Sunday, July 4, 2010

Rumores para aplacar la lejanía del tiempo

Hoy cumplo dos años exactos que no veo a mi amiga La Gorda en un formato tridimensional. Son esas fechas de aniversario que no se celebran pero por ser el “fours- os- yulay” (cuatro de julio), uno termina acordándose de nimiedades como esa. La verdad, es que el tiempo ha pasado demasiado rápido. Por ejemplo, desde que me explotó el calentador de gas del baño en la cara y casi quedo desfigurado como El Paciente Inglés, me ha dado culillo ir por la vida prendiendo hornillas de gas. Mi reacción ante el sonidito “tac-tac-tac” de la hornilla antes de agarrar candela es de You Tube. Y me tengo que recordar que soy un bolsa. Ese accidente fue hace DOS años y todavía ando peleado con el fuego. Lo que me parece increíble es que haya pasado todo este tiempo sin que me haya dado cuenta. ¿A dónde se fueron los años? ¿Qué le ha pasado al mes de abril?

La Gorda está igual que yo. Preguntándose que ha sido de su vida en estos últimos dos años en los que la vida le cambió cuando se fue a exilar a Miami con su marido y tener un bebé. Hablando con ella el otro día, me contó que se había sorprendido en un matrimonio de unos venezolanos al que fue allá porque la gente la miraba con cara de leyenda urbana. Una de esas personas que vivió la vida loca y se retiró muy temprano en la fiesta. Vanilla Ice, pues. La gente la paraba y le preguntaba “¿tú?” como si hubiesen visto el comeback de Los Fantasmas del Caribe. La Gorda concede en que se ha hecho ermitaña con esto de la maternidad “Pero, Toto era increíble juraban que estaba muerta.” Ahí le tuve que confesar: “Gorda, lo que pasa es que yo circulé un rumor por ahí. Gorda, perdón pero es que yo te maté.”

Verán, cuando mi mejor amiga la Gorda se fue a vivir con su esposo, mi parte del divorcio fue la de fungir como su relacionista público tácito en la sucursal de sus oficinas caraqueñas. No había ninguna salida mía en la que alguien no me preguntase sobre la Gorda. “¿Y cómo le va con el esposo?” “¿Y qué has sabido de ella?” “¿Has hablado con la Gorda?” “¿Eso es verdad que la Gorda vio a Posh Spice en Aventura Mall?” Preguntas típicas pues. El problema fue que al tiempo de haberse ido, comencé a aburrirme de responder siempre con un “bien” y me dio por inventar cosillas para mi deleite. Cosas como “bueno tú sabes que la están deportando” o “está en Disney porque la contrataron para ser la Reina de Corazones” o mi favorita “imagínate que se ha metido a pianista de una iglesia evangélica y ahora no cree en nadie que no diga Aleluya con sabor”. Esta última me regaló cinco variaciones de “’Sa Golda ‘ta friiiiita”. Amo a la gente ilusa.

La gente me decía exagerado pero ya con el tiempo se fueron creyendo alguno que otro cuento. Como la Gorda no responde mensajes en Messenger sino tres meses después, cualquier pista de sospecha sería borrada. Con el tiempo y para mi fortuna, la Gorda dejó de poner fotos de su chamo en Facebook – actividad que denota si una madre está viva en estos tiempos 2.0. Cosa que me sirvió para ir contestando preguntas sobre su vida de una manera más depresiva. “Tú sabes que se están mudando para Iowa porque la Gorda – te acuerdas que te había dicho que era pianista en la iglesia – bueno la contrataron allá en un pueblito para liderar un grupo de autoayuda espiritual.” Nadie me creía por supuesto. La Gorda de Amish es Patrick Swayze de mujer llamándose Noxema. Pero como la Gorda estaba exilada en su casa, sin ver a nadie porque si agarrar la Francisco Fajardo le parecía un fastidio cuando vivía en Caracas, cruzar la calle en Miami le parecería lejísimo, yo podía hacer lo que quisiera con su biografía ficticia.

Por eso su sorpresa cuando por fin -luego de dos años de vivir a punta de mono y cholas rosadas- llegó a una fiesta formal donde la gente la miraba como si su foto saliese en la portada de The National Enquirer al lado de Elvis entre la audiencia de “Bailando con las Estrellas” y el alien que tuvo el bebé de Marilyn. Exclamaciones como “¡Siiiiglos!” “¡Estás perdida!” le llovían en cada paso de su ida al bar. Y ella jamás entendió porque la gente le preguntaba con cabeza ligeramente doblada hacia la derecha que como le iba con sus lecciones de piano. Ella jamás comprendió porque, cuando pusieron el set de la música tecno noventosa, la gente le gritaba - “¡Marica, tu canción!”- cuando pusieron “Sing Hallelujah, sing it! Sing Ha-llelujah!” de Dr. Alban.

“Toto me sentí tan pasada de moda. No entiendo ¿qué me pasó?”- me pregunta, riéndose de que esparcí una que otra “Legends of the Fall” sobre su vida pero insultada que no esparcí el rumor que estaba flaca y que iba para America’s Next Top Model. No esperé para decirle que yo espero con ansias su reinvención. Uno que no sea sobre lecciones de pianos ficticios ni gente en togas alabando al Señor en su barca con aplausos. Porque la vida nos va escondiendo entre el anonimato de la normalidad sin que nos demos cuenta. Y yo un día me despierto temiendo prender hornillas sin saber explicar por qué no inventé que la Gorda trabajaba como soldadora en una fábrica y bailaba What a Feeling en sus horas de descanso.-

1 comment:

todoloquemepasa said...

lo único que he aprendido de este post es que definitavemente la gorda es una santa! yo te hubiera matado por hacerme algo así!

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