Wednesday, June 30, 2010

"¿Y ahora que vas a hacer?"


Al ilustre caballero Juniper Jeremiah Springfield (aka Alejandro mi hermano):

De verdad que es patético el hecho que te estés graduando en estos momentos del “cursiiito” y no haya ni un solo miembro de la familia aplaudiéndote. Quisiera echarte un cuento de esos de familia que ahorró hasta el último centavo del quince y último por siete meses para poder mandar a un primo (siempre es un primo) a que te acompañase en un momento tan relevante y circunstancial para tu vida. Que cuando nos vimos impedidos porque en verdad los reales no alcanzaron o porque al primo le dio dengue, lloramos a mares pensando en que no podíamos ir a ver a nuestro hermano en una de pompa y circunstancia. El único miembro de la familia con postgrado y nadie de sus seres queridos allí para aplaudirlo.

Jups, ¿sabes qué? ¡Al horno! Aquí en esta casa (como tampoco en la de la niñita con la que vives tú) ni remotamente se nos pasó por la cabeza que teníamos que ir a aplaudirte en tu graduación. Cuando te digo remotamente es que alguien mencionó en la mesa que tú te graduabas hoy y todos los demás dijimos “¿quéee?” Dontcha just love family love? Métele ahí que nadie en esta casa se sabe el título de tu postgrado. Aquí se pagó un poco de real para que el niñito Aguerrevere se fuese a Italia porque él se “tenía” que ir a Italia y hasta el sol de hoy, Jups, llega una señora toda metiche a preguntarnos lo que estás haciendo tú allá y todos nos tenemos que ver con cara de “what is Chandler Bing’s job?”

Mi mamá por supuesto insiste en que tú raspaste el postgrado. “Ningún postgrado dura tan poquito” a lo que hay que sentarla por la onceaaaaava vez a explicarle que los postgrados, como los embarazos, duran nueve meses. Lo que pasa es que ningún venezolano se regresa porque aparentemente hacer un postgrado en este país dejó de ser una opción educativa para convertirse en la manera más idónea de no tener que escapar en balsa. Hablando de tu graduación en la mesa, me dio ese remordimiento Pepito Grillo del cual tú te burlas y dije que en verdad uno de nosotros ha debido irse para por lo menos asegurar que no te mandases la botella de champaña solo (y dos y tres). Me encanta que de tooodas las excusas la única que se les ocurrió entre un sorbo de la sopa y otro fue: “Eso es lejíiiiisiimo.”

Seguro estás muerto de miedo porque “chico, ¿y ahora qué?” Eso es lo malo de terminar el  postgrado. Pasas nueve meses de gracia, felicísimo porque todo el mundo te tiene en el pedestal pues como te dije cuando te fuiste, hacer un postgrado – como casarse – son las dos únicas cosas incuestionables en este país. Ya con la toga guardada y el diploma en una carpeta que más nunca verá el sol, comienzan de nuevo las preguntas. “¿Y ahora qué vas a hacer?” y “Pero, te quedas allá ¿no?” A esa gente no le pares pues esas preguntas se responden con “ser feliz” y “si me provoca”. Porque en verdad, querido enanillo con personalidad, la GRAN pregunta que tú te tienes que hacer, solito en el rinconcito que más te guste, no es más que “¿y ahora cómo?

Todo el problema en esta vida es que nos enseñan a perder el tiempo pensando sobre qué queremos ser y nos vamos olvidando lentamente que ya lo somos. Ya sabemos lo que nos gusta y lo que queremos hacer. El problema es que nuestro potencial jefe, el apartamento con la vista a la montaña, la mujer de los ojos marrones y el carro que está en la tienda, todavía no lo saben

Ahora es tu momento para sacar una cartulina bien grande, llenar el piso con marcadores que drogan con el olor y ponerte a dibujar. Lo que se te ocurra, lo que te provoque. Lo que te mueva el piso. En crear tu plano arquitectónico de cómo quieres ser de ahora en adelante con todo lo que ya sabes. ¿Cómo llego hasta mi trabajo soñado? ¿Mi casa de la Barbie Ensueño? ¿mi carro Mustang? ¿A quién llamo? ¿Qué empresa busco? ¿Dónde lo compro? ¿Cómo lo construyo? Flechas por doquier sobre como llegar de donde estás sentado en el piso a la silla de la oficina que tiene una coctelera en el cafetín. Una tras de otra hasta que estés claro.

De repente no la pegas con el primer dibujo. Ni el décimo, ni el vigésimo. Pero alguno pegarás. Sabiendo que un día te tienes que presentar en tal sitio, con tal diseño, y hablar con tal persona para comenzar a vivir exactamente como querías. Gracias a un simple dibujito que hiciste algún cuando se te ocurrió hacerte la gran pregunta: “¿Y ahora cómo?”

¿Qué tal mi After School Special? Oooh so corny!

- Jenny: "I wish I could have been there with you".
- Fowwwest: "You weeeeere".

Sunday, June 27, 2010

Por el Medio de la Calle

La gente no me cree que Caracas se goza caminando. Me dicen que por eso es que me pasan las cosas malas que me pasan pero yo no renuncio a mi derecho a caminar. Por eso me encanta cuando eventos como Por el Medio de la Calle toman las calles porque obligan a la gente a salir de sus carros y ponerse a echar un pie por las avenidas, viviendo lo que podríamos tener si no fuese porque no encontramos la manera de aplacar el hampa.

Es sabroso, sano y urbano. Primordialmente porque el arte que se ve no está precisamente en lo que se exhibe. Para mí el arte es ver caraqueños. Este tipo de evento obliga al pelo de pinchos, a la abuelita que se empina una fría en el León, al adolescente insoportable vestido de Messi con vuvuzela incluida y a las Sabrina Sinaruco con camisa Columbia a caminar por las mismas calles. Ver los diferentes tipos de vestimenta, las actitudes y la comprobación que es una sola gozadera es para mí el cénit de este tipo de eventos.

Lo chévere también es que aunque la gozadera es la misma, como se vive es completamente distinto. No hay nada más chévere que un sábado ocupado y ayer lo fue. Con esto del Mundial uno está acondicionado psicológicamente a cronometrar su mañana y su tarde en espacios de noventa minutos. No hay nada seguro de quien gana o quien pierde. Lo único seguro es el pote de Off contra mosquitos que me ha acompañado desde el 11 de julio con el partido inaugural. Luego de ver el triunfo de Uruguay en la mañana y la debacle de mi guión asegurando un triunfo con canción de Enya para la película sobre la vida de Landon “Lance Shaquille Mohammed Meryl” Donovan, cuadré mi ida para Chacao con la Queen Zubi, su esposo y la Chica Bond, recién llegada de sorpresa a los predios venezolanos.

Cual pool de colegio me pasó buscando la mamá de Queen Zubi para luego ir de casa en casa buscando a los demás. El paseo en carro con esa señora fue suficiente para decretar que yo no tenía que ir a Por el Medio de la Calle pues por media hora lo estuve. Ella maneja literalmente por el medio de la calle; para el transito mientras contesta un mensaje en el celular, se echa polvo, se pone pintura de labios y se cambia los zapatos manejando a cincuenta. Pasando por su propia casa se dio cuenta que la reja estaba abierta y no se le ocurrió otra cosa que retroceder desde el semáforo hasta arriba para cerrarla. Una vuelta en U para manejar en el sentido correcto jamás estuvo en los planes. ¿Saben cuando uno pasa la mano hacia atrás buscando ciegamente el cinturón de seguridad y no lo encuentra? Yo hacía exactamente lo mismo. Con el cinturón ya puesto.

Nos estacionamos y nos pusimos a caminar por la Plaza La Castellana para aprovechar lo que quedaba de luz en el día. Lo bueno es que este era el primer Por el Medio de la Calle de la Chica Bond. Ella trabaja en el mundo artístico así que esto prometía. La Chica Bond es como Miranda Priestley con los asentimientos de cabeza para decir que algo le gusta y la cerrada de los labios para decir que algo es catastrófico. Ella asume el desastre con la inflada de narices. La Queen Zubi no podía de la emoción que algunas testas iban a rodar pero no fue así. La Chica Bond anda en una de benevolencia que asusta. Lo único que no entendió fue el carro cotillón estacionado. Yo tampoco.

El evento fue chévere aunque me gustó más el del año pasado. Fue una buena iniciativa expandirlo para que cubriese más calles pero daba la sensación de que uno no terminaba de ver todo, aún cuando efectivamente se vio todo. Desde el Mercado de Chacao, hasta la música electrónica, los grupos de samba, los graffitis, los stencil y las mujeres guindadas en tela. Craso error no iluminar el paseo entre Prolicor y la Plaza La Castellana pues ahí más de una vieja en andadera andaba gritando “Marcoooo Poloooo”. Yo le añadiría más stands de comida y contrario a lo que piensan algunos del licor en este tipo de eventos, no le veo la negativa al mismo. Es una excelente oportunidad para promocionar vinos y distintas clases de cerveza a la par de insertar campañas contra el manejo irresponsable. Una no precluye a la otra. En todos los festivales del mundo lo hacen.

Un highlight fue haber visto a Telegrama cantando en la Plaza Altamira con sus groupies aupándolos. Muy buena música con un ambiente increíble. La nota cómica del tea party: estaba parado en la parte de arriba de la plaza viendo hacia abajo donde estaba la gente. En una de esas alguien me hizo señas con las manos gritándome “yo te leo”. Seudo Rock Star moment para el tea party. La Chica Bond infló narices diciendo que yo había contratado al fan para echármelas en frente de ella. Lo bueno es que luego de cantar “Prisionero” y terminarse el concierto, me encontré frente a frente con mi amiga bloggera Vida, a quien no conocía en formato tridimensional. Es tan chévere encontrarse gente quien lo lee a uno y a quien uno lee porque se acaban los formalismos de “encantado, un placer”. Eso va directo al “¿Qué más Totón?” Una camaradería instantánea.

Ojalá este tipo de eventos fueran bianuales porque de verdad Caracas echa de menos este tipo de acontecimientos. Sobre todo en otros municipios. El Municipio Libertador se beneficiaría enormemente de este tipo de cosas. Bien manejado y sin tintes políticos en donde la gente sólo vea arte, del bueno, del malo, del regular y del emocionante. Hay que salir por el medio de la calle. Salir, salir, salir y gozar. No nos queda de otra sino intentar de ser felices afuera.-


Saturday, June 26, 2010

La Chica Bond, el Titanic y un buzo

En estos días conversé con la Chica Bond a quien debo tener uno seis meses que no veo. Ya despidiéndose me comentó incidentalmente que me había defendido ante no sé quien que me criticó porque yo escribí no sé que sobre alguien que se enrolló. Lo bueno es que la Chica Bond sabe que yo no le paro a eso porque las cosas que yo escribo son como fumar en el plató de Plaza Sésamo. A deshoras cuando no se está filmando uno se puede echar un cacho pero igualito hay que recordarse que se está en la tierra de Abelardo. Lo que pasa es que la Chica Bond es histórica. Ella es de puño en pecho, rodilla en tierra con la gente que quiere y le pareció necesario decirme que me había defendido a capa y espada. Eso provocó el comentario: “Como el Titanic amigo querido. Yo me hundo con Usted oyendo el Nearer My God to Thee que tocaron los músicos”.

Eso me dio risa porque en verdad, la Chica Bond está tan palanqueada en la vida que seguro consigue puesto pa’ cuatro en el primer bote salvavidas. Esa no se hunde conmigo un carrizo. A mí me lleva para Tierra Firme porque alguien tiene que escribir el cuento y mandarlo por e-mail. Al que sí terminamos hundiendo con el barco es a It's Good to Be. Lo que pasa es que no ahorita. Él se salva en el momento del hundimiento pero a bordo del Carpathia, el barco que nos rescata, se va a enterar por chisme que la mensa de Rose todavía tiene el collar en el abrigo. Eso va a provocar que se dedique a perseguir por décadas a la pelirroja como quien trata de buscar a Carmen San Diego en un libro de Waldo. Años después, la encontrará montada en el barco echando el cuento cursísimo de su romance con el buhonero.

Así que por fin cuando esa vieja de 107 años y mala pedicura se monte en la baranda para lanzar el collar, It´s Good to Be llegará con las chapaletas y el traje de buzo puesto y se lanzará en un clavado olímpico mojándole la pijama a la vieja, para recuperar la piedra preciosa. Estemos claros. It’s Good to Be es más turco que CADIVI en Colombia. Ese se entera que una doña senil lanza 27 millones de dólares al mar por haberse enamorado de una causa perdida y le dice “permiso que aquí voy yo”. Seguro llega de nuevo a la superficie con el collar, el reloj del bisabuelo y diciendo “chico, me encontré allá abajo al cadáver de la matriarca Montemayor. Está igualita”.-

Friday, June 25, 2010

El Incruste de las Razonables Rottenmeier


La Señorita Rottenmeier era la institutriz de Clara, la amiga invalida en Heidi. Yo no sé mucho de ella dado que recuerdo solamente haber visto capítulos genéricos de la comiquita de ‘Abuelito Dime Tú’. Sólo sé que la Rottenmeier estaba nerviosa por la salud de la catira lisiada, odiaba a Heidi por arrabalera y si le hubiesen dado un roncito, se le hubiese declarado al Señor Sessemann. Me imagino que la señorita era del todo odiosa porque no concebía un mundo sin reglas. Cada cosa en su lugar y todo sereno. Ella no creía en aquel viejo refrán que dice que no se debe juzgar a un libro por su tapa. ¡Oh, la Señorita Rottenmeier juzgaba! Antes de haber sacado el libro del envoltorio, ella ya sabía que eso era más dantesco que leer Peyton Place en los años cincuenta.

Hay gente así. Calvinistas modernos que se caen a latigazos por los pecados propios pero que se auto flagelan con más vehemencia ante los pecados de los demás. Las Férulas de La Casa de Los Espíritus de Allende disfrazadas de blue jeans Seven y camisas Columbia. Gente que son buenas, buenísimas la verdad pero que creen ser los semidioses del orden y las buenas costumbres. Como tal, el resto de nosotros, los invitados a las fiestas de Gatsby, los que cometemos pecadillos al tomar una copa de más, repetir el postre, probar una bocanada de cigarrillo a deshoras o echar un cuento salaz, somos vistos como la maleza. Una hierba que hay que extirpar con continuas advertencias de “no me parece”, “tú no puedes decir eso” o “tú no puedes seguir así”.

Lo bueno es que tienen razón. El incruste es que tienen razón. Porque no son personas que ofrecen consejos entendibles cuando uno se los pide. Uno jamás se los pide. Ellos lo dan espontáneamente sin que éste llame necesariamente a la reflexión de una manera positiva. Viene más bien con una rodada de ojos y un “consejo” a una hora indecente. Una desaprobación total de tú como persona en algún momento solamente porque comes de más, no haces ejercicio, fumas, tomas, bailas pegado, manejas muy rápido, duermes más de la cuenta, comes carne demasiado roja o no vas a misa. Escoge la conducta malévola que más te guste y allí está la Señorita Rottenmeier para recriminarte por ello.

Eso de decirle a una persona “estás gordísima”, sirve como ejemplo de los Rottenmeier. Yo que he vivido el caso opuesto me río pero me compadezco con la gente de contextura gruesa. Como hacen para no caerle a patadas a los Rottenmeier que se lo dicen (siempre con una inflexión en la ‘i’: “gordiiiiiisima”) escapa de mi raciocinio. La gente que tiene un problema lo sabe; ya sea la obesidad, la depresión, la falta de ambición o inclusive el alcoholismo y la drogadicción. Pero jamás reaccionan positivamente ante la recriminación frontal. Nadie responde afirmativamente al problema porque se sienten atacados. Más bien le huyen a los moralistas descartándolos con un “yo sé” u ofreciendo una excusa como “es que acabo de terminar con mi pareja”.

Los Rottenmeier tienen razón. En verdad él es gordísimo. Y yo fumo demasiado y ella se da los besos con todo el mundo y el otro no da pie con bola para terminar un proyecto. Pero los Rottenmeier pecan en creer que lo están diciendo “de pana y todo”. Lo que ignoran es que no aportan al problema, sino que provocan que uno se esconda de ellos cuando quiere echar una gozada. Uno se vuelve como un drogadicto, escondiendo sus pecados cuando están en su presencia porque saben que el regaño viene por ahí. Una y otra vez. Una y otra vez.

Creo que todos hemos sido Rottenmeier en algún momento pero en mi experiencia, hace falta el consejo-solución y no el consejo-regaño. Los Rottenmeier jamás apuestan a dar como consejo aquello de dejar la fiesta cuando ésta esté en su apogeo. Más bien “el regaño” es que no hay que asistir a la fiesta. Nadie deja una conducta de un solo guamazo. Menos sin el apoyo de seres queridos. Llegará un momento en la vida de uno en la que sencillamente no le provocará ir a la fiesta o se dará cuenta que ese no era el bonche indicado. Pero que se colee un Rottenmeier día tras día para bajarte de la tarima de la fiesta y te haga sentir como Bonnie y Clyde conversando con una Carmelita descalza no provoca. Lo que provoca es ponerle un sombrero de cotillón a la Señorita Rottenmeier y decirle: “¿Cuándo fue la última vez que Usted bailó?”.-

Thursday, June 24, 2010

La Última de las Vírgenes (I)

Ayer en el Día del Abogado me he estado recordando de mis colegas. Esa gente es de autógrafo. La verdad es que no he escrito lo suficiente sobre ellos en el tea party y me parece medio cursi hacerlo hoy. Sería el equivalente a portar el anillo con el rubí. Cuando ni remotamente pensaba en abrirme un blog, solía escribirles cuentos, reseñas y poemas sobre nuestras andanzas. Claro indicio que mi camino no iba por la abogacía pero de eso no me di cuenta sino hasta un tiempo después.

El que pongo en el tea party, es una crónica de un viaje a Barquisimeto, Venezuela que hicimos con motivo del matrimonio de mi colega La Caroreña con su marido que es igual Dios pero guaro. Un cuento de esos largo pero que seguramente los identificará con la gente que estudió con Ustedes. Eso es lo más chévere de la universidad. La camaradería después de graduarse con toda la parafernalia de trabajos, casamientos, divorcios, chamos y mudanzas bien vale la pena vivirla juntos.

La Última de las Vírgenes

Llegando a Caracas después del viaje maratónico que nos hemos pegado desde Guarolandia para asistir al connubio de la ultima colega La Caroreña, o como la apoda It’s Good to Be: “la última de las Vírgenes”. Pero el viaje no comienza desde que Totón se puso la corbata sino desde su casa en Caracas, el viernes a las 5:30 de la tarde.

Fue ahí donde Totón llamó por enésima vez a It’s Good to Be a decirle: “¿tú estas consciente que si salimos a las 6 vamos a llegar a las 12 de la noche a Barquisimeto?” “Si, si tú tranquilo que llegamos perfect”, me asegura It’s Good to Be (a veces hay que cuestionarse quien es Pinky y quien es Brain en esta amistad). Total es que procedo a buscar a Marianita, recién llegada de Washington (o como ella le dice: “oooooaaaashington”) a la Quinta Esmeralda (no la casa de fiestas). Ya montada en el carro con un carry-on de esos que te dicen que el viaje va a ser largo, Marianita empieza con sus cuentos oooashingtonianos, y emocionada porque va a una fiesta colegal. Es solamente en la curva, ya amarradita y cómoda, como si fuera yo el que iba a manejar para Barqui, que la olvidadiza amiga exalta: “Mierda, ¡el vestido!” por lo que tuvimos que devolvernos a su casa a buscar la pinta exitosa de la Señora. ¡Absolut Marianita!

Ya en mi casa llega el pseudo alcalde It’s Good to Be en su nueva sup-super Merú (en donde no se fuma, pero él fuma más que yo) a buscarnos. Nos montamos como si fuéramos al Museo de los Niños, pues la sup-super es lo máximo (la Feroza la mandaron al Museo del Transporte). Pero, en la curva descubrimos que cada 11 tiene su 13 por lo que Chávez parlanchina cual alta voces en cadenas y en la sup-super no hay más discos que Los Tres Tristes Tigres (grupo que solamente conoce Fredo) por lo que hay que devolverse nuevamente a la mansión Aguerrevere a recopilar los antaños CD’s de cuando Tots tenía pelo, fumaba Marlboro y manejaba un Corolla.

“¡Barquisimeto here we come!” gritan Los Tres Tristes Gallos en unísono. Por supuesto esa emoción dura hasta el semáforo de Altamira. Ahí empieza la cola para llegar a Barquisimeto. “Mamá, hola” es la primera conversación que nuestro driver mantiene con la progenitora mayor dándonos un preview de lo que será el viaje: manejar con los codos, viendo para abajo y haciendo zigzag. Marianita is not convinced, Totón busca en la parte de atrás un cinturón de seguridad.

Tres horas después pasamos el peaje de Tazón. “¡Barquisimeto here we come!” No. Ahora son la palitas de San Francisco, una llovizna y muchos discos de “¿Qué estaba haciendo Usted cuando sonaban estas canciones”, lo que nos acompañaba. Suena un gallo dentro del carro “kikirikiri”: mierda, desarrollo endógeno! No, es el celular de Marianita que tiene más ringtones que celular de motorizado infiel. A la mamá se la llevaron para la clínica porque le subió la tensión a 18. Momentos de tensión en el carro. Nadie sabe lo que quiere decir 18. It’s Good to Be rompe el silencio: “Mari, no te preocupes! A una amiga mía en el trabajo, le subió la tensión el otro día. Resulta que le dio un caso de epilepsia. Imagínate, Mari espuma por la boca y todo! Así que no te preocupes”. Marianita, con cara de quinta finalista no habla por el resto del viaje.

“Me muero de hambre”. Tranquilos dice Toto, “vamos a pasar el Bohío y ahí comemos.” Pasamos el clásico vasito de Dixie, Carabobo, las banderitas, cruzamos por Morón, nos perdemos, damos tres vueltas. A Marianita la disfrazamos con un sweater para que se baje en una gasolinera, pues la niña se hace pipí y está vestida con un vestidito blanco novia que desata miradas por doquier. Los tres ciegos frenamos en seco cada vez que podemos, pues no vemos las señales: “¿Ahí dice Mojón o Morón?”. Llegamos a Acarigua y todavía seguimos buscando el Bohío….

La historia continúa aquí

Wednesday, June 23, 2010

In Memoriam

Hoy murió la enfermera que está en esta foto tomada por Alfred Eisenstaedt en Times Square el 15 de agosto de 1945, día en que el Imperio del Japón se rindió terminando la II Guerra Mundial. Otro ícono del pasado que se nos va al Cielo mientras vamos creando nuestra propia Historia en este siglo.-

Tuesday, June 22, 2010

Him + Her


Véanlo un ratico y se darán cuenta de la genialidad. Luego pásense por la página de la artista Candice Breitz, y vean la muestra de Jack Nicholson. Técnica magistral (y si se meten no dejen de revisar Working Class Hero de Lennon).-

Monday, June 21, 2010

Bob & Carol & Ted & Alice (& la mamá de Ted) van a la playa

Planificar un viaje a la playa no es complicado. Siempre que se procure invitar a la amiga comandante de tropas/Sumito wannabe y al amigo inseguro que va a cargar la cava para que nadie hable mal de él a sus espaldas, la organización del viaje está asegurada. Unas botellitas, un juego de naipes y mucho hielo y todos los viajes terminan en Facebook como el mejor fin de semana de la vida. Eso no tiene ciencia. Lo que sí me parece entretenido son los pormenores de la gente que no va al viaje. Por ejemplo las mamás. ¿No se han dado cuenta que todo viaje que uno planifica con sus amigos, a las madres les parece inoperante? Uno puede estar casado, soltero, viudo o irse en plan de cuatro machos e igual el viaje es una profecía del desastre para cualquier madre.

La primera pregunta que te hacen cuando uno anuncia un viaje al apartamento familiar en la playa es siempre la más ilógica de todas. “¿Cómo van a dormir?” Uno siempre está tentado de responder que se va a dormir en pijama o, si se es más arriesgado, meterle el dedo en la llaga a lo que ella está pensando y responderle que en verdad el fin de semana es una orgía swinger y todo el mundo va a dormir en la misma cama. Su cama para más colmo. Pongamos que es un viaje de dos parejas, un soltero (siempre soy yo) y dos recién terminadas (alias mi entretenimiento). A la mamá jamás le preocupa donde van a dormir las dos despechadas. Esas se asumen que van a arrejuntarse bajo una cobija lésbica de Arcoíris Rainbow Brite (estemos claros, no hay nada más ilógico que una sabana playera) a llorar sus penas (yeah right!) Lo que le quita el sueño a la mamá es donde van a dormir los que son novios.

“En serio, ¿cómo van a dormir?” – pregunta el disfraz de la Reina Victoria. Nada bueno puede traer la respuesta: “Pues juntos.” Mejor que no. Eso da pie para una serie de conjeturas moralistas sobre la conducta de esas niñas (siempre se ha asumido que los varones somos unos inmorales) terminando con la pregunta incontestable “¿Y qué dirán los papás de esa niña?” Siempre he estado tentado a responder “bueno la niña tiene 29 años. Si los papás no se han enterado que la virginidad la perdió a los diecisiete (y conmigo), entonces no viven en Caracas”. Pero como toda madre jura que su hijo es virgen (aún después de haber procreado un bebé) es mejor dejar esa discusión quieta y dejar que sufra sus impotencias sociales con una niña que anda más preocupada por la depilación que por el lecho donde va a echar el ronquido.

Luego entra el papá. Al papá no le importa donde duerma nadie con tal que no le toquen la caña de su bar. Es muy importante que no le toquen el bar. Obviamente, el mismo será profanado como una expropiación sin justiprecio pero de eso nadie se preocupa sino hasta el domingo cuando hay que llamar a Diageo para que envíe un camión de reserva. Como la madre no se ve apoyada en el tema de las camas, vuelve a interrumpir mencionando algo ilógico sobre los paños. A toda madre le da una aneurisma cerebral el tema que no haya suficiente paño para tanta gente. No importa que sean cuatro personas, aparentemente las doscientas telas de algodón que están perfectamente preservadas en estuches de plástico para combatir el moho no van a aguantar la demanda.

Igual sucede con la sacada de “La Lista”. La Lista es una serie de mandados que tenían que hacerse, aprovechando que “para que me hagas el favor.” Cosas como “llamar a Henry para lo de la nevera”, “revisar si pusieron el aire”, “meter los paños en la secadora para que los lave Juana” y –mi favorito- “ver si hay comida de pájaro”. La Lista es todo lo que ellos van a hacer el fin de semana que viene cuando vayan al apartamento pero que no puede esperar ni un segundo más porque los pájaros se van a quedar sin patilla. Esa Lista va in crescendo cada vez que la mamá llama por el celular “a ver cómo va todo”. Siempre se miente a la pregunta “¿Revisaste la filtración?” A lo que no se miente es a la llamada para saber donde es que se prende el calentador. Las mamás aman que las llamen a preguntarle donde se prende el calentador.

El viaje termina y nadie tiró. Se llega a la casa insolado y de mal humor porque hay trabajo al día siguiente pero hay que sentarse para el interrogatorio. “¿Cómo les fue?” se responde con “Ay equis”. “¿Usaron la vajilla del pescadito pintado?” se responde con “No”. Ninguna mamá entiende cómo fue que a nadie se le ocurrió usar la vajilla del pescadito pintado. Para aplacar la discusión se enumeran una lista de veintisiete cosas que no sirven y que hay que arreglar. Las mamás ponen cara de tragedia pero secretamente gozan porque eso significa cuando vayan, van a tener la oportunidad de pelear con el electricista encholado.

Ya justo cuando uno está llevando la maletica de Snoopy al lavandero para vaciar el traje de baño mojado, confluyen dos preguntas necesarias. La primera es la del papá preguntando si se tomaron su caña. La de la mamá es preguntando así como quien no quiere la cosa: “¿y cómo durmieron?” A la primera se le responde: “Sí, tranquilo que te la repusimos.” A la segunda se le responde con cierta picardía para ponerla más nerviosa: “en nueve meses lo sabremos”.-

Sunday, June 20, 2010

Me Sabe a Casabe

¿Quién soy yo? “Además de algo llamado temperamento que consiste mayormente en arremeter sobre una escoba gritando a viva voz. Los niños se comportan como lo hago yo. Se enojan y se comportan mal. Se emborracharían si supieran hacerlo. Cuando no pueden tener lo que quieren; cuando sienten que no los quieren o inseguros o que no los aman.” ¿No les pasa esto? Un perfecto dialogo extraído del guión de Eva al Desnudo que resume perfectamente cuando nos tenemos que comportar como gente grande y lo que queremos es lanzar un berrinche digno de infantes con traje de marinero.

Lo absolutamente delicioso es cuando lo hacemos frente a gente chiquita. Perdemos el norte y se nos olvidan todas esas láminas de Power Point sobre negociación y tolerancia infantil. Lo que hacemos es lanzar la malcriadez más grande del mundo, absolutamente convencidos que tenemos la razón. Pero en el mundo adulto eso es como ser el marcador de un gol anulado. Lo celebramos toreando las manos y después nos las llevamos a la cabeza diciendo alguna grosería en off cuando nos damos cuenta que no vamos para el baile con los reyes del Baby Gym.

Una vez vi a una señora regañando a su hijo en un parque. Era uno de esos típicos Dudley Dursley que había comido demasiado algodón de azúcar y que ahora se andaba mandando un Bati Bati sin ninguna vergüenza. El regaño vino porque en vez de usar la servilleta que tenía en la mano se subió la camisa y con el cuello se echó el baño de Popea para quitarse el exceso morado de la boca. Regaño Carreño pues. El chamo se le volteó a la mamá y le dijo “Te odio”. La señora, perdió la chaveta y le respondió: “Pues ¿sabes qué enano siniestro? Yo te odioooo más”.

Yo aplaudí esa descarga Belmont porque me pareció necesaria. Nada más con haber hecho el ademán de subirme la camisa ya me hubiesen dado la golpiza del siglo. Eso no fue lo que pasó con las otras soccer moms que estaban en el parque. A esa señora seguramente la execraron de su pool de transporte y la mandaron al horno con las mamás que son de autobús.

A mí me pasó en un bautizo este sábado. En contra de mi voluntad, me sentaron a la nueva cristiana en mis piernas para que la sostuviese un rato. En un juego interesantísimo de ‘Tope Tope’, la violencia se me fue de las manos y le di un golpe en la cabeza. Eso hizo que el bebé me viese con cara de ‘¿Qué te pasa? ¡No tengo ni un año!’ se pusiese roja como un tomate y comenzase a derramar un llanto voltea cabezas.

No pasaron más de diez nano segundos cuando una madre con cara de “deberías saber mejor que esto” me arrancó a la infanta de las manos. Allí aprendí que a veces cuando uno gana, pierde. Es verdad. Le pateé el trasero a ese bebé en ‘Tope Tope’ y como supo que no podía ganarme, lanzó un berrinche napoleónico. ‘Ta bien pues. Nadie me dará su bebé para cargarlo. Y yo que juraba que me iban a execrar cuando sus hijos me pidieran consejos sobre cédulas falsas en su adolescencia.

Igual con las groserías. A estas alturas del partido en el que no tengo hijos, no voy a ser yo el que le ande diciendo a los chamos que eso no se dice. No importa la edad, ¡hay momentos que ameritan groserías! Me encontré a uno de mis sobrinos cuchis en un almuerzo familiar. Jugando con una pelota, se la quité porque es divertido verles cara de “¿dónde está mi mamá?” cuando requieren de la asistencia de un árbitro. Su respuesta posterior fue sacarme la lengua. Mi respuesta fue sacarle la lengua y hacer sonidos de motor (Nina, mi editora me prohibió mencionar temas escatológicos de nuevo en el tea party pero en verdad el término correcto es sacar la lengua y hacer sonidos de peos).

El niñito no podía creer que alguien le ganase sacando la lengua. Lo que él ignoraba es que yo lo llevo el postgrado. Su única venganza posible fue voltearse y gritar “Coño” a todo pulmón. Mi respuesta fue gritar “Coño tú” más duro. A la media hora llegó el abuelo diciendo: “mi nieto dice que ‘ese señor’ gritó ‘coño’.” Joder. Gano una competencia de groserías y salgo acusado.

Lo que sí no tolero son las mentiras. A mí no me van a agarrar en un arranque infantil diciendo cosas que no son. A mi papá le choca eso de mí. Llegó este sábado de Delicarte donde arrasó con cuatro tortas estilo las de Pollyanna que vendían en la feria gastronómica. La versión oficial es que eran para los distintos almuerzos del Día del Padre. Lo que falló comentar fue que se le “olvidó” llevarlas. Así que en la comilona post-hala mecate paterno, nos pusimos a degustar la primera. Esta era una de las tortas que salieron con el cuentico ese de “la hizo la abuela de Chachi Sinaruco y dicen que es la mejor torta de Caracas”. Odio las tortas con biografía ilógica, y mucho más las que son engañosas.

Esta era una perfecta torta de chocolate y la abuela de Chachi la vino a arruinar con un ponqué de naranjas. A mi papá le gustó pero como tenía otras tres más le dijo a Josefa que la envolviese para regalársela a la señora que plancha. “Es que es divina, ¿verdad Toto?”. Mi respuesta – “No”. Fin de mundo. Mi papá me vio con cara de “¿Qué parte de decir mentiras blancas no te enseñamos en esta vida?” Pues yo lo siento. Uno no debe hacer dos cosas en este mundo y una de ellas es ponerle cara ‘e tabla a Josefa. Gané porque soy tan honesto como George Washington con el arbolito de cerezos pero perdí mi berrinche porque ahora tengo que ver a esa torta en la nevera de mi casa por una semana más.

¿Lecciones de berrinches adultos en situaciones infantiles? Se gana pero se pierde. Eso sí, a mí que no me den un palo porque parto a batazos la piñata que me pongan.-

Twitter me sube el ego


No puedo negarlo, el tweet del momento destacado en la página de La Patilla me hace sentir popular.-

Saturday, June 19, 2010

A los que se Atrevieron

A los que se atrevieron. Los que no saben lo que están haciendo. Los que juraron que se la comieron y no les salió tan bien. A los que no saben que lo son. A los que lo son por partida doble. Los que sólo tienen uno. A los que se encargan de los demás. A los que abrazan, no abrazan, besan o pasan la mano por la cabeza. A los que entran al cuarto a ver como duermen. A los que fastidian, los que exigen, los que no preguntan y los que lo preguntan todo.

A los que admiran. A los que cumplen todos los papeles. A aquellos que prestan el carro y a los que enseñan a manejar. A los que cantan canciones y a los que leen cuentos. A los que se ríen. A los que no le parece. A aquellos que documentan. A los que se les olvidan los cumpleaños. A los que pegan, a los que hablan a los que ignoran y a los que callan.

A los que dan plata y a los que dan cariño. A los que enseñan cuál es la diferencia entre éstas últimas dos. A los que vendieron un sueño, a los que lo vieron cumplirse y a los que no les importó que no se diera. A aquellos que piensan que somos de autógrafo y a los que ignoran que las verdaderas estrellas son ellos.

Feliz Día el domingo. Gracias por haberse atrevido a ser papás.-

Wednesday, June 16, 2010

Despierta Anita

Yo no sé quien inventó el sonido de las alarmas de los relojes despertadores estándar pero hay que darle un aplauso. Esa persona logró conseguir que todos nos despertásemos de mal humor y encarásemos el día como si fuésemos los encargados de lavar los containers en La Guaira. Aún así el despertador es necesario. Sin él, todos estuviésemos botados de nuestros trabajos. No todo el mundo se puede dar el lujo de ser como la modelo Linda Evangelista quien alguna vez bromeó que ella no salía de su cama por menos de diez mil dólares. Nosotros no tenemos el privilegio de hacerle caso omiso al “piririri, piriri, piriri”. Ese sonido es el que decide a qué hora comenzamos el día. Si vamos tarde o si estamos en góndola. El despertador es un invento del hombre del cual no podemos escapar ni ganarle. A fin de cuentas, no todo el mundo tiene a Anita.

Anita es una mujer que fue la cargadora de Tomás mi primo. Veinte años después nadie ha tenido el corazón de decirle que ya no la necesitan, así que básicamente Anita es una gerente de servicio con inamovilidad emocional. En casa de mi tía Terrorista no creen en despertadores por lo que recurren a Anita para que los despierte. Tomás sin embargo perfeccionó hace tiempo una técnica que le ha funcionado. Encontró la manera de darle snooze a Anita.

Es así. Anita sube a las 6:45 de la mañana para despertar a Simba y el pequeño príncipe tiene el tupé de decirle: “hmm vuelve en diez minutos por fa”. Nadie sabe si Anita baja a la cocina o espera en una silla pero el hecho es que el reloj le da para que diez minutos después, vuelva a intentar con su wake up call. Eso es un vulgar snooze humano cuya técnica – de no ser denunciada ante el Ministerio del Trabajo – es perfectamente aplaudible. Por no decir patentable para las masas.

Si lo vemos como plan de negocio, Anita debería ser una chofer que va de casa en casa, como el repartidor de periódico y sencillamente tocarnos el timbre para despertarnos. Uno tendría la opción de gritarle por la ventana “quince minuticos más por fa” y ella seguiría con sus rondas. De regreso, despertaría a todos los que –por un costo extra- le dieron previamente al botón snooze. Por las tardes, se sentaría en su casa a emitir sus facturas mensuales como Despertadora. Todos felices y contentos porque Anita garantizaría servicio puntual y sin fallas de electricidad a mitad de la noche. Un trabajo creativo con mínimo esfuerzo.

Uno inclusive le podría dar la llave de su casa a Anita. Ya que tenemos la confianza de decirle que nos despierte, podríamos pedir distintas modalidades de anunciar el léver como el Rey Sol. Podría ser “Anita Dulce Despertada” en la que podría entrar en puntillas y susurrarnos “a despertarseee” al oído con música de olas al fondo. Podría ser “Anita Despertada Fuerzas Armadas” para esas mañanas en donde hay que correr para sacarse el pasaporte. De repente si hay que salir al aeropuerto podría ser “Plomo al Hampa Anita” en la que se metiese con un tumba rancho en el cuarto y nos despertase a todos de un solo susto.

No quedaría mal una “Anita Despertada Esperanzadora” en la que nos despertase diciéndonos lo bellos que somos y lo inmaculada que tenemos la piel o “Despertada Paulo Coehlo Anita” en la que nos despertase diciéndonos una frase cada día, tipo “Despierta para que el día de mañana no seas juguete vulgar de las pasiones ni esclavo servil de los tiranos.” Inclusive podría pedirse el servicio “Despertada Horóscopo Anita” en la que le anunciase a uno las potencialidades de los signos astrológicos para el día.

Son muchas las combinaciones que “Despierta Anita” podría ofrecer para hacer de esto un negocio exitoso. Podría ser “Censura de Malas Noticias Anita” y despertarte con una versión dosificada de lo que sale en El Universal. Otras podrían ser “Traffic Center Anita” o “Anita Chica del Tiempo” o “Despertada con Cafeína Anita”; ésta última siendo una despertada con un pote de café en la mesa de noche. Inclusive uno podría pedirle que Anita tuviese ring tones. Algo así como “Despertada Reggeatonera Anita” o “El Waka Waka con Anita” ¿Quién no se despierta feliz y contento así con una Anita a domicilio? Le gana al “piririri, piriri, piriri” insufrible que tenemos en la mesa de noche. Con Despierta Anita, los dulces sueños garantizan los buenos días.-

Tuesday, June 15, 2010

Cuando no hay nada que decir, ¿se habla?

Hoy estaba escribiendo una historia para UB sobre el encuentro con las ex novias. Sí, aquel temido momento en donde uno se tiene que dar cuenta que Caracas está llena de seres que alguna vez ocuparon las primeras y últimas quince llamadas en nuestro celular y que hoy, son simples recuerdos. Un nombre más en Facebook por decirlo así. En el artículo, que sale en agosto, hablo de un encuentro casual con una ex en la que la ficción y la realidad se entremezclan para sacar, lo que pienso es algo que nos ha pasado a todos los que hemos tenido la desgracia de toparnos en algún momento con alguien con quien terminamos en circunstancias más parecidas a las de Carlos y Diana que a las de Bruce y Demi.

Sin revelar mucho, me pasé todo el día pensando en frases elegantemente insultantes para ese momento acido del encuentro. Mis relaciones son tan cortas que no hay forma ni manera que en verdad sienta algún tipo de desprecio hacia cualquiera de ellas pero tengo amigos que sí les pasa. Hay gente que detesta a su ex. Sea por una incompatibilidad o porque en verdad un acto en específico disparó el odio hacia proporciones épicas, lo cierto es que hay personas que no pueden estar en un mismo cuarto, por no decir alguna misma urbanización, porque les produce alergia el tener que estar ante la presencia del otro.

Cada quien es un mundo, cuyas heridas tardan en sanar. Lo cierto es que hay casos en los que las personas se abstienen de ir a ciertos sitios porque saben que va a estar la otra persona. Hay saludos que no son cordiales, insultadas a la nueva novia de turno que ignora que entre los dos hubo algún tipo de pasado y un rencor que existe en la mente, la cual idealiza situaciones que no han ocurrido. Como si de planificar una venganza se tratase. Estemos claros, uno se pasa la vida imaginándose situaciones en la cabeza. Su discurso de aceptación al Oscar, lo que le diría al Señor Presidente, como le pediría matrimonio a la novia. No es menos cierto entonces, que un encuentro cercano del quinto tipo con una ex no genere algún tipo de escenificación ficticia. La pregunta es ¿cuándo no queda nada que decir, se habla?

Lo que pasa es que el momento nos llega tan desprevenido que toda esa expectativa no comulga necesariamente con los términos de la realidad. Puede ser que el ascensor se abrió a destiempo y ahí estaba ella o que el encuentro fue tan casual que no hay forma ni manera de prepararse ante un saludo inevitable. Si es que lo hay. El hecho es que hay ciertas frases que se dicen entre ex novios, intencionadas plenamente para hacerle saber a la otra persona que o se está herido o que no se le puede detestar más porque el psicólogo no tiene cobertura de ese tipo de seguro emocional. Arranques disparados por la sola rabia de tener que volverla a ver. Sin análisis previo de lo que se dice en realidad.

Sin embargo, hay otros en los que se dijo exactamente lo que se tenía que decir. Una frase como “estoy mejor que antes” puede conllevar al disparo de una emoción atrapada desde hace varios meses en los que se planificó imaginariamente el encuentro. Algo en donde no se diga ni mucho, ni poco sino lo justo y lo necesario. Mi pregunta es ¿decir algo por esos caminos realmente satisface? ¿Es verdaderamente un momento I Will Survive? ¿Decir alguna frase elegantemente hiriente como para que no provoque un connato de violencia ni lagrimas a destiempo tiene algún fin en una vida que está hecha para perdonar y continuar adelante?

De repente es que las puestas en escena dentro de la expectativa tienen más glamour que la escena en la realidad. Al fin y al cabo, a veces provoca una secuela de nuestro End of the Affair. Lo cierto es que nada bueno puede acarrear decir lo que no se quiere cuando ya todo lo que se tenía que decir quedó en el pasado.-

Monday, June 14, 2010

Regalos Llenos de Testosterona

En honor al venidero Día del Padre

Había una vez una señora que se le olvidó por completo el cumpleaños del marido. ¡Por completo! Ella se hizo las manos esa mañana, se peleó con el carnicero, pagó tres cheques, montó a tres chamos en la parte trasera de una camioneta roja y se tomó un café. Bueno, está bien, se tomó siete. Cargando cinco bolsas de supermercado en el ascensor y con la leve sensación que algo malo había hecho, se acordó repentinamente. Había dejado la Vanidades en la parte de atrás del carro. Si no hubiese sido porque una nota decía que Katie Holmes le había celebrado el cumpleaños a Tom Cruise en un restaurant en Los Ángeles, la señora jamás se habría recordado del cumpleaños de su marido propio.

Ya muy tarde para salir, no se le ocurrió mejor cosa que ir a su closet a revisar gavetas. Una a una fue descartando hasta que se resignó a sacar siete pares de medias marrones en condiciones prístinas del closet de su marido y envolverlas en una bolsa plateada. El marido llegó a su casa, contento de ser felicitado y deseoso de irse a dormir. El regalo lo agradeció porque él necesitaba medias y recordó haber comprado unas las semana pasada. La mujer puso su mejor sonrisa pero el marido mordió el anzuelo. Todos contentos y en familia.

A la mañana siguiente la Mujer Maravilla fue al club a contarles el cuento a sus amigas de lo básicos que pueden ser los hombres. Y esa es la leyenda detrás del por qué todos los años los hombres recibimos regalos tan básicos como una pluma, una billetera, una corbata y – ¡oh por Dios como se salieron con ésta! – medias.

Hablemos. Sí somos básicos. Lo de nosotros los hombres es echarnos o desarmar cosas. Incluso, podemos desarmar cosas estando echados. Si un bombillo no prende por los medios convencionales, no salimos de santeros a prender un poco de velas. Si algo aprendimos los hombres en el colegio fue sobre el circuito eléctrico. Somos felices la verdad porque nos creemos nuestro propio mito. Y aún cuando no entendemos para qué es que sirve exactamente el acondicionador de pelo, nos lo echamos en la cabeza porque estaba puesto ahí.

Por eso, por lo básicos, nos perturba que las mujeres se enrollen con el tema de no saber que regalarle a un hombre. Ser básicos no quiere decir que no nos puedan dar un regalo con personalidad. Todo es cuestión de fijarse en los hobbies y en los programas de televisión que vemos. El 99% de las cosas que salen en As Seen on TV, las queremos. Para qué ni idea pero las queremos. No sabemos porque Ustedes no son una de las próximas "Llame Ya".

Comenzando con ideas, el libro que sacó Panini de edición especial que contiene todos los álbumes del Mundial de Futbol desde 1970 es tronco de regalo, hasta para hombres adultos (¿existimos?). Es como que nos regalen el libro del 50 Aniversario de la Revista Playboy. Ese el cenit de los regalos porque es un documento histórico. Entendemos que hay cuaimas que prefieren cosas menos sutiles pero en verdad, ese es EL libro de colección que todo hombre debería tener. Si no hay unos libros que se llaman "Afiches de Películas de los años X". Eso queda de lujo en cualquier hábitat donde resida un hombre aficionado a las películas.

No hay hombre en este mundo que no se haya quedado pegado viendo “El Planeta Azul” en televisión, así sean veinte minutos. El documental está disponible en DVD y es tremenda idea para la biblioteca. Ya todos las tenemos, pero cualquier colección de Bond o Indiana Jones, será completamente bienvenida. En su defecto nos matan con Caddyshack y las amaremos de por vida. Vinos, tabacos y música nos gusta pero hay que documentarse bien antes de salir a comprar cualquiera. Nos va a gustar pero con sólo revisar nuestra marca basta.

Parafernalia para la parrilla funciona, igual con cosas del deporte que practicamos. Así sean pelotas de golf. Un buen set de afeitar (para ser regalado UNA sola vez) es tremendo detallazo (lo de la brocha es bonito pero deja de ser funcional cuando se nos acaba el jabón). Los llaveros déjenlos para torturar a los primo comulgantes. Preferimos una linterna Mag Lite (en tamaño grande y en tamaño de bolsillo). Si se van con la gafedad de bultos y demás, un estuche Victorinox para meter la laptop no es mala idea pero sólo si es porque no tenemos tres (revisen) y aun cuando las adoramos porque tratan que seamos elegantes hasta en el baño, una bata de paño guindará hasta que el moho la destruya. Es mejor que nos regalen comida (una torta, en serio).

Cualquier cosa retro que nos recuerde a nuestra infancia es un plus. No es funcional pero es un plus. En XOCO en la sexta transversal de Los Palos Grandes venden cualquier cantidad de cachivaches que nos harían felices. Ustedes no lo saben pero un modelo de carro retro estilo un Bugatti Atlantic 1936 (ver foto arriba), es tremenda idea para ponerlo en una oficina. Igualito con esos helicópteros chiquiticos a control remoto. En serio, nunca nos ponemos viejos para estas cosas. Tampoco es que van a salir de ilógicas a regalarnos el carrito que tenemos que armar y pintar. No tenemos 14. Si en serio es otra billetera más, métanse en Hot Chocolate Design. Por lo menos éstas son originales.

Unas cornetas para el Ipod de esas chiquitas de viaje no le vienen mal a nadie, lo mismo que cualquier pelota anti estrés. Dice pichirre pero hay algo en no poder desarmar las cosas que nos vuelve locos. Comprándonos licor nadie queda mal. Nosotros se lo regalamos a los otros hombres todo el tiempo. Igual con cosas para el bar. Si en serio va a ser una corbata porque no les da otra cosa que regalarnos, piensen en verdad que el rosado no es para todo el mundo y que ochenta estrellas no se las pone ni Little Twin Stars. Vayánse mejor con alguna cobija chévere para echarse a ver TV. ¡Ah, pilas! No, nada de atención sino pilas como en baterías. Los hombres nunca compramos pilas (esto puede ser el lazo del regalo).

Un buen regalo: funcionalidad, estética y relacionado con el gusto. Ustedes lo saben. ¿No tienen como ochenta mil pares de zapatos distintos? Por ejemplo, el secreto mejor guardado del mundo es el cuchillo para el queso de bola. ¿No se han dado cuenta que cada vez que vamos a Margarita compramos queso de bola? Hay un cuchillo en forma de garfio que es completamente idóneo para cortar este tipo de queso. Es sensacional y completamente funcional. Una vez que lo tengamos, primero se van Ustedes de la casa pero de ese cuchillo no nos divorciamos. Hay que preguntar donde lo venden pero si todo lo demás que fue mencionado arriba falla, este tipo de cuchillo no le queda mal a ningún hombre en su cocina. Es más regálennos el queso también y así lo estrenamos.

Felices compras. Y por Santo Dios no regalen medias.-

Sunday, June 13, 2010

Arte Apocalíptico

Lo bueno de ser pobre es que puedes comprar arte con la mente. Lo malo, es que no puedes llevártelo para tu casa. De todo lo que vi en la Feria Iberoamericana de Arte, lo que más me gustó fue esta fotografía de Luis Molina-Pantin. Es una imagen tomada de la portada de la Revista Elite con dos cosas apocalípticas en su tapa. La primera es el titular de la revista “¿Un terremoto destruirá a Caracas?” Nada fuera de lo ordinario hasta que el observador se fija en la fecha de publicación de la revista y lee: “enero de 1967”, seis meses antes que la capital se viniese abajo. Lo segundo es “¿Son empíricos los que dirigen las elecciones en Venezuela?” En retrospectiva, la pregunta es ¿lo fueron alguna vez? Fascinante.-

Saturday, June 12, 2010

Fan mail: Uno jura que puede solo en la vida

Una de mis “yo te leo” me envió esta anécdota a propósito de mi queja convaleciente del jueves pasado en donde escribí que por más que nos guste estar solos, people who need people are the luckiest people in the world. Me pareció lo suficientemente anecdótica como para compartirla con el tea party.

"Tú. 21 años. La mata de la independencia, soltera y viviendo sola en una ciudad que no es la tuya. Terminando la carrera y haciendo servicio comunitario. Todo normal hasta que un día cualquiera resulta que te pica la cabeza más de la cuenta. Te rascas y... OMG ¡Tal parece que uno de tus "Niñitos del SC" te pego piojos! Ahí, sola. Vuelves a tener 8 años.

Vas a Locatel undercover y compras tu shampoo Avispa con su respectivo peine saca-piojos. Vuelves a tu casa a seguir las instrucciones al pie de la letra. Al día siguiente vas a la uni y le cuentas a las únicas personas que les puedes contar, entiéndase las dos pendejas que hacen servicio comunitario contigo. Pa' que se revisen esa cabeza y evitemos una pandemia. ¡Ni de vaina! les cuentas a las demás porque si el chalequeo de piojosa era depresivo en primaria no te quieres imaginar como será en la universidad.

Tu mama te llama y le cuentas, se ríe a carcajadas. Le preguntas que si puede viajar porque necesitas que alguien te revise. Estamos claros que no hay pana lo suficientemente pana como pa' hacer esa vaina. Apartando el hecho de que la sociedad nos puso en una especie de cuarentena obligada porque peor que se te caiga el secado con la lluvia, es que te caigan piojos marik. Ella te dice que no puede. Tiene demasiadas obligaciones de gente grande. Además, nadie te manda de pendeja a dártela de Mary Poppins.

Así que aquí estas, llevas 5 días con conocimiento de que tienes unos cuantos inquilinos en la cabeza. Echándote cuanta vaina se puede echar en el pelo (Aun no hemos llegado al Baygon pero estamos cerca), con la plena certeza de que las liendras siguen ahí y lo que estás haciendo es peinarlas! Porque esa vaina se saca de forma manual, no hay de otra. Extrañando a tu mamá como nunca en la vida te imaginaste.

People who need people, are the luckiest people in the World. Yes, they are.

Uno jura que puede solo en la vida pero no puede."

Friday, June 11, 2010

Amigos que viven nuestras vidas

Babs y Olek: una pareja de amigos que nos encanta odiar porque viven nuestra vida soñada sin permiso o derecho de autor. ¿Saben como en toda Olimpíada siempre hay dos niñitos que hacen algo en la inaguración, ya sea cargando la bandera olímpica o prestándole el yesquero a la Reina Isabel II para prender la llama? Júrenlo que en Londres 2012, Babs y Olek serán esos dos chamos. Aquí en la gráfica, Babs desde Johannesburgo en la inauguración de la Copa Mundial de Fútbol 2010.-

Thursday, June 10, 2010

Entre mis delirios de bajeza tropical

Había una vez un barquito chiquitico. Así me siento yo. Cinco días arropados con 39 de fiebre no se le desean ni al que inventó el termómetro. Dos días con fiebre, chévere. Anótenme cuando quieran porque esto de andar echado en cama viendo películas, uno lo hace igualito en un fin de semana. Más de cuatro días no da ni risa. Es de ponerse a llorar. Mis chorritos vinieron a las tres de la tarde en el día tres. Los varones no lloramos sino de rabia. Es verdad. Eso de llorar por tristeza es todo muy bello pero lo de nosotros va por algo así como la impotencia. Es como manejar sin preguntar direcciones y llegar al mismo punto, por octava vez. Uno no llora ahí tampoco pero el golpe que le da al volante por menso es tal, que una lagrimita de soberana rabia se sale. Lo mío vino por ahí: puedo controlar todo el estado de mi enfermedad y no hallo como hacer que se me vaya la fiebre.

Estoy mejor. Al día cinco uno asume su barranco y pone en Facebook que está en una relación con una maracucha llamada Fiebre. A mi todo el mundo me dice que esto es dengue, los médicos me dan una visión más optimista y me dicen que “parece” dengue y yo digo que esto no es dengue un carrizo. Lo sé porque yo he tenido otras clases de dengue en mi vida. Cuando uno vive en una casa llena de bromelias llenas de agua empozada, de cajón que esto es Mosqui Town. Pero para no ir contra la corriente – porque está de moda el dengue otra vez- admito que tengo dengue y me asumo en mi tropicalidad bananera de ser una victima más de una mosquita muerta patas largas.

El daño indirecto no es punible por la Ley. Es decir, si en un cine se va la luz y el dueño cruza la calle donde queda la compañía eléctrica para poner la denuncia y lo atropella un carro, él no puede reclamarle compensación alguna a los accionistas de la electricidad. Esta es la razón por la cual no procede una demanda en contra del tráfico. En consecuencia, yo no puedo salir de safrisco a salir a averiguar quien fue el enfermito que lo picó la mosquita muerta que después me picó a mi para arruinarle su existencia. ¿Pero sería entretenido no? Hacer una reunión de toda mi cuadra y poner a todos los casos de dengue recientes en el paredón de los Sospechosos Habituales. Todo con el hecho de descubrir a mi “hermano de sangre” y regalarle una raqueta de tenis eléctrica. Pa’ la próxima amigo. ¡Claramente tu técnica de matar mosquitos no funciona!

Mi nueva agua de colonia de esta semana se llama “Optimismo” creada por una marca llamada Ata Mel. Cada seis horas me tomo una pastillita con la esperanza que en cualquier momento el deseado número 37 salga en el termómetro pero como el Kino dominical que me lo juego desde hace diez años: ¡nada! Hoy sí fue un día estable: 37.5, provocando que sacase mis marcadores y me hiciese un diploma como para combatir el fastidio pero después me dio flojera buscar papel. Eso sí, le gano a cualquier ruso en Sudoko Genius. He dicho, a cualquier ruso.

Lo irónico de todo el asunto es que a principios de semana di gracias por haberme quedado solo en casa y miren yo no puedo estar más como Kevin McAllister durmiendo en el lado de la cama de su mamá. Me entró una sensación rarísima el otro día, pensando en la soledad. Jamás le había tenido respeto a Barbra Streisand sino hasta esta enfermedad. Todo episodio de nuestras vidas puede ser vinculado a una canción. – “Toto, pero ¿Streisand?” – Sí lo sé. A mí me pareció extraño en su momento pero la narizona tiene una canción famosa que me vino a la mente entre mis delirios de bajeza tropical.

La Streisand me vino hundido entre siete almohadas, bañado en sudor con 40 de fiebre, a las tres de la mañana luego de un intento fallido de aniquilar a un mosquito viperino. ¡Porque yo necesito MÁS mosquitos en este momento! Ahí, solo, malhumorado y queriendo agua, una sobada en la cabeza, un pañito y una Arnolda Schawrzenneger que exterminase al mosquito reincidente fue que pensé que la canción: “People who need people, are the luckiest people in the World.” Es que es completamente verdad. Uno jura que puede solo en la vida pero no puede. Eso lo aprendí esta semana. Me encanta que el dengue y Barbra Streisand son la combinación para que yo decida que no puedo morirme estando solo. Algo claramente está mal.

¿Qué pasaría si en verdad hubiese estado solo, solo esta semana? ¿Sin Josefa o mis "Por el Poder de las Tías Fantásticas Actívense"? No la sobrevivo ni por error. Mi señora madre que es un amor de cosas bellas me mandó el siguiente mensaje (entre otros bonitos, lo que pasa es que este es cómico): “No te quejes. Vicky tiene dengue y está en Malasia. SOLA.” La apatía en los pulgares no me daba como para preguntarle que quien demonios era Vicky pero hay que darle crédito a mi señora madre que lo de ella es una filantropía mundial digna de la Cruz Roja en recolección de información para hacer sentir “bien” a los demás.

Otra que me encantó fue “Tienes que cambiar tu estilo de vida”. Ok saquemos el pizarrón: mosquito pica humano infectado; mosquito se echa un camarón; mosquito va hacia Toto; pica a Toto. Toto tiene dengue. ¿Y el que tiene que cambiar su estilo de vida soy yo? ¿El penúltimo en la cadena de infectados pajuos? (estoy muy claro que hay alguien allá afuera que me va a odiar anónimamente la semana que viene). Hay otras maneras más sutiles para decir que no debo andar por la vida sin usar medias.

Cruzando los dedos para una pronta mejoría. Mientras tanto desde la cueva de la internación ilógica, mis deseos de mucho repelente y mucha aniquilación manual para vosotros. Cuidar es querer.-

Monday, June 7, 2010

Hundirse en Smoking

Hay algo en el smoking. Quizás es la sensación de sentirse un pingüinito mesonero en Mary Poppins o quizás sea que su uso es tan inusual, que uno no puede dejar de sentirse un poco James Bond. El hecho es que mientras me lo quitaba el domingo en la mañana, luego de un matrimonio al que fui, me puse a pensar que si me tengo que hundir algún día, quiero hundirme vestido de smoking.

Leí una historia sobre una señora neoyorquiina que se vino a menos luego de un tumultuoso divorcio y cuentas exorbitantes como producto de sus constantes saraos (en un momento dado echó a perder el ascensor de su edificio porque trató de meter a un elefante para exhibirlo en su fiesta). La señora en cuestión se encontraba regresándose de una fastuosa fiesta en Versalles cuando el carro chocó, dio vueltas y la mató en seco. Los comentarios en el entierro de la señora no fueron de pesar ni de lastima. Para alguien acostumbrado a una buena fiesta ¿qué mejor manera de salir de este mundo despidiéndose con una fiesta bailable en Versalles?

La muerte es un tema que no se discute por aquello que es pavoso pero he estado pensando últimamente en ella. No porque tenga intenciones de hacer check out en un futuro próximo. Más bien por una pregunta que alguien hizo en Twitter el otro día: ¿A dónde van los muertos de Facebook? Cuando uno muere, se va disfrazado con las alas de angelito pero deja aquí todas las cosas terrenales que algún día le parecieron mundanas. Facebook es una de ellas. Fotos, videos y mensajes de cumpleaños que permanecen allí aún cuando uno no esté. A la hora de redactar nuestros testamentos, ponemos por escrito a quienes les legamos nuestros bienes muebles e inmuebles. A nadie se le ocurre decir a quien le lega la contraseña en Facebook para que destruya su perfil o lo mantenga como un busto en homenaje a una vida sensacional.

¿Es extraño no? Leí recientemente que las personas que se ven bajo la desgracia de ver quemar su casa, no corren a agarrar un sweater o algo de comida que los mantenga. Si tienen la oportunidad de agarrar algo, lo más probable es que tomen alguna fotografía o un álbum de fotos. Consideramos absolutamente necesario preservar nuestras memorias, el legado histórico que nos hace únicos. Nos fijamos poco en aquello que podría servir para nuestra supervivencia y pensamos más en algún objeto que nos recuerda a mejores momentos. No en balde Dolley Madison corrió a desmontar el cuadro de Washington cuando los británicos invadieron la capital y quemaron la Casa Blanca. Gracias a ese gesto, el cuadro de Washington es el único objeto verdaderamente auténtico que ha reposado en la Casa Blanca desde que se originó la idea de crear una mansión presidencial en los Estados Unidos.

Es cómico pensar que mi smoking es el mismo de cuando yo tenía veinte años. No me sirve ni por error pero no voy a estar alquilando uno para una fiesta en la que no tengo un rol protagónico. La apertura del cierre estratégicamente escondida por una faja ilógica. Un smoking de ese calibre es como un legado histórico. La infinidad de fiestas a las que fue, hoy reducidas a un poco de tarjetas de invitación, las cuales reposan guardadas en una caja que recuerda a mejores épocas.

A diferencia de los vestidos de las mujeres, el smoking es un repetitivo álbum de tela negra que si pudiese hablar, contaría los mejores secretos de la persona que lo ha usado. ¿Cuántas manos se agarraron de esa espalda en plena pista de baile? ¿Cuánto polvo de maquillaje ajeno recogió en el hombro? Quitarse un smoking es como morir un poquito. Es guindar una memoria y darse cuenta que ya no estamos como para vestirnos de él.-

Sunday, June 6, 2010

El Silencio de las Piponas

Any Given Monday

Silencio absoluto. La combinación de los astros caninos y humanos confluyó en mi hogar y me concedieron mi deseo de Gepetto. Mis papás se largaron a un viaje, Dios sabe por cuanto tiempo pues eso jamás se ha dicho aquí y mis perras, las Piponcitas, se mudaron temporalmente a casa de mi hermana porque anda en un desequilibrio hormonal con esto de la maternidad y necesita cariño. Algo que me parece completamente lógico, considerando que a ambas perras les acaba de venir la regla nuevamente y ahora andan con sendos embarazos psicológicos como si la Anunciación les hubiese plantado a dos Mesías que ladran. En la distancia, sólo se oye el ya acostumbrado “¡Eso Burrera!” que le da Josefa a la nevera cada vez que ésta produce hielo. La casa de los Locos Addams, en completo silencio y yo no puedo estar más feliz.

Todos necesitamos vacaciones y para alguien que trabaja desde su casa, éste es mi momento Shangri-La. Son demasiadas las distracciones, los ruidos de teléfono, las reuniones de señoras tomando café y la persecución de un loro suicida como para no tener momentos de paz durante el día. Aún así, tenerlos a todos cerca es tener la fuente de inspiración para sentarme a escribir estas crónicas. El problema no son ellos por separado, sino la combinación de todo. Incluyendo a Mario Silva.

Mi mamá es una señora divertida que se acuesta arrecha. No sabíamos por qué hasta que descubrimos que su adicción al programa La Hojilla le estaba causando estrés a la psique. Eso produce que se despierte hablando del gobierno. Como los twitteros cuyos primeros ciento cuarenta caracteres en la mañana están enfocados en la amargura que causa una hazaña gubernamental. No ayuda que el mal humor se incremente con la estampida canina de las Piponcitas buscando cariño. Una perra entrando a tu cuarto a saludar es una belleza. Dos cohetes con pelo en el aire cayéndote encima, es como para entrar en un bunker a resguardarte del bombardeo aéreo de saliva.

Es que las Piponas son metiches en todo. Mi papá se tiene que tomar religiosamente unas pastillas para que no se le tapen las venas del cerebro, como consecuencia del aneurisma que le provocó el accidente el año pasado. Él es solamente consecuente con su eterna búsqueda por el postre perfecto en las panaderías más escondidas de la ciudad, pero la verdad es que con las pastillas se ha portado de maravilla. El problema es que dada la pobre visión y la falta de delicadeza de los pulgares masculinos, no es muy ducho abriendo los paqueticos por lo cual, la pastillita de turno sale volando por el aire y cae en el piso. Su búsqueda es infructífera. La pastilla no ha tocado el piso y ya salió una de las Piponcitas a tragársela.

La preocupación no es que las perras se mueran intoxicadas. Más bien, es el miedo a que las venas se les pongan más perfectas y en consecuencia, vivan más de la cuenta. Es que estamos obstinados de ellas. Las perras vinieron a mi casa como propiedad del niñito que se fue a Milano y de la carmelita descalza que se casó. A los que no las queríamos, nos las dejaron "porque eso nos iba a hacer más felices". Como tal, nos hemos visto sometidos a la invasión de los Hunos y ser los babysitters de dos monstruas disfrazadas de los Cariñositos. Vivir con ellas es como ser un guía de campamento en donde toda media es objeto de una destrucción y no hay actividad que no involucre rascarle la cabeza. Lo peor, es que son tan bellas que uno no se puede resistir.

Ahora que no los tengo, en silencio escribo. Y me da risa que en el éxtasis de una vacación familiar, donde todos los botellones de Coca Cola son míos, no puedo sino dejar de pensar sobre qué estarán haciendo las malandras de mis Piponas.-

Saturday, June 5, 2010

El tea party a la imprenta

Me han hecho una propuesta de publicar mi blog como libro. Eso me tiene absolutamente emocionado pero absolutamente nervioso. Por un lado, me tengo que volver a leer todo lo que he escrito en estos dos últimos años y eso jamás es fácil. Me pasa que lo que pensaba hace un año, no necesariamente corresponde a lo que pienso en estos momentos. De hecho, me pongo a pensar que hay ciertas cosas que deberían ser borradas. Estoy dispuesto a echarle pichón pero confieso que me debato entre la duda si la cosa es lo suficientemente cómica y variada como para poder hacer un libro de anécdotas o si más bien debería seguir escribiendo en el blog y sencillamente sentarme a escribir ficción.

Es una tarea titánica. Por un lado me tengo que sentar a reformular las historias para que sean comprensibles por las personas que no me siguen a diario. Algo así como sentarme a explicar el origen de It’s Good to Be y la Chica Bond en un formato que si bien, no importe que sea ficticio, sea lo suficientemente honesto como para no rayarlos de por vida. Lo otro es comprometerme a escribir así sea unas veinte historias originales para darle beneficio al libro porque soy de los que pienso que para qué comprar algo si lo puedes leer online gratis.

Me entretiene la idea que sea un compendio de anécdotas bien contadas. Un libro para leer en cualquier parte que se pueda recoger en la página 29 y pasar a la 130 sin que esto conlleve a la falta de comprensión. Sería un tipo de libro que yo me quisiese leer pues. Algo como un corolario de historias que no necesariamente giren sobre mi vida, sino más bien anécdotas ya contadas en un formato cómico. Un libro light para leer en el avión y luego pasárselo al vecino. ¿No les pasa que se leen el periódico y se amargan? Hasta la sección de cultura es un síntoma de depresión. Yo quiero que mi libro sea una cosa para despejar la mente. Un momento chévere ya sea en el trono (insisto en que esto es un libro de poceta pero me dicen que no lo puedo describir así) o en un domingo aburrido. Así sea contando historias feas como las de los asaltos y los secuestros.

Lanzo esta idea al aire para ver que piensan antes de verdaderamente montarme en el tren. ¿Sería algo que quisieran tener en su biblioteca? ¿Me espero un poco? ¿O es una definitiva locura escribir este tipo de libros en Venezuela? A los que me siguen a diario me encantaría que me dejasen un feedback (anónimo y crítico si quieren, no me interesa) mencionándome si pueden algunas entradas que le hayan entretenido (o desesperado) y que les gustaría ver publicadas. Es un poco para comenzar a dibujar los planos y sentarme a ver por cual camino me voy. Porque no me parece entretenido publicar todas las historias del tea party. Lo que tengo que ver es cuales serían las más chéveres para leerse en cinco años y escribir algunas originales sobre ciertos temas que le den un agregado a tener un libro by Toto.

¡Voy emocionado! Ya contaré si el proyecto va 100% seguro pero igual seguiré echándole pichón a escribir en el tea party. Como dije en algún momento, eso no cambia hasta que no nos bajen la santa maría en Venezuela.-

Friday, June 4, 2010

Martha te anda buscando



A todo el mundo le encanta un buen cuento digno de los 101 Dálmatas. A todos, menos a aquella peculiar especie que le gustan los gatos. Y como dice mi amiga Cristina, todos los amantes de los gatos saben que uno jamás es verdaderamente dueño de un gato. De los perros sí. Ellos son más fieles que una iglesia abierta en Domingo de Ramos, que se saben todos los secretos no confesados de su dueño y que aún así, están dispuestos a echarse con ellos la carrera de esta cosa ilógica que llamamos vida.

Martha (en honor a la Stewart antes de la cárcel) es una mestizo terrier rescatada de los jardines de la Universidad Simón Bolívar. Uno no sabe como llegó hasta allí o quien fue el marido desalmado que la abandonó pero un angelito de la guarda la vio lamiéndose las paticas en frente de la fuente que hace chorritos y decidió activar la operación “Rescatemos a Martha”. Con sus otros amigos, la bañaron, le quitaron todas las garrapatas que la habían invadido como consecuencia de la negligencia, la vacunaron y le dieron un collar morado porque un nombre como Martha no merece otra cosa que vivir la vida usando colores chéveres.

La perrita Martha tiene un año y anda buscando una familia a quien cuidar. Al principio ella les va a hacer creer que son los humanos la que la van a cuidar a ella pero todos sabemos que en el mundo canino, no hay nada que más le de placer a un perro que jugar a ser “The Nanny” (sin la voz de Fran Drescher). Si hay alguien en el tea party que esté pensando en buscar compañía en adopción, esta historia es digna de Oprah. ¡Martha es Oprah! Toda una sobreviviente que quiere que le hagan cariñitos en la barriga y lamerle la cara al dueño en agradecimiento.

Cualquier información pueden hablar con Daphne o como a mí me gusta llamarla, la persona que cree que todos los perros van al Cielo, llamándola al teléfono 0414-124-59-93 o escribiéndole a su e-mail dafifad@gmail.com

El video es toda la E! True Hollywood Story de Martha. ¡Esperemos que alguien en el tea party se la goce!

Thursday, June 3, 2010

Awwww

Lo que podemos presumir es una mosca o Willy Wonka en cotillón, me mandó un mensajito de felicitaciones por los dos años en el tea party . ¡Gracias por este regalito! Y a todos los tweets y comentarios de cumpleaños: altamente apreciados. #awww

Anthony Hopkins, voy en camino


Yo no quiero ser millonario. Quise ser famoso alguna vez pero ya no recuerdo el talento con que pretendía serlo. Si me caso, buenísimo. Si me divorcio, espero que sea por culpa de ella. Pero en verdad, verdad aquí entre nos, yo lo único que quiero en la vida es tener la fiesta que tuvo Anthony Hopkins en la película Meet Joe Black. Igualita pero sin que me muera. Echarse un rumbón para encima tener que empatarte con la Sayona es pavosísimo. Nadie montaría las fotos en Facebook al día siguiente y todos sabemos que una rumba sin fotos en Facebook para que los que no fueron invitados la vean, no quedó buena.

Uno dirá, bueno pero este niñito es como básico. Está bien pues. En beneficio del soponcio de los moralistas, también puedo decir que quiero chamos, tener buena salud, lograr la dentadura de los odontólogos de los comerciales Colgate y el enjuiciamiento a Wendy Sulka. Lo quiero todo, pero también quiero mi fiesta. Mi petición es completamente lógica. ¿No se han puesto a pensar que para un entierro va todo el mundo pero para un cumpleaños solamente van diecisiete? Es ilógico.

El problema es que uno debería ser discriminatorio con los cumpleaños. Eso que todoooo el mundo tenga un cumpleaños es lo que echó a perder la celebración con sombrerito de liga bajo el cuello. Hay gente que no se merece celebrar su cumpleaños. No sé quien no se lo merece pero bueno pongamos que los del 26 de abril. O los del 24 de diciembre cuyos padres fueron unos atravesados. Sería excelente que no lo tuvieran. Como ellos no pueden soplar las velas con la tortica de la panadería de la esquina que dice “FeliSidades”, júrenlo que esa gente va a estar cual clavel en el nuestro. ¡Gente que se lo va a gozar más que uno!

Esa es la gente que va a sacar el yesquero para dárselo a la mamá prende velas y que pondrá la cómica con una nota rompe vidrios cantando el “Ay qué noche tan preciosa.” Esas personas sin cumpleaños no estarán de viaje, ni enfermas o haciendo postgrado. Esas personas no tendrán la excusa que le toca cuidar al chamo, que van a ver películas con la novia o que la abuela se escapó otra vez y no saben en que casino está. Esas personas se gozarán lo positivo en la vida de uno. Esas personas…

Hace dos años en una tarde fastidiosa me senté bajo un araguaney que no florea a imaginarme mi fiesta de Anthony Hopkins. Una, en la que ni una sola de las personas que quiero y dejé de querer faltaría. Y pensé lo chévere que sería en verdad tener una de esas noches. En las que nadie falta, ni siquiera el que se colee. Pero después me senté a hacer el presupuesto de la fiesta y me di cuenta que ese bonche era como caro. Hacerla a contribución sería como bajar el caché. Así que decidí reducirla – por ahora, Comandante – a una sencilla mesa de té.

Una mesa de té rodeada de sillas disimiles para sentar a personalidades disimiles. Lo suficientemente grande como para sentar a todo aquel que quisiese parar la oreja para poder oír los cuentos de los que se sentaron tres sillas más allá. Pero como mis amigos son sordos e inconformes con quienes se sientan al lado de ellos, me propuse sentarme a escribir sus historias. Comencé a escribir las incoherencias de uno con las inquietudes del otro. Comencé a escribir para no tener que responder al “¿qué dijo?” Comencé a escribir porque cada día se hace más difícil cuadrar esta fiesta. Comencé a escribir para no tener que abrazar a un e-mail. Comencé a escribir para que no me hiciesen falta. Comencé a escribir para que no me echasen de menos.

Para ustedes, los que se sientan en mis sillas, mi tetera de whiksy. Dos años de servicio como relator de sus conversaciones ilógicas y me he gozado cada minuto de ellas. Ligándola que algún día Anthony Hopkins me legue toda su fortuna para poder hacer mi fiesta fabulosa y no tener que sentarme a escribir más para acercar esta lejanía.

Igualmente con fuegos artificiales tumba ranchos a todos mis “yo te leo” que no conozco tridimensionalmente (o que sí pero no saludo de buenas a primera porque soy más despistado que ministro en cadena): Un aplauso con las barras de Maite para Ustedes. Cada cuento que me han echado sobre algo que se escribió en el tea party, cada comentario, cada tweet, cada abrazo, cada encuentro y cada confesión de “yo te leo” no hace sino convencerme que este mundo está loco. Y que por eso los quiero. Un abrazo cibernético y pendiente de cualquier solicitud de temas para ser ventilados en el tea party. Ah y gracias también a Josefa.-

Feliz Cumpleaños Conversations Overheard at the Mad Hatter’s Tea Party. Por un año más hasta que nos bajen la santa maría.-

Y a Nina mi editora: ________________ .

Wednesday, June 2, 2010

Cuéntame cuando fuiste ladrón

Mi primer contacto con la autoridad fue en una tienda de anteojos en Margarita. Había una crema de protector solar azul eléctrica. Me pareció lo máximo que un color tan fuerte pudiese ser usado en la nariz. Como todo niño que le gusta tocar las cosas, naturalmente embadurné mi dedo índice derecho en la crema galáctica. Un dedo azul, lo más cercano que llegué en mi infancia a sentir que los dedos pueden ser tan fantásticos como la uña de lámpara halógena de E.T.

Esa sensación duró siete nanosegundos cuando un señor mayor vestido de chaqueta negra me agarró la mano e inspeccionó mi dedo; como chef que revisa pescados en La Guaira. Una acción inocente fichada para siempre. Mi fabuloso dedo azul convertido en una marca escarlata para el resto de la tienda: ladrón. No sé si obligaron a mi papá a comprar el potecito negro con la melcocha azul eléctrica. Lo único que sé es que más nunca me gustaron los anteojos.

Una vez vi a una figura de un pescador tallado en madera puesto sobre una repisa del taller de madera de mi campamento. Me enamoré al instante de ella. No podía creer que el hombre había cortado un árbol y podido labrar una figura a su imagen y semejanza. Todos los días la cargaba y la volteaba para apreciarla. Le pasaba los dedos por los suspensorios tallados en la espalda y buscaba una ramita para introducirla por un fino hueco que tenía entre las manos para que sirviese de caña de pescar. Un día decidí que tenía que ser mía. Barriendo al final de una actividad, lancé la figura al piso y la barrí hasta un hueco en el piso por donde caía el aserrín.

Con el delito a medias, salí del taller de madera y corrí hacia mi cabaña a buscar una bolsa donde meter el objeto hurtado. Temeroso que me fuesen a descubrir, la metí en el fondo de la bolsa y la guardé en lo más hondo de mi baúl. No la volví a sacar hasta que mis papás me fueron a buscar donde en el carro saqué la figura del pescador y proclamé que yo la había hecho. Le puse mi nombre en tinta abajo en el pie para cementar el delito. Jamás la devolví. Cada vez que abro la gaveta donde está guardada la figura, con un pie que se quebró Dios sabe como, me tengo que recordar que soy un ladrón y que no he tenido el coraje de enviarla a donde pertenece.

Nunca supe que se le decía chuleta pero la mía consistió en anotar todas las capitales de Venezuela en un papel antes de un examen. En colegios gringos te enseñan donde queda Wyoming pero no se molestan en mostrarte a Cojedes. Anotando ‘San Carlos’ en su respectivo renglón, observé como la profesora se levantó a cerrar la puerta y me miró. Se dio cuenta al instante y me pidió que le mostrase el papel. Todavía recuerdo como no sentía las manos. Me envió a mi casa con una nota para que la firmase mi mamá. Todavía recuerdo como practiqué esa firma.

Tres semanas después mi mamá estaba citada en el colegio. Mi papá me fue a buscar a casa de alguien a sentarme en un carro y decirme lo que le pasaba a los que se plagiaban las cosas. Saqué “F” en Estudios Sociales Venezolanos ese lapso. Y todavía tuve las santas pelotas de decir que el afiche con alusiones venezolanas que presenté el lapso siguiente lo hice yo. Así como hacerle creer a una profesora que yo había entregado el informe de un libro y ver como me ponía “B”, Ir a la biblioteca a presentar un examen diferido sobre definiciones y sacar el diccionario para anotar las respuestas y sentarme al lado de una profesora que estaba leyendo los cuentos de los demás y hacerle creer que ella había perdido el mío.

Me plagié buena parte de mi discurso de graduación. En el colegio me escogieron por votación para leer el discurso porque ya en esa época yo escribía cosas chéveres. No puede haber nada peor que un escrito por encargo y el advenimiento de la Internet. Escribí ‘discursos de graduaciones’ y allí encontré uno perfecto. Hecho específicamente para la ocasión, con muchas cosas que yo quería decirle a mi clase. Sin ningún tapujo, me senté a transcribirlo, añadiéndole ciertos toques míos.

Toques que por un lado personalizarían el discurso hacia lo que yo quería transmitir. Por otro, porque la ingenuidad hace sentir que en algún momento ese discurso también podría aparecer en la Internet y mi verdad sería descubierta. Recibí mis aplausos pero no puedo pensar que cada vez que oigo la frase “how does it feel to be on your own with no direction home like a complete unkown just like a rolling stone?” me recuerda que haber citado a Dylan sin haber citado al autor del discurso, es haber ofendido al rey del folk.

Nimiedades de niños si se quiere pero no puedo pasar toda una vida cargando secretos infantiles que jamás le confesé al cura. Creo que lo único que puedo hacer para enmendarlo es poner a ese muñeco de madera en una caja y enviarlo con una nota de apología a su respectivo dueño. No hace mucho por salvar mis errores pero tarde o temprano se tiene que aprender, que hay cosas que no son mías.-

Tuesday, June 1, 2010

Los Gallos Felices

Nos tardamos toda una vida en esconder el gallo del colegio que todos llevamos por dentro. Mientras más hablo con la gente, más me convenzo que nadie – excepto mi amiga Cookie que afirma lo contrario – fue verdaderamente popular en el sentido estricto pintado por las películas estadounidenses. Sin importar que en verdad haya existido el combo de las Mean Girls (en mi colegio eran Ina! Dani! Lore! Bea!), el equipo de fútbol (aunque en cancha con grama cuestionable), la cerebrito, los dañados y Gupta, el estudiante de intercambio que nadie entendió porque llegó a Venezuela, lo cierto es que los demás nos esforzamos toda una vida para no ser recordados de una adolescencia de frenillos con ligas azul Colgate Fresh y madres que te hacen pasar pena.

Ayer volví a los pasillos de mi colegio, viendo una película llamada Diary of a Wimpy Kid ("El Diario de un Niño Debilucho"). Está extraordinariamente bien hecha porque plantea los mismos problemas que uno se hace cuando se ve obligado a comprar una calculadora científica. La educación media es una farsa, nadie entiende de donde salieron esos mutantes con acné que uno solía llamar enanos en sexto grado; el pupitre en el que te sientas determina con quien hablas y el bulto tiene toda una regla no escrita de cómo debe ser cargado. No hace falta que hayan actividades extracurriculares con deportes foráneos como el lacrosse. Cualquiera que haya estado en un bachillerato en Venezuela se puede identificar con esa premisa.

Lo que me pareció genial de la película fue que el muchachito trata por todos los medios de ser considerado popular y falla. No consigue mesa en el cafetín, la maestra de música le sugiere que con su voz es apto para interpretar a Dorothy en el acto del colegio y en lucha libre, el niñito más chiquito y más extraño del colegio, le da una paliza. Aún así, él está enfocado en salir adelante y para eso se fija que su mejor amigo es el que debe cambiar. El mejor amigo es de los que todavía está pegado con el juego de tablero, que usa camisas con una foto de la mamá que dicen “El Mejor Hijo” y que no le ve nada de malo ponerse protección solar al momento de salir a la clase de gimnasia.

La interpretación del arquetipo del mejor amigo es de lo más extraordinario, porque todos tuvimos uno así. Ese amigo fue la razón por la cual nadie se auto tituló de buenas a primeras como lo más bajo del colegio. En privado resultaba lo máximo porque se podía jugar a Merlin y Arturo pero en público, era un soberano desastre que él llegase vestido con una gorra de las Tortugas Ninja que le trajo el papá de viaje. La diferencia radical está, en que mientras a nosotros toda la vida nos importó el entorno, ese gallo ni se dio cuenta. Ese gallo fue feliz. Siempre fue feliz. Y es tarde en la vida, cuando tenemos que admitir que los verdaderos gallos fuimos nosotros.

El gallo nunca pasó pena en una fiesta de Halloween. Su disfraz de edema pulmonar estuvo tan bien labrado que no tenía visión para divisar a los demás vestidos de tenistas o con capas del Conde Drácula. No hubo uno que no se gozó una tarde lanzándose por un hidrotubo o filmando películas en handy cam con la misma secuencia que las que usó Stephen Spielberg en Indiana Jones. Hizo lo que quiso, estudió cine y hoy en día probablemente es el mezclador de sonidos que estuvo nominado al Premio Oscar por Avatar. Se casó con la reencarnación de la esposa de Ned Flanders y fue feliz. Nadie duda que ese gallo del anuario amarillento fue feliz.

A MI amigo gallo, con quien hablé hoy. Voy en camino.-

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