Wednesday, July 14, 2010

Toto va al dentista (en el último día de clases)

Hoy me di cuenta de lo mucho que me gusta ser adulto. Bueno, obviamente me di cuenta de eso hace once años pero, digamos que hoy lo confirmé. Hace tres meses tuve la “buena” idea de cuadrar una cita con el dentista para la tarde. Lo que jamás imaginé fue que la estaba cuadrando para el último día de clases escolares en Venezuela. ¿Quién habría pensado que todo acto de fin de curso termina con una visita al dentista? Llegué al edificio donde queda el consultorio y cuando se abrieron las puertas del ascensor me di cuenta que no es lo mismo visitar un odontólogo en la mañana que en la tarde.

Allí, atiborradas frente a la puerta había una decena de madres en monos Juicy Couture, acompañadas por lo que se puede describir como el mágico mundo de la Barbie. Humanos en miniatura disfrazados de cuanta profesión deportiva puede existir: tenistas, futbolistas, bailarinas, karatecas y un gordito con botas de montar a caballo. Amiguito jinete: yo monté caballo igual que tú y me las eché por todas partes con esas botas. Créeme: no se ve bien más que en la cancha. Sólo digamos que si Dorothy se hubiese encontrado con esto en el reino de los Munchkins, le hubiese pedido un reembolso a su agente de viajes.

Me acerqué hacia la recepcionista para anunciar que había llegado, tapando con mi ombligo un aviso que reza “Mami espera afuera” el cual siempre me ha entretenido. Así serán las madres de fastidiosas que obligaron a que alguien se tomara la molestia de imprimir tal cartelón. Me avisaron que tenía que esperar por lo que traté de buscar, sin éxito, algún rincón no habitado. Me postré al lado de un pre-adolescente que había venido sin supervisión adulta. Lo odié desde un principio. Nadie menor de trece años puede tener los zapatos de gamuza que yo siempre he querido. Menos si de un bolsillo se saca no solamente un celular común sino un Blackberry que le dice “loser” al mío. Si así es la vida, a mí claramente me tocaron los papás equivocados.

Anunciaron mi turno, dándome chance de pasar a saludar a mi dentista de cuando yo era chiquito. Hay dos cosas tristemente inolvidables en la vida post-infantil: el día que te enteras que San Nicolás no existe y el día que tu dentista te dice que ya estás muy grande para verte con ella. Todavía insisto que yo quepo en la silla pero en realidad, llega un momento en que abrir la boca encima de un móvil de jirafas, con cuatro enanos llorando en las otras sillas no es respetable. Menos cuando el que grita más duro sigo siendo yo.

Terminada la cita con la dentista que ve a la gente grande, incidentalmente una mamá con la que terminé hablando entre gárgaras de campamentos, colegios, matrículas y fútbol, salí a pagar. Más niños se habían unido a la sala de espera, todos con un juego electrónico indescifrable entre sus manos. Así estaré de viejo que yo me quedé en la era del Game Boy. Sólo podía pensar, ¿realmente fuimos todos así? ¿Unas personas de 1.40 con frenillos ilógicos? ¿Gente de lazos pegados a la cabeza y zapatos de tenis con medias azules?

“Disculpa, Juan pero la tarjeta no pasa.” La administradora me interrumpió mi letargo de odia niños. “¿Cómo?” – le pregunté. Tres intentos más devolvieron el papelito con las temidas palabras adultas “transacción fallida”. No teniendo otra tarjeta porque se me venció e imposibilitado de sacar real del banco porque cambié la clave y de bruto la bloqueé al ingresar mi clave vieja, sólo me quedaba una opción plausible. Saqué mi celular y busqué en la libreta de direcciones. Allí estaba. Bajo la letra “M”. Send. Tono.

- “Alóoooooo”.
- “¡Mamáàáááá! ¿Me puedes venir a buscar el dentista? No tengo como pagar.”

Hoy me di cuenta de lo mucho que me gusta ser adulto. No he aprendido nada desde que me gradué de ser niño.-

8 comments:

Alexandra Benedetti Silberman said...

Me reí desde que vi la foto hasta la frase: "No he aprendido nada desde que me gradué de niño"!!!

Ira Vergani said...

jajajajajaja que vacilon de posttttt!!!

Valentina said...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, Ahora fue que vine a pillar la foto! Y la amoooo!

todoloquemepasa said...

Me gustó mucho tu post y lo divertida de tu experiencia excepto la parte en la que sacas tu lado más materialista con el tema d elos zapatos de gamuza y del móvil de última generación.

La verdad que a mí me pasó algo similar hace unos meses cuando por alguna extraña razón (así le decimos por aquí a la crisis) tenía 0€ en mi cuenta de banco y fui a pagar despue´s de haber puesto 25€ de gasolina para que la dependienta me dijese "su tarjeta está DENEGADA"

Al menos lo de "transacción fallida" es más sutil que directamente "DENEGADA"; todavía retumban las palabritas en mi cabeza.

Me tocó hacer lo mismo que hiciste tú, sólo que en mi libreta de contactos del mócil aparecía bajo la "P"; sin lugar a duda una de las vergüenzas más grandes que he pasado en mi vida!!

Monica said...

jajajajaajajaja! ir al consultorio de mi mami siempre es una aventura! por lo que veo eres de los pacientes VIP, que aunque ya son grande pueden seguir yendo ;)

Monica said...
This comment has been removed by the author.
La Pastorcita said...

Jajajajajaja!!!! La foto es lo mejor!!! Que risa este cuento!!! A mi nunca me pasa la tarjeta pero siempre termino abusando del pobre Its Good to Be para que me saque de aprietos financieros!!!!
Te quiero mi Tots!

ardi! said...

Algo medio parecido me pasó ayer... Iba a hacer una compra y la tarjeta no pasaba. Justo en ese momento me llamó mi mamá y le digo "mami, dame dos minutos que ando pagando una vaina y la tarjeta no pasa." Mi mamá agarra, se preocupa, quiere salvarme y me propone una idea que a mí nunca se me había ocurrido, "bueno hija, pasa otra." Por lo visto, mi mamá cree que yo tengo 10 años.

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