet en Willy Wonka, está He-Man, aunque tambien creemos que es el único caso blanco de Mr. T. A su lado, hay un catire enfermo. No vamos ni siquiera a descifrar de que está disfrazado. La cara de ese niño deletrea gripe severa que le va a pegar a toda la muchedumbre inocente que anda buscando la perinola morada o algo ilógico como un potecito de burbujas. Y en pose de serpiente cazadora, con mano extendida para atrapar más juguetes que el resto de la comarca, la cargadora. Uno las ve hoy, ya habiendo entendido que efectivamente esas no eran nuestras mamás, y lo que le da es sabiduría. Esas sí se gozaron una piñata, vale. Más que uno. Uno pensaría que estaban peas.

Toda esta descripción preliminar para llegar al momento más importante de la foto. La escena del crimen, la violencia capturada o quizás el sentido mismo del por qué se capturó este episodio. Pregunto, a manera de clase ¿Quién es la condenada lazo de totuma disfrazada de invasora que me quita mis juguetes? ¿Qué parte del Artículo 276, ordinal tercero del Código Orgánico de la Recogida Piñatera no entendió la ladrona? ¿Por qué carajo me estoy dejando caribear por una niña?

Esta foto es la prueba fehaciente de que el socialismo puro no sirve. Cada quien aplicando la ley del más fuerte, buscando más bienes para si mismo, aumentando sus riquezas. Y si bien lo que me está haciendo la sabandija no tiene nombre (aún cuando irónicamente, el apellido de esa niña en verdad es Pocaterra), debo admitir que soy yo el pendejo. Cada quien en su territorio demarcado, piernas abiertas en v para dejar entrar más mercancía (¿qué iba a saber uno que así es el sexo también?) y yo sin defender mis fronteras ni mis bienes por los que trabajé (le di a esa piñata como nadie). Eso lo acepto. Pero prefiero eso mil veces, inclusive admitir tiempo después que me dejé caribear por un lazo, a que me hagan lo más horrible que pasó en la historia de las piñatas.

Todo iba normal. A la piñata de Fresita le estaban dando más palo que a chupeta suelta. El prepuberto (siempre era gordito), estaba frenado por una mamá histérica que lo regañaba con un “ya va Reinaldo Joséee que le tienes que dar chance a los chiquitos”. Todos le dábamos los siete palos reglamentarios que nos permitía la Ni Fu – Ni Fa. Cada momento más cerca de romperse. Cada quien en posición de guerra, afincando rodilla en tierra, sacándose la bolsa sudada de la mano con la que aplaudía en preparación para la recolección de los frutos. Una barricada humana puesta por las payasitas porque le tocaba el turno a Reinaldo Joséee. Se peló un batazo. Pobre imbécil. Ahora sí. Violó a Fresita, le mutiló la cabeza, voló el brazo. A la ollaaaaaaaaaaaaa.

La mamá de mierda, porque eso es lo que es, no se le había ocurrido idea más puramente socialista que hacer bolsitas de juguetes. Cada una con un número surtido de serpentinas, caramelos, soldaditos de plástico y frunas, frunas, frunas, envueltas. En plástico. Cayendo por los aires como mula que entrega mercancía de cocaína. No hubo pelea. No hubo cayapa. No hubo forcejeo ni diálogo. Cada quien se fue con una bolsita para sus casas. Sin derecho a trueque, venta, rechazo o robo. Con lo que se presume fue la misma cantidad que Reinaldo José quien tanto fastidió. La peor piñata en la historia de las piñatas. Tristeza… Mis frunas…

Hoy en día, nadie de mi generación saluda a esa señora.-

13 comments:

todoloquemepasa said...

jajajajajaja no puedo contigo y con este post! demasiado gracioso =) Yo la verda dno tengo recuerdo de nada como esto de mi infancia y no sé si porque casi no fui a piñatas o si sólo porque la memoria no me da o tal vez porque nunca tuve una experiencia traumática como ésta; el hecho es que me dio mucha risa leer esto!

marialerondon said...

demasiado bueno!!! aun me estoy riendo!!!! tengo tantas fotos de ese estilo jajaja mi cumple siempre cae en carnavales asi que tengo fotos de todos los anios de mi infacia como para escribir muchas cronicas como esta jajajaj. Mi disfraz favorito: de Diablito como el Underwood!

The Queen Zubi said...

Yo seré una madre socialista 100%, no hay nada más salvaje, más dantesco, más abominable que pegarle a tu muñeco favorito con un palo y después empujar y pegar por unos juguetes a toda tu familia y amigos; después las mamás se quejan: "El hijo de sutanita le cayó a palos a la mujer, y me dicen que también le pegaba a sus hijos horrible".... o: "Menganita es el colmo, no le importa nadie en su familia, se cago en el alma de todos por unos realitos"
Pues todos esto lo aprendimos en las piñatas!

Or@ said...

Yo fui a una piñata de un gordito al que le dío un ataque de depresión cuando llegó la hora de "dale, dale, dale a la piñata". Yo no sé si ese gordito era marico y decidió salir del closet ese día, desde precoz y no seguir los pasos de Ricky Martín, o que de verdad el pobre le tenía cariño a esa Tortuga Ninja. Los padres avergonzados explicaban que esa piñata la tenían en el cuarto del gordito desde hace una semana (quizás no tenía amiguitos en el colegio y este colorido objeto inanimado representó ese papel por esa semana)y que al pobre le resultaba inconcebible que terminaran con su compañero de habitación en un arranque de ira de los otros niños en su propia fiesta. Nadie le dio palo, la abrieron con delicadeza para extraer las mariqueritas y se acabo la hora de la piñata. Nadie entendía nada. Me imagino que fue la última piñata del niño deprimido.

Beatriz E Moreno said...

Totooooo jajaj es que pareciera que la infancia Venezuelana era un copy-paste para todo el mundo! SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE la historia era así! En todas las pinatas. Lo que pasa es que cada quien tenia un rol diferente en su propia historia. Yo nunca olvidare el ride de gusanito que ponían en las fiestas de los Boulton. Me marco la vida. Tampoco olvidare las media pantis que picaban demasiadooooooo y mi mama me obligaba a ponermelas. :S


Hasta que eras grande y te tocaba ir a las pinatas de tus primitos en donde comenzaba todo lo de comer perros calientes jodiendo el parque con tus primos y saltar en el colchón mientras tu tia te gritaba conoooo ya estan muy grandes para la gracia!

Eso es lo que me da rabia que mis kids no tengan por haber tenido que inmigrar :(

Gracias por hacerme recordar esos momentos tan cómicos!

La Nena said...

De verdad que ese pedazo de disfraz daba para todo!!como me pude reir

Y con lo de lazo de totuma!LOL!!

Buenisimo tu post! como siempre

Mariale divagando said...

Ohhh las piñatas... Uno de los pocos pedacitos de infancia que tuve fueron las piñatas.

Yo era la propia delincuente. Me ubicaba detrás de alguien grande que estuviera sentado en la posición "piernas abiertas en v" y le iba sacando los juguetes.

Y para que no me hicieran lo mismo a mí, no adoptaba la posición "piernas abiertas en v" para guardar mi mercancía, sino que me la iba guardando en la franela. Y ya cuando había pasado el bululú conseguía una bolsa en la cual depositar el botín y dejarlo al cuidado de mi madre durante el resto de la fiesta.

Ana Cristina Sosa Morasso said...

jajajaja me acordé de mi mi piñata de 5 años (mega piñata de La Sirenita) y recuerdo el círculo de carajitos alrededor de las Ni Fu Ni Fa y una huevonsita coleona quería toda la atención, y yo le dije, dame eso que yo soy la cumpleañera. Y me dijo !ja, quisieras tú, mentirosa!, pueden creerlo? gracias a Dios vino la payasa y me agarró e hizo un show conmigo. Y mi cara "tu qui tí" no era normal. jajajajaja
Como siempre, muy ´comico el post.

Doña Treme said...

Debo decirte mi Tots, que yo me inclino un poco con el comentario de la Queen. Por que le caemos a coñ... a nuestro muñeco favorito?
Yo recuero mi piñata de los 7, fue de fresita. La moche piñata era más grande que yo... y al final, lloré porque nos trajeramos a casa el bagazo sobreviviente de una fresita huge sentada sobre un freson.
Mi mamá es tan noble qque la guardó hasta que cumplí 8.

Mi prima creo que aprendió muy bien, porque si amas a la sirenita, pone piñata de Ursula, si te gusta Bella pone a Gastón y cosas así... para que tenga más lógica lo de los golpes...

Esencialmente said...

jajajajaja que bueno este post!!!!! te cuento una peor, mi primo fue a una en donde la piñata solo tenia papelillos!!!! luego les repartieron una bolsita! me dicen que la cara de los chamos fue de terror!

Esencialmente said...

yo amaba las piñatas pero siempre salia arrecha porque mi mama es medio socialista y me obligaba a darle de mis juguetes a los chamos que no habian agarrado casi arghhhh como lo odiaba!

Ana said...

A mi si me molestaban las mamas que se metian a agarrarle a los hijos, q aparte tambien estaban metido agarrando caramelos tambien. Ellas con sus manotas y piernotas se llevaban todo!

Mandy said...

"enjambre de piojos y gripe" es lo que siempre se me venia a la mente cada vez que llegaba la hora de tumbar la piñata en las fiestas... susto!

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