Monday, December 27, 2010

Los Amish van a ver Tron en 3D


Hay un chiste donde una muchacha llama a su amiga Marjorie y le dice: «Marjorie, vístete que vamos a un picnic». Ella le responde «Ay marica y ¿qué es eso?». «No sé – le dice la otra – pero lávate esa cuca por si acaso». Así ha sido mi experiencia con un cine en tercera dimensión.

La primera vez que fui, le pregunté a mis anónimos acompañantes (está bien fueron el Junips y Cookie) la razón por la cual no nos habían entregado los lentes para ver la película. «Es que la tecnología ha mejorado y ahora se ve sin lentes» - me aseguró el Junips. Trece minutos de película borrosa hicieron que Cookie se volteara para ver a todos los demás con sus lentes y constatar que el Junips es un inventor de quinto patio.

La práctica de los aviones nos hizo buscar debajo del asiento –como el salvavidas- por los preciados lentes. «Ay nos los robaron» - fue la aseveración. Me encanta como en este país todo es una presunción de robo. Ir a la taquilla a retirarlos – la opción obvia – fue la tercera solución empleada.

Hoy voy con Raúl y Daniella a ver Tron. Los cines se han actualizado y ahora casi cada establecimiento tiene una sala de cine en 3D. Los errores frecuentes del pasado, como el mío, se han subsanado pues ahora en la maquina dispensadora de tickets hay un letrero que dice: «A los huésped [sic.] de este cine: se le recuerda retirar sus lentes 3D por taquilla». Sí, huésped en singular. Según Raúl el cine 3D ahora viene con hotel incluido, cuando retiras los lentes.

Antes de comenzar la película, Daniella lee las advertencias que salen en el empaque de los lentes. «No mirar al Sol directamente». Atrás quedan mis pretensiones de ver un eclipse en 3D. La pantalla muestra imágenes que explican cómo funciona la tecnología 3D y tiene la cortesía de decir: «Por favor póngase los lentes» al comienzo de la película. El castillo de Disney lo puedes agarrar con las manos y cada efecto que sale en Tron es más atómico que el otro.

El problema es a mitad de la película cuando Raúl voltea a vernos a Daniella y a mí. Los dos estamos como unos imberbes viendo la diferencia entre ver la película con lentes o sin lentes. «Sí chico, mira. Se ve súper diferente». El juego se acaba cuando Daniella me ve sin los lentes mordiendo una de las puntas. Ahí decide que el bruto soy yo y se mueve un poco más hacia la derecha para que nadie vaya a decir que vino conmigo.

De nada de esto me entero sino hasta el final de la película cuando vamos a un bar a tomarnos unos tragos. En el camino, Raúl y Daniella mencionan que ir conmigo a un cine 3D es como ir con los Amish. Para burlarme, me pongo los lentes 3D ante un cartelón de neon y les digo: «¡Bestia! Miren como se ve». Los dos idiotas se ponen los suyos y les pego un lepe. Por bobos.  

Lo que sí hacemos en unísono sin temor a que nos critiquen es ponernos los lentes en el bar. En el fondo, retirado como si fuera lo más normal del mundo, hay un coche con un infante de marina metido adentro. Con cocoliso y maraca incluido. Eso amerita ponerse los lentes. La gente no podrá saber lo que es un picnic pero un bebé en un bar, mire eso no lo creen los Amish sino en tercera dimensión.

1 comment:

Paula said...

y no les pareció que Tron se puede ver igual sin los dichosos lentes
3D? a mi me pareció una estafa...

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