Sunday, July 11, 2010

Un Mundial de Orgullo Dorado


Hay maneras de gozarse el Mundial. Para los comentarios especializados sobre las técnicas y las jugadas nada mejor que referirlos a los que sí saben de fútbol como lo son mis amigos que escriben en Más Allá del Dream Team la Quinta del Buitre y en los Runrun.es. Lo mío, aunque ciertamente me gocé cada una de las jugadas que me pegué desde que Sudáfrica arrancó en la primera jugada contra México se tradujo en un cúmulo de emociones que me llevaron a concluir que un deporte como el fútbol puede pasar de lo sublime a lo banal.

Vaya, que estar pendientes de las predicciones del Pulpo Paul para saber los resultados por anticipado, no dista mucho de nuestros ancestros los mayas. El “Pulpus Vuh” con un record perfecto de predicciones acertadas, pasará a la historia de las anécdotas como lo más entretenido que le brindó Alemania al Mundial en Sudáfrica. Conjuntamente con la goleada que le echaron a Corea del Norte en la primera ronda y las imágenes de Angela Merkel levantándose de su silla, aplaudiendo más emocionada que zapatero con vuvuzela.

Las imágenes quedan. Sobre todo para una España primeriza que le brindó a este Mundial un aire de frescura poco visto en ediciones anteriores. Con ella se prueba que ser favorito no sirve de nada si no se trabaja como equipo. Mientras toda la expectativa recaía en el Niño Torres, fueron en verdad las jugadas en conjunto lo que hicieron este Mundial. El comercial de Nike que le ordenó a los consumidores a “escribir el futuro” dejó a luminarias como Kaká, Messi, Rooney y Cristiano Ronaldo saliendo de Sudáfrica como un antes, no como un después.

Las casas de apuestas vieron el sueño de Inglaterra y Brasil agotarse tempranamente, dando paso a que equipos como Estados Unidos, Japón y Ghana pudiesen dar finales de photo finish que tanto buscamos en un mundo acostumbrado a ver ganar a los súper favoritos. El final “Seabiscuit” de un Landon Donovan, la salida triunfal de un Japón reverencial y un penalti fallido a favor a Ghana por servida de volley de manos del uruguayo David Suárez, demuestran que aquella frase cursi de “partidos de infarto” sí se vivió en un Mundial que estaba destinado a ser una muestra de repeticiones como ya se temía con la fotocopia XEROX del tema del Waka Waka.

Lo de España fue una crecida en potencia. Mientras equipos como Holanda y Alemania iban en franca crecida – a pesar de la ilógica pérdida de éste último contra Serbia– lo cierto es que el brillo inicial español, con los goles del torero Villa y las paradas del Dios Casillas, consiguieron su máximo resplandor en las últimas fases de la final.

Una final sentimentalmente reservada para ser jugada contra el equipo de Uruguay el cual le regaló nuevamente al mundo una figura como Diego Forlán, quién se erigió como todo un estandarte de jugador ofensivo. Si bien, el último sueño de Sudamérica se apagó con un cobro fallido, el jugador que sale de Sudáfrica con la mención del “Balón de Oro” demuestra que de haberse dado el sueño de jugar la final contra España, en vez de la potencia holandesa, el triunfo hubiese sido doble. Por no decir un partido con más oro y menos tarjetas amarillas como sucedió en realidad.

Fue un Mundial de orgullo. Desde lamentar la ausencia de Nelson Mandela en la inauguración, clamar que “Wave your Flag” fue tremenda canción para auspiciar los nacionalismos y ver que Bill Clinton y Mick Jagger pueden sentarse juntos en una contienda y saber que el 50% de la población femenina tuvo algo con uno de ellos, o con los dos. Imágenes estratégicas fuera de cancha de la bella sudafricana Charlize Therón desde las gradas, los escuetos príncipes de Asturias y a Guillermo de Holanda, cada vez más parecido a Donald Trump, se mezclaron con pases a figuras más desconocidas pero no menos bellas como la más fanática de todo el equipo de Paraguay y a la bellísima presentadora Sara Carbonero, responsable de sellar la Final con la estampada de beso que le dio su emocionado novio Casillas.

Sin embargo, para el aplauso de la Historia anecdótica quedará a Pujol recibiendo a la Reina Sofía en paño en los vestidores. Imposible escoger un mejor momento, sobre todo ante un Mundial que se vio amenazado por el potencial desnudo de Diego Armando Maradona, de haber conquistado la selección argentina la presea de oro.

La levantada de la Copa en manos de Iker Casillas para España dice mucho de lo que fue el Mundial de Sudáfrica. Un país por el que nadie hubiese apostado diez años atrás probó, ante lluvias torrenciales y asientos vacíos, brindar un mes de fútbol sin mayores contratiempos y aún así regalarle al mundo un país campeón por primera vez. En los anales quedarán las malacrianzas de las negativas de reconocer la derrota de Domenech, forzado a salir del país cabizbajo con la selección de Francia a pocos minutos de haber perdido, arbitrajes cuestionables y presidentes inmiscuidos como el de Nigeria que impuso una sanción – recién levantada – a su equipo por jugadas poco exitosas.

De eso no se trata el fútbol. Si es que de alguna manera el fútbol se trata de algo. Un deporte que une a 32 selecciones del Mundo y que le ofrece a los países restantes la oportunidad de ondear una bandera ajena, sufrir con cada penalti, aplaudir cada gol, reclamar cada mala jugada y aplaudir momentos sencillos en el que un jugador ayuda a su contrincante a levantarse del suelo, no es una mera casualidad.

El Mundial de Fútbol es una escapatoria, una ventilación en un mundo hiperinflado de inseguridades económicas, políticas y religiosas cuyos aires de ninguna manera compusieron la masa del balón Jabulani que rodó por 64 partidos en las gramas de Sudáfrica. Fue sencillamente un sueño que comenzó hace mucho tiempo y que hoy le prueba al mundo que todo es posible. África es posible. España es posible. Diego Forlán y Andrés Iniesta son posibles. Todo es posible, cuando se reza por un arbitraje ecuánime que pite un partido en el que dos selecciones y el mundo, anoten un gol.-

2 comments:

Luis! said...

Aquí en Madrid vi poca gente que creyera al principio que el equipo fuera a hacer algo. Llámalo decepción preventiva. Ni hablar de ese primer partido en el que le echaron la culpa a Carbosillas.
Yo creo que hay gente -todavía hoy- no se cree todavía que el sueño de tener la copa en España es realidad.
¡España grande!

Luis! said...
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