Monday, October 25, 2010

Mucho gusto, me llamo Silencio.

Hay preguntas que ameritan un “Amigo si quieres dejamos de hablar”. No tengo rollos en verdad de dejar de hablar con alguien que acabo de conocer sólo porque a los dos no se nos ocurre otra pregunta que “oye, la lluvia ha sido un fenómeno ¿no?” Entiendo, no somos amigos y faltan quince birras para que lo seamos. La persona que tenemos en común se acaba de levantar para saludar a alguien y los dos tenemos que sucumbir al small talk.

El temor más grande del small talk es que lleguemos a ese incomodo silencio en el que no tengamos más nada que decir. Nos pasa por no entender esa máxima de la negociación empresarial: hacer preguntas cerradas nos lleva a respuestas cerradas. “Sí” y “No”. La costumbre nos previene de ser aquellas personas que le preguntan a una persona que acaban de conocer sobre su canción favorita. La pregunta más bien es si ha venido a esta exposición antes o si se tardó mucho en llegar por el tráfico. ¡Qué aburrimiento!

El problema está en que nos presentan mal. Por lo menos yo lo hago malísimo. Tengo la insegura sensación de que presentar a mis amigos ante desconocidos va a lograr que ellos se hagan BFF’s y me dejen a mí en la pelazón social. Por eso es que cuando presentamos a gente decimos: “Toto, él es Carlos Enrique Sinaruco. Carlos, él es Toto Aguerrevere”.

Ninguno de los dos es tan snob como para hacer la única pregunta posible ante esa introducción: “¿tú eres de los Sinaruco de Apure o de Barinas?” o la que me hacen a mí: “¿qué tienes que ver tú con la clínica Leopoldo Aguerrevere?” El silencio siempre viene cuando mi respuesta es: “nada”.

Otra muy diferente es la gente que te presenta con alguna información biográfica. “Toto este es mi gran amigo Carlos Enrique Sinaruco. Él hace kitesurfing. Carlos, Toto Aguerrevere escribe un blog”. No tenemos NADA en común. Yo no hago deportes y Carlos Enrique jura que un blog es una nota en Facebook. Pero por lo menos sabemos a qué atenernos.

Yo le puedo comentar que en la revista UB salió una pieza sobre la campeona nacional de kitesurfing. Si es mojoneado dirá que la conoce. Si es deportista dirá que la vio en una competencia y que es lo máximo. Eso da para un sinfín de preguntas y repreguntas. Un par de lolas por el aire siempre es motivo de conversación, no importa lo desconocido que sea otra persona.

Eso rara vez pasa. Lo común es que nos dejen a la intemperie tratando de defendernos con respuestas gafas a preguntas gafas. Ayer me tocó la variación de “¿y qué tal el acto de graduación? ¿Muy largo?” Amigo, en verdad. Si quieres dejamos de hablar. O por lo menos acompáñame a la barra y hablamos sobre la formación de los círculos mojados en la mesa. Hasta eso es más interesante que darte una respuesta que hasta el que no ha ido a una graduación sabe. El silencio es incomodo pero lo tuyo es una patada a la causa.-

1 comment:

atención al cliente said...

Perfectamente reflejado ese silencio incómodo al que nunca sabemos cómo reaccionar. ¡Que vivan las presentaciones con datos biográficos!

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