Monday, May 31, 2010

Una hamburguesa con extra Freuds

¿Qué pasa con las mujeres y el auto saboteo mediático? Sabemos que por lo general son más ilógicas que un tostiarepa en la Antártida pero este mes se llevaron la extensión, el enchufe y la regleta. Esto lo sabemos de primera fuente. En nuestro despacho (segunda mesa al fondo en Outback los miércoles por la noche) @Livefrommind y @totoaguerrevere hemos sido interrumpidos de una perfecta mordida de nuestra Mad Max por un séquito de admiradoras que buscan nuestros consejos persistentemente.

Como tal (y aunque el menú nada dice sobre papas Freud), nos hemos visto en la necesidad de despejar las dudas que tienen nuestras groupies sobre el trasfondo del comportamiento de nosotros los hombres en redes sociales, léase Twitter, Facebook, Blackberry Messenger y U-Porn. Si el caso amerita respuesta, el jurado calificador emite respuesta. Lo lamentable es que ninguna de las groupies nos pague el Happy Hour por diez segundos de terapia (máximo nivel de tolerancia). Hoy traemos una pequeña muestra para demostrar nuestro punto. Que traigan a la víctima número 1. ¡Las demás que se aguanten tras bambalinas!

La Victima N°1, es una mujer que se confiesa “segura de si misma”. Código elegante para decir que es como el derrame petrolero de la British Petroleum: un completo desastre que cuenta con Aaron Eckhart – el de Thank You For Smoking – como gerente de relaciones públicas. Ella no viene a pedir consejos, mucho menos a disfrazarse de la damisela en peligro. Lo de ella es un comentario de pasada, un detallito que le provoca mencionar para aplacar el silencio entre cada mordida de hamburguesa. ¿Su comentario jocoso del momento? El hombre que le gusta le mandó un voice note con voz de guarimbero prende cauchos. Eso la tiene verde. ¿Cómo puede alguien ser tan miserable de enviar un mensaje de voz estándar con una crueldad implícita en el tono?

Ella confiesa que no la tiene mal pero que para probar su punto, va a reproducir el mensaje de voz al jurado calificador para que juzgue según la evidencia encontrada en el peritaje consecuente. El jurado no le ve necesidad alguna al valor de la prueba. La prueba es inválida. ¿La razón? No hay hombre en este mundo que piense un voice note estándar. Si uno está bravo, llama. Si uno está muy bravo, escribe. Si uno está muy, muy bravo se consigue a otra. El voice note no entra en juego porque hay dos tipos de voces masculinas en los mensajes de voz: la de hombre ladillado y la de hombre ladillado con entusiasmo.

Ahí no entra en ninguna parte voz de hombre que escribió en un Post-It lo que iba a decir, que practicó la inflexión del tono de voz y que grabó el mensaje siete veces antes de apretar "enviar". Si uno tiene que decir “te odio” lo dice. Los hombres conocemos la crueldad de primera mano y se llama Laura Lasciva. Hoy, Laura es lesbiana. En consecuencia, los hombres somos todos directos. ¿Horas salvadas a una mujer de haber hablado del caso con sus amigas? Tres horas cuarenta y cinco. ¿Tragos consumidos en una Solera estándar para decirle a una mujer lo que sus amigas no le dicen? Dos.

La Victima N°2 es una cibernética empedernida que anda brava porque él no la sigue en Twitter. Le ha escrito tres mensajes al susodicho a quien confiesa no conocer pero le gusta. Uno cómico casual, uno haciendo una pregunta y otro ya brava comentándole que lo va a dejar de seguir porque él no le para. Respuesta del jurado: ¿Cuál es tu nombre en Twitter? Victima mira perpleja al jurado y responde algo como: “sweetprincess86”. Veredicto: Nadie sigue a las pajuas. ¿Tiempo estimado en pararse de la mesa ante ataque frontal? 10 segundos. ¿Tiempo estimado de escogencia de nuevo nombre? No pasa del día siguiente.

Victima N°3 es la que NO aprendió nada del título de la película He’s Just Not That Into You. La victima pasó por los cuatro procesos estándar de una terminada tácita: salida a comer un lunes, mensajito el martes de “la pasé bien”, silencio aceptable del miércoles, no llamada el jueves. Veredicto del jurado: “Tu error fue salir un lunes”.

Victima comienza a salivar un monologo de preguntas ilógicas sobre si los días de la semana juegan un papel preponderante en el ciclo lunar, solar, astrológico y planetario en la mente de los hombres. El jurado se fastidia de ella y voltea su mirada hacia las pantallas que transmiten deportes. Victima se calla por quince minutos, hasta que comienza a abrir la boca. El jurado la detiene y cual alquimista sólo se limita a decirle dos palabras: “Lunes Popular”. ¿Tiempo estimado de lección metafórica? Dos segundos. ¿Tiempo estimado de internalizar aprendizaje de lección? Hasta el lunes que viene cuando venga otro a invitarla al cine.

La Victima N°4, como siempre, es Manuela Zarate. ¿Tiempo estimado de aprendizaje ante cualquier pregunta, duda o retórica que tenga sobre los hombres? Caso perdido.-

Sunday, May 30, 2010

Cerrando con broche de oro

Para cerrar con broche de oro la Semana Nacional del Sifrinismo, la revista Todo en Domingo hace una oda a las fiestas de quince años en Venezuela. ¡Como quisiéramos que hubiesen llamado al Tea Party para opinar! Llámennos anticuados pero el mal gusto no se puede describir de una mejor manera que citando lo que dice la revista:

“Los must- Llegar en Hummer: un servicio que comenzó como una excentricidad de las novias, ahora es adoptado por las quinceañeras. (…) el vehículo se puede rotular con la cara de la cumpleañera, su color favorito o con el tema de la fiesta. Adentro caben 20 personas y hay luz láser, maquina de humo, sonido profesional y pantalla de vídeo entre otros “accesorios”. El paseo mínimo es de dos horas y cuesta 5.000 Bs.F.”

Sifrinos de Venezuela, la conclusión de la Semana Nacional del Sifrinismo es la siguiente: así no es.-

Saturday, May 29, 2010

Dealbreaker

Te invito a cenar chino del chimbo. Nos sientan en una sección del restaurante que se asemeja monstruosamente al cuartico de los fumadores en el aeropuerto de Atlanta pero a ninguno de los dos nos importa. Eso es parte de la aventura. Hablamos de todo un poco, brindamos, gozamos, nos burlamos. Twitteamos.

Al final del plato jumbo que pedimos, te da remordimiento de conciencia por los niños en Darfur y pides que te envuelvan todo para llevar. Muy filantrópico de tu parte. Pero yo te voy a llevar a bailar, mamita. ¿Dónde crees que vas a dejar la bolsita con olor a lumpias?

Exacto. Afuera en el capot del carro. Como yo lo veo, si te roban la bolsita, colaboraste con Darfur, el hampa y tu antojo de tragarte toda la nevera cuando llegues a las cuatro de la mañana.

¿#Fail? Que nadie tuvo la [in]decencia de llevarse la condenada bolsita.-

Friday, May 28, 2010

Semana Nacional del Sifrinismo

¡Enhorabuena! Le informamos a nuestros consecuentes lectores, que ha sido decretado en la Gaceta Oficial del Tea Party que esta semana le estaremos rindiendo un tributo especial a un grupo de personajes que cohabitan en la fauna de la ciudad de Caracas. Un homenaje a aquellas personas que se creen la penúltima Coca Cola del desierto y en especial, a aquellas que se saben que son las últimas. Un aplauso enorme para ellos. ¡Un aplauso enorme a los sifrinos de Caracas!


Poco se ha escrito sobre ellos. En la literatura internauta no hay documentos científicos que versen sobre el tema, salvo algunos conceptos que francamente no son. Esto lo sé de primera mano. Y lo sé porque yo no tengo tapujos en admitir que yo "te soy" uno. Yo hablo en inglés y en español en una sola oración. Las únicas camisas que me gustan son las de Abercrombie & Fitch porque las mangas me quedan bien. Pienso que la peor profesión del mundo es ser zanquero de cotillón y me tardo full yendo al baño en una gasolinera.


No me quita el sueño decirlo. Mi teoría, querido lector, es que tú eres tan sifrino como yo. Verán, el sifrino no es una persona que tenga mucho real. El significado de eso es “millonario”. Y si tiene bastante real y está preso, su significado es “nuevo rico”. Sifrino es una actitud. Un modo aburguesado de ver la vida cotidiana. A uno lo ven y ya sabe que es. Si abre la boca, de cajón que es. Y la gente se jacta y jura y perjura que ellos jamás de los jamases son ni serían sifrinos. Amigo, yo te leo en Twitter. Créeme, tú eres sifrino.


Ahora, lo que pasa es que hay clases de sifrinos. Dos en realidad. Los Sifrinos Clase B son los que admiten serlo. Se compran ropa porque les queda bien (que puede ser cara o no pero les queda bien). Se les escapa el nombre de la marca del producto que se compran (porque en verdad se le tiene tanto cariño a la Mac que no se le puede decir por otro nombre) y sí, les parece que tu novia es niche porque amigo ¿Quién demonios se llama Klerivsandry?


Los otros, los Sifrinos Triple A, son los que son peligrosos. Peligrosísimos. Porque ellos están metidos en el closet del Sifrinismo aún cuando todo el mundo sabe que “te son”. Tanto, que de ese closet emana la canción “Laura La Sin Par de Caurimare” en altavoces. Pero ellos lo niegan. Primero muerto, antes que sifrino. La vida se les derrumba si son desenmascarados. Pues ya está bueno. Nuestra misión en el tea party esta semana será: ¡desenmascararlos!


¡Que salgan! Que salgan los Sifrinos Triple A que les estamos regalando una semana de homenaje por hacernos la vida más sabrosa. Siempre homenajeamos a los políticos dudosos, a los niches y a la gente con personalidad que hace cosas cómicas. Nadie en Venezuela se ha dado a la tarea de aplaudir a los sifrinos y decirle “gracias”. Que fastidio que vivan una vida perfectamente sifrina codeado con amigos sifrinos sin que nadie pueda decirles nada. Por eso es que hablan mal de los Sifrinos Clase B.


Esta es la semana para decir “¡yo soy sifrino!” orgulloso de sentirse homenajeado. Ya la semana que viene nos pueden mandar al horno a los que somos Sifrinos Clase B. Entendemos que nos odian pero nos sentimos identificados. El Sifrinismo se comparte, mira que uno los ha visto a las cinco de la mañana comiéndose la misma arepa sifrina en el Gran Horizonte. Y se toman la miiiiisma foto, con el mesonero del delantal de la vaca.


Para ello, el tea party que si sabe de Sifrinismo (aunque lamentándolo mucho para nuestros lectores aquí somos Sifrinos Clase B) ha divisado un countdown de las 50 Cosas que Hacen Los Sifrinos Caraqueños. Una rendición de tendencias, momentos e indumentarias que acercan a una persona al Sifrinismo. La misma fue consultada a 87 Sifrinos Clase B confesos de la ciudad, quienes han trabajado (“sin whisky, chico que tragedia Toto!”) para traerles este homenaje a todos los sifrinos de Caracas a lo largo de toda esta semana. Advertimos que el homenaje no está divisado como un test de Cosmopolitan pero si Usted es uno de esos sifrinitos que le encanta sacar cuentas, pues lleve su puntaje.


Como lo vemos aquí, cumplir 1 sola condición lo hace automáticamente un sifrino. Lo lamentamos pero el juego lo inventamos nosotros. ¡Usted es un sifrino y punto! Si cumple entre 15 y 20 de las condiciones, aplausos Usted cae en la categoría de Sifrinos Clase B y puede decir que es igual de sifrino que el que escribe en el tea party. Ahora bien, si cumple entre 38 y 50 condiciones, debe saber que Usted es un Sifrino Triple A y que por lo tanto, tiene todo el derecho de salir del closet de los sifrinos, y pedir que por favor le rindan un merecido “applause” en su homenaje. Esperamos con ansias que le haga saber al tea party si Usted desea que le publiquemos su foto al final de la semana, cosa que con gusto haremos y le rendiremos un tributo especial a su Sifrinismo. ¡Enhorabuena!


¡Que comience la Semana Nacional del Sifrinismo!


Promoción no notificada al INDEPABIS. Ciertas condiciones aplican.

Thursday, May 27, 2010

Countdown del Sifrinismo (#50 - #40)

Arrancamos la Semana Nacional del Sifrinismo con el countdown de las 50 Cosas que Hacen Los Sifrinos de Caracas. Una rendición de tendencias, momentos e indumentarias que acercan a una persona al Sifrinismo. Comenzamos en esta primera edición con las siguientes condiciones.


# 50 – Declarar que una tendencia “se puteó”


Un verdadero sifrino caraqueño se destaca porque no es precursor de las tendencias, sino más bien su más acérrimo seguidor. En muchas cosas, se parecen a los pingüinos al momento de cazar comida. Los que están afuera del círculo y más cercanos al agua, se sumergen a ver si no hay moros en la costa. Si vuelven a la superficie, los demás pingüinos se lanzan a las aguas. Si no, se quedan estáticos. Igual sucede en Caracas. Oír música alternativa, comer en un restaurante donde “no hay nadie conocido” o usar una prenda de vestir distinta, viene en ciclos claramente definidos por la ridiculización, la adaptación, el apogeo y el declive.


Cuando una flaca se apareció por primera vez con unos leggins, la fiesta completa se preguntó a sus espaldas si ella pensaba que esto era un sarao temático de Flashdance. A la semana siguiente, sin embargo, sus tres amigas se presentaron en un local nocturno con los abraza muslos. En un mes, no había mujer en Caracas –gorda, flaca, anoréxica o en estado- que no estuviese disfrazada de balletista. Hoy, no hay sifrina caraqueña que no opine que los leggins “se putearon”. Es importante el término. Uno no es verdaderamente sifrino hasta que no opine, en presencia de los demás, que alguna tendencia pasó de moda. Irónicamente, nadie se acuerda de mencionarle a la sifrina que la que más se tardó en usar los leggins, fue ella.


# 49 – Chapearle a un mesonero


El sifrino de Caracas no comprende el concepto servicial de “por favor espere a ser atendido”. Competir en una barra por un trago es extremadamente difícil en todas las ciudades del mundo pero en Caracas, donde la afluencia de personas en un local es proporcionalmente inverso al tamaño de la barra, esperar pacientemente a que lo atiendan o hacer la señal internacional de levantar dos dedos para llamar a algún bartender, es cosa de gente quedada.


Las sifrinas pueden gritar todo lo que quieran, llamando a los bartenders por su nombre para que les de su Vodka Tonic sin limón, pero el sifrino tiene su arma secreta: el chapeo. El chapeo puede venir en formato de dinero pasado entre mano y mano o porque en verdad el sifrino es simpaticón. Como tal, el bartender ya sabe perfectamente que una mirada basta para que se produzca un whisky con soda para él y siete Vodka Tonics para sus acompañantes. El sifrino no hace cola, ni espera, ni grita. Lo mismo sucede en un matrimonio. Un sifrino no persigue a nadie con una bandeja. Se encarga de que lo persigan a él.


# 48 – Jugar Canastón


Las sifrinas caraqueñas trabajan en importantes corporaciones, así sea haciendo trajes de baño. A pesar de lo que diga el vulgo, son pocas las que en verdad se tomaron a pecho su “Mientras Me Caso” y no hicieron más nada sino ir a la peluquería y parir herederos. Las sifrinas trabajan y son buenas en lo que hacen. Lo único es que no portan el carnet de uso obligatorio amarrado al cuello, sino discretamente aferrado al bolsillo del pantalón. Eso todo termina a las seis de la tarde con un mensaje en el Blackberry que comienza con “Niñitas”. La afirmación a ese mensaje produce la apertura de alguna terraza, el acondicionamiento de una mesa con mantel de fieltro verde y la preparación de un tinto de verano para recibir a las empleadas capitalistas en la celebración de un “happy hour” de naipes.


Sí, las sifrinas te juegan y te juegan canastón. El bridge es considerado un deporte de viejas, mientras que el póquer un pasatiempo de hombres. Una sifrina se lanza tres paquetes de cartas en una jugada en la que intentar llevarse el pilón va a venir acompañado con más gritos de “Marica” que los que puede oír Juan Gabriel cantando en un concierto en Sudán. En el ínterin, se pasa revista a todos los matrimonios y divorcios del mes, volviendo leña a una pobre novia que se encuentra en Asia en su luna de miel. A las diez, entonadas por las cinco botellas de vino que “ay chica, tomamos full” y los ceniceros copados de colillas de Belmont Suave, se van a sus casas sin saber que en una tarde destruyeron a la mitad de la población masculina de Caracas (y al 100% de la población femenina).


# 47 – Hablar del Plan “B”


Toda Venezuela está mal. Quien diga lo contrario, vive en la heladería 4-D. Pero nadie se imagina lo que esto significa para los sifrinos. Los obliga a pensar más allá de blindarle los vidrios a su camioneta Merú. ¿Qué hacer en este país de inseguridades donde ni el deporte del sifrinisimo puede ser ejercido en plena libertad? Entra a la conversa, el Plan “B”. Un curso de vida alternativo para ser activado cuando todo esto se vaya al zipote. Conversaciones que se dan vestidos inmaculadamente en un matrimonio o sentados almorzando en restaurantes, lanzado perlas como “Voy a tener que mandar a los chamos a estudiar a Miami y yo irme los fines de semana mientras esto se arregle.” Eso es otra cualidad del sifrino caraqueño. El “mientras esto se arregle” jamás es a largo plazo. Es una cuestión de inmediatez. Y todos involucran a la cargadora.


# 46 – Comprar tickets de rifas que organizan tus tías
El arte de la beneficencia se da espléndidamente entre los sifrinos caraqueños. Contribuir con el prójimo es importante. La mejor manera es comprando tickets de rifas. A nadie le interesa para donde van los fondos de la rifa o a que institución se está ayudando. Esto, porque los tickets vendidos entre sifrinos son de obligatoria compra.


Los sifrinos han sido entrenados desde chiquitos en esto. Fuera para la verbena del colegio o los consabidos tickets para cierta institución benéfica, a cada uno le entregaban diez talonarios los cuales debían ser vendidos en su totalidad. Ahora de grandes, y sin tener a una mamá chequera que resuelva, los sifrinos se deben amparar en sus amigos. El mantra “hoy mi rifa, mañana la tuya” es el modus operandi. Se compran diez tickets de una. Lo irónico es que el primer premio de la rifa (siempre un viaje a Los Roques) se lo gana el que mandó al horno la convención tácita de los diez tickets y adquirió solamente uno.


# 45 – Traerse los Tylenol de Miami


Esta práctica va en descenso por eso de la disminución de los viajes al exterior por culpa de CADIVI. Pero cuando se va a Miami no se regresa con dos maletas llenas de ropa. También en una bolsita blanca y roja de Wallgreens, está toda una parafernalia de drogas farmacéuticas que ponen a Locatel o a Farmatodo a pensar que les están haciendo la competencia. Las pastillas para la depresión, el adelgazamiento, la vitamina C y el zinc vienen acompañados con las cajetillas de Tylenol. Las mismas pueden ser adquiridas en cualquier farmacia caraqueña hoy en día, pero los hábitos y costumbres de épocas pasadas son difíciles de superar. Una migraña sifrina no se quita sino con Advil Extra Strength.


# 44 – Hablar como no es (e insistir que todos los demás están equivocados)


El sifrino caraqueño tiene un problema grave con la palabra “cabello”. Le produce angustia léxica el tener que escucharlo. Puede estar hablando con un Premio Nobel de Economía pero si éste llega a mencionar que se siente en la necesidad de “orinar” las neuronas del sifrino cuestionan seriamente el merecimiento del premio sueco. Una sifrina caraqueña que se asee el cabello teñido es un impostora. Las sifrinas caraqueñas se pintan y se secan el pelo. Lo mismo sucede con palabras como broche, blusa, el calzado y la tumbona. A nadie le importa que salga algún sabiondo a decir que “axila” es la palabra correcta a ser empleada Hay cuentos de novios sifrinos contados por la suegra en calladito: “él es perfecto pero dice ‘orinar’.”


# 43 – El pañuelo keffiyeh


Salvo la camisa arremangada y por fuera del pantalón, el sifrino caraqueño es clásico en el vestir. Por no decir uniformado. La verdad, son pocos los accesorios que se puede permitir un hombre y no parecer disfrazado en una fiesta. Son pocos los que se pueden salir con la suya y usar pajaritas de John Nash en vez de corbatas. O no usar corbatas del todo.


Ningún sifrino caraqueño, salvo uno, iría a una fiesta en sombrero. De ningún tipo. El sombrero de Panamá se reserva para la playa o algún paseo en Galipán donde el sifrino cree estar haciendo “turismo”. En lo que sí no escatimó el año pasado – ni hombres ni mujeres – fue en ponerse el pañuelo similar al usado por Arafat, amarrado al cuello. Copiado de los alternativos, caló en los viajes a los conciertos en Bogotá y ahora no se puede ver un álbum en Facebook de venezolanos de paseo en Colombia sin la clásica fotografía de cuatro mujeres con sus pañuelos palestinos como indumentaria.


# 42 – Predespachar
Probablemente sólo 150 sifrinos caraqueños se han sentado en las sillas del Café del Mar en Ibiza a ver la puesta de sol. Eso no quita para que todos los demás hablen de la discoteca Pachá como si quedase en el Centro San Ignacio. La música chillout se oye en parrillas domingueras o en predespachos. El predespacho es la reunión en casa de alguien antes de salir a rumbear o a un matrimonio. Comenzó por razones de necesidad. Antes, los sifrinos caraqueños invitaban a sus casas a tomarse el whisky del papá para llegar entonados a un bar y no tener que pagar tanto. Hoy en día es el non plus ultra. Nadie entiende por qué. Un pre-party en donde el reggaetón no está permitido. Solamente pura música suave para comenzar la noche y hablar de temas triviales antes de salir a ver y dejarse ver. Ocasión perfecta, dicho sea de paso, para que una novia molesta termine con el novio y le arruine la noche a los demás.


# 41 – La cargadora con el uniforme blanco Cherokee
El marido podrá decir misa pero hay cuatro personas fundamentales en la vida de una mamá sifrina: el maquillador, el que le hace las mechas, el profesor de Pilates y la cargadora de sus retoños. No tener una es no ser mamá. Ella puede no hacer nada con su vida y quedarse en casa viendo Greys Anatomy repetidas veces pero que falte la cargadora de su bebé para que entre en cólera que a ella no la dejan salir para ninguna parte.


El orden de entrada a una piñata apoteósica en Caracas es el siguiente: Una catira con lentes de avispa de Tom Ford, blue jean pegado, camisa vaporosa (o en su defecto guayabera azul) y cartera bulto de Tory Burch. Detrás de ella un vestido bombacho tejido con nido de abeja (o de avispa si la competencia infantil es fuerte) en color azul pastel y dos lazos, tratando de alcanzar una mano adulta que la guíe. Adentro en alguna parte está una niñita. Por último una cargadora vestida de blanco (de azul es considerado “de a por día”) con regalo, pañalera y coche si lo amerita. Ella será la encargada de lidiar con una infanta que no es suya mientras la de los lentes de avispa se sienta con siete pares de lentes de avispas más a quejarse de lo difícil que le ha sido cuidar a su hija.


# 40 – Adueñarse de la canción “I Gotta Feeling”


Cada cierto tiempo viene a la palestra una canción que se convierte en el himno icónico de los sifrinos caraqueños a la hora de bailar. “Victoria” de Aditus fue una; “Matador” de Los Fabulosos Cadillacs, “Saturday Night” de Whigfield y el “Boriqua Anthem” de C&C Music Factory, otras. Luego llegó el trance, cosa que ningún sifrino (salvo los viajados) entendió pero se bailó “Born Slippy” de Underworld hasta que la música dance hizo un comeback con “Barbie Girl” y los volvió gays a todos. Después de un período de confusión con “The Rigga Ding Dong Song” de Passion Fruit , todo lo sacado por los Vengaboys y el patético “Baile del Pescado” de La Factoría, los años pasaron hasta llegar a la actualidad con gente como The Killers, Gwen Stefani y The Black Eyed Peas.


Es este último grupo el que ha sacado el himno sifrino de turno. No hay sarao donde “I gotta feeling” no se oiga al menos tres veces y se se forme una bailanta sensacional digna de orquídea. Siempre, se oye a tres sifrinas gritando: “Marica, esa es mi canción”. Es un hecho que a los sifrinos no se les deja subir mucho los brazos. Eso no se ve bien porque uno tiene que bailar como con pena por eso del “qué dirán”. Con “I gotta feeling” como himno icónico todo se vale. Nadie te está viendo porque todo sifrino jura que lo están viendo a él. El himno icónico te enseña que la vida es una montaña rusa. Arriba los brazos. Para todo lo demás, moderación.


¿Cuántos puntos llevan? El tea party lleva 4.


Mañana el countdown continúa celebrando la Semana Nacional del Sifrinismo con diez condiciones más para desenmascarar a los sifrinos escondidos.-

Wednesday, May 26, 2010

El Sifrinismo Contraataca (#39 - #30)

Continuamos por nuestro recorrido en el mundo del Sifrinismo en el marco de la Celebración de la Semana Nacional del Sifrinismo en Venezuela. Esta vez, nos toca revelar los renglones #39 a #30 de las condiciones para desenmascarar a los sifrinos triple A y lograr que se pronuncien al final de la semana. Nos disculpamos por la imparidad en los números del countdown pero nos acabamos de dar cuenta que en el tea party nadie sabe contar. En sus marcas, listos, Go!


# 39 – Correr el Maratón de Nueva York


El sifrino maratonista es una persona que nadie sabía que podía correr y a quien se le metió entre ceja y ceja que iba a participar en el Maratón de Nueva York porque se encontró con “Carlos Enrique Sinaruco” quien acaba de llegar y “Bicho, me pegó la fiebre”. Como tal, se pasará meses hablando cada vez que pueda que él anda entrenando para el maratón. En voz muy alta para que lo oiga hasta la muerta en el entierro donde está, dirá: “Men, me encantaría pero mañana corro con Johnny a las cuatro.” Johnny es el entrenador. Johnny es Dios. Si un cuento de un sifrino maratonista no empieza con “Johnny dice” que esos zapatos no sirven o “Johnny no quiere que yo coma sino 500 gramos de algo”, el cuento está mal echado.


El maratonista sifrino te tiene LOS zapatos de maratón y se enfoca en una de “yo quiero, yo puedo, yo voy” corriendo de Caracas a Barquisimeto “en quince minutos, pero Johnny dice que lo puedo hacer en catorce cincuenta”. Cuando llega el maratón, se va con Johnny y una maleta llena de más relojes cronometrados y pares de lycras negros que Keflezighi. Hace buen tiempo, porque un sifrino “te es enfocado”. Al llegar de vuelta a Caracas, su foto de perfil en Facebook es él con su medalla, el edredón de su cama es la manta que le dan al terminar el maratón, no hace sino hablar de la noche de pasta previa al evento y manda a callar a todo el mundo porque “imagínense lo que le pasó a Johnny”. ¡Joder! Cásense y punto.


# 38 – Camp Titina vs. Camp Margarita


Los sifrinos caraqueños no se diferencian del vulgo cuando admiten que leen por moda. Si es que leen algo más que Facebook. Uno no es nadie si no llegó a Playa Guacuco –donde sí se puede leer porque eso es playa de viejo- con “El Pasajero de Truman” bajo el brazo en alguna vacación navideña. Igual como pasó con “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”. Lo importante es dejarse ver con un libro y comentarlo con una doña con visera que también se lo está leyendo. No se comenta más allá de “es súper bueno” o “full interesante” pero por lo menos, se lee. Ahora bien, no se había contado con que Titina Penzini iba a escribir un libro llamado “100% Chic” y Margarita Zingg otro llamado “Glamour para Llevar”. ¡Y sobre el mismo tema del cuidado personal y el buen vestir!


Eso produjo una legión de fans y detractoras de ambos bandos que se sienten en la necesidad de señalar que el libro de Titina no es tan bueno como el de Margarita porque no hay cuentos ni fotos de ella o que el de Titina “te es” más práctico. A menos que se sea una sifrina erudita que calle a las demás diciendo que eso no es más que una adaptación venezolana del libro de Nina García, la de Project Runway. Contra esa crítica digna de comentársela a Vargas Llosa, las demás sifrinas no pueden sino asentir sus testas amarradas con ganchito “a lo Titina”.


# 37 – El Tour de Quince Años
Cada agosto, 50 “niñitas” y 4 hombres se montan en un avión rumbo a Madrid donde comenzará un viaje guiado de treinta días por las principales capitales de Europa. Las sifrinas no viajan en los tours de México, ni el de Nueva York y las Cataratas del Niágara. Las sifrinas van, con frenillos y pintas de veraneo cuestionables, a Europa. Un viaje en el que no aprenderán absolutamente nada salvo el poder de hablar por cuatro años consecutivos sobre “cuando yo me fui al Tour”. Las infortunadas que no van deben recurrir a operarse las lolas porque no se puede competir con algún cuento de “cuando yo me fui al tour”. Los papás de las sifrinas no entienden, en opinión de un sabio expatriado, que da lo mismo enviar a sus hijas por treinta días a Camurí con tres cartones de Belmont y cuatro botellas de ron. Porque eso es lo que hacen en el viaje a Europa. Así lo nieguen de por vida y juren por Santa Úrsula que la Mona Lisa “te queda en El Prado”.


# 36 – Hablar de hacerse un tatuaje donde nadie lo vea


Las sifrinas dirán “Say whaaa? a esta lista se le fueron los cables. Yo jamás me haría un tatuaje.” Hombres sifrinos, levanten la mano de cuantos tatuajes escondidos han visto Ustedes en niñitas “bien”. ¿Cuántas manos son? We rest our case. Tiene que entrar en la lista. Ojo, se admite que no es condición obligatoria tener un tatuaje para dominar el arte del Sifrinismo. Lo que importa es la “conversa” de hacerse uno. El que te harías o el que no te harías. Jamás de los jamases se considerará el llamado “tramp stamp” en el fondo de la espalda. Eso no va con las sifrinas. Aunque lo más común es mencionar que “me quiero hacer un tatuaje donde ni yo me lo vea”. Nadie entiende porque se lo hacen entonces pero ahí queda el misterio. Las sifrinas “rebeldes” tienen tatuajes ocultos en sus cuerpos.


# 35 – Tener perros con nombres gringos o llamados “Laika”


El perro sifrino de los noventa fue el golden retriever. 7 de cada diez fueron llamados Laika. Hoy, los sifrinos se adueñan de perros de “crías conocidas”. Nada de eso de irse a Don Perro. El verdadero perro sifrino viene de Willow, la perra sifrina de Carolina Sinaruco (nombre ficticio). Así sea un Fila Brasilero en un apartamento de 110 metros. Lo importante es que jamás se caiga en el wannabismo parishiltoniano de vestirlo con ropa pero sí que se llame Max. Un sifrino no puede tener un Basset Hound y llamarlo Napoleón (lo cual sería completamente lógico). Son nombres gringos los que pegan. “Originalidades” como Bowser, Odie o Seven. Para todo lo demás, Leia como “La Guerra de las Galaxias”. Leia es el equivalente canino al María humano.


# 34 – Pelearse por la superioridad de la Mac


El sifrino común utiliza su computadora portátil para solamente cuatro cosas: escribir (¿!?!?) en Word, ver fotos "en el Face", películas bajadas de Internet y oír música pirateada. Aún así, es un sacrilegio rotundo poseer una PC de Microsoft. No tener una Mac es renunciar al segundo apellido. El cuento que no le entran virus es importante para el sifrino internauta, por no decir su diseño y su capacidad de tomarse fotos con efectos en el Photo Booth insertado para ponerlas en su perfil de Facebook. Pero su actividad favorita es decirle hasta al parquero del valet parking que los que usan PC son unos nulos. Los dueños sifrinos de PC se ven en la obligación de sentarse callados a oír dialécticas magistrales sobre lo que se están perdiendo al no ser dueños de una maquina con la manzanita. Son la oposición a los oficialistas de Stephen Jobs y como tal deben quedarse callados al momento de oírlos hablar sobre las cosas que hace su Mac. ¡Manzanita Quit con los que no tienen Mac! (Nota curiosa: el tea party se escribe en PC).


# 33 – Los moños de crineja


Cada cierto tiempo, generalmente en la temporada de los Óscar, comienza a verse en los matrimonios de Caracas que las mujeres se están peinando distinto. El non plus ultra es el pelo secado como las vírgenes que no son. Perfectamente echado para atrás, hasta que llega el momento del desespero. Ese, donde se agarra la manopla de pelo, se hace un efecto falso de cola de caballo en el que se sostiene con la mano izquierda, se enrolla con la derecha y se deja caer suelto en un efecto dramático. Algo imperceptible, a no ser porque lo hacen tanto, que los no sifrinos comienzan a creer que las monjas se lo enseñaron en alguna clase ilógica llamada “Soy Mujer”.


Ahora, y gracias a Sienna Miller, la norma es la crineja. No de Pocahontas por Dios, faux pas. Es una semi crineja que comienza un poco después de la frente y va de medio lado hasta llegar a la base de la nuca, de donde sale un discreto moño, aguantado por ciento cincuenta ganchos de pelo. Todas las sifrinas se admiran sus crinejas, se las florean y se las repiten como si el mundo de moños no supiese que existe otra cosa que no sea una trenzada. Eso sí, sifrina encrinejada que entra a matrimonio sale como Mónica Geller en Bárbados. Entre “I Gotta Feeling” y “Are We Humans?” esa se escapa para el baño y se quita la serpentina de la cabeza porque le da dolor de cabeza.


# 32 – Decir “Federico mi primo”


En el mundo sifrino uno no es Juan a secas. Juan a secas es el mesonero de Friday’s. Juan te viene con el apellido porque si no, el cuento no está bien echado. Puede ser algo común como García y no importa, se dice “voy a casa de Juanchi García” . El tema no es ese. El tema es cuando los sifrinos hablan entre ellos de gente que todos conocen. Es ilógico – hasta en el mundo sifrino – mencionar a Juan Cristóbal García (nombre de referencia y no conocido por las listas de matrimonio a saber) por su apellido. El apelativo correcto es “Juanchi mi primo” o “Juanchi mi pana dice que”. Los sifrinos sienten una necesaria afectación de apropiarse de los nombres. Son de ellos y de nadie más. Mercedes Elena mi prima es repetido tantas veces en una conversación que los no sifrinos (la audiencia en el cuento) deben preguntarse entre ellos si el nombre de la aludida es Mercedeselenamiprima para poder seguir el hilo de la conversa.


# 31 – Divorciarse
El mundo sifrino no existe sin el ritual pagano (porque eso no es católico) de fiestas de matrimonios que se celebran cada viernes y sábado en la capital de Caracas. Es la única actividad, de poder ver y dejarse ver con la máxima propiedad. Ahora bien, la asistencia masiva al matrimonio de turno no garantiza que Bridezilla y el Guevón de Referencia se lleven bien después que se haya acabado la fiesta. Lo común en el mundo sifrino, es que se divorcien. Ya sea por incompatibilidad sexual o porque “Marica, es que el cambió full” pero las apuestas a las segundas tandas son cada día más promisorias en un mundo sifrino que se concentra más en el sarao matrimonial que en la convivencia en pareja. ¿Lo irónico? Que en la misma fiesta de matrimonio, todos los demás sifrinos ya saben que eso no va pa’l baile y encima se encaramen el cotillón.


# 30 – Marchar usando camisas marca Columbia


Una vez en Caracas hubo una concentración en frente de Parque Cristal para protestar por sabrá que hizo el Señor Presidente esa vez. En algún momento se pensó llamar a los jurados de los premios Guinness para constatar si ésta podría ser la concentración más grande de camisas Columbia jamás vista. Ser elegante es vestirse acorde a la situación. Ser sifrino es vestirse como los demás y pensar que se es original. Lamentablemente, las marchas en Caracas no escapan de sus dotes sifrinas. Las camisas Columbia son la indumentaria uniforme para este tipo de ocasiones en donde la única diferencia es el matiz del color pastel que se escoja al momento de adquirirla. La franela blanca Ovejita es cosa del pasado. Un verdadero sifrino te marcha y te marcha en Columbia.

Mañana continuaremos con el countdown revelando los puestos #29 - #20. En el puntaje de hoy el Tea Party tiene 2 pero debe hacerse la aclaratoria que uno de ellos corresponde al renglón número 32 "Decir Federico mi primo". Se hace tanto con "Alejandro mi hermano" que si logramos desenmascarar a más sifrinos Triple A, juramos anotarnos 5 puntos más de penalidad.

Tuesday, May 25, 2010

Sifrina de cepa no dice "más fiiino" (#29-#20)

Acercándonos cada vez más a los primeros peldaños, la Semana Nacional del Sifrinismo continúa celebrando las conductas y comportamientos de los sifrinos caraqueños. En esta edición, reseñaremos algunos patrones propios del Sifrinismo común pero comenzaremos a abrir la puerta hacia esas incidencias marcadas que son propias de alguna parte de los llamados Sifrinos Triple A. El countdown comienza de nuevo en el puesto Nº 29.


# 29 – Ser parte de un cortejo


Un sifrino no puede subsistir por si solo. Eso es un sifrino esquizofrénico. Necesita de un grupo que se muevan con él en su entorno. La máxima exposición de esta premisa del Sifrinismo es la pertenencia al cortejo nupcial en el matrimonio de dos sifrinos. A los sifrinos les mueve el piso un cortejo. Porque los hace destacar. El novio sifrino puede pedirle matrimonio a su novia sifrina de toda la vida pero la verdad es que en el año y medio que dura la organización del sarao (a más tiempo de compromiso, más sifrino) se compromete con todas las “Maricaaaa te casas” que pasarán a formar parte del batallón del cortejo. ¿Lo irónico? Un cortejo sifrino rara vez se levanta para comulgar en la Iglesia. ¡Año y medio hablando de un evento y nadie tuvo la decencia de confesar sus sifrinismos!


Hay muchas interpretaciones detrás de un cortejo sifrino. Los mismos son cuidadosamente seleccionados: se escoge a “todos mis amigos que adoro” y que sean flacos (y no en ese orden). A ver, un cortejo de diecisiete hombres y tres primas significa que la novia es una galla sin amigas y que el marido pesca. Un cortejo de catorce mujeres significa que el novio no juega dominó y que la mujer es patria o muerte con sus larvas. Un cortejo de puros niñitos significa que la novia fue la última de sus amigas en casarse y las demás se amotinaron porque ya están gordas.


Pero, el cortejo más exitoso de todo el mundo sifrino es aquel en el que 22 parejas desfilan por la Iglesia de Campo Alegre. “Amigos de toda la vida” con padrinos dobles y una notable diferencia en los trajes de los hombres (porque hay algunos que “te son” de Camargo y algunos que “te son” de propiedad). Son esos cortejos grandes, confabulados para la foto de la novia lanzada al aire, los que dejan a los demás invitados – los seudo sifrinos – preguntándose para que fueron invitados a una fiesta en donde el 80% de los hombres están engalanados de frac y las mujeres embutidas en una vestido color Pepto Bismol que jamás volverá a salir del closet de lo feo que es. Porque eso también tienen las sifrinas: no quejarse del vestido del cortejo a espaldas de la novia es manifestar a sotto voce el gusto marginal del mamotreto que las obligan a ponerse.


#28 – Mandar todo en Ziplock (y con el chofer)


A veces los sifrinos prestan cosas. No se puede decir que son pichirres porque la verdad, es tanto el whisky del papá que se han tomado los amigos que uno no puede sino decir que son filantrópicos. Una regla de oro impartida por la matriarca de la casa es que todo lo que se presta o se piensa regalar se envía hacia las casas. Más sifrino aún si se envía con el chofer. Una camisa que se le quedó a alguien luego de un viaje jamás se manda en bolsa de automercado. Después hablan mal. O es una bolsa de alguna tienda importante o en paquitas con calcomanía autoadhesiva o tarjetica de Crane que dice “Sta. Sabrina Sinaruco s/m.” El s/m o E.S.M., siglas de “en sus manos” es im-por-tan-ti-simo para los sifrinos caraqueños. Así la camisa entregada (que siempre se manda a lavar en casa ajena) vaya directamente al lavandero para ser subida con la próxima guardada de ropa.


# 27 – Ir a Atlantique a ver gente distinta


El sifrino caraqueño de cepa tiene una característica notable: se aburre fácilmente de su entorno. No es fácil que el fotógrafo de sociales siempre mande a esconder el vaso que se tiene en la mano al momento de ser retratado. Por eso es que hay noches en las que los sifrinos se niegan a seguir hablando en El Pingüino con las mismas pelo secados sobre atracos y del fin de semana largo en la finca del “papá de Chachi Sinaruco” (en idioma sifrino cuando es un rancho en Margarita siempre es “el rancho de Chachi Sinaruco”; el papá no pinta nada ahí). Pero as así. Hay noches en las que los sifrinos mandan a los demás sifrinos al horno.


Su idea de plan diferente es esparcirse en pequeños grupos por las calles de Caracas para ver gente “distinta”. Hay una diferencia clara entre gente “distinta” y gente “alternativa”. Gente “distinta” son personas que se parecen a ellos pero que “nadie te sabe quiénes son”. Personas que los sifrinos se encuentran en Atlantique o en Lola’s o en Diagonal, que piden el mismo servicio y se visten igual aunque son “de la high pero de otra high”. A Rosalinda van de vez en cuando pero no mucho. El sifrino no puede con el hecho que una mujer a la que se le ve el modess de lo chiquita que es la falda entre primero que él.


La gente “alternativa” es cuando el sifrino se va de aventura. A cantar en Yesterday Boleros del Ayer, bailar flamenco en La Frasca cuando no era peligroso, pretender que es rockero en Greenwich Pub o sentarse en El Teatro. Eso les entretiene a los sifrinos. Los hace sentir que son distintos, aún cuando no hagan ni el más mínimo esfuerzo de mezclarse entre la gente. Pero aún si estuviesen disfrazados son fácilmente reconocibles. El sifrino no puede con el hecho que esté en un sitio de gente “distinta” y nadie se les acerque a saludarlo. Por eso es que no la pasan bien (salvo en Yesterday porque las sifrinas despechadas se amarran). Todo plan distinto o alternativo no se hace más de dos veces al mes porque en verdad “aquí no conocemos a nadie”.


#26 – Haberse fijado en las perlas de María Corina Machado
Una sifrina twittera opinó lo siguiente: “Hay que votar por María Corina Machado tan sólo por el hecho que tuvo la insolencia de salir en todos sus afiches con perlas falsas.” No decimos que los sifrinos son cabezas huecas pero en verdad, la política no es su fuerte. Sólo que ahora le presta más atención porque no puede viajar tanto como antes y el cupo de CADIVI lo tiene verde porque no le da la locha lo de las tres calcomanías.


Antes marchaba para pavear. Ahora se da cuenta que la cosa con las casas de bolsa y la inseguridad va más o menos en serio y se anota para ser testigo de mesa en comandos donde lo conozcan. Odia al Señor Presidente con todas sus ganas pero no sabe explicar por qué más allá de lo clásico y siempre, siempre, siempre le va al ganador en las encuestas de la oposición. Por nombre, no por plataforma política. Los zarcillos de Machado lo dicen todo sobre los sifrinos. Aún cuando algunos sepan lo que ella está proponiendo para la Asamblea, hay sifrinos que le arruinan el parque a los demás clamando “mil veces mejor que alguien niche en la política.”


#25 – Spanglish y el malandreo léxico
Todo sifrino te habla inglés. El que no lo haga debe tener otra cualidad importante como para que no importe pero se da por sentado cuando presentan a un sifrino con otro, que éste te habla inglés. Punto. No se discute. Como tal, es permisible – y hasta fomentado – la conversación en una mezcla de inglés y español que pondría a los puertorriqueños a pensar sobre quienes son los que hablan mal. Igual sucede con todo tipo de palabras que “malandrean” el habla. Las mamás podrán decir palabras como “chaflán” o “chaise” pero los hijos no.


Un sifrino caraqueño jamás te dirá Juan, “¿quién es la amiga de esa niña con la que estabas hablando?” La frase correcta es “Men, ¿Quién es el culo que está con la jeva que te saludó?” Los amigos de un sifrino no son Juan, Carlos, Cristóbal y Andrés. Son Brother, Bicho, Joe y Men. Las amigas entre ellas no tienen nombre. TODAS se llaman "Niñitas". Cuando se excitan TODAS se llaman "Marica". Y mientras el “o sea” va en franco declive, sigue ascendiendo el “es súper importante”. Eso sí, la que venga a decir "ay sí amigui, más fiiiino", al horno.


#24 – “Emiliana”, “Clarissa” y “Santiago”


Los sifrinos del mañana tienen un problema pronosticado: todos van a tener que recurrir a sobrenombres para poderse distinguirse entre ellos. El problema con los sifrinos que son padres es que escoger el nombre es una tarea dificilísima. Por eso, se van por un nombre original, poco dado a interpretaciones y que pegue bello con el apellido en las tarjetas de presentación. Así, nombran a sus hijos con los mismos nombres que el resto de los sifrinos.


Son nombres que están de moda pero los sifrinos jamás lo admitirán. En secreto dirán que fue la otra la que se copió, porque esos nombres ya han sido escogidos desde el primer mes de embarazo. Momento en el cual, por cierto, las sifrinas aprovechan para inscribir al cigoto en el colegio en donde va a estudiar. Porque las sifrinas “odiaron” su colegio. Lo detestaron y les fue mal. Pero denle diez años a todas para que sufran de amnesia y metan a su hija/o en el mismo colegio debido a la conclusión “es que la metí ahí por las amigas”. Los hijos de las sifrinas no escogen a sus amigos. Esos le son escogidos por ellas desde antes de su nacimiento.


#23 – Tomarse una foto haciendo la señal de “Heavy Metal” (sin saber que significa eso)


Hay cuatro clases de fotos sifrinas. Las de la playa con todos los hombres en fila exhibiendo su traje de baño Vilebrequin; la del Blackberry que se toman cuatro mujeres del cortejo en el baño de La Esmeralda; la del horizonte en Galipán de los novios en casa de alguien y – la que nadie entiende – haciendo la señal del heavy metal (ver foto arriba). Esa señal dada con la mano, en la que se extiende el dedo índice y el meñique hacia arriba, mientras se doblan los dedos restantes hacia adentro. Los sifrinos adoran esa señal. No hay foto en grupo donde no salga un sifrino en esmoquin haciendo esa señal. Nadie sabe porque lo hacen; nadie se ha molestado en averiguar por qué pero revisar las mil fotos en Facebook de un sifrino llevará a constatar que si hace esa señal y no sabe quien es Ronnie James Dio, es porque es un sifrino que hace todo lo que los demás hacen sin preguntar por qué. Si encima sale con la lengua mordida hacia afuera, es sencillamente un sifrino insoportable.


#22 – Hacerse las lolas


Cada día, las mesas de Il Grillo le dan la bienvenida a una decena de sifrinas sin oficio. Todas con los mismos lentes que serán levantados como cintillos a la hora de sentarse y prender el primer Belmont. Después de la limonada frappé sin azúcar, una valiente soltará lo que le inquieta el sueño desde hace un mes: “Niñitas” – dirá – “¿Me las monto o no me las monto?” Las lolas en el mundo sifrino son un tema de suma importancia, igual que con el tabique de la nariz. Quisiéramos decir que no se ha perdido la discreción en los menesteres de las operaciones estéticas pero es mentira. Toda nariz se opera “por un tabique desviado que me daba una sinusitis horrenda” y toda operación mamaria es “porque me las merezco”. Son muy pocas las sifrinas las que te podrán decir con gusto “they’re real and they’re spectacular!”


Uno se tiene que fijar bien en una mujer sifrina sin lolas que está calladita en un matrimonio, pensando. Esta niña está viendo la competencia. Revisando cual de las orbes plásticas luce sensacional en el “little black dress”, uniforme esencial para las sifrinas. Si es directa, la abordará en el baño a preguntarle a Miss Tetas Perfectas qué quien se las hizo. Esto llevará a una invitación para que se las toque (según reza la leyenda urbana). Si no es tan directa, le preguntará a su círculo si sabe quien “le hizo las tetas” a Sabrina Sinaruco. Y se lo dirán porque todo el mundo sabe quien le hizo las tetas a Sabrina Sinaruco.


Con el poderoso nombre anotado –porque sifrina que se respeta comparte cirujano conocido- , la susodicha hará su cita, se someterá a su operación y en tres meses estará desinflamada para lucir sus golden globes en los cotilleos, bajo la esperanza que una pobre “sin lolas” le pida que se las toquen a ella y pueda revelar el nombre del Dr. Maravilla. Esas son las sifrinas independientes. Hay unas que te vienen con bagaje de familia. Hay una sifrina de antaño cuya madre anunció en una fiesta sin ningún tapujo que a su hija no la había mandado al Tour sino que le había regalado “un buen par de tetas”. Definitivamente, las orbes se juntan y se acuestan paradas.


#21 – Hacer un postgrado afuera (y no aprovecharlo)
El sifrino rata (otra clasificación importante) entendió una cosa. 10 es nota y lo demás es lujo en las universidades nacionales. Su vida estuvo marcada por exámenes de cálculo en clases con gente inhóspita, cuya salvación se vio en la feria cuando se encontraba con los mismos panas que se barren la pollina completa con una mano. Se graduó y comenzó a trabajar en alguna empresa palanqueado por su papá en donde ahora es la envidia de todos sus amigos porque nadie se explica como un niño que fue tan bruto puede ganar el sueldo que tiene. Un buen día anuncia que se va del país a hacer un postgrado. Lo peor, que entra.


Nadie le cuestiona el mérito académico del postgrado porque a nadie en el mundo sifrino le interesa si su MBA es un Master en Business Administration o un Master in Bowling Allignment. Cuando un sifrino dice “postgrado” la respuesta es “Clap! Clap! Tenemos sitio donde quedarnos.” El sifrino se va, el 95% de las veces casado con la novia de turno, a radicarse en una ciudad extranjera donde procurará quedarse todo el tiempo que pueda sin que lo boten, entrando al círculo de los venezolanos expatriados que se reúnen cada quince días a comentar lo “patético” que es Caracas. No hacer un postgrado, como no casarse en grande, es perder la condición de sifrino a lo largo del tiempo.


#20 – Hablar constantemente de sus amigos “con real”
No todos los sifrinos son millonarios. El dinero no equivale a la condición de sifrino. Pero aún cuando hay un dicho en inglés que reza “old money hides it; new money flaunts it” hay algunos sifrinos “de toda la vida” a los que se les vuelan los tapones con el “old money” (y el "new money" ya es otro estudio). Verán, para ellos lo importante no es tener casa en Los Roques, apartamento en Miami y yate en altamar, sino tener amigos con casa en Los Roques, apartamento en Miami y yate en altamar. Esos, son las súper estrellas de los sifrinos. Los que se merecen el epíteto “Mi amiga, Carolina Sinaruco” con nombre completo. Porque le ofrecen un estilo de vida al sifrino que no se la podría dar a no ser porque se aprovechó de esta amistad y se lo hizo saber a los demás.


Como tal, el amigo “con real” (que no es de él sino del papá) se ve sujeto a un programa tipo "Revealed" detrás de sus espaldas debido a que el sifrino se dedica a echar todos los cuentos de lo imposible que fue sacar la avioneta del hangar del aeropuerto, así como los álbumes 1, 2, 3 y 4 en Facebook de la estadía en la casa de St. Croix. La despedida de soltero del amigo "con real" es organizada por el sifrino a toda mecha en Los Roques en la casa que “me prestó” Juan Carlos Sinaruco y así van. No hay cuento del sifrino que no empiece con una referencia al amigo con real. ¿La última venganza? Notar que de los siete padrinos del prímógenito del amigo "con real", ninguno fue él.


¿Algún sifrino Triple A que haya llegado a la meta? El Tea Party tiene 4 en esta ocasión (más por los títulos que por los comentarios pero punto al fin) y aclarando que aunque se fijó en los zarcillos de Machado con el tweet de la Twittera mencionada, conoce a bastante sifrino que hace política y que la hace bien. Pero ponerse a hablar de eso en la semana nacional ¡"uyyyy" que pegado! A mis amigos sifrinos metaleros (existen), si expliqué mal lo que siempre protestan al ver fotos de metaleros falsos, manifiesten la discordia.-

Monday, May 24, 2010

¡Brindemos por nuestra calidad de vida! (#19-#11)

En su penúltima edición rumbo al countdown de las Cosas de los Sifrinos caraqueños, la celebración de la Semana Nacional del Sifrinismo continúa paseándose por aquellos personajes que presumen de abuelos con nombres de calles y avenidas. Nota: se aclara que el apellido Sinaruco que ha aparecido en estas listas, es una ficción rotunda. Cualquier casualidad culpe a su sifrinismo. Sin más preámbulo, que se pone largo y los sifrinos no tienen paciencia, el Tea Party brinda por la calidad de vida de todos Ustedes y les trae los escaños número 19 al número 11 (más uno de ñapa de regalito de salida):


#19 - Aló, ¿Familia Sinaruco?


Con el advenimiento del Blackberry el arte de llamar a las casas se ha perdido. Ahora llaman encuestadoras, bancos con cheques devueltos y las comadres de las Josefas. Pero una vez, cuando ni siquiera se pasaban llamadas con “Flash #” sino que se tenía que gritar “Federicoooooo atieeende”, el arte de recibir llamadas sifrinas era toda una proeza. “Riiing. Aló ¿Aló, Familia Sinaruco? Sí. Ahh, ¿por favor la Señora María Mercedes? No se encuentra. Uhhm le puede dejar anotado que la llamó la Señora Graciela? Gracias.” Fin de la llamada. Copia textual.


Luego vino el celular. Grabar un mensaje es una tarea dificilísima para un sifrino porque nadie te admite que le gusta su voz. El estándar siempre fue abrir con una voz risueña como si les hubiesen dicho que le dieron la green card americana y decir en voz saltadita: “Te has comunicado con el cero CUATRO catorce cinco cinco cinco (en rapidito) veintetresocho de María Mercedes Sinaruco. En estos momentos no puedo atender su llamada.” Después se volvía un ocho porque no sabía si tutear a la persona o seguir con el formalismo por lo que terminaba con algo ilógico “Por favor déjame su mensaje”.


#18 – Dejar el @ para el Twitter (regla no aplicable a la Pequeña Comeflor)
Los sifrinos se dividen en dos: los que ponen Sabrina Sinaruco @ NYC y los que saben que eso es innecesario. A los que hay que admirar es a los segundos. ¿Quién le dijo a la gente que exclamar por el mundo que uno está @Paris es de la high? ¡Todo el mundo que importe sabe que uno “te está” en Paris! La mamá que mandó el encarguito para una de las petites que anda haciendo el año que toda sifrina hace en Paris después del colegio sabe. Los amigos sifrinos del golf que se sientan en el Hoyo 19 a echarse palos después de la partida saben. La del bautizo con discplay del próximo sábado sabe.


Uno está en todo su derecho de quejarse vía Twitter, Facebook o señales de humo que el @VolcandeMierda lo dejó varado en el aeropuerto de Orly. Eso no importa porque eso es del Pato Lucas. Pero cambiar de arrobas para actualizar a una lista de contactos, que ha ido a Paris más veces que uno, es de persona que viaja en mono de Juicy Couture. Hacerse el interesante, now we’re talking. No hay nada más entretenido que buscar a un sifrino perdido. (@arianuchis y sus guías por Venezuela: Usted viaja para trabajar, haga caso omiso a esta regla).


#17 – El arremangado Procter & Gamble


Los sifrinos varones dominan la técnica del arremangado de la camisa a la perfección. Esa técnica, en la que se escoge una camisa azul de las veinte mil que pueblan el closet, se abotona frente al espejo y comienza un rápido movimiento de tela hacia atrás para lograr el efecto deseado. Los puños de una camisa perfectamente planchada llevados hacia tres dedos por encima del reloj. El resto de la camisa usada por dentro o por fuera ya es a elección del sifrino. Depende de que tan “rebelde” se sienta.


Ese arremangado es una técnica que no es fácil de lograr y a veces requiere de varios intentos (e inclusive otra camisa) para que quede perfecta. Lo cierto es que le salva la patria al sifrino caraqueño en cualquier evento social o laboral. Si se combina con pantalones kaki, se está listo para entrar al estacionamiento de la compañía y que la ascensorista le sonría por haberse aprendido el uniforme. Si se combina con un blue jean destartalado a propósito, se está listo para todo lo demás. El blazer, en la parte de atrás del carro por si acaso la noche se pone aún más sifrina. Los calzoncillos con dibujitos de Spiderman, que serían lo único que podría salvar esta miseria de uniforme, no están bien vistos según la circular que envió Procter.


# 16 – Soplar las velas con la torta de La Gata Luciani


Las sifrinas aprenden a golpes o por tradición hallaquera a cocinar. Con el tiempo ya están capacitadas para contarles a las otras que la receta para la salsa bechamel queda en la página 44 del libro de Armando Scannone. Los maridos sifrinos, en cambio, aprenden a resolver la patria comprando comida afuera. Un buen sifrino no va a cualquier panadería o mercado. Eso es de amateur. Los croissants de almendras y huevos benedictinos se desayunan en la St. Honoré, la focaccia y las pastas para el almuerzo se resuelven en la Via Appia y un domingo de ratón se cura con un sándwich del Rey David. Las palmeritas para salir del paso visitando a un enfermo se compran en la Pastelería Ara y en canillas, se deja al gusto porque, como el guiso de las hallacas, el paladar del sifrino varía.


En épocas especiales el pan de jamón se compra en la Cova de Iria de Santa Eduvigis, el pavo para Thanksgiving (fecha patria para brindar por la calidad de vida) se manda a pedir a Comas. Los mazapanes para las abuelas se los compran directamente a Mechita Baldó en los bazares y no se soplan las velas de ningún cumpleaños sin que éstas estén puestas encima de una torta de La Gata Luciani (valga la cuña porque es la mejor). Esta torta es tan indispensable como el pie de chocolate y el de guayaba de las Vaamonde. Sin ellos, la reunioncita cumpleañera quedó piche. El sifrino de cepa sabe de estos pies porque sirvieron como excusa en las canchas de tenis del Country para comprar cigarros. “Pedro, una caja de Marlboro pero me la anotas como un pie” fue el acabose de las cuentas anotadas en el club.


#15 –“Niñitas somos demasiado Sex & the City”
(Declararse igual que alguien en una serie gringa)


Los sifrinos de Caracas adoran las series americanas. Mad Men, Greys Anatomy, House, lo que les venga. Comentan la serie como cuando contaban sobre quien había metido la pata, se aprenden los diálogos y si una ocasión tiene un cierto déjà vu con la serie, pues se lanza un “You ate my sandwich? MY sandwich?” Si se identifican, pues puntos para ustedes en Sifrinismo. Ahora hablemos del caso extremo. ¿Qué pasa con los sifrinos y el empeño perenne de decir que son “igualitos” a alguien en una serie?


Carrie Bradshaw, con una flor hidropónica en la solapa de su chaqueta la cual va creciendo como La Tiendita de los Horrores a medida que avanza la serie, persigue a un viejo verde por todo Manhattan para que la terminen dejando en la iglesia con una cagada de pájaro azul en la cabeza. Eso es dantesco. Y encima las sifrinas de Caracas confiesan que son igualitas a ella. Ehhm, no. En palabras de Patty Bouvier, hermana de Marge Simpson: “Sex and the City is a show about four single women pretending to be gay men”.


Igual con Friends. Primero, Friends jamás funcionaría en el mundo sifrino de Caracas porque el show se hubiese concentrado completamente entre el matrimonio entre Rachel y Barry quienes sí se hubiesen casado y Joey no hubiese podido existir porque él no “te es” de colegio conocido. Pero la gente insiste. No puede haber una sifrina medio patuleca porque ya sale con el cuento “chama es que soy demasiado Phoebe.” ¡Phoebe te patearía el culo! ¿Y lo peor? Cuando se ponen a hablar mal de Rachel (our goddess of hotness) diciendo “¡uy no la soporto es demasiado sifrina!” ¡Al horno!


#14 – No escatimar en tequeños


El sifrino es refinado. Inclina la copa para que el mesonero sirva la champaña (el champagne siempre nos ha parecido de Lupita Ferrer) con la misma agilidad que sostiene la galleta para que le unten paté. Todo pasa palo viene con su servilletica y sí son de palillos, se comen y se descarta discretamente en un cenicero. Todo un arte de elegancia para llenar el estomago con suficientes carbohidratos como para no perder la compostura antes de la muy fatídicamente llamada “hora loca”. Ahora, nadie se ha detenido a ver como un sifrino se come un tequeño.


Puede estar parado en la entrada de una fiesta hablando del US Open (por su proximidad, no hay nada más sifrino para el venezolano que el US Open) y las fosas nasales le comienzan a hacer señas. En algún lugar de esa fiesta, alguien está friendo los tequeños. Con el rabo del ojo ve para atrás y para adelante, buscando al hombre más famoso de la fiesta: el mesonero con el bowl de tequeños. Cuando llega, le lanza un discreto “ay si señor” y ahí pierde la chaveta completa. Agarra una servilleta y comienza a apilonar tequeños en números de a tres con la excusa que “éste es para mi señora”. Sí yo te aviso. El sifrino, en materia de tequeños, es un pequeño egoísta.


#13 - Tener una mamá que no se mide


El Sifrinismo no se mide en edades sino en actitud pero igual todo sifrino tiene una madre. En el mundo del Sifrinismo, éstas comparten la cualidad que no se miden en sus palabras. Ni las pajuas. Para efectos de esta edición, sólo hablaremos de dos tipos de madres: las irreverentes y las insoportables. La irreverente es la madre que le sabe a casabe, ella es sifrina de cuna. Ella es la que alguien bien sifrino se le presenta educadamente con “Hola Elena, yo soy el hijo de María Mercedes” y le responde: “Ridículo. Yo claro que sé quién eres tú.” En la próxima fiesta la Señora Elena saluda al sifrino burlándose con “Hoooola, yo soy Elena la hermana de Clara”. La amistad es para siempre.


Las madres irreverentes son mujeres todo terreno, que no dejan al marido pendejo porque ya pa’que. Fueron mamás que vieron a los sifrinos fumando por primera vez y le pidieron un cigarro mientras le decían que era un idiota. Son mamás que no escatiman en sus palabras. Para ellas “ay chico, yo esa película la vi en el avión” le parece tan lógico como decir que compraron azúcar a precio de ganga. Mujeres que riegan las matas con moño puesto porque en la noche tienen un matrimonio, en el que son las más gozadas.


Luego está otro tipo de madre sifrina, la insoportable. Esa es la que viene toda inocentona con camisita blanca tipo Gap, flats y cartera Neverfull pero que suelta unas perlas que dejan a los hijos sifrinos de las irreverentes pensando que esta mujer tiene que ser internada. Madres llenas de Botox que ven a sifrinas que son enfermeras y le preguntan que donde compró su uniforme para comprárselo a la muchacha de servicio. Que sueltan perlas como “Le Bilbouqueeet? Pero dime que pediste el poullé cajun?” “Ayer fui para Comas y no sabes a quien me encontré.”


Esas madres son bien educadas igual que las irreverentes pero siempre andan detrás del fotógrafo, ilógicamente pidiendo a los sifrinos que les des la bendición y con un puje que la hija de doce años está gorda y que no va a conseguir marido a los 22. Cuando alcanza su sueño de tener a una hija casi anoréxica e insegura de 22 años, le cuenta a Raymundo y todo el mundo lo que ningún sifrino no nuevo rico espera oír: “Imagínate que Sabrina Sinaruco le regaló el juego de vajilla completo a mi hija de matrimonio. Que honor”. Madres irreverentes o madres insoportables. “Te son” sifrinas pero “te son” diferentes.


#12 – Discutir sobre cual Le Club fue mejor


Le Club es el santuario de los sifrinos. Así cada generación que toque el jockey de la entrada jure que no vuelve más porque eso es un Baby Gym. Esa bola de disco ha visto más blazer sudado que gerente de hotel en Barbados. Se han forjado romances y se han halado pelos, saludado a Alfredito como si fuese un tío y bailado el mismo set de flamenco para probar que las cuatro sevillanas aprendidas en la academia de Siudy no fueron en vano. Pero lo más sifrino es discutir sobre cual Le Club fue mejor.


Es bien sabido, que el club ha tenido tres locaciones: en Chacaito, Letonia y ahora en el San Ignacio. Cada generación toma su locación como propia y se identifica con ella, diciendo que toda época pasada fue mejor. Los de Chacaito, recordando una época más formal donde se tenía que vestir de flux y llegar con “Strangers in the Night” de Frank Sinatra y los del Letonia atreviéndose a ir de blue jean y chaqueta para ver a la fauna desde el segundo piso. No tener un cuento sobre la barra de Le Club es no ser sifrino. No saber donde está escondido la zorra en el mural es no haber querido al club.


# 11 – Que te haya casado un alcalde (o en su defecto It’s Good to Be)


En Caracas, existe solamente un ejemplo de una excelsa pareja sifrina que sin ningún tapujo se casó ante la Ley en la jefatura civil. Vestidos de blue jean, recogieron a la mamá infartada que gritaba por las calles “¿cómo me hacen esto?” y con dos testigos a bordo, se sentaron en una de las oficinitas del municipio a leerse mutuamente los derechos de los esponsales. Listo el pollo. Los reales del bonche, guardados para la fiesta de la Iglesia. Como debe ser. Los demás sifrinos no son así. Ellos tienen dos fiestas de matrimonio, la del civil y la de blanco falso. Con una semana de diferencia o, como es más común, seis meses antes por eso del papeleo para el postgrado. El civil se presume de “familiar” lo que nos hace pensar que DJ Leonel es primo de todo el mundo en esta ciudad. Porque de “familiar” no tiene nada. Ahí más de una nonna se ha falseado un pie bailando.


Sin embargo, el non plus ultra en el mundo sifrino, es que te case el propio Alcalde. Amigo de la familia o conocido porque la mamá de uno de los contrayentes es una guarimbera de las buenas, el Alcalde se traslada hacia la casa donde se celebra el acto. Ahí en el comedor decorado con unas altísimas phalaenopsias que le quitan la vista al hermano en Houston que está viendo la ceremonia por Skype, el Alcalde les ofrece unas palabras de buenaventura para una vida en pareja.


De no poder presumir del Alcalde, la segunda mejor opción en el mundo sifrino es haber sido casado por It’s Good to Be. Ese amigo mío quien estoy seguro viene incluido en los presupuestos de la Agencia Festejos Mar, que por casualidades de la vida ofició un matrimonio civil de un primo y luego se vio azotado por todos los sifrinos de Caracas para que los casase “en una cosa más personal, tú sabes, más yo”. A It’s Good to Be se lo llevaron hasta el Volcán, Galipán y San Antonio de los Altos (en un mismo día) para casar a tres parejas distintas y que echara un cuento distinto de cómo él es primo de la tatarabuela de la madrastra del tío de la que plancha en casa del novio y que por ende eso es amor. Firmen aquí. En el nombre de la Republica y por autoridad de la Ley.


# La ñapa – Haber estado en las gaitas intercolegiales


Los miembros de la banda marcial del colegio todavía se rascan la cabeza. ¿En qué momento se volvieron las gaitas un must? El furor de las gaitas no se da porque los sifrinos sean amantes de la música venezolana. De hecho, salvo el Alma Llanera que se lo ponían en las fiestas de quince años y en Le Club para botarlos, es poco probable que hayan oído algo más. Aún así, las gaitas de los colegios se han popularizado de tal manera que un sifrino se mete, así sea en el fondo tocando furruco. No quedar en las audiciones es una tragedia. Ni hablar de la corredera de las soccer moms llevando a sus hijas sifrinas a plancharse la peluca y mandar la falda para la tintorería entre presentación y presentación.


Lo que queremos saber es lo siguiente: ¿Quién fue la promoción sifrina que se le ocurrió convertir las gaitas en una producción autóctona de Joaquín Riviera con los arreglos musicales de Isaías Urbina y el ballet de Venevisión con coreografía de Mery Cortéz? Ahora los sifrinos tienen patrocinantes, tienen que usar camisas alusivas a la marca, efectos especiales, vestuaristas, maquilladoras, técnicos musicales, coach y groupies. Es en serio la pregunta, ¿Qué queda hoy en día de la palabra ‘gaita’?




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¡Salud! El Tea Party en este countdown ha acumulado unos impresionantes 7 puntos dado que le han robado el Blackberry en cada viaje que emprende por lo que no puede saber si actualizaría o no su estatus con un arroba pero nos imaginamos que no lo haría. ¡Eso sí, madre irreverente te la lleva! Quédense sintonizados para mañana cuando develaremos el fastuoso Top Ten de las cosas de los Sifrinos. ¿Qué debería estar in? ¿Qué debería estar out? Déjennos saber aunque el Número 1 les sorprenderá.-

Sunday, May 23, 2010

Y al Miss Mundo va... (#10- #1)

A pesar de todo, un sifrino con personalidad "te goza" donde se de el bonche

Sifrinos de Caracas ¡actívense! La Semana Nacional del Sifrinismo ha llegado a su punto final. Hoy, en el Tea Party revelaremos las diez posiciones finales de las 50 Cosas que Hacen Los Sifrinos Caraqueños. Una rendición de tendencias, momentos e indumentarias que acercan a una persona al Sifrinismo. Para aquellos que han estado llevando la cuenta, le recordamos que la valoración del puntaje es como sigue:


Cumplir 1 sola condición lo hace automáticamente un sifrino. Lo lamentamos pero el juego lo inventamos nosotros. ¡Usted es un sifrino y punto! Si cumple entre 15 y 20 de las condiciones, aplausos, Usted cae en la categoría de Sifrinos Clase B y puede decir que es igual de sifrino que el que escribe en el Tea Party. Ahora bien, si cumple entre 38 y 50 condiciones, debe saber que Usted es un Sifrino Triple A y que por lo tanto, tiene todo el derecho de salir del closet de los sifrinos y pedir que por favor le rindan un merecido aplauso en su homenaje.


Esperamos con ansias que le haga saber al Tea Party si Usted desea que le publiquemos su foto más sifrina, cosa que con gusto haremos y le rendiremos un tributo especial a su Sifrinismo. Ahora sí, con voz de Gilberto Correa, las 10 Cosas más sifrinas que hacen los Sifrinos de Caracas son:


# 10 – Tener la Merú con vidrios blindados


Todo sifrino de Caracas sabe que el paquete del Sifrnisimo no viene solamente de cuantas tarjetas de invitación reposen en la mesita de la entrada de la casa. Tampoco por cuantas clases extracurriculares le dio el profesor Garaizabal en sus años de estudio. Un sifrino no está completo sin un modo de transporte regio que lo pasee por los tráficos de Caracas. El cénit es tener la Merú 4x4 gris o sus similares. Algo lo suficientemente lujoso como para extender el tufo del estatus pero también lo suficientemente poderosa como para poder “embarrarla” en un charquito frente a la casa de Sabrina Sinaruco en La Sabana.


Como lo hace con las casas en Los Roques, un sifrino te puede identificar de quien es cada camioneta estacionada entre una fila de carros de Cerro Verde. ¿EL tema de conversación? Tener la camioneta con los vidrios blindados por cuestiones de seguridad. Es el equivalente a los vidrios ahumados de los noventa. No tenerla blindada es de gente quedada. Para la oficina, en caso de tráfico abultado, una moto Vespa reloaded con vidrios de Chip Patrulla Motorizado y casco de patineta.


Ñapa: Sabes que eres sifrino si le dices “Gordo” a tu novio y “Gorda” a tu novia. Sifrino que se respete no dice Princesa, Mi Rey, Mivi (corto para “Mi Vida”) en cualquier formato y sobre todo en idioma de bebé.


# 09 – Preocuparse por el “Qué Dirán”
Una sabia sifrina confesa que juega a ser niche (manifiesta que algún día su casa se llamará la Quinta “Avenida”) decretó el mantra que por siempre embargará a los sifrinos: “Nunca terminamos siendo lo que en verdad queríamos ser por aquello del qué dirán”. Eso le agobia a los sifrinos. Desde chiquitos son compelidos a comportarse, a saludar con beso, a ir a misas de muertos de gente que jamás vieron para cumplir con otro, a no llamar a la una p.m. “porque se está almorzando”, a ser vírgenes hasta el matrimonio, a no salir si no sale el novio y a trabajar en Finanzas.


Ello ha generado una generación de artistas frustrados atrapados en blazers, mujeres de dieciocho paseando a sus metidas de pata en coches Orbit, “ñazas” porque “me miró feo”, divorciados antes de que llegue el álbum de Mauricio Donelli y mensajes de texto enviados a las dos de la mañana desde El Pingüino, con una llevada de manos a la cabeza el día después. El “qué dirán” es un mal que agobia a los sifrinos, cuyo entorno espera que sean perfectos. “Imagínate que la hija de Federico Sinaruco está saliendo con el ex marido de María Mercedes”. ¡Sí chica, porque María Mercedes es senda lesbo! Y tú hijo te roba plata para comprar marihuana y tu sobrina está teniendo sexo sin protección porque a ti jamás se te ocurrió hablar honestamente de esos temas en la mesa. Todo por aquello del “qué dirán”.


Ñapa: Sabes que eres sifrino si puedes hablar con propiedad de todas las pistas de esquí en Courchevel, Corvara, Whistler y Vail. (Si puedes hablar con propiedad sin haber ido eres un idiota).
# 08 – Llegar con una pinta exitosa a la playa (y ceviche en Tupperware)
Viajar por el mundo es una cualidad del sifrino, pero al caraqueño se le respeta sus escapadas a Margarita. Sifrino que no sea adorado por una pareja de señores en un rancho de Chana perdió su viaje al Estado Nueva Esparta. Y si bien hacen los mismos planes que todo aquel que pone “De Musipán pa’ Diverland” en sus carros, un sifrino se reconoce a leguas, aún cuando esté parcialmente desnudo.


El papá sifrino llega a la playa con sombrero de Panamá, camisa blanca Columbia con los Cohiba en la solapa, traje de baño Vilebrequin – indumentaria equivalente a las corbatas de animalitos de Hermés- y Crogs porque a él le sabe a ñoña, esas cholas son cómodas. La mamá, ilógicamente maquillada se quita su pareo anudado en cruz al cuello, se sube con las dos manos el bikini strapless y se ajusta la visera de paja de donde sale una discreta colita de caballo. El adolescente insoportable viene con mocasines de cuero con lacito, camisa Polo rosada, Vilebrequin con elefanticos y la caja de Belmont escondida para fumar detrás de una mata. Detrás, la enfermera sin derecho a traje de baño con la sifrina de la próxima generación con dos coletas montadas y una Boogie Board de la que se antojó en el camino.


Esa es la gente normal. En una silla ya sentada a lo lejos, con siete buhoneros vendiéndole zarcillos de perlas, está la Chica Kanomi. Aquella que te luce una figura esculpida del Yoga Shala y que no repite traje de baño porque Bamboo Mare le hizo quince (tres strapless embutidos en paquitas porque tiene un matrimonio la semana que viene). Esa sifrina para meterse al mar se tiene que desamarrar las espadrillas, dejar a un lado la camisa hindú que está usando como almohada, quitarse el pareo que le combina con el color de las uñas, sacarse los setecientos collares pemones que le vio a Patricia Velázquez en una revista y lanzar la pamela mejicana de Speedy González que se trajo para que no le afecte el peeling. El pelo la tiene sin cuidado. La Keratina se encargó de hacerla ver esplendida. Masajes tiene cita a las tres. El marinovio que pida otra botella de champaña rosada porque ella te lleva “la calol”.


Ñapa: Sabes que eres sifrino si estás abonado en la zona VIP durante toda la temporada de beisbol.
# 07 – Tener material P.O.P. de las propiedades (regalado o propio)


El arte de invitar no es tomado a la ligera en el mundo sifrino. La lista de invitados se selecciona tan cuidadosamente como se decide cual coffee table book poner en la mesita del salón. La gente tiene que pegar y ésta no puede ir si va el novio de la otra porque hace cien años se dieron los besos y eso es un desastre. Las mamás están contentas porque “a Sabrina mi hija la invitaron para el yate de los Sinaruco en Semana Santa”. Y Sabrina regresa feliz y contenta porque se metió una voladora en el yate, aún cuando ante la pregunta “mi gorda ¿cómo te fue?” le responda a su mamá con un escueto “Ay equis”.


Ahora bien, Sabrina no regresa con la maleta vacía del viaje, no. Sabrina regresa ataviada con una franela con monograma del nombre de la finca o el yate o la casa. El material P.O.P. es tan importante como la vajilla de playa o mandarle hacer monogramas a los pañitos en los baños de visita (baños que por cierto merecen una crónica completa). El sifrino se distingue si tiene propiedades. Pero el top es el que te invita al Catamarán Rumbero, propiedad de la familia y te da un regalito de salida como recuerdo.


Ñapa: Sabes que eres sifrino si tienes que pronunciar la palabra "GMAT" alguna vez en tu vida para excusarte de un compromiso.


# 06 – Descoser los sociales


Hablando del tema, un sifrino de toda la vida opinó: “Que Rafa Méndez no te pregunte tu nombre no tiene precio.” Los sifrinos son introducidos a los sociales desde que son incluidos en una lista de quince años que se pasa entre Ursulina y Ursulina. Entre la saludadera, una parada en la mitad de la fiesta hace que los sifirnos bajen su copa –porque como ya se mencionó, sifrino de cepa no sale retratado con trago en mano- abracen a la sifrina puesta estratégicamente a su lado y saquen a relucir sus dientes perfectamente blanqueados con tratamiento. Faux pas que el fotógrafo saque su cuadernito Moleskin para anotar el nombre. De no saber quién es la acompañante, se hace una pregunta discreta al oído.


Los sifrinos ya no salen en los periódicos. Ahí ahora sale una gente “que yo no conozco”. Salen en revistas especializadas, así sea ilógicamente en la Vanidades de la peluquería. Cuando llegan a las casas – porque a todo sifrino le llegan revistas que “te son de cortesía”- hacen caso omiso a los artículos de contenido y se van directo a los sociales. Siete páginas de eventos diversos en los que predomina la “It Girl”, aquella que está de moda en el momento y fluyen los comentarios sobre los retratados (comentarios de sifrinas: “el vestido de Sabrina es TOO MUCH” o “ella se hace el laser conmigo").


Lo ilógico es la humildad sifrina ante los sociales. Un comentario de “te vi en una revista” amerita dos respuestas sifrinas: o “ayy tan bello Rafa que me puso” o “ay no salí horrenda”. ¿El acabose del mundo sifrino? Que la leyenda debajo de la foto de Sabrina Sinaruco con el inhóspito que invitó, lea: “Sabrina Sinaruco muy bien acompañada”.


Ñapa: Sabes que eres sifrino si te fuiste con tus amig@s a Los Roques o te hicieron una fiesta en Galipán para celebrar tu despedida de soltero. (Ultra si te fuiste a Las Vegas).
# 05 – Embarrarse en el Bazar del Country


Los sifrinos entienden que la causa noble del bazar navideño del Country Club bien amerita el esfuerzo. Se han recaudado miles de millones a lo largo de los años para la obra que representan y eso amerita un aplauso. De eso nadie puede quejarse. Pero hablemos del día del bazar. Este es el mercado persa de los sifrinos. Su Fun Race por decirlo así. Si la marca por excelencia del vulgo es el dedito morado al terminar una elección gubernamental, la marca del sifrino es un zapato Hogan plateado y dorado embarrado hasta el tobillo luego del Bazar del Country.


Es ley que todos los años les cae un chaparrón de los buenos. Si bien, la Agencia Mar ("worth every penny" según una sifrina de toda la vida), resuelve con toldo blanco y candelabro dorado, los ríos de lodo que fluyen por el parquecito infantil hacen imposible la caminata. Los compradores van de stand en stand, lanzando besos por doquier, saludando con la mano extendida y los dedos hacia abajo y diciéndole a las sifrinas que venden “ya vengo mi amor, me tomo un cafecito y te vengo a comprar”. Código sifrino para decir “no te voy a comprar un carrizo”. Todos los años el mismo despelote, haciendo cola para el baño, pagar, comer, saludar y ver las gaitas de los colegios. Embarrados por una causa noble. ¿La mejor solución para pasarla bien? Encontrarse a la señora sifrina que es prima de todas las organizadoras. Ella está parada en una esquina con un Astor Azul viendo la marabunta y diciendo: “No, no, no. Esto es un horror”.


Ñapa: Sabes que eres sifrino si tu lista de matrimonio está en Iskia, Il Argento, Niní y Amalia, Galea, Bo Concept y en Beco y Bazar Dinafra para tu despedida de soltera. (Lo único verdaderamente capitalista de este país son las listas de matrimonio).
#04 – Plancharse la peluca
Hay hombres en esta ciudad que se casan con mujeres sifrinas y se llevan un chasco en la luna de miel. De la cama nupcial en Bali (porque los sifrinos viajan a Asia) sale una risueña señora casada que sigue admirando su anillo de oro blanco (no hay de otro tipo) y anuncia que se va a bañar para salir a comer. Cuatro horas después, el marido impaciente decide tocar la puerta ante el inminente ruido de un secador que no termina de apagarse. Abre la puerta y ahí está la confirmación de la leyenda urbana más escondida desde que los Illuminati decidieron no divulgar sus secretos: las sifrinas caraqueñas “te tienen” el pelo rulo.


El aplacamiento de la peluca comienza a temprana edad. El pelo secado es el non plus ultra del Sifrinismo caraqueño y como tal, se va a la peluquería una vez por semana (dos si hay eventos varios) a que alguien llamado Renny, les aplaque la desgracia y le diga que es “la más bella”. Las sifrinas caraqueñas se hacen las manos y los pies todas las semanas, dígase viernes de matrimonio o jueves para ganar tiempo. ¡Nada de uñas acrílicas! Se hacen el laser para depilarse (afeitarse es de monas) y persiguen a su manicurista de peluquería en peluquería si se peleó con la dueña. Las manicuristas lo saben todo. Quien comenzó a tomar pastillas anticonceptivas, quien se está divorciando quien le está haciendo el vestido a Sabrina Sinaruco. Las niñas sifrinas entran a su templo y se quedan horas, fían cuentas millonarias en dicha peluquería porque la tarjeta no siempre pasa. Tienen códigos estándares para propina y a juro hay que dar regalo de Navidad.


El maquillador es otra historia. Las sifrinas caraqueñas no se pasan un “brushesito” y presto. Esa cara de geisha la arregla un artista; un súper divo al que las sifrinas caraqueñas le tienen que rendir pleitesía en su súper peluquería. Si se cumple con la gracia de ser una cliente frecuente y se jala suficiente mecate, el súper divo puede hacer el honor de ser aclamado en una casa particular para así sentarse con la sifrina y prevenir el faux pas que alguien la vea peinada y maquilada antes del sarao nocturno.


A esos hay que mandarlos a buscar, darles pasapalos, y jamás de los jamases meterse con la obra maestra que están realizando en la cara de la sifrina. Hay algunos que firman la cara con su sello personal. A los súper divos se les trae maquillaje cada vez que una sifrina llega de viaje, se les da un regalo de Navidad y se lea oyen los cuentos de las escapadas con el novio. Con el maquillador, van pasando revista de los sociales porque él se sabe todos los cuentos de las doñas sifrinas y cual barajitas del Mundial va diciendo a quien arregló. Tener un maquillador personal es el top del Sifrinismo femenino.


Ñapa: Sabes que eres sifrino de cepa si juegas papelito y sale Tamba el profesor de tenis.
#03 – Tomártelo suavecito y con soda


¿Realmente tenemos que hablar del whisky? El líquido escocés es al Sifrinismo lo que Laika significó para los soviéticos. El whisky para el sifrino es como Wendys para el vulgo: siempre “cuadra contigo”. Señalen a una persona hablando a mares con un whisky aguado extendido para que se lo reponga un mesonero y ahí está un sifrino. Buchanans 18 o la marca que se ajuste al paladar, el whisky ha acompañado al sifrino en todo momento de su existencia, y éste a su vez le ha sido fiel. La champaña rosada y las tardes de vodka tonic pueden ir y venir pero el whiksy comienza desde la clínica donde nace un retoño sifirno.


¿Hay algo más ilógico en Caracas que poner pasa palos en una clínica para la gente que venga a visitar un bebé? Sí, poner whisky. El sifrino caraqueño tiene la virtud de considerar que todo momento amerita un whisky y como tal esa botella lo ha acompañado a él como borrachito de pueblo en la playa, la montaña, la corrida de toros y en toda feria de arte al que le han arrastrado sus esposas. Pedido en servicios y en cantidades. Igualmente sifrino es saber de vinos y bastante. Que vino va con que comida y en que copa se toma. Igual sucede con la champaña de la cual nunca se puede saciarse.


Hay un cuento en Caracas de unos padres sifrinos que comenzaron a comprar cajas de champaña para el matrimonio de su hija. Cuando faltaba un mes para el matrimonio creyeron que se las habían robado. “Robado” es la palabra que se usa en los predios caraqueños cuando nadie puede admitir que el término correcto es “Bebido”. Por ellos. Sin ninguna verguenza.


Ñapa: Sabes que eres sifrino si puedes saludar a todas las personas que están en la sala de espera de tu dentista.
#02 – Que te parezca que todos los matrimonios son igualitos


Hay un dicho sifrino que reza que una fiesta no comienza sino hasta el día después cuando se comenta en el desayuno. El Santo Grial de las cosas sifrinas de Caracas no puede ser más que ir a un matrimonio. Una noche en la que se bota la casa por la ventana, se endeuda, se hipoteca, se sufre y se pela para ver a una niña vestida de blanco entrar por una Iglesia para caer en manos de su prometido. En Caracas, una fiesta de matrimonio (los sifrinos le tienen alergia a la palabra "boda") es de tal magnitud de producción, que no puede sino pensarse en hacer otra lista aparte en este countdown sobre las 25 Cosas que Odiamos de los Matrimonios de Caracas. Sólo nos extenderemos aquí para decir que lo más sifrino que pueda pasarle a una novia es conseguir casarse en la fecha que a ella le de la real gana y no en la fecha que le ponga un sacerdote o la Quinta La Esmeralda.


Ahora bien, el cenit del Sifrinismo en Caracas no es ir a un matrimonio. Eso se da por sentado. El non plus ultra es aburrirse en un matrimonio. ¿O es que acaso los novios sifrinos no saben que su matrimonio es exacto al del viernes pasado? Para empezar ¡abajo con la tela blanca! ¿Vendieron el collar de la nonna para poner la misma sábana blanca que se lanzan en todos los matrimonios? ¡Abajo con el cotillón! ¿Quién le dijo a los sifrinos de Caracas que salir de un sarao vestido de conserje en piñata de niñito de apartamento 8-A es de la high? ¡Abajo con el tequeño de hojaldre! Si se van a poner creativos con los tequeños, asegúrense que también hayan los tequeños normales de las Tías. Un tequeño de hojaldre es divorcio seguro.


¡Abajo con el entarimamiento clasista! ¿Qué es esa ridiculez de poner a los sifrinos a decidir si son Mick Jagger o son Barra Groupie del Cortejo? ¡Abajo con las novias que juran que su vestido de cortejo es bonito! Amiga, tus “niñitas” no te lo quieren decir pero hay que decir la verdad: ese trapo que les mandaste a hacer fue BIEN feo.¡Abajo con los novios que ponen sólo tabacos! Full sifrino pero si es así, los que fumamos cigarros queremos una maquina dispensadora porque ahí nadie “te fuma”. Pero a las dos de la mañana que prendan la chimenea.


¡Abajo el frac! Novios no se dejen pisar. Implementen el uso de la guayabera. Vivimos en un trópico socialista y los sifrinos insisten en que debemos sudar. ¡Abajo los zanqueros! Esa gente no merece vivir. ¡Abajo esconder la botella para que no se vea la raya roja de zona libre de impuestos! Señores padres, todos sabemos que los sifrinos somos unos pelabolas. Tranquilos que eso no le quita el oro a nadie. ¡Abajo las idiotas que dicen ‘Que Uuuuutil’ en las despedidas de soltera! Una niña con postgrado en Ingeniería Bioquímica y experta en Hedgefunds le parece un foso que le regalen un plumero. ¡Abajo los Crogs! Sifrina de cuna llega a su casa entaconada. No hay excusas.


¡Abajo la aclamación a Fiera Perrari! En verdad no, sólo queríamos encontrar una excusa para decir Fiera Perrari. ¡Abajo los niñitos en el cortejo! No saben caminar y son una ladilla a pesar que las mamás digan que es cuchi. ¡Abajo no saludar! ¿Nos seguimos en Twitter, fuimos para las mismas fiestas, estamos todos los días metidos en El Pingüino, nos vemos todas las fotos en Facebook y encima te das el tupé de no saludar? No seas descarado, sifrino. Y muy especialmente, ¡Abajo las tocadas de lolas sifrinas en baños de mujeres! Esas son las que se tienen que entarimar. En resumen: Novias sifrinas del 2011: se aprecia la invitación pero se aprecia más la personalidad. Queremos gozar contigo. ¡Lánzate un matrimonio sifrinamente memorable!


Y finalmente y por último: las 50 Cosas que hacen los Sifrinos de Caracas culmina con....... (música de Venevisión cuando ganan los Leones o coronan a Miss Venezuela):


#01 – Haberse metido en el blog de Toto Aguerrevere toda esta semana
¡Ah que no iban a conseguir puntos! Sifrino de Caracas que se enteró que el “niñito Aguerrevere” estaba haciendo una lista de las cosas sifrinas y que encima le dijeron mono porque admitió que usaba camisas Abercrombie & Fitch, se metió a ver si él podía considerarse como un Sifrino Clase B (de 15-20 puntos) o si debía desenmascararse para siempre y salir del closet de los sifrinos, admitiendo que uno “te es” un Sifrino Triple A (de 38 a 50 puntos). No puede haber nada más sifrino que clasificar y clasificarse y aquí todo el que celebró la Semana Nacional del Sifrinismo tiene que subir su bandera y exclamar a los cuatro vientos “chico yo ‘te soy’ full sifrino”.



Así concluye la Semana Nacional del Sifrinismo. Este fin de semana se ofrecerá una rueda de prensa con las conclusiones del evento pero desde aquí el Tea Party agradece enormemente a los 87 sifrinos Clase B (y los 10 no confesos Triple A que pidieron anonimato) que contribuyeron a esta lista. Sin sus comentarios – sobre todo con respecto a las modas- esto no hubiese podido ser posible. Fueron más de 450 items considerados para esta lista de 50.


No están todos los que son y seguramente hay más. Pero nadie puede decir que cumplir con más de 38 aspectos de la lista no lo hace un Sifrino Triple A desenmascarado. ¡Que salgan! Queremos rendirle un aplauso por habernos hecho pasar una semana de júbilo. A todos los demás Sifrinos Clase B, saquen sus cuentas y sumen sus totales. Porque la persona a la que Ustedes consideran que es un sifrino, seguramente está diciendo lo mismo de Usted! `


Nos vemos en la próxima corbata. Les narró para Ustedes, Porfirio Torres.-

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