Wednesday, February 17, 2010

La Última de las Vírgenes (III)

(Continuado de aquí)

Por fin entramos al restaurante Tiuna “restaurante de día, bingo/piano bar de noche”. Llamadas de “ya estamos llegando” (evidentemente hay colegas más ubicados que el trío Marianita, It’s Good to Be, Tonto) confundiéndose con abrazos y gritos de los ya presentes. Detrás unos anteojos de sol, se esconde la Lula pues según ella “tiene laringitis”. Furla feliz estrenando pollina, mientras It’s Good to Be regaña a Chuchi por andar en shorts: “¡Aquí no hay mar, niche!” Haciendo su entrada La Catira trágica porque era su primera salida sin su hijo, pero eso prontamente fue olvidado – luego de que ella y Lula compartiesen las respectivas fotos de sus retoños – cuando sacó su bella caja de Belmont y decretó: “Hoy pienso fumar”. A Fredo lo tomó por sorpresa semejante afirmación por lo que procedió a echarle sal a la cerveza de La Catira; pero ella igual se echó sus humitos.

JJ puso la nota: “no importa cual cerveza compadre, pero que sea la más fría” a lo que empezaron las rondas: 1,2,3,4. Lula y Furla empezaron muy comedidas pidiendo media jarrita de sangría pero eso terminó después de jarra y media. Empezaron los brindis y como no estaba la Caroreña y este grupo en particular ya había brindado previamente a Barquisimeto por los bebés, el engagement y cualquier otro evento onomástico, Furla se agarró el brindis egocéntricamente para ella: “Brinden por mi!” Tres de la tarde y entre birra y birra, Marianita y Toto se veían las caras de rascados. Not good. Después de unas cuantas jarras y mucha carne (Chuchi no era barriguita contenta), pagamos la cuenta, no sin antes insultar a la Marianita quien gana 45 dólares la hora en su trabajo, insistiendo en que debería pagar ella. Lula hizo un intento de robarse el yesquero de Toto como en los viejos tiempos (tragedia! en Barquisimeto no venden yesqueros) pero no pudo!

Por alguna extraña razón It’s Good to Be exclamó a viva voz: “Miren, es en serio que todos los de Carora tienen la cabeza grande y roja como la Caroreña”. Silencio sepulcral. Con todas las cabezas del restaurante volteadas hacia nosotros en plan de matarnos con las miradas, hicimos el exit más rápido del mundo. “¿Qué dije?” preguntaba It’s Good to Be. Cual turistas marabinos en Sea World, Furla y Toto se tomaron una foto con una estatua de un cacique en el restaurante pero Chuchi los sacó a patadas. Según él había una maldición cacical en Barquisimeto que le caía a quien se tomase esa foto pero yo creo que fue por niches que nos regañó. Ahí ya cansados, nos despedimos para una mini siesta en nuestras posadas respectivas antes de vestirnos para el casorío.

A las 6:30 empezó la toilette. Marianita vestida de fucsia con motivos Chinoises (según ella) y It’s Good to Be con los lingotes de oro heredados de la abuela de Bolívar en las muñecas, esperaban a Totón quien decidió echarse una “caminata” por Barquisimeto a ver si veía el crepúsculo larense (me perdí en una cuadra pero encontré mi camino). Ya vestidos y regios esperábamos a los “Figuera” como los llama Marianita (Luisa y J Figueroa) en el lobby. Baja JJ y la Lula muy elegante de pantalón y camisa roja y, según It’s Good to Be “con su collar de condecoraciones papales”.

Procedimos a salir de la posada (todo un issue pues el guardia is drunk y abrir la puerta es un proceso). Aunque nos habían dado mil direcciones y nos habían pasado por la Iglesia anteriormente, la sup-super Merú se vuelve a perder por lo que J tomó la delantera (gracias a Dios porque It’s Good to Be nuevamente había retornado a las andanzas de manejar con los codos hablando por celular). Llegamos al recinto y nos mezclamos con la fauna barquisimetana agarrando palco para poder ver a los novios mejor (casi nos sentamos con los papás, saben que los colegas protagonistas a la mil).

It’s Good to Be por supuesto hizo su agosto saludando. Cual convención política saludó a los concejales, a los candidatos y por poco le pide la bendición al Monseñor. Furla con sus papás, feliz pues su vestido de polka dots según ella era como joropero que flotaba y lo podía agarrar y menear la falda. La Catira, regia como en todos los matrimonios y su secretivo push-up (ella en todos los matris llega con un escote que yo insisto que no es de ella).

Comenzó la misa un tiempo después. Con misales como abanicos pues los ventiladores no hacían justicia, la gente sacó sus cámaras cual reality show (Toto incluido) para ver la procesión. La Catira y Toto hicieron un mini red carpet en la procesión por lo que paso a narrar los comentarios anotados: El Chinoise todo proud entrando con su mamá, ubicándose en nuestro top cinco de las mujeres más bonitas del matrimonio. Luego el cortejo con las amigas de la novia cada una más feliz que la otra. La Catira opina que los vestidos del cortejo pasaron la prueba 100%. Mónica la madrina de rosado cual Hollywood Carora Style – elegancia con orquídeas. Y luego, entró la Caroreña!

Esa niña estaba FELIZ, así en mayúsculas. Todas lo están, pero es que esa cabeza roja estaba encendida como Júpiter. Ella se sentía elegantísima y lo estaba. Igualita a ella. Ella buscando a su Chinoise y con su papá al brazo, no paraban de sonreír. La Catira fue la única que se dio cuenta de una orquídea en el ramo, luego exclamando: “Toto que bello todo, es que todo es tan espiritual…coño de la madre dejé los cigarros! Que mierda”. La Catira no cambia ni en misa.

La misa genial. Empezando porque el coro eran todos los primos y tíos de la Caroreña como por cinco costados. Cual familia Von Trapp de la Novicia Rebelde cantaron cuanta canción hay en el misal. La misa estelar, muy personalizada (claro se casaba la princesa de Carora). El único episodio “101 Celebrity Oops” que hay que contar es que un conato de incendio casi chamusca a los novios pues el fotógrafo se llevó un velón completo que por poco no convierte la misa en un ritual pagano. El Chinoise se tuvo que parar a detener el incendio pero no pasó de ahí.

Terminada la misa, procedimos a saludar a los novios como si se hubieran casado con nosotros. Montando a Furla en la sup-super Merú, dejamos que Fredo y Catira se llevaran a los papás Papaianni y arrancamos para la Hacienda Agua Viva. Resueltos a NO perdernos esta vez, corrimos a perseguir un carro que nos llevase a la fiesta. En plena autopista y viendo que los carros se dispersaban, Toto decidió que íbamos a perseguir a un carro con placas MBG. “Persigan a EM BI YI que ese seguro es caroreño y va para el matrimonio”.

Treinta minutos después seguimos detrás de EM BI YI quien anda más perdido que Marianita en la Sociedad Heráldica de Nombres Ancestrales. Que cagada. Paseando mil horas por todos los predios barquisimetanos (creo que divisamos el Bohío en algún momento) no nos despegábamos de EM BI YI. No fue sino hasta que EM BI YI dio la vuelta que Furla exclamó: “Ufa pero si adentro de MBG está mi papá!”. Era Fredo el que manejaba el carro perseguido. Nosotros y el pato Lucas.

Fredo frenó a un taxista para que nos guiara hasta la Hacienda. Por fin llegamos e hicimos nuestra cola que parecía la cola de la gasolina en el paro. Justo cuando llegamos nos indicaron que nos estacionáramos afuera pues no había puesto adentro pero nosotros que no somos locales, pero si alertas al hampa común nos metimos adentro. La conversación se tornó en el carro sobre cuales son los periodos históricos de las civilizaciones. “Well there is yore, and yesteryear, and colonial times” (en su momento dio risa, ahorita no tanto jejeje). Llegamos por fin al estacionamiento. En el último puesto de un estacionamiento de tierra nos metimos. Los zapaticos negros pulidos expertamente por Josefa, quedaron marrones.

La hacienda estelar. De verdad una de las mejores ideas hacerlo en el jardín pues se sentía completamente distinto. Todo estaba decorado de Chinoise, con paraguas Chinoises guindando de los árboles, la pista descubierta y un toldo enorme al cual jamás entramos. Los colegas volvieron mierda el matrimonio en cinco minutos pues procedieron a pegar dos mesas juntas en el jardín y ahí fue nuestro spot por el resto de la noche. Un gentío de matrimonio, con la gente corriendo a tomarse su champañita. Todos juntos echando cuentos con un colega que estudió con nosotros que habrá estudiado en la “C” pq yo nunca lo vi.

Catira buscaba conversa pq en todos lados “o hablan de vestidos de novia o de gente del salón que no conozco”. Entre las asistentes, xxxxx, de verde, hands down una de las más bonitas. Worst dressed una que no conocemos que parecía una chica Almodóvar vestida de Ursula de la Pequeña Sirenita. Eso si, entre las barquisimetanas había conatos de violencia porque me contó una fuente que habían vestidos repetidos.

Aquí empieza la parte en donde dejó de ser el matrimonio de Marianita para pasar a ser la “Noche en que Furla went all out”. Empezó con Toto muy caballerosamente – algo completamente inusual de su parte como todos sabemos – ofreciendo para ir a buscar unas copitas de champaña. Por supuesto las colegas, maravilladas ante mi gentileza pero más vivas que la Cookie Monster en el hombrillo de la Cota Mil, me entregan como cuarenta copas para ir a buscar. Entrego las copas, empiezo a hablar con Chuchi y me voy a buscar un whisky. Furla con media copa llena me dice “buscame otra!” Yo, “Furla acabo de entregarte una”. Un fondazo blanco digno de haberle tomado la foto y el siguiente comentario después “not anymore”, me indica que la Furla va a ser mi concañera esta noche. “¡A que te puedo cargar!” me dice. Yo bueno eso no es muy difícil, por lo que cual Rocky Balboa procedió a montarse a Totón en los brazos para el deleite de las demás mesas que decían: “estos dos no son de aquí”.

Como a las once aparecieron los novios luego de la maratónica sesión de fotos. En medio de tres mil burbujas que nadie sabía de donde salían empezaron con ese baile ladilla que todo el mundo los ve y dicen “awwwww”. Y luego reggateon a mil. Empezó el bonche. Aquí si me disculpan pues la noche se vuelve medio nublosa. Yo culpo al whisky pero el whisky me culpa a mi. Catira seguía conversando con el Maracucho intensísima porque él decía que los colegas no se habían integrado al grupo. “Si era gris, ustedes decían negro”, decía el Maracucho pero ahí Furla yo procedimos a tomarnos otro drink y dejar a Catira en sus andanzas.

Marianita se tomó una foto cual Charlies Angels con It’s Good to Be mordiéndole la corbata, dejándole una bella babita que pasó desapercibida (los lingotes de la bisabuela, sanos y salvos). Yo pregunté si me podía quitar la corbata porque un matrimonio a 34 grados no es muy cómodo que se diga. It’s Good to Be me dijo que yo era un pueblerino pero no le paré y me deshabillé (en las fotos salgo con una flor en la solapa pero esa si no me acuerdo de donde la saqué). Bailando con la Caroreña le dije “pero aquí la gente no se entarima?”. “Ya va Toto, ya va que esto no es como la eyaculación precoz!”.

Salió el cotillón. Aquí ya Catira en todo su elemento procedió a sabotear conmigo a los zanqueros sin dejarlos pasar y agarrar cuanta “pluma de poeta”, sombrero, mascara y lente había. Todo de chino, los sombreros de los novios eran lo máximo. Lo mejor es que ha salido un dragón de tela con todo el cortejo debajo halándolo por toda la pista. Ahí se animó todo el mundo disfrazándose. Fredo con una corbata cual Pedro Picapiedra, Manuela de flor y Lula y J que parecían una propaganda de Mastercard con sus sombreros chinos rojos y amarillos demasiado cómicos. Como buenos imitadores de barquisimetanos It’s Good to Be de sombrero chino y Furla de conejita Playboy se pasaban las botellas. La música de nuestra época Sastrería Camargo genial. El Chinoise “saltando, saltando sin parar”, Lula girando los dedos con su “Dancing Queen”, Catira con su “Follow the Leader” y Marianita pendiente de un merengazo en cualquier momento. “Toto estoy rascadisima” me decía la Caroreña. “¿Qué quieres Mari, te busco un vaso de agua?” “Noooooooooo chico, un whiskyyyy”.

A las cuatro de la mañana completamente ebrios, Totón y Marianita decidieron que el hambre no puede más con ellos. Inventaron una cola ficticia donde supuestamente iban a servir comida y cual procesión del papa se unieron como trescientos comensales más. Nos aseguraron que las arepas venían enseguida. Toto se estaba haciendo pipí y le dice a Marianita que lo espere. Buscó el baño más recóndito del mundo y agarrandose a la pared “did his business”. Abrió la puerta y una señora le entregó un tobo lleno de agua: “baje la poceta”. Con aquella pea vertió el agua dentro de la poceta y el baño quedó limpiecito como un sol. (Esto lo tenía que compartir con alguien, en su momento hice todo esto cagado de la risa con un publico afuera más muertos de la risa que yo, a sabiendas que a ellos también les tocaría el tobito).

Toto volvió a la cola de las arepas con Marianita y procedió a servirse su plato. “Coleóoon, boten al coleóoon!” Yo hago caso omiso, Marianita un poco nerviosa me dice que el que me grita es It’s Good to Be. Ya sentado It’s Good to Be procedió a blasfemarme más, insultándome por tres cosas de las cuales nada más me recuerdo de la arepa pero los dos cagados de la risa porque It’s Good to Be me decía “te tengo incrustadísimo y no se por qué” jajajaj que pea.

Hora de ida. Furla está amargada. Está pea y no sabe por qué. Yo le instruyo el procedimiento a seguir pero no podemos hacer más nada que morirnos de la risa mientras ella todavía no sabe porque está así. Procedimos a irnos todos, tambaleados. Toto buscó a un It’s Good to Be entarimado bailando con la Caroreña y su mamá. Nos despedimos de la caroreña y nos fuimos. La salida como si de un concierto se tratase. Nadie sabía donde está nadie. It’s Good to Be se fue a buscar la sup-super Merú y a Toto no se le ocurre mejor cosa que ponerse a jugar encima de una montañita de tierra que hay por ahí mientras espera. Pisa la montaña y se hunde y luego se monta otra vez. A la mañana siguiente – pues no se acuerda de absolutamente más nada ni como llegó a su cama – es cuando It’s Good to Be y Toto observaron la cantidad de fango que arrastró Toto como regalito de recuerdo adentro de la camioneta. Bob el Constructor.

Mañana siguiente. Dolor de cabeza retumba las paredes. “El matrimonio pasó y no me acuerdo de nada”, son los comentarios generales de “una noche de copas, una noche loca”. Las pepas de Atamel rodaban por el cuarto. Marianita dictó pauta y con maleta en mano, decretó que era hora de irnos. Llamadas al cuarto de Lula y J nos indicaron que ellos ya se fueron. Lula dejó una nota en letra críptica que solamente ella entendió indicándonos de su partida. Maletas montadas en el carro, pasamos buscando a una prima de It’s Good to Be (hasta en el interior!) y a una amiga, muy pana, pero de la cual no le preguntamos ni el nombre.

Fredo y Catira se unieron a nosotros y Fredo es el designated driver para que el combo de la Merú no se pierda como en la llegada. Pasamos toda Nirgua descifrando el misterio del manejo de Fredo: cada vez que quiere que le den paso pone una luz de cruce hacia la izquierda. El misterio continuó por el resto del viaje. Los CD’s de Toto sonaban pero todos estaban muy cansados para oír. Curvas y curvas. La prima de It’s Good to Be vomitó elegantemente (sin ruidos y sin sonido) algo que Marianita, Toto y It’s Good to Be desearían haber hecho pero estaban muy cansados para hacer. Nos bajamos en una tasca. Una niña le tocó corneta a Marianita para que se quitara amenizándola con chocarla: “Estuuuupida, Gorda” grita Marianita. Ahí nos despertamos. El momento fue demasiado genial.

Encontramos el Bohío!!!! Totón sabía que en alguna parte de Venezuela estaba. Nos comimos (desayunamos en mi caso) unas hamburguesitas mientras veíamos como celebraban el cumpleaños de Maikolin. “Pero yo insisto aunque me critiquen, a mi me sigue gustando el nombre Paloma” dice Marianita. Nuevamente al carro, Catira y Fredo llamaron bastante a averiguar si seguíamos en buen camino o –como iban las apuestas – estábamos en Mérida. Toto y It’s Good to Be levantaron a Marianita de su siesta para que nos entretuviese como ella sola puede. “¿Cuál es el trabajo de Christian tu marido?” Es como si le hubiésemos preguntado: “What is Chandler Bing’s job”. Respondió Marianita: “Bueno es una como con una computadora con bastantes números. Yo la verdad es que no sé lo que hace”.

Para aliviar la situación, Totón procedió a insultar a It’s Good to Be a decirle que la imprudencia de mencionar la epilepsia en el caso de la subida de la tensión de la mamá de Marianita era igual que mencionar la depilación a la niña en la playa. Más curvas y por fin llegamos al peaje. Estamos en Caracas oficialmente. “Me dejan a mi primero” exclama Toto. It’s Good to Be is not amused. Nos despedimos de Marianita con la promesa de subir pronto a Galipán. Cola en la autopista. Mierda quiero llegar a mi casa. Una pobre señora que el carro le quedó en sentido contrario. Este viaje fue toda una autopista. Me despedí de It’s Good to Be, con una promesa de no volver a vernos en un mes.

Los Palos Grandes, divino tesoro! Por fin llego! Mi poceta! No tengo Internet! Mis papás que como se conecta el DVD! Mi hermana desde Texas, que si hoy es cuando se hundió el Titanic. El Centro de Estudiantes que mañana a las 7 tengo que dar una charla en la universidad. Hay tres ensayos que hay que entregar mañana. Mis cigarros se quedaron en el puto Bohío. Estrés. Tres pelos menos caen de mi calva.

No me queda más nada que escaparme de nuevo. De escribir y recordar sobre “aquellos momentos que no volverán”. De cómo se casó la última de las vírgenes y estuve ahí con la gente que quiero – en vivo y en pensamiento - para gozármelo.

1 comment:

Nina Sosa Marante said...

No paro de reir. Te sentí cerca, que éxito!
Ahora cada vez que esté en Barici recordaré esto, jaja.
Vuelve pronto y nos rumbeamos WB!
Besos.

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