Una conversación placentera con un amigo mío de religión judía nos encausó a hablar de las deudas y los cobros. Le comentaba que se me estaba haciendo difícil hacerle unos trabajos a un allegado en común porque no terminaba de pagarme nunca y yo quedaba como un gafo cuando lo veía gozarse la vida sin ninguna vergüenza.
Mi amigo se identificó con mi cuento, comentándome que les había hecho unos trabajos de diseño a unos primos y que tampoco le habían pagado. Hasta que encontró la mejor solución de todas.
"¿No me digas que llamaste a Dr. Diablos?" - le comento, dándomelas del chistoso.
Mi amigo se identificó con mi cuento, comentándome que les había hecho unos trabajos de diseño a unos primos y que tampoco le habían pagado. Hasta que encontró la mejor solución de todas.
"¿No me digas que llamaste a Dr. Diablos?" - le comento, dándomelas del chistoso.
"Mejor" – me responde – "Llamé directamente al Rabino."-
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