Thursday, June 24, 2010

La Última de las Vírgenes (I)

Ayer en el Día del Abogado me he estado recordando de mis colegas. Esa gente es de autógrafo. La verdad es que no he escrito lo suficiente sobre ellos en el tea party y me parece medio cursi hacerlo hoy. Sería el equivalente a portar el anillo con el rubí. Cuando ni remotamente pensaba en abrirme un blog, solía escribirles cuentos, reseñas y poemas sobre nuestras andanzas. Claro indicio que mi camino no iba por la abogacía pero de eso no me di cuenta sino hasta un tiempo después.

El que pongo en el tea party, es una crónica de un viaje a Barquisimeto, Venezuela que hicimos con motivo del matrimonio de mi colega La Caroreña con su marido que es igual Dios pero guaro. Un cuento de esos largo pero que seguramente los identificará con la gente que estudió con Ustedes. Eso es lo más chévere de la universidad. La camaradería después de graduarse con toda la parafernalia de trabajos, casamientos, divorcios, chamos y mudanzas bien vale la pena vivirla juntos.

La Última de las Vírgenes

Llegando a Caracas después del viaje maratónico que nos hemos pegado desde Guarolandia para asistir al connubio de la ultima colega La Caroreña, o como la apoda It’s Good to Be: “la última de las Vírgenes”. Pero el viaje no comienza desde que Totón se puso la corbata sino desde su casa en Caracas, el viernes a las 5:30 de la tarde.

Fue ahí donde Totón llamó por enésima vez a It’s Good to Be a decirle: “¿tú estas consciente que si salimos a las 6 vamos a llegar a las 12 de la noche a Barquisimeto?” “Si, si tú tranquilo que llegamos perfect”, me asegura It’s Good to Be (a veces hay que cuestionarse quien es Pinky y quien es Brain en esta amistad). Total es que procedo a buscar a Marianita, recién llegada de Washington (o como ella le dice: “oooooaaaashington”) a la Quinta Esmeralda (no la casa de fiestas). Ya montada en el carro con un carry-on de esos que te dicen que el viaje va a ser largo, Marianita empieza con sus cuentos oooashingtonianos, y emocionada porque va a una fiesta colegal. Es solamente en la curva, ya amarradita y cómoda, como si fuera yo el que iba a manejar para Barqui, que la olvidadiza amiga exalta: “Mierda, ¡el vestido!” por lo que tuvimos que devolvernos a su casa a buscar la pinta exitosa de la Señora. ¡Absolut Marianita!

Ya en mi casa llega el pseudo alcalde It’s Good to Be en su nueva sup-super Merú (en donde no se fuma, pero él fuma más que yo) a buscarnos. Nos montamos como si fuéramos al Museo de los Niños, pues la sup-super es lo máximo (la Feroza la mandaron al Museo del Transporte). Pero, en la curva descubrimos que cada 11 tiene su 13 por lo que Chávez parlanchina cual alta voces en cadenas y en la sup-super no hay más discos que Los Tres Tristes Tigres (grupo que solamente conoce Fredo) por lo que hay que devolverse nuevamente a la mansión Aguerrevere a recopilar los antaños CD’s de cuando Tots tenía pelo, fumaba Marlboro y manejaba un Corolla.

“¡Barquisimeto here we come!” gritan Los Tres Tristes Gallos en unísono. Por supuesto esa emoción dura hasta el semáforo de Altamira. Ahí empieza la cola para llegar a Barquisimeto. “Mamá, hola” es la primera conversación que nuestro driver mantiene con la progenitora mayor dándonos un preview de lo que será el viaje: manejar con los codos, viendo para abajo y haciendo zigzag. Marianita is not convinced, Totón busca en la parte de atrás un cinturón de seguridad.

Tres horas después pasamos el peaje de Tazón. “¡Barquisimeto here we come!” No. Ahora son la palitas de San Francisco, una llovizna y muchos discos de “¿Qué estaba haciendo Usted cuando sonaban estas canciones”, lo que nos acompañaba. Suena un gallo dentro del carro “kikirikiri”: mierda, desarrollo endógeno! No, es el celular de Marianita que tiene más ringtones que celular de motorizado infiel. A la mamá se la llevaron para la clínica porque le subió la tensión a 18. Momentos de tensión en el carro. Nadie sabe lo que quiere decir 18. It’s Good to Be rompe el silencio: “Mari, no te preocupes! A una amiga mía en el trabajo, le subió la tensión el otro día. Resulta que le dio un caso de epilepsia. Imagínate, Mari espuma por la boca y todo! Así que no te preocupes”. Marianita, con cara de quinta finalista no habla por el resto del viaje.

“Me muero de hambre”. Tranquilos dice Toto, “vamos a pasar el Bohío y ahí comemos.” Pasamos el clásico vasito de Dixie, Carabobo, las banderitas, cruzamos por Morón, nos perdemos, damos tres vueltas. A Marianita la disfrazamos con un sweater para que se baje en una gasolinera, pues la niña se hace pipí y está vestida con un vestidito blanco novia que desata miradas por doquier. Los tres ciegos frenamos en seco cada vez que podemos, pues no vemos las señales: “¿Ahí dice Mojón o Morón?”. Llegamos a Acarigua y todavía seguimos buscando el Bohío….

La historia continúa aquí

1 comment:

Or@ said...

Genial, genial.

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