Monday, June 21, 2010

Bob & Carol & Ted & Alice (& la mamá de Ted) van a la playa

Planificar un viaje a la playa no es complicado. Siempre que se procure invitar a la amiga comandante de tropas/Sumito wannabe y al amigo inseguro que va a cargar la cava para que nadie hable mal de él a sus espaldas, la organización del viaje está asegurada. Unas botellitas, un juego de naipes y mucho hielo y todos los viajes terminan en Facebook como el mejor fin de semana de la vida. Eso no tiene ciencia. Lo que sí me parece entretenido son los pormenores de la gente que no va al viaje. Por ejemplo las mamás. ¿No se han dado cuenta que todo viaje que uno planifica con sus amigos, a las madres les parece inoperante? Uno puede estar casado, soltero, viudo o irse en plan de cuatro machos e igual el viaje es una profecía del desastre para cualquier madre.

La primera pregunta que te hacen cuando uno anuncia un viaje al apartamento familiar en la playa es siempre la más ilógica de todas. “¿Cómo van a dormir?” Uno siempre está tentado de responder que se va a dormir en pijama o, si se es más arriesgado, meterle el dedo en la llaga a lo que ella está pensando y responderle que en verdad el fin de semana es una orgía swinger y todo el mundo va a dormir en la misma cama. Su cama para más colmo. Pongamos que es un viaje de dos parejas, un soltero (siempre soy yo) y dos recién terminadas (alias mi entretenimiento). A la mamá jamás le preocupa donde van a dormir las dos despechadas. Esas se asumen que van a arrejuntarse bajo una cobija lésbica de Arcoíris Rainbow Brite (estemos claros, no hay nada más ilógico que una sabana playera) a llorar sus penas (yeah right!) Lo que le quita el sueño a la mamá es donde van a dormir los que son novios.

“En serio, ¿cómo van a dormir?” – pregunta el disfraz de la Reina Victoria. Nada bueno puede traer la respuesta: “Pues juntos.” Mejor que no. Eso da pie para una serie de conjeturas moralistas sobre la conducta de esas niñas (siempre se ha asumido que los varones somos unos inmorales) terminando con la pregunta incontestable “¿Y qué dirán los papás de esa niña?” Siempre he estado tentado a responder “bueno la niña tiene 29 años. Si los papás no se han enterado que la virginidad la perdió a los diecisiete (y conmigo), entonces no viven en Caracas”. Pero como toda madre jura que su hijo es virgen (aún después de haber procreado un bebé) es mejor dejar esa discusión quieta y dejar que sufra sus impotencias sociales con una niña que anda más preocupada por la depilación que por el lecho donde va a echar el ronquido.

Luego entra el papá. Al papá no le importa donde duerma nadie con tal que no le toquen la caña de su bar. Es muy importante que no le toquen el bar. Obviamente, el mismo será profanado como una expropiación sin justiprecio pero de eso nadie se preocupa sino hasta el domingo cuando hay que llamar a Diageo para que envíe un camión de reserva. Como la madre no se ve apoyada en el tema de las camas, vuelve a interrumpir mencionando algo ilógico sobre los paños. A toda madre le da una aneurisma cerebral el tema que no haya suficiente paño para tanta gente. No importa que sean cuatro personas, aparentemente las doscientas telas de algodón que están perfectamente preservadas en estuches de plástico para combatir el moho no van a aguantar la demanda.

Igual sucede con la sacada de “La Lista”. La Lista es una serie de mandados que tenían que hacerse, aprovechando que “para que me hagas el favor.” Cosas como “llamar a Henry para lo de la nevera”, “revisar si pusieron el aire”, “meter los paños en la secadora para que los lave Juana” y –mi favorito- “ver si hay comida de pájaro”. La Lista es todo lo que ellos van a hacer el fin de semana que viene cuando vayan al apartamento pero que no puede esperar ni un segundo más porque los pájaros se van a quedar sin patilla. Esa Lista va in crescendo cada vez que la mamá llama por el celular “a ver cómo va todo”. Siempre se miente a la pregunta “¿Revisaste la filtración?” A lo que no se miente es a la llamada para saber donde es que se prende el calentador. Las mamás aman que las llamen a preguntarle donde se prende el calentador.

El viaje termina y nadie tiró. Se llega a la casa insolado y de mal humor porque hay trabajo al día siguiente pero hay que sentarse para el interrogatorio. “¿Cómo les fue?” se responde con “Ay equis”. “¿Usaron la vajilla del pescadito pintado?” se responde con “No”. Ninguna mamá entiende cómo fue que a nadie se le ocurrió usar la vajilla del pescadito pintado. Para aplacar la discusión se enumeran una lista de veintisiete cosas que no sirven y que hay que arreglar. Las mamás ponen cara de tragedia pero secretamente gozan porque eso significa cuando vayan, van a tener la oportunidad de pelear con el electricista encholado.

Ya justo cuando uno está llevando la maletica de Snoopy al lavandero para vaciar el traje de baño mojado, confluyen dos preguntas necesarias. La primera es la del papá preguntando si se tomaron su caña. La de la mamá es preguntando así como quien no quiere la cosa: “¿y cómo durmieron?” A la primera se le responde: “Sí, tranquilo que te la repusimos.” A la segunda se le responde con cierta picardía para ponerla más nerviosa: “en nueve meses lo sabremos”.-

4 comments:

Jennifer said...

excelente Toto. Y tan cierto. Todas las madres son iguales..la mia hacia las mismas preguntas!!!

Or@ said...

"Pongamos que es un viaje de dos parejas, un soltero (siempre soy yo) y dos recién terminadas (alias mi entretenimiento)." Yo suelo ser, al igual que tú, la soltera y en ocasiones la recién terminada. Ignoraba que pudiesen usarme como entretenimiento.

El Lord said...

Un par de comentarios:

"dos parejas, un soltero (siempre soy yo) y dos recién terminadas.." aja, y el otro es el amigo inseguro que lleva la cava? alli me perdí.

"El viaje termina y nadie tiró." Que triste esa vaina, debe haber sido falta de caña!!

victor_marin said...

jajaj esto esta muy bueno, mi pana.

como van a dormir? es la clasica pregunta de las mamas. muy, muy acertado y muy buena cronica.

un abrazo

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