Wednesday, June 2, 2010

Cuéntame cuando fuiste ladrón

Mi primer contacto con la autoridad fue en una tienda de anteojos en Margarita. Había una crema de protector solar azul eléctrica. Me pareció lo máximo que un color tan fuerte pudiese ser usado en la nariz. Como todo niño que le gusta tocar las cosas, naturalmente embadurné mi dedo índice derecho en la crema galáctica. Un dedo azul, lo más cercano que llegué en mi infancia a sentir que los dedos pueden ser tan fantásticos como la uña de lámpara halógena de E.T.

Esa sensación duró siete nanosegundos cuando un señor mayor vestido de chaqueta negra me agarró la mano e inspeccionó mi dedo; como chef que revisa pescados en La Guaira. Una acción inocente fichada para siempre. Mi fabuloso dedo azul convertido en una marca escarlata para el resto de la tienda: ladrón. No sé si obligaron a mi papá a comprar el potecito negro con la melcocha azul eléctrica. Lo único que sé es que más nunca me gustaron los anteojos.

Una vez vi a una figura de un pescador tallado en madera puesto sobre una repisa del taller de madera de mi campamento. Me enamoré al instante de ella. No podía creer que el hombre había cortado un árbol y podido labrar una figura a su imagen y semejanza. Todos los días la cargaba y la volteaba para apreciarla. Le pasaba los dedos por los suspensorios tallados en la espalda y buscaba una ramita para introducirla por un fino hueco que tenía entre las manos para que sirviese de caña de pescar. Un día decidí que tenía que ser mía. Barriendo al final de una actividad, lancé la figura al piso y la barrí hasta un hueco en el piso por donde caía el aserrín.

Con el delito a medias, salí del taller de madera y corrí hacia mi cabaña a buscar una bolsa donde meter el objeto hurtado. Temeroso que me fuesen a descubrir, la metí en el fondo de la bolsa y la guardé en lo más hondo de mi baúl. No la volví a sacar hasta que mis papás me fueron a buscar donde en el carro saqué la figura del pescador y proclamé que yo la había hecho. Le puse mi nombre en tinta abajo en el pie para cementar el delito. Jamás la devolví. Cada vez que abro la gaveta donde está guardada la figura, con un pie que se quebró Dios sabe como, me tengo que recordar que soy un ladrón y que no he tenido el coraje de enviarla a donde pertenece.

Nunca supe que se le decía chuleta pero la mía consistió en anotar todas las capitales de Venezuela en un papel antes de un examen. En colegios gringos te enseñan donde queda Wyoming pero no se molestan en mostrarte a Cojedes. Anotando ‘San Carlos’ en su respectivo renglón, observé como la profesora se levantó a cerrar la puerta y me miró. Se dio cuenta al instante y me pidió que le mostrase el papel. Todavía recuerdo como no sentía las manos. Me envió a mi casa con una nota para que la firmase mi mamá. Todavía recuerdo como practiqué esa firma.

Tres semanas después mi mamá estaba citada en el colegio. Mi papá me fue a buscar a casa de alguien a sentarme en un carro y decirme lo que le pasaba a los que se plagiaban las cosas. Saqué “F” en Estudios Sociales Venezolanos ese lapso. Y todavía tuve las santas pelotas de decir que el afiche con alusiones venezolanas que presenté el lapso siguiente lo hice yo. Así como hacerle creer a una profesora que yo había entregado el informe de un libro y ver como me ponía “B”, Ir a la biblioteca a presentar un examen diferido sobre definiciones y sacar el diccionario para anotar las respuestas y sentarme al lado de una profesora que estaba leyendo los cuentos de los demás y hacerle creer que ella había perdido el mío.

Me plagié buena parte de mi discurso de graduación. En el colegio me escogieron por votación para leer el discurso porque ya en esa época yo escribía cosas chéveres. No puede haber nada peor que un escrito por encargo y el advenimiento de la Internet. Escribí ‘discursos de graduaciones’ y allí encontré uno perfecto. Hecho específicamente para la ocasión, con muchas cosas que yo quería decirle a mi clase. Sin ningún tapujo, me senté a transcribirlo, añadiéndole ciertos toques míos.

Toques que por un lado personalizarían el discurso hacia lo que yo quería transmitir. Por otro, porque la ingenuidad hace sentir que en algún momento ese discurso también podría aparecer en la Internet y mi verdad sería descubierta. Recibí mis aplausos pero no puedo pensar que cada vez que oigo la frase “how does it feel to be on your own with no direction home like a complete unkown just like a rolling stone?” me recuerda que haber citado a Dylan sin haber citado al autor del discurso, es haber ofendido al rey del folk.

Nimiedades de niños si se quiere pero no puedo pasar toda una vida cargando secretos infantiles que jamás le confesé al cura. Creo que lo único que puedo hacer para enmendarlo es poner a ese muñeco de madera en una caja y enviarlo con una nota de apología a su respectivo dueño. No hace mucho por salvar mis errores pero tarde o temprano se tiene que aprender, que hay cosas que no son mías.-

6 comments:

marialerondon said...

Siempre fui una galla de buenas notas. Una vez comence con eso de las chuletas y no me daba cuenta pero terminaba estudiando todo mientras las hacia. Al final nunca las sacaba en el examen, supongo que me daba seguridad saber que alli estaban por si algo se me olvidaba. La cosa se hizo adictiva, y sentia que me iban a clavar en cualquier examen si no llevaba mi chuleta.
Hasta que vi como atraparon a alguien.. y TODA su historia academica fue editada con la palabra "copion".
Hasta alli duro mi adiccion, me daba pavor que pensaran que no era una galla sino una copioneta.

Anonymous said...

tengo toda la vida planenado como me robaré un cuadro famoso, algundia escribiré en mi blog la hazaña!

MOBY said...

El discurso de graduación! Lo recuerdo! No las palabras exactas, pero si la admiración!

Tiene su mérito reconocerlo como 13 años después!!

Ira Vergani said...

jajajaja nosotros cuando eramos chamos, ibamos a la panaderia en cambote, pediamos un monton de cosas (desde ricomalt hasta chupetas), nos comiamos muchas, otras las escondiamos en los bolsillos y solo pagabamos unas pocas! Estoy segura que el portu sabía pero se hacía el loco!

cialis said...

Hello, I do not agree with the previous commentator - not so simple

cialis said...

Hi, well be sensible, well-all described

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