Wednesday, July 28, 2010

Renuencia Automotriz

Toto, circa. 1863.

Me asusta un poco la idea pero debe ser cierta si la gente me lo dice con sorpresa. Sospecho que estoy demasiado encuevado. Yo tenía mis teorías sobre cruzar Mystic River y las sigo aplicando. Pero de acá a que vengan siete personas a decirme en dos noches distintas “¿Tú? ¿Del otro lado del río? ¿Manejando?” no puede significar otra cosa que estoy excesivamente encuevado. Toto has gone ghetto, en el sentido literal de la palabra.

Tiene que ser un rollo psicológico. No hay otra explicación. Todos mis sueños son con carros (salvo el bizarro donde me caso con Phoebe Buffay pero en verdad es Elle McPherson). Dependiendo de cómo va mi vida en algún momento dado, los carros en mis sueños chocan, manejan rápido, van por autopistas dignas de Lucy in the Sky with Diamonds, echan humos, tienen una bola de disco en el retrovisor, son Herbie o no frenan. A veces manejo yo, a veces otra persona pero esta parte ya es abrir toda una conceptualización freudiana como para echarse un camarón en el sofá del psiquiatra.

Por eso montarme en un carro a manejar es una tragedia. No porque me da miedo sino porque, en verdad, me he pasado las últimas doce horas manejando por las autopistas de mi subconsciente. Hay gente que de noche es travesti. Bueno, yo de noche soy un conductor de gandolas con licencia de quinto grado. Por supuesto de día no valgo ni medio en la calle. Johnnie Walker por mi aldea. ¿Que vaya a la tuya? Ni lo sueñes.

Para más colmo soy el peor copiloto del mundo. Soy ese tipo de gente que pone el pie en freno en la alfombra cuando siento que la gente no detiene el carro a tiempo, que se agarra de la manilla (le rompí una a un pana el otro día) y que va como los viejitos diciendo “cuidado”. No he llegado a hacer el soccer mom save todavía pero estoy a punto. Soy la única persona en el mundo que en verdad cree que los objetos en el espejo están más cerca de lo que parecen.

Mi papá dice que yo he sido así desde chamo. Una vez me llevó a una pista de go-karts por primera vez. Él se sentó a comerse un helado mientras yo me daba en la pista con los demás chipilines. De repente comenzó a notar que había visto a los mismos mocosos dar ochenta vueltas y yo no había aparecido. A la media hora dice que me vio, cual Driving Miss Daisy, como si estuviese llevando a un perro enfermo al veterinario. Mi héroe fue Meteoro pero claramente no entendí aquello de la emoción en la velocidad.

La Auto Escuela Rossini no ayudó. Sí a mi me metieron en la Auto Escuela Rossini. Levanten la mano, colegas. Yeah! Ok, eso no es lo peor. Yo fui a Rossini dos veces. DOS. El sincrónico no me dio en la cabeza la primera vez. No me acuerdo si raspé el curso pero estoy segurísimo que sí. Yo lo culpo en mi profesor de manejo. A los quince años uno no se da cuenta como se bate el cobre en el mundo adulto pero ese tipo me vio cara de pánfilo y aprovechaba mis horas al volante para que yo lo llevara  a hacer sus diligencias.

Con él fui a una ferretería, a comprar un billetico de lotería, tomarnos una birra (15 años, uno hace lo que sea) e inclusive a estacionarme frente a su casa a esperarlo porque él y que tenía diarrea. Todo una perla de teacher. Cuando me fui para atrás en la subida del Centro Comercial Chacaito, dándole un toque técnico al carro con una columna se acabaron mis clases. Yo “te soy” un Batman automático desde ese entonces. No había elección. El Instituto Nacional de Tránsito me lo agradece.

La verdad no soy chocón. Vamos que tampoco es que soy una vieja que dijo que iba a pa' misa y piró cual Fittipaldi al bingo. Que mi carro esté herido de guerra de un lado no es mi culpa. El estacionamiento de mi casa es estrecho y mi señora madre golpea mi carro con la puerta de su camioneta cada vez que se baja. Hoy, toda la puerta del copiloto está llena de agujeros tipo bala. Del lado izquierdo mi carro es un sedan nuevecito de paquete. Del derecho, es Chechenia. Por el faro no respondo. Simplemente un día le dio fastidio prender a toda mecha y no hay mecánico en este país que sepa dar la respuesta de semejante flojera eléctrica.

Me imagino que mi aversión al mundo automovilístico se cura con shock therapy. Me tengo que quitar mi renuencia a cruzar el Mystic River, efectivamente cruzándolo al volante y resignarme al hecho que, como todos, me tengo que calar mi tráfico si quiero seguir siendo amigo de gente.  Por ello, se aceptan invitaciones a mis panas que viven en el infinito y más allá. Aproximadamente en tres días luego de su invitación, llegaré a sus hogares. Si no llego, llamen a mi mamá a decirle que estoy perdido.-

3 comments:

Carito said...

No sabes cuánto me he reído con esto! El nivel de identificación no es normal... Aunque no tengo pasiones oníricas con los carros, creo que o acepto que hay que manejar para mantener vida social, o me quedaré sin amigos porque las probabilidades de poder pagar un chofer son nulas!

Doña Mar said...

Que risa Toto! Comparto el gusto por no manejar. Trajiste a mi memoria las clases de manejo en una auto escuela que no recuerdo cual era.demasiados años... Eran en combo con mi hermana, e igualmente ibamos a comer golfeados y otras diligencia de la instructora, como que todos son asi..jaja. Saludos

Ora said...

Para mi tampoco es agradable eso de manejar. Yo no bajo a la ciudad (sí, soy de un pueblo) manejando porque la panamericana y la autopista me ponen nerviosa. Una de las pocas veces que he bajado, me toco ir detrás de un camión de basura y como le tengo terror a cambiarme de canal, pues me pare a esperar que el camión cargara la basura en plena panamericana, así de grave es el asunto. El miedo a cambiarme de canal es consecuencia del choque que le dí al carro la primera vez que lo agarre: cambiándome de canal. Es una lástima, pero así soy yo. Me pierdo de gran parte de "vida social" por negarme a agarrar el carro y recorrerme caracas (y contar las veces que me voy a perder como una aventura y no como lo que es: un grave trastorno de desubicación). Estás invitado a comer sushi a uno de los pocos sitios que valen la pena por aquí, así practicas, te queda bien retirado.

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