Thursday, July 8, 2010

De excusas, de celos y ñazas

Esta semana y la pasada han estado flojísimas para el tea party. No por falta de personas que se quieran venir a sentar en las sillas disimiles como Esencialmente que se queja a diario, sino porque me da fastidio escribir. Una pita para Toto: [buuuuuuuu]. Gracias. Ando traduciendo bastante lo cual le da a mi cuenta corriente suficiente material como para echárselas en frente de mi cuenta de ahorro que no tiene pero ni un incentivo. Con el cuento del libro del blog, también ha sido medio desastroso porque eso implica imprimir todo el blog y seleccionar los cuentos. 855 páginas en tamaño carta. Una tesis de pura paja. Más nada.

Tengo una semana queriendo escribir algo sobre los celos. No porque me haya pasado algo significante con respecto a la materia (mentira, descubrí un blog venezolano que es el mismo tea party pero con más tazas y no sé quien se copió de quien) sino porque encontré la foto perfecta para escribir sobre el tema. Las ideas para escribir por aquí me vienen o por fotos o en forma de algún comentario irreverente como el que oí ayer: “todo el rollo en la vida de la malcriada esa tiene que ver con que sus “zapaticos me aprietan y las medias me dan calor”.


Descubrí esta foto en una revista en la parte de atrás del carro de mi abuelo. Anjelica Huston en los años setenta modelando un collar de Alexander Calder (el mismo de las nubes del Aula Magna en la UCV) hecho en los años cuarenta. Un objeto inusable pero aquí viene la genialidad del asunto y la razón por la que me gustó la foto. El collar se llama “El Esposo Celoso”. ¿No es genial? Una joya de castidad traducida en un “míra a mi mujer pero no la toques”. Sería perfecta para escribir una entrada sobre los celos y me da rabia que por primera vez en mucho tiempo, no tengo un buen cuento ajeno de celos. Mis amigos se dejaron de agarrar a golpes hace tiempo. Lo que hacen las lipas de casados.

Atrás quedaron los días de los golpes de verdad. Una de las mejores “ñazas” que posiblemente vio mi generación (aparte de las que se dieron en Semana Santa)  fue en los quince años de mi amiga Alesia. Fue en casa de sus abuelos que viven a lo alto de una colina enorme. Piensen la casita del abuelo en Heidi. Para llegar a la casa hay que dárselas que uno sube a Sabas Nieves todos los días. Y eso que teníamos quince años. Pues ahí estábamos, en los noventa. Cada quien con su mota de pelo, la corbata prestada del papá, las mujeres con un bombacho de peluquería cuyas fotos hoy esconden y las canciones de “The Real McCoy” sonando en repeat. Cada quien en su grupito echándoselas de vaya a ver de qué hablan los sifrinos a los quince años cuando de repente comenzaron a estallar vasos por todas partes.

Uno de esos “me miró feo” provocó que como siete hombres – incluyendo el tío de la fiesta – se comenzaran a agarrar a golpes y rodar por esa colina para abajo. Era como en cámara lenta, gente rodando y rodando como si Dios nos regalase un “shake it shake it” de temblor para darle más emoción al asunto. Y en la mitad de la colina, se paraban y se seguían dando golpes haciendo que volviesen a comenzar a rodar. Al final terminaron todos chocados frente a un matorral, con el tío tupamaro que se había abalanzado con un esguince en el pie y los demás aplaudiendo como si hubiese sido coreografeado. Tiempos gafos pero chéveres. De pistolas, sacadas de ojos y batazos, ya eso es otra generación.-

2 comments:

Ora said...

Yo quiero esas "855 páginas en tamaño carta".

Ira Vergani said...

taaaaaannnnnnnn tienes abandonado el blog que no te has dado cuenta que cambie mi "identity"! y puesssss si me quejooooo porque soy malcriada jajaja

Tots tan es asi que estaba buscando la revista por todos lados pa leer algo tuyo!!!

Celos malditos celos...the green eye monster

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