Monday, August 16, 2010

La Longevidad Canina

Hemos llegado al acabose canino en mi casa. Esto ha sido como la Invasión de los Hunos en donde antes las perras vivían con nosotros pero ahora nosotros vivimos con ellos. En algún momento fueron educadas, cuchis, juguetonas y guerreras. Ahora son la versión terrorista de Dora la Exploradora. Últimamente (y la razón por la que no estoy escribiendo con tanta frecuencia) es que he estado demasiado ocupado traduciéndole las felicidades a los demás; léase traduciendo notas al inglés para que sirvan en el exterior. Las Piponas no entienden eso y cual Roger en los 101 Dálmatas, me halan y me empujan precisamente a las cinco de la tarde para que las saque a pasear. Por las mañanas, abro la puerta de mi cuarto y allí están las dos monstruas sentadas con cara de gato con botas en Shrek, como si me estuviesen pidiendo explicaciones.

La tragedia china es que hemos descubierto que le hemos estado alargando la vida inconscientemente. Como consecuencia de la aneurisma, mi papá se tiene que tomar diariamente unas pastillas que limpian las arterias. El problema es que, como todo papá, tiene las manos del tamaño de los pies de Pedro Picapiedra. Cada vez que va a sacar la pastilla minúscula de su envoltorio, ésta sale volando por los aires. Y como todo padre que se respete después de los cincuenta, los míos ya no están ni para ver donde cayó la bendita pastilla, ni para agacharse a recogerlas porque ahí quedan.

Resulta que las Piponas han tomado como juego cazar las pastillas. Decideron que eso era como cuando a uno le daban la vitamina C de Betty Mármol (la morada) cuando uno era chiquito. Se las podía comer de a tres. Así que ahora tenemos a unos canes de dos años con arterias estelares. Un cambio de aceite diario que solamente puede significar que esas monstruas van a sobrepasar el record Guinness y ser como esos perros egipcios que custodiaban las pirámides. Sempre Viva – Live Forever. Hasta que un día, efectivamente, se den cuenta que pueden prescindir de su cuchura y correr el maratón de Nueva York. Si algún día no contesto es porque efectivamente pasó lo que me temo: las Piponas dramatizaron su propia versión de Rebelión en La Granja.-

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