Saturday, September 4, 2010

El Éxodo de mi Musa

Truman Capote las tenía. Las coleccionaba según su belleza, su dinero y su glamour, apodándolas sus “cisnes”. Alfred Hitchcock las prefería rubias de acero platinado; enfundadas en talleres grises y con personalidades que marcaban distancia. Lo de Almodóvar es una cuestión de narices de Picasso como las de Rossy de Palma, de pechos entreabiertos como los de Penélope Cruz, de las fluctuaciones tragicómicas como Carmen Maura y de sonrisas como las de Victoria Abril. Tarantino no hace nada sin Uma así como Woody no prescinde de Scarlett Johanssen por los momentos. Si ellos tienen a sus Mujeres "10", yo bien puedo tener la mía. Chica Bond no se me moleste pero mi musa no es otra que Jegny Carolina.


Es así. Jegny ha sido la Claudia de mi Guido Contini pero por todas las razones incorrectas. Jegny me enseñó todo lo que tengo que saber sobre el nichismo y aprender a gozármelo. A reírse de la vida porque la vida se ríe de uno y mirar, mirar y mirar por los vidrios de los carros. Allá afuera siempre hay un carro rayado con Griffin que merece una humillación en retrospectiva.

Como todas las musas, mi Jegny está pensada para la ficción. Son solamente matices de su vida real los que me han provocado suficiente risa como para atreverme a contar sus historias. A fin de cuentas no todo el mundo tuvo una pelota de bowling de Hello Kitty. La verdad, es que detrás de mi Jegny ficticia hay un mujerón de carne y hueso que aún no ha descubierto su verdadero potencial. Alguien a quien se la lleva el viento de las becas hacia un postgrado en Londres y una promesa de mantenerme actualizado de sus peripecias a través de un blog que le voy a abrir llamado “Jegny from the Blog.”

Es una persona más de mi entorno que se larga por todas las razones correctas con un promesa de “quizás volveré”. Lo cierto es que jamás volverá. La Jegny de ficción se montó en un Aeroexpreso Ejecutivo para Ocumare del Tuy y más nunca regresó. Su destino no era el de quedarse quieta detrás de un mostrador en una tienda gótica sino como modelo de esas vallas publicitarias que sólo muestran el cuerpo pero no la cara. No puedo pretender que la Jegny de verdad no haga lo mismo. Afuera en el mundo, galardonada por sus talentos. Otra más que cae en aquello que decía Morgan Freeman: “I have to remind myself that some birds aren't meant to be caged. Their feathers are just too bright and when they fly away, the part of you that knows it was a sin to lock them up does rejoice, but still, the place you live in is that much more drab and empty that they're gone. I guess I just miss my friend."

Así que gracias a la musa detrás de Jegny. Gracias por haberme contado que cuando naciste, tus papás habían pensado en nombrarte Jenny. Ese sólo hecho provocó que yo me sentara en el asiento trasero de una buseta llamada Diolmar a escribirte una vida ficticia. Una en la que -bautizada como Jegny Carolina- te llevaría a estudiar en las aulas del Liceo Pastor Bueno. Lugar donde serías suspendida brevemente por haberte atrevido a subirte la falda en medio de un juego importante del equipo de básquet del liceo donde tú eras la porrista principal. Nadie sabrá que fuiste tú la que les diste el lema a las Socorristas de la Diversión que hoy vitorean al equipo. Pero yo sí sé. La porra “Soco – Soco – Socorristas de la de la diversión. Manos juntas, pecho afuera ¡Azulejos del Pastor!” lo inventaste tú aburrida una tarde en clases de puericultura.

Gracias por haberme contado que en tus fiestas de quince años tenías un pasito insigne. Eso dio pie para que todos intentáramos sin éxito por miedo a fracturarnos la cadera aquel paso de baile apodado el “Jenny Hit Hot”: pie derecho con pie izquierdo, pie izquierdo con pie derecho, señalar con la mano izquierda al cielo y dejarse caer al suelo con la mano derecha detrás para rebotar de nuevo hacia arriba. Gracias por haberte despedido con un último “Jenny Hit Hot” para irte con estilo: falseándote la mano. La extinción del pasito de baile merecía un último adiós. Así fuese accidentado.

Gracias por narrarme tus pasos por Comunicación Social y nombrar la técnica de “negro y negro” para denotar el espacio entre la transmisión de un programa y los comerciales. Perdónanos por haberla aplicado para referirnos a tu vida nocturna. No hubo una noche continua para ti. Siempre fue entre la pista de baile y el sofá. Un power nap con despertadas de quejas: “Totiiiiins tengo frio”. Gracias por ser de esas personas que se llevan las cobijitas que hay en terrazas ajenas para su casa y devolverlas a la mañana siguiente. Eso siempre denotó una pea educada.

Gracias por tus mensajitos de antojo. “Jegny quiere buguesa” es la razón por la cual yo hoy tenga lipa. O es eso o son las cervezas. Una de las dos me arruinó de por vida. Pero te las agradezco porque como tú, jamás habrá un déficit de hamburguesas en mi sistema. Tú disposición a acompañarme en la ruta de la hamburguesa compensa por aquel incidente en la playa donde se te ocurrió la brillante idea de poner todas las botellas encima de la lavadora y luego prenderla. Fue el fin de semana más sobrio de nuestras vidas.

Gracias por contarme de tus papás. Los míos son cómicos pero no manejan con máscaras de buceo por la costa californiana porque perdieron los lentes en una playa de Malibú en medio de un tour por los sitios donde grabaron Baywatch. Son pocas las familias sobre las que yo quisiera ver un sitcom en Sony. La tuya es una de ellas. Algún día les contarás de aquel diploma ficticio que te inventaste en Paris porque no fuiste a ninguna clase de francés sino que te dedicaste a descubrir la ciudad. No hay mejor rebeldía que perderse en París a los dieciocho años. Algún día te entenderán porque lo hiciste.

Gracias por haber sido mi musa sin que nunca te ofendieran mis burlas. Por ser la acompañante de todas mis travesías aún cuando hice lo imposible para no buscarte porque tú vives más allá del Mystic River. Por dejarme ser una parte insigne de tu mundo, de tus amigos, de tus gustos y de tus miedos. Gracias por haber tenido el placer de que me quisieras de la misma manera en la que yo te quiero a ti. Por haber sido mi Jegny Carolina y yo tu Totiiins. Love ya.-


7 comments:

MC said...

Ayy, demasiado bello. Quiero que un amigo escriba (o bueno, piense porque no todos pueden escribir como tu) cosas tan lindas de mi!

Ira Vergani said...

MC me robo las palabras!

ki said...

me encantó
he tenido ese tipo de amistades
que se han terminado por éxodos, corazones rotos o qué sé yo
=)

LauStrazza said...

Te lo juro que se me aguó el guarapo. Another reason to love you, Fasha!!!

Lylanda said...

Totooooooo!!! ¿Cómo diablos hago para no lagrimear cuando escribes en ese tono? Ira Vergani y MC ya lo dijeron... me encantaría que un amigo pensara eso sobre mí (¡suspiro!)

Lylanda said...

Totooooooo!!! ¿Cómo diablos hago para no lagrimear cuando escribes en ese tono? Ira Vergani y MC ya lo dijeron... me encantaría que un amigo pensara eso sobre mí (¡suspiro!)

Beatriz Portinari said...

Amo este Post y amo a Ela!

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