Sunday, October 31, 2010

Happy Jaloguin


Werewolf Elvis: ¡Bien feo! Pero fue la única noche en la que tuve pelo y me lo gocé

Me encantó que hubo demasiada actitud en la ciudad con la celebración de Halloween. Fiestas por todos los rincones con gente dispuesta a gozar. La gente se esmeró con los disfraces, pues fueron pocos los cintillitos de diablitos y la camisa de futbolista para meter la pinta. Fui a la fiesta de Le Club vestido de lobo Elvis (la máscara no sale en la foto pero fue chévere entrar sin que nadie me reconociera). Más perfecto no pudo ser: llegué temprano, comí, tomé, bailé, conversé y me fui a mi casa a dormir. Odio cuando uno no termina de llegar a una fiesta pero esto era exactamente lo que quería hacer.

Los disfraces que vi allí estuvieron geniales. Había uno disfrazado de Muerte que caminaba por todas partes. Decir “¿Qué más Muerte?” y que él me respondiera “¿Cómo va todo Elvis?” fue divertido. Otro que me encantó fue uno que se disfrazó de Genio con una lámpara enorme en la cintura que decía “frótame”. Luego se apareció El Genio de verdad vestido de pies a cabeza con máscara incluida como la comiquita Disney y ese se llevó mi aplauso. El “Nightmare before Christmas” fue sensacional. La misma versión de la película de Tim Burton pero en formato humano.

Ahora, lo mejor que se vio anoche fue el Jinete sin Cabeza. Alguien (creo que es mujer pues en un momento dado se fue al baño de damas) que llegó metida dentro de un cuerpo de goma espuma negra, montada encima de un caballo cuyos ojos se prendían y todo. De un lado, colgaba una cabeza humana de mentira toda cortada. El disfraz era enorme y ni se podía sentar pero fue todo un acontecimiento. Me encanta la gente creativa y esta persona se lleva mis aplausos. Una lástima que no pude tomarle una foto pero alguna aparecerá y la postearé aquí.

¿De qué se disfrazaron Ustedes? ¡Aplausos para Nina y su novio! Todavía es díficil superar verlos vestidos de Bjork con el cisne pegado en la nuca y al Delfín vestido con panalones de cuero blanco con las letras de su nombre pegados en la pierna. ¡Genial!
Con La Zubi y Johnathan, organizador de la fiesta


Saturday, October 30, 2010

Un Día Sin Brujas

La sensacional Heidi Klum: hotness!
¡Que viva Halloween! Uno no entiende cómo fue que nos apropiamos tan descaradamente de esta tradición gringa pero me contenta que la adoptamos con todas las modificaciones que hacen del Día de Brujas – el 31 de octubre – uno de los días más entretenidos del año en Venezuela (después del Día de la Secretaria). Por una parte, jamás le paramos a eso de ir a comprar una calabaza para ponerla en la ventana con una velita adentro. Primero porque aquí lo que hay es auyama. Segundo porque pa’ calabaza, suficiente con Cenicienta, la caza marido más grande que ha visto la Humanidad. Con esa jeva ni para la esquina.

Toda esa cuestión de ir a buscar caramelos de casa en casa también nos la saltamos. Fran, mi pana, dice que es porque los vecinos del edificio son pichirres. Yo lo corrijo diciéndole que es por culpa del escepticismo a la hora de abrir la puerta. Si a la Sociedad de Ciegos le echamos un cuento para no tener que colaborar cuando pasan de casa en casa, tampoco vamos a salir de bienaventurados a abrirle la puerta a dos idiotas disfrazados de Neo y Nemo (uno de The Matrix y el otro de Buscando a Nemo) pidiendo caramelos. ¡Yo te echo un cuento que caramelos es lo que quieren!

Nosotros le hacemos fast forward a todo eso y nos vamos directamente al bonche de disfraces. No importa lo chiquito que sea. Si bien todo bar organiza su fiesta, celebrarlo en casa es chévere porque siempre hay un amigo fanático del Halloween que se faja decorándola como una morgue en decadencia. Con más hielo seco que carrito de helado puesto por las esquinas. La consigna es que los panas vayan disfrazados y con botellita de contribución bajo la túnica. Pasarla bien siendo alguien que no sé es normalmente de nueve a cinco. Así vengan los inseguros vestidos de ellos mismos con el cuentico que no les dio tiempo de inventar un disfraz. A lo que siempre sale una salida a decir en calladito que esos vinieron vestidos de Narciso.

Es que disfraces ha habido para todos los gustos y si bien los que se compran en las tiendas están mandados a hacer para sacarnos de apuros, lo cierto es que siempre ganan en originalidad aquellos que se los piensan. Una ducha, una copa de Martini (la aceituna era la cabeza), un Rodolfo el reno martirizado (esto de algún emocionado por la próxima temporada navideña) y hasta Museíto, el muñeco del Museo de Los Niños, han desfilado entre los zombis y fantasmas que rumbean en una noche donde Michael Jackson fácilmente hubiese pasado desapercibido. Es difícil tumbarle la comparsa a los cuatro gorditos venezolanos que se las ingenian para disfrazarse de Cariñositos Dañados: Venéreo, Alcohólico, Matón y Proxeneta.

La actitud lo es todo a la hora de disfrazarse, procurando que no sea tan aparatoso como para prohibir echar un pie con cualquier Campanita. La debacle histórica de Halloween en Venezuela fue un amigo que nos convenció para que lo rodáramos en camilla a una fiesta vestido como Hannibal Lecter en El Silencio de Los Inocentes. Con máscara de hockey y amarrado con camisa de fuerza. Tuvo su entrada triunfal como quería. Lo que no contaba era que a los demás nos pareció entretenido dejarlo en una esquina sin poder desamarrarse. Ni el SENIAT se le acercó esa noche. Hay que saber donde llegar al límite con los fanatismos cinéfilos (regla no aplicable a cualquier disfraz de La Guerra de las Galaxias).

Sin duda alguna, lo mejor de todo Halloween es que por un día al año tenemos el sumo placer de asistir con beneplácito al Desfile Anual de Mujeres Bellas Disfrazadas de Mujeres de Morales Dudosas. Una sola noche en la que las mujeres del país se vuelven moralmente amnésicas y deciden que salir de sus casas vestidas de monjas con una raja en el hábito de proporciones épicamente excitantes es completamente aceptable. ¡Que genialidad de concepto!

Como la Barbie, escogen cualquier profesión y se embuten en un micro vestido que las hace ser abogadas, jueces, enfermeras y maestras japonesas que pondrían a cualquier club de strippers a revisar sus casilleros a ver si les robaron el vestuario. Conejitas que se mezclan entre las Batichicas, dejándolo a uno pensando que si bien los gringos inventaron este día para venerar la víspera de los muertos, la materialización de todos nuestros sueños húmedos adolescentes provocado por este desfile en nuestra vida adulta, reverencia más bien la víspera de nuestro infarto.-

Nota: Esta fue mi columna para la edición UB de octubre.

Friday, October 29, 2010

Kitsch! Top Ten del Miss Venezuela


Maracaibo kitsch: Se lo culpo al gobierno. Clavarle un millón de dólares por organizar el concurso nuevamente en el Poliedro de Caracas fue suficiente para que Joaquín Riviera agarrara sus cachachá y enviara la escenografía –dos veces porque asaltaron el primer camión- hacia la tierra del Sol amado. El cambio de locación produjo que Venevisión nos condensara en cuatro horas todo –absolutamente todo- lo que significa ser maracucho. Las batolas goajiras, el artista fronterizo, los saludos en wayúu y la dama de “zoociedad” zuliana, no nos dejaron olvidar por un instante de que la cosa era en el Zulia. Lo único que les faltó fue una coreografía de Mery Cortéz evocando el encuentro del retablo de La Chinita y un paneo de la audiencia con birra en mano.  
El Miss Venezuela 1987: Estoy seguro de que no tengo que ver el Miss Venezuela 1987, pues lo vi en el 2010. Las Cómplices con el comodín de la Chiqui, Kiara disfrazada de Colgate Fresh, las misses con unos pantalones que se los robaron del clóset de Alexis Carrington en Dinastía y Lila, siempre Lila, hicieron un show que sudaba los años ochenta. Hasta Lady Gaga pegaba. Estoy plenamente de acuerdo con el ejecutivo de Venevisión que pensó que si Lady Gaga fuera venezolana, sería maracucha. Un show retro chapado a la antigua, en el cual hasta el humito que salía cuando las candidatas desfilaban en traje de baño, recordaban las minitecas Brigthen y The Lawyers. Una lástima que el presupuesto no dio para la acostumbrada escarcha, los elefantes en escena y las bombas que caen del techo. Nos tuvimos que conformar con angelitos bailarines con alas fabricadas de papel aluminio. Tal es el precio de la escasez.

Germania Pinto: Todos los años hay una miss llamada “Tus papás se pasaron”. Milka, Minorka y Joseph Alicia (Machado) son mujeres que se han paseado por la pasarela del Miss Venezuela y que nos han dejado pensando: ¿Cómo fue que dijo que se llamaba? Germania se llevó el premio este año. Un nombre fuerte que me hizo recordarla en cada segmento del concurso y vitorear por ella como lo hice cuando me dijeron que tenía que votar por el indígena Bartolomé Pérez en las elecciones parlamentarias. Como el Barto, me decepcioné que Germania no entrara al cuadro de semifinalistas. En un año donde todas las misses fueron exactas, Germania fue la prueba de que detrás de todo el maquillaje, hay una muchachita con un nombre 100% “venezolano”.


Los Ángeles de Valmy: No tengo idea de quien ganó el Miss Venezuela. Sé que es una catira pelo pintado que no se cayó ni una vez y que poncharon ahí un par de veces mientras nuestra Marelisa le ponía la corona. Boris, Maite, Viviana y la Chiqui le opacaron por completo el show a esta pobre. Se cambiaron de vestido más veces que Chávez dice la palabra “expropiación”. Agradecieron cada vez que podían a todos los “ángeles” que hicieron posible sus looks: maquilladores, vestuaristas, hijos, orfebres y hasta la señora Maigualida que les hizo el café mientras esperaban tras bambalinas. Probaron que el derriére de la Chiqui merecía una corona propia, que Viviana necesitaba otroooo aplauso más por haber sido mamá, que Maite sabía que todos los demás sabían que ella podía animar ese concurso sola y que Boris no perdía una oportunidad para posar como los ángeles de Valmy. La hoguera de las vanidades fue el verdadero ganador de este Miss Venezuela y no una pobre chama que todavía debe estar preguntándose si fue verdad que ganó.


El debut materno de Viviana Gibelli: Fueron tantas las veces que mencionaron el alumbramiento reciente de la señora Gibelli, que en el último vestido “salpicado en decenas de papelitos de chicle doblados en la técnica de cascadas de Origami” me pregunté si no sería que tenía a los chamos durmiendo en chinchorro debajo de la falda. La noche fue de ella, aunque la quisieron opacar durante toda la transmisión con el cuentico de que había casi que dado a luz en el camerino. Se lució en tres momentos: su lloriqueo al entrar -“Maite al horno, por fin me dejaron animar este bonche”-, su descripción de palabras en inglés en la sección de los vestidos -“bordado con lucecitas shayyning”- y el pleno convencimiento de que leer un tele prompter para anunciar la póliza multi platino que se llevaba la ganadora, ha debido procurar que un ejecutivo de la Óptica Berl llamara a su gerente de Mercadeo y le dijera: “Saca a Carla Angola, Viviana es nuestra próxima embajadora de los lentes”.


Boris Superestrella: Me lo presentaron en un coctel en Caracas, el día después del Miss Venezuela y sólo le pude decir: “gracias por un show sensacional”. El Miss Venezuela necesitaba a Boris. Punto. Es la Barbie Amador Bendayán. Una persona que comience un show diciéndole al pueblo: “por favor” como si nos dijera “la foto es tipo carnet pero pónganse las medias porque esto va a ser del más allá” merece una ovación. En un concurso lleno de preguntas sosas para las misses, Boris fue más allá e hizo la pregunta más difícil de la noche: “Marelisa mamita, ¿cómo es que tú no entraste en el Miss Universo?”. Espero con ansias en un futuro que Boris decida que la que ganó no le gustó y le quite la corona. ¡Eso sí es un golpe de estado!


Lila y Las Lilettes: No se podía hacer un show en Maracaibo sin Lila, Liliana y Lilibeth. El aplauso fue de pie porque lo niche hay que ovacionarlo. Un despliegue sensacional en donde hicieron falta las tradicionales bombas que se lanza Venevisión para animar a la gente y que obliga a un poco de utileros a explotarlas entre comercial y comercial. Lila y Las Lilettes se botaron con un replay de sus mejores éxitos y nos regalaron la mejor parte del Miss Venezuela: la plena prueba de que la faja Miranda cubre el moñongo y enaltece el cocotero.

Los vestidos y vestidas de los missos y las missas: En serio, ¿quién es el que se sienta a escribir las descripciones de los vestidos? Ese y cuando va a dejar Chávez la presidencia son los dos misterios más grandes que existen en Venezuela. El segmento de los vestidos es el indicativo de que el Miss Venezuela entra en una fase Dumbo borracho con los payasos. Un “carrusel de la moda” con vestidos “inspirados en los oleajes del Lago de Maracaibo”, arruchaditos Mammi en una técnica “foreplay” y la “palabra de honor con un polizón cercado en ondas”. Fueron tan largas las descripciones que a las misses les dio tiempo de desfilar y montarse en un taxi para pedir perdón por el mamotreto que le montaron.


La silla-poltrona de Luisa Cáceres de Arismendi: Estoy convencido de que a último minuto, un utilero se dio cuenta de que a Venevisión se le había olvidado fabricar un trono. Eso los obligó a mandar a dos pasantes a correr por todo Maracaibo en búsqueda de una sillita donde sentar a la nueva reina. El resultado fueron unas poltronas laqueadas de semi cuero blanco cursísimas de la época de María Castaña. Hasta ella se hubiera llevado las manos a la cabeza, pensando “no, no, no”.

Miss Twitterzuela: Ver el concurso por televisión fue una cosa. Leer el Miss Venezuela por Twitter fue otra. Haberse calado cuatro horas de “La Gala de la Pereza” sin el combo de comentarios por Twitter fue lo más entretenido de este año. Era como si a todos nos hubieran dejado en el Poliedro con Norah Suarez como animadora, mientras veíamos la transmisión en el Zulia. Cuatro de los diez Trending Topics se los llevó el concurso y mi cuenta de seguidores incrementó en más de una centena, nada más por narrar mis impresiones a lo largo de la noche. Definitivamente fue una manera innovadora de ver el concurso. Las cotufas fueron accesorios. La corona se lo llevó toda la noche, el retweet.-
Fotos tomadas de http://www.sinflash.com/

Thursday, October 28, 2010

Help! I need somebody

Ayer fue el lanzamiento en Venezuela de la pluma que sacó Montblanc en homenaje a John Lennon. La pluma es sensacional, la resina parece un disco de vinil y el clip tiene la forma de una guitarra. Lo que más me gustó fue que tiene grabado el autorretrato de Lennon. ¡La queremos! El lanzamiento fue en una casa sensacional donde trajeron un grupo que tocó pura música de Los Beatles.

No entiendo porque en esta ciudad no hay un pub que se dedique única y exclusivamente a tocar música beatle. Está bien, pueden tocar música de Los Rolling Stones también. Si yo fuera diputado, decretaría una ley que dijese que en todo municipio es obligatorio abrir un bar para oír música de ese estilo. Que aquí no haya un lugar para oír a Dylan es impensable. Tanto folk rock bueno y se desaprovecha en bares reguetoneros. You say wanna a Revolution? no es propia del socialismo. Es la patada que nos da el reguetón.

Imagine un barcito estilo Greenwich Pub con las mesitas de Yesterday Bolero's del Ayer donde uno pueda oír un grupo de música chévere tocando versiones de antaño. Un lugar al que se pueda ir en blue jeans y Converse o en smoking (como a uno le agarre la noche) y hacer una selección de todas las cervezas posibles. Me dio hambre, métanle ahí las cotufas de la Frasca de Toledo también. Con las paredes llenas de fotos de políticos olvidados como en La Estancia y con los mesoneros del club que se saben tu nombre.

Veo tantas barras de Caracas que podrían ser aprovechadas. La barra de Outback, por ejemplo. ¿Cómo a nadie se la ha ocurrido hacer un cumpleaños Coyote Ugly en la barra de Outback? ¿Cómo no ponen música en vivo? Todavía lloro la extinción de Whiksy Bar. Eso sí era una barra, aun cuando no les perdono su omisión -Mean Mr. Mustard- de rendirle un tributo extenso a Michael Jackson, el día en que murió.

Algún empresario allá afuera debe estar pensando lo mismo que yo. El corredor del Centro San Ignacio es un abismo fantasmal y con un poco de ingenio se puede hacer algo sencillo pero sabroso. Basta ya del mismo lounge/sushi/Don Omar. ¿Dónde está la gente de Caracas que prefiere tomarse una birra con el first date oyendo los clásicos de Liverpool porque hay que dejar claro de buenas a primeras que hay gente que vive bajo el lema Can’t Buy Me Love? Al empresario que haga esto, que crea fielmete en un público quien daría todo por campanear su botella con  Strawberry Fields, le compro la pluma Montblanc de John Lennon para que firme el contrato del alquiler.-

Wednesday, October 27, 2010

Cuando los papás juraban que Hotmail era porno

Hoy me acordé por casualidades de la vida del primer correo electrónico que me abrí en 1998. Todo esto de la Internet era tan novedoso: los chats, el descargue de una foto que llegaba toda pixelada y tenías que esperar horas y horas para verla, e inclusive hasta el temido: “ha llegado a su límite de espacio”: 2 mega que te obligaban a borrar para que la cuenta volviera a servir otra vez (Gmail ofrece 7GB hoy en día). Pienso en la palabra “Compuserve” y me transporta a una época en la que pensaba: “si ese hombre tiene cojones, se lanza a Presidente y lo peor es que gana”.

Envié mi primer e-mail a Andrés Layrisse, mi amigo del colegio. Lo llamé tres segundos después a su casa a decirle que le había mandado un e-mail. Pensar que más común era el celular que toda esta parafernalia de la “guorl guay gueb”. Todavía recuerdo que yo tenía que tener el Star Tac negro que chispeaba una lucecita verde neón. Me hacía sentir ejecutivo.

Una entrada de la Cookie Girl en su blog me hizo recordar mis épocas del Modelo de Naciones Unidas de Harvard. Éramos la primera generación de estudiantes en Venezuela que usaba la Internet seriamente como una herramienta de investigación. Sergeant Bibs recordó el otro día que fui yo el que envió un e-mail genérico diciendo: “You guys! Hay una cosa buenísima que se llama Google en la cual metes lo que quieras buscar y te enseña las páginas”. Estoy convencido de que los primeros terroristas fuimos nosotros. Mientras la gente buscaba “¿Qué carrizos significa 'www'? ya estábamos nosotros con el tecleo de palabras como “turismo sexual, armas de proliferación masiva y niños soldados”.

La palabra “virus” entró por primera vez en mi vida en Harvard. Una catira que no recuerdo su nombre llegó a la reunión toda nerviosa porque le habíamos enviado un virus con el nombre “Mailer Daemon”. Poco sabía que Mr. Demon era el sistema de Hotmail enviando un correo devuelto. Incluso regaños de “pasantes” –código a mis diecinueve años para gente insoportable de veintidós- que escribían para decir que no enviáramos correos chistosos porque ese era su correo “del trabajo”. Uhhhhh. Esto en una época en la cual mis amigos no iban por correos formales de la inicial y el apellido. Éramos relaxjustrelax, misiapujito, charlyhurty y valin@imstressed.com.

Me enorgullezco de jamás haber enviado una cadena. Todas son de mi época: el agrandamiento del pene, la Virgen milagrosa, la donación de los tres céntimos a un niño con cáncer si Microsoft veía que reenviabas el e-mail y la instrucción explicita de enviar un correo a siete personas, so pena de que te partiera un rayo y no te ganaras la lotería. Rumba Caracas inició su movida y era tan cool ver que una página te alertaba sobre la -entonces- amplia movida nocturna y Sexycaracas hacía que volteara la mirada de vez en cuando para despejar cualquier moro en la costa. La computadora familiar de las casas era puesta en un sitio casi que encima del piano de cola y la fatídica pared donde ponen las fotos de los graduandos. Éramos Los Supersónicos y no lo sabíamos.

Casualmente hoy vi Volver al Futuro II. Nada que ver. ¿Por qué se imaginaron en 1989 que la gente del 2010 se iba a vestir de colorinches? Marty McFly tiene su chaqueta roja y gris (muy cool) pero los demás están vestidos de neón. Nada de eso veo en mi repertorio diario salvo el clásico taco de Post-It que no necesita ni cambio ni arreglo.

Recordando la era, traté de ingresar a mi primer Hotmail, hace tiempo olvidado por las bondades del Gmail y del celular (en cinco años me reiré de esto). “Su cuenta ha sido bloqueada por dos razones: caducidad o alguien ha ingresado su contraseña demasiadas veces”. Es Freudiano admitirlo, la contraseña de mi primer correo fue “mama”. Cuatro letras que me hacen pensar que habré podido jurarme el rey del mundo a los diecinueve años pero hasta en secreto era un completo momma’s boy. La cambié tiempo después. Y esa, es la que me dice que mi correo caducó.

Sin poder restaurar la contraseña –les tengo que probar a la gente de Hotmail que soy el dueño efectivo de la cuenta- me veo obligado a pensar en todos esos correos que guardé por alguna u otra razón. Correos que protegí del salvajismo de tener que borrarlos por excederme en la cuenta. Los clásicos mensajes de cumpleaños, todos los tras bambalinas de Harvard, los planes detallados de fines de semana largo, poemas en inglés y cartas de amor que vieron mejores momentos. Mi primer blog por decirlo así. Hoy en día mando un e-mail para decir “Ok”. Eso era impensable en épocas pasadas.

Sin contar los correos que he borrado, he enviado 5546 correos desde que me abrí una cuenta en Gmail en el año 2004. Toda una reseña biográfica de lo que han sido seis años de mi vida. Mensajes pasados que no son vueltos a leer. Una maraña de contactos imposibles de organizar. Es cierto aquello que dicen: “Atrás quedaron los días de vino y rosas”. Nunca pensé que lo que me queda a mí es una dirección de correo la cual dice que mi pasado caducó por falta de uso.-


2000: Back in the day when I was a jackass


Tuesday, October 26, 2010

Padrino Idol 2010


Los dos nos abrazamos encompinchados. Él me dice: «Buena suerte. Estoy seguro de que vas a ganar tú». Me aparto, le aprieto los brazos y le respondo: «Sí, también estoy seguro de que voy a ser yo». Nos reímos. Decir cosas políticamente correctas jamás ha sido nuestro fuerte. Los focos se apuntan sobre nosotros, mientras el animador abre el sobre. «Los resultados han sido totalizados por la firma Espiñeira Sheldon y Asociados». Se voltea y nos pregunta: «¿Están listos?». Los dos asentimos con la cabeza y comenzamos a respirar hondo.

«Está bien –dice el animador- el ganador de Padrino Idol 2010 es... –doy un paso hacia adelante y levanto los brazos como presidente recién electo- Alejandrooooo Aguerreveeeere». Fack. Perdí. Alejandro mi hermano da un paso al frente. Antes de recibir su premio, me da un abrazo pensado para que las cámaras lo capten en un gesto de sensibilidad hacia el perdedor. En realidad, no es más que una excusa para decirme al oído sin que nadie se dé cuenta: «Loooooseeeeer!».

Él ha sido escogido para ser el padrino de la primera sobrina que viene al mundo a bordo del vuelo 31-12 del Cigüeña Airlines. Si él escribiera estas líneas sería enfático en decir: A él y no a mí. Poco importó mi campaña terrorista en su contra: manifiesta públicamente que odia los bebés, se ríe con el cuento de Herodes y dice que no se le puede tener respeto a una persona que use pañales. Él sólo puso en el tapete la carta de la simpatía y la de la culpabilidad (él es el ahijado de mi hermana quien nunca le ha regalado nada) y todas mis esperanzas por convertirme en Padrino Idol 2010 se fueron por la borda. La culpabilidad te la llevo. La simpatía hogareña es más: «¡qué pase el desgraciado!». Ni yo me escojo a mí.

Bromas aparte –él en verdad lo quiere, yo no le paro a esas cosas-, me he puesto a pensar últimamente en lo que conlleva ser nombrado padrino o madrina de otra persona. Si a esa persona le llega a pasar algo, el infante queda en tus manos. ¡Sin instrucciones de pañalera! Esto es más una tendencia gringa dado que allá nadie ve a su familia sino en el Día de Acción de Gracias. Aquí como vivimos todos amontonados, el bebé pasa a ser hijo de todos, así a la mamá y al papá no le pase nada. Se le conoce como: «Tu abuela te ha invitado para que vayas a dormir a su casa». Código para: «No te soporto más, me quiero meter una pea con mi mujer y amenazamos a tu abuela diciéndole que te íbamos a llevar a la discoteca».

También se dice que el padrino y la madrina están para reforzar los valores cristianos que se enseñan en casa y en el colegio. Yo me perdí esa lección. Mi padrino Fernando, es ateo de cepa y opina que el hombre se muere como se pudre la lechuga. Nelly mi madrina, jura que Dios es la estatuilla del Óscar, así que por ahí no van las cosas. Me confirmé a motus propio y escogí a It’s Good to Be y a la Cookie Monster por la única razón de que son de la misma edad que yo. No quiero tener sesenta años y tener que buscarme otros padrinos. Más que una enseñanza cristiana, los cuatro me han legado la importancia capitalista de exigir un buen regalo. Con la debacle del Niño Jesús, en el cual me he visto resignado a recibir sobres cada vez más pequeños, a alguien se le tiene que exigir una rendición de cuentas. ¡Todos ellos me han cumplido!

La cosas del padrinazgo va por los vientos de gozarse al chamo y enseñarle todo aquello que sus papás consideran es un «horror». Mi tía Clara sería una excelente madrina. Ella me enseñó a decir las cuatro groserías que más me gustan y a prender fósforos mientras se tiraba un peo para recrear a Hiroshima. Digan lo que digan los niños Índigo, esas dos lecciones hicieron mi niñez. Igual los tíos que llegaban disfrazados, que decían cosas inoportunas o que ponían a los papás en ridículo al decir «ah sí porque tú nuuuunca te robaste el carro a los catorce». Es la gente que vive bajo el lema: «es mejor no tener casas, ni yates, ni aviones sino tener amigos con casas, yates y aviones» pero esta vez aplicado a los hijos de otros. Para eso no hace falta ser padrino. Basta con ser tío para gozar.

Alejandro podrá haber ganado el Padrino Idol 2010 pero yo tengo algo que él no tiene. A él le da pena la gente grande que salta en los castillos inflables. A mí no. Bring it on dumbass. Nos vemos en la piñata.-

Monday, October 25, 2010

Mucho gusto, me llamo Silencio.

Hay preguntas que ameritan un “Amigo si quieres dejamos de hablar”. No tengo rollos en verdad de dejar de hablar con alguien que acabo de conocer sólo porque a los dos no se nos ocurre otra pregunta que “oye, la lluvia ha sido un fenómeno ¿no?” Entiendo, no somos amigos y faltan quince birras para que lo seamos. La persona que tenemos en común se acaba de levantar para saludar a alguien y los dos tenemos que sucumbir al small talk.

El temor más grande del small talk es que lleguemos a ese incomodo silencio en el que no tengamos más nada que decir. Nos pasa por no entender esa máxima de la negociación empresarial: hacer preguntas cerradas nos lleva a respuestas cerradas. “Sí” y “No”. La costumbre nos previene de ser aquellas personas que le preguntan a una persona que acaban de conocer sobre su canción favorita. La pregunta más bien es si ha venido a esta exposición antes o si se tardó mucho en llegar por el tráfico. ¡Qué aburrimiento!

El problema está en que nos presentan mal. Por lo menos yo lo hago malísimo. Tengo la insegura sensación de que presentar a mis amigos ante desconocidos va a lograr que ellos se hagan BFF’s y me dejen a mí en la pelazón social. Por eso es que cuando presentamos a gente decimos: “Toto, él es Carlos Enrique Sinaruco. Carlos, él es Toto Aguerrevere”.

Ninguno de los dos es tan snob como para hacer la única pregunta posible ante esa introducción: “¿tú eres de los Sinaruco de Apure o de Barinas?” o la que me hacen a mí: “¿qué tienes que ver tú con la clínica Leopoldo Aguerrevere?” El silencio siempre viene cuando mi respuesta es: “nada”.

Otra muy diferente es la gente que te presenta con alguna información biográfica. “Toto este es mi gran amigo Carlos Enrique Sinaruco. Él hace kitesurfing. Carlos, Toto Aguerrevere escribe un blog”. No tenemos NADA en común. Yo no hago deportes y Carlos Enrique jura que un blog es una nota en Facebook. Pero por lo menos sabemos a qué atenernos.

Yo le puedo comentar que en la revista UB salió una pieza sobre la campeona nacional de kitesurfing. Si es mojoneado dirá que la conoce. Si es deportista dirá que la vio en una competencia y que es lo máximo. Eso da para un sinfín de preguntas y repreguntas. Un par de lolas por el aire siempre es motivo de conversación, no importa lo desconocido que sea otra persona.

Eso rara vez pasa. Lo común es que nos dejen a la intemperie tratando de defendernos con respuestas gafas a preguntas gafas. Ayer me tocó la variación de “¿y qué tal el acto de graduación? ¿Muy largo?” Amigo, en verdad. Si quieres dejamos de hablar. O por lo menos acompáñame a la barra y hablamos sobre la formación de los círculos mojados en la mesa. Hasta eso es más interesante que darte una respuesta que hasta el que no ha ido a una graduación sabe. El silencio es incomodo pero lo tuyo es una patada a la causa.-

Sunday, October 24, 2010

La Nueva Gozadera

El problema del buen gusto es que nos perdemos de vivir en una vida en la cual la quinceañera sale de una concha marina. No llegamos a ver a una novia emerger de una carroza de cristal. Siempre he querido hacer una fiesta de mal gusto. Nos pasamos toda una vida diciendo que algo es “tan niche” que secretamente pienso si no sería mejor ponerlo de moda. Una rumba tan insólitamente tacky que al día siguiente la gente diga: “este tipo perdió los papeles”. ¡Hit! Para eso hemos quedado en esta nueva Venezuela.

Copio aquí una reseña social que leí en una revista hace tiempo. Hay cosas que no se pueden inventar. Yo quiero homenajear a alguien con una fiesta exacta. En algún momento tendré que sucumbir al hecho de que esto es la norma y no la excepción en esta era del socialismo de las riquezas. No la veré jamás, aunque ligo ser invitado algún día porque no me lo creo hasta que lo vea. Por lo menos queda constancia de que alguien allá afuera, se goza la noche capitalina de sobremanera.

«Al llegar a la recepción, fueron sorprendidos con una lluvia de pétalos de rosa, seguidos por otra de papelillo blanco, más efectos pirotécnicos que culminaron con el nombre flameante de XXXX sobre la enorme tarima de los músicos.

El cortejo nupcial entró a la fiesta en el mismo orden de la iglesia con repertorio musical incluido. Para los jovencitos, “La Bella y la Bestia” de Alan Menken; para los abuelos “Mi Querido Viejo” de Piero. Acto seguido, los invitados tararearon al unísono “Eres Tú” de Mocedades (antes se repartió la letra de la pieza en bellos pergaminos).

Hubo dos turnos de fuegos artificiales. Uno a las 10 p.m. y el otro a las 3 a.m. Se soltaron palomas blancas de verdad, verdad y se lanzaron 6 mil globos blancos.

Se brindó con champaña Laurent-Perrier Brut Rosé Imperial. Los tequileros y tequileras repartieron shots de tequilazos.

Cada invitado fue fotografiado al entrar, dichas imágenes serán enviadas a domicilio de obsequio. Una cinta blanca de raso con los nombres impresos de los novios fueron colocadas en las muñecas de las damas. Se obsequiaron cajas de cigarros y fósforos con los nombres de los novios. En sendas gigantografías habían fotos en collage de la evolución de XXXX desde que era un bebé hasta nuestros días.

Para los pequeños, se habilitó un cuarto VIP de juegos con aire acondicionado, animadores, mini-mini bar de refrescos, mesas de futbolito y pool para los más grandecitos.

Cinco estaciones que representaban los cinco continentes fueron el menú. En la medida en que se abría cada una, un performance alegórico ocurría para sorpresa de todos. Para el sushi por ejemplo salió una geisha zanquera monumental».-

Se cansa uno.-

Saturday, October 23, 2010

El Santo Patrono de los Encargos


Hay abuelas que tienen en sus camas unos pequeños cojincitos que han bordado en crochet con varios refranes de antaño. Y si no están en su cama, están enmarcados en el baño auxiliar. Algo con mensajes alusivos a una lección (“El que madruga, Dios lo ayuda”), a la autoestima (“Granny Kicks Ass”) o al Alzheimer (“El loco que duerme al lado mío es mi marido. No asustarse.”) Hoy se me ocurrió que yo necesito uno de esos cojincitos. O en su defecto un Post-It para guindar en el espejo. Ahí quiero que me borden (o me anoten) todos los mantras y lecciones que he aprendido durante mi vida y que claramente se me olvidan al pasar de los años. No por bruto, ciego, sordo y mudo. Bueno, mentira. A mí las cosas me pasan por echón.

El caso en cuestión. Mi próximo viaje. Me da un poco de miedo saber que en mi casa me están fabricando un cartelón con escarcha y papel crepé que dice “Chao. Vete.” Cada vez que me las echo y le cuento a alguien cercano que me voy un tiempo, me aprietan el brazo como si me fueran a dar el pésame pero resulta que ponen una cara de “Hosanna en el Cielo” en agradecimiento porque por fin decidí hacer algo diferente. Aparentemente soy bastante más rutinario de lo que creía y me estoy dando cuenta que mi gente piensa que soy aburrido. Si me guío por ellos, prontamente seré una persona que se masturba puntualmente los jueves en la mañana y que guarda el puntaje de cuantos juegos de Sudoku ha ganado en el celular.

El problema no son los que me agradecen que me tomé a pecho el "Luis vete de vacaciones." Esos son unos pendejos. Mi problema es con los aprovechadores cara de tabla. Estos fenotipos vienen en formato de señoras con pelo de casco de futbolista, camisa blanca inmaculada con mangas tres cuartos y la línea divisoria del maquillaje perfectamente enmarcada dentro del mentón, dejando una clara diferencia entre la palidez de la cara y el cuello desnudo. Efecto únicamente perceptible al momento de observarlas en una fotografía posterior. Esas, son mis tías. Las consanguíneas, las de cariño, de afinidad, por interés o por obligación. (Salvedad hecha para la Tía Mamá -comentarista habitual en este tea party- que no la incluyo en esta categoría. Esa es la Raquel Welch de las tías con mantón de la Guadalupe).

Las tías 'te son' todas “un amor de cosas bellas” (salvo las de obligación que te exigen la bendición como si fuesen abadesas cuando todo el mundo sabe que ya va por el tercer marido por lasciva). Simpatiquísimas y chéveres. Van a Prados del Este y regresan con un regalo, te extienden un chequecito en los cumpleaños y muy al contrario de lo que dicen las mujeres de mi generación, piensan que uno “te es buenmozo.” Hasta ahí todo digno de cuento de Primera Comunión. Pero basta que uno anuncie que se va de viaje, para que te llamen expresamente para saber como estás y en el interín, sin saberlo ni que te des cuenta, te lanzan el “mi amor te voy a dejar un encarguito para que se lo entregues a Roberto.”

Los “Robertos” son todos los primos/as que he adquirido en mi vida, los cuales se han exiliado de esta noble patria. Ya sea por estudios, matrimonio, huida de algún cartel de narcotraficantes o porque se fueron “a dar años” por nueve meses exactos. Viven afuera y sus madres –mis tías- aprovechan cada transeúnte que pasa por el counter de Delta Airlines para mandarle “un detallito” a su hijo/a que tanto extraña. Es medio cuchi y todo. Lo que no es “cuchi” es el mamotreto de caja con sus respectivos contenidos que conforma “el encarguito” (énfasis en el “ito”) que le dejan a uno en su casa para que se lo envíe a Chattanooga, Tennessee al maricón de Roberto.

El encarguito llega casualmente a la casa en el único momento en que uno no está. Y si está, la tía se hace la pendeja. Te lo deja con Josefa como si te estuviese dejando una invitación de matrimonio. Lo que entra por esa puerta es una caja blanca de vestido de novia con una cinta de raso azul perfectamente anudada en un lazo imposible. Están esas y las todo terrenos que te entregan cuatro botellas de ron, dos cartones de Belmont, un sweater y un tosti arepa en una bolsa arrugada de Bahías. Y uno siempre hace la promesa que se va a ir con la maleta medio vacía para comprarse todo allá. Pero con los encarguitos, uno tiene que decidir entre los calzoncillos y la caja absurda que Dios sabe que contendrá. Los 22 kilos permitidos, por la borda. Tienes que sacar el cepillo de dientes pero amen que digas que no le vas a llevar el encargo a Robertico para que empiece la III Guerra Mundial con la Jefa Suprema del “¡Horror! ¿Cómo no le vas a hacer el favor?”: Todo sobre mi madre.

En el counter de emigración te hacen la pregunta explicita: “¿Lleva algún regalo?” “Nooooo”, es la respuesta correcta para ahuyentar a los perros. Cómo diantres explicar que llevas un neceser de Maki Club con bombillitos eléctricos que se prenden en la maleta (lo juro por mi calva que esto fue un encargo que llevé a Boston el año pasado) va en contra de cualquier premisa posible. Ese neceser (la maleta esa ERA verdaderamente la definición de neceser) me tentó a poner “Drag Queen” en la tarjeta de inmigración. Por si a las moscas les daba por revisarme la maleta.

Ya llegado uno, desempaca el encarguito con sumo cuidado, arreglando el lazo o desarrugando la bolsa de Bahías porque a estas alturas uno le agarra cariño al regalo. Para más colmo, Robertico se tarda una semana en buscar el maldito paquete. Uno cuadra y cuadra y no termina de venir. Y cuando por fin viene y abre la bolsa, se queja. O, como me pasó, se abre la caja inmaculada de vestido de novia y salen tres zarcillos y dos pantaletas. “Ayyy mi mami tan bella” dice la Roberta en cuestión. Toto sonríe con cara de quinta finalista y piensa “Amiga tía: ¿TRES ZARCILLOS Y DOS PANTALETAS? ¿Nadie en tu casa ha oído de algo llamado ZIPLOCK?”

El Santo Patrono de los Encargos. Todo porque “que horror” decir que no.-

Nota a posteriori si esto trae conmoción entre las “tías” de los Robertos neoyorquinos: se hace con mucho gusto pero en verdad, son 22 kilos de equipaje. Es una morocha Olsen completa. Entiendan a los viajeros que nosotros entendemos su consentimiento con los Robertos. Las quiero.-

Friday, October 22, 2010

La Araña Chiquitica se Baila en Sebucán


Todo un orgullo informar que Miss Pega y Doña Perfecta han apostado por la sanidad mental de las madres en la capital. Se les ocurrió montar un centro infantil. No más bebés amarrados en coches con una cargadora fastidiada y tres mocosos pegados al vidrio de un carro en un tráfico. Ahora las tardes son de Gymboree Play and Music. Orientado para niños de 0 a 5 años, el centro cuenta con cuarenta equipos que pueden son reposicionados para que los niños aprendan a escalar, rodar, practicar equilibrio y deslizarse como si fueran Indiana Jones. Con clases de música, pintura, gimnasia y técnicas escolares, cada clase es personalizada para ofrecer toda una experiencia innovadora que frene el aburrimiento y permita que los niños gocen como se debe.

Fui al coctel de inauguración el jueves pasado. Parecía una cucaracha en baile de gallinas porque yo no pego en este tipo de eventos dado que no tengo una criatura que me desgracie la vida. Pero al ver el centro, comprendí que si lo tuviera lo internaría en el Gymboree Play and Music. El sitio es tan grande que provoca invadirlo y los módulos son como los que uno quería cuando era chamo. Las clases de música son una nota. Ponen a los chamos a moverse a los ritmos de la cumbia, Motown y cuanta versión remixeada de “La Araña Chiquitica” se puedan imaginar.

A todas las mamás que temen desgraciarle la personalidad al príncipe de la casa porque no saben para donde más llevarlo en una ciudad infestada de pocas opciones, les refiero a Miss Pega y a Doña Perfecta con su Gymboree Play and Music. Ellas son como era el Parquecito El Tolón de nosotros pero con instrucciones y cinturones de seguridad.

Coordenadas para llegar al bar infantil:
Gymboree Play and Music
Centro Comercial Galería de Sebucán (uno nuevo, es una nota).
0212-9101028/0212-3117930/0212-4359850

¡Con Gymboree cosas como estas no tiene que volver a pasar!


Wednesday, October 20, 2010

No pictures, please

Recomendable para los que le gustan las fotos históricamente incorrectas, el documental Smash his Camera de Ron Galella. Famoso paparazzi – quizás EL paparazzi– de los años setenta y ochenta, entre las peripecias de Galella está haber demandado a Jacqueline Kennedy –su mayor obsesión– por haber ordenado a que un guardaespaldas le rompiera su cámara. También haber sido agarrado a golpes por Marlon Brando, lo cual produjo que Galella perdiera cinco de sus dientes.

Está excelentemente bien narrado, con buenas anécdotas y una muestra sensacional de sus mejores fotografías. Una de mis favoritas es como se vino a dar la fotografía más famosa de Jacqueline Kennedy (mostrada arriba). Es inquietante ver como el disparo de flashes y las peripecias de Galella dejan para la historia una muestra de fotos sensacionales. Toda una diatriba entre el deseo por el entretenimiento y el derecho a la privacidad de las estrellas.


Tuesday, October 19, 2010

La Pena Ajena de las Solteras



Hay cosas que dan pena. Luego está esta tipa. Aplausos. En serio, me he levantado tres veces de la silla de la computadora y he pegado las manos en unísono. Esta señorita tuvo el tupé de irse a Europa, vestirse con una versión alucinógena de Legally Blonde y escribir un libro sobre cómo conseguir un novio europeo. No contenta con eso, se dispuso a filmar sus experiencias. No sé si esto tiene un efecto con las mujeres pero tengo serias dudas sobre qué tipo de hombre se cala a esta tipa.

Mi video favorito es sobre cómo conseguir a un hombre en una discoteca. No seré europeo pero a mí me llega una mujer bailando así y yo hago que detengan la música. La siento en una silla, le doy un Gatorade por su esfuerzo y le digo “¿mi amor qué tramas?” Creo que es el favor más grande que le haré a una persona en mi vida. Alguien me debería dar un Nobel de la Paz por detener a esta pobre indefensa quien se tomó al pie de la letra los consejos de una gurú del desastre.

Amigas solteras: no se dejen. Hagan todo lo opuesto a lo que hace esta este video. A la gurú del desastre, mis aplausos. Cuando te cases con un millonario europeo que no te aniquile en la ida del aeropuerto, nos echas el cuento a ver si es verdad que así le vamos a parar a las mujeres.-

Sunday, October 17, 2010

La Secuela de Laura Palomo

En primer grado me enamoré perdidamente de Laura Palomo. Fue a las ocho de la mañana de un día de semana cualquiera. Yo estaba de primero en la fila de mi clase preparándome para entrar a mi salón, cuando la vi por primera vez. Jamás en mi vida había visto algo semejante. Una niña de piel blanquísima, flaquita y de pelos castaños que le llegaban hasta el hombro. Recuerdo como el mundo se detuvo por unos instantes.

Un frío gélido me azotaba los brazos y mi respiración se hizo más fuerte mientras la veía caminar desde el patio del colegio con unos Reebok blancos para unirse a la fila de su salón. A lo lejos, Laura Palomo reía con sus amigas y yo pensaba: esa es la risa más bella que he oído en toda mi vida. A los seis años, uno ya tiene un postgrado en risas, así que estaba calificado para juzgar la entonación de esa carcajada.

Tiempo después leí en un libro sobre el «amor a primera vista» y las sensaciones que esto produce. Puse mi mano sobre la hoja del libro para no perder la página y miré hacia arriba. Yo tenía todos los síntomas. Laura Palomo había sido la encargada de que yo experimentara lo que es estar enamorado por primera vez. Laura Palomo. Es que hasta el nombre sonaba maravilloso.

Por más que cruzara los dedos para que me tocara estar con Laura en la misma sección, lo cierto es que tuve que esperar hasta quinto grado para que ese milagro ocurriera. ¡Quinto grado! Una eternidad infantil para poder hablar con alguien y poderle decir que ella y yo estábamos destinados a estar unidos hasta el final de nuestras vidas. Si tan solo me sentaran al lado de ella, todo mi año sería paradisiaco.

Eso jamás pasó. Laura había crecido de manera desproporcional mientras yo estaba condenado a mi altura liliputiense de 1.24 cm. Eso hizo que la sentaran en el otro extremo del salón, en el cual nos arreglaban por orden de tamaño. El universo de un salón de clases y los genes familiares, conspiraban en mi contra. Jamás le dije a Laura lo que sentía por ella. Me conformé con Vanessa. Mi novia de una semana al terminar el quinto grado.

Olvidé a Laura Palomo con el tiempo. Al cambiarme de colegio, renuncié a verla todos los días y con el paso de los años –y el arribo a mis impresionantes 1.70cm – la sensación de querer estar unido a ella por el resto de mi existencia se desvaneció. Rota la barrera infantil de los pupitres por orden de tamaño, me enamoré de otras: altas, bajas, de mi tamaño, mayores, menores. Pero ninguna fue como cuando vi a Laura. Mi eterna discordia con el amor es que después de Laura, todas fueron amor a segunda vista.

He renunciado al amor de todas las formas desde hace bastante tiempo. Ni me interesa, ni lo busco. Veo a una y las veo a todas. Me aburre tener que meterme de nuevo en el mercado, sólo para estar dentro de él. Ninguna me emociona lo suficiente como para querer estar con ella más de una noche. Hasta que llegó ella y me desequilibró el universo. La secuela de mi sensación con Laura Palomo ha entrado en mi vida.

Llegó en el justo momento en el cual yo descorcho una botella de champaña. Somos las dos únicas personas de la reunión que no se conocen, así que lo más natural es darnos un beso de cortesía. «Hola», «Hola». Ella sigue su camino –envuelta en unos pantalones pegados que Dios guarde en la Gloria al que los diseñó– mientras yo la miro boquiabierto. ¿Cómo es posible que jamás en mi vida haya visto a esta criatura? ¿Por qué esta niña no está puesta en una valla publicitaria?

«Toto. Toto. psst.» –me dice otra–. Sacudo la cabeza y vuelvo a la realidad. Una amiga tiene extendida su mano con una copa para que le sirva la champaña. Mientras le derramo la champaña en el vaso, volteo la mirada para ver a mi nueva versión de Laura Palomo. Habla a lo lejos con un grupo de personas. No puedo oír su risa pero pienso que debe ser exacta a la de mi primera Laura.

Trato de caminar hacia ella pero dos personas me interrumpen para que les cuente sobre mi nuevo libro. El Universo conspira y manda a una gente que provoca caerles a batazos. Mi cuento, se torna en una historia, luego en una comedia y finalmente en oír los lamentos de alguien por un fracaso amoroso. ¿Qué dije? ¡Yo con las ganas de empezar el mío y me veo forzado a echar chistes para prevenir que alguna lisiada en el amor se beba toda la champaña!

A la mitad de un chiste la siento. Pone su mano sobre mi hombro y se sienta junto a mí. ¡Laura Palomo la secuela está sentada a mi lado! Esta vez no pierdo la oportunidad. Le prendo sus cigarros, le hablo, me burlo de ella y le doy mi clásico repertorio de chistes malos. Clichés que hacen que alguien como Laura Palomo y yo por fin podamos estar juntos para toda la vida. Ella sonríe como si la vida dependa de mi próxima palabra. Con cada una de sus risas, un negro en Alabama comienza a aplaudir. Lo puedo oír: «Toto loves!» «Toto loves!».

Me levanto para buscar otra botella pero veo que ella se va para el baño. Salto sillas, humanos y tumbo esculturas, mientras ligo que alguien esté dentro para tener un tiempo a solas con ella. ¡Gracias quien quiera que sea que esté adentro! Echamos chistes en la puerta del baño. Cuando se desocupa, nos lanzamos el clásico «yo voy primero. No primero voy yo». Entro yo de primero porque gano una apuesta.

Ya en el baño me doy cuenta de que la he debido dejar entrar a ella y esperar como un caballero. Bajo de 1.70cm a 1.24. Abro la puerta del baño con una sonrisa. No está. Los pupitres del salón se alejan cada vez más. Salgo a la terraza y veo a Laura Palomo, enfrascada en un beso con otro. Laura Palomo no ha llegado al colegio.

Por supuesto Laura Palomo tiene novio. Por supuesto. Se casa el año que viene.-

Fuck my life.-

Saturday, October 16, 2010

Encuentros con la Ex(orcista)

Uno la ve caminando a lo lejos y se engrincha. Ahí viene Adolfo Hitler disfrazado de una excusa de mujer. Con cada paso que toma, el mundo retumba, los curas se santiguan y la Humanidad pide piedad. Es la Reina de Corazones de Alicia, embutida en unos leggins que abrazan sus piernas como el celofán abraza al Jamón Plumrose; su propia concepción de que está buena. El encuentro es inevitable por lo que uno echa los hombros para atrás y respira profundamente. Bienvenida nuevamente a mi mundo al ogro de todas mis pesadillas. La mujer que todos los días es la versión femenina de Hannibal Lecter; la personificación de todos los hombres que mataron a la mamá de Bambi. De cariño, mi ex-novia.

Han pasado diez meses de armisticio absoluto. No porque hubo banderas blancas en señalización de paz por aquel acuerdo amistoso logrado con la maravillosa frase “es mejor que lo dejemos hasta aquí”. Al contrario. A mí me sacó ella de su casa a patada limpia, carterazo, insultos a toda mi futura descendencia (que hasta ese último minuto también eran de ella) y una llamada a los cinco nanosegundos al celular con un “devuélvete que dejé mi polvera en tu carro”. Hasta el sol de hoy hay marcas de polvo y fragmentos de espejos rotos en un árbol aledaño a su casa. Las razones de furia de ella hacia mi todavía no están claras. Cuando a uno le toca una de esas que grita en decibeles solamente descifrables por las palomas (y no precisamente por las que tienen sexo), es mejor dejarla peleando sola.

Ya cuando uno se ha recuperado lo suficiente como para poder empezar a pensar en tener una relación de esas que van más allá de un polvo espontáneo y se conviertan en agarra mano público, la Bruja retorna a joderme la vista. Viene cargada de furia, regañando a un pobre imbécil al que empaquetó (porque ella es de las que viste) en una camisa que debe venir con hombreras en el pecho. O eso, o el tipo es sendo tetón. Un perrito faldero engominado que ni siquiera tiene la decencia de caminar junto a ella sino dos pasos más atrás. Sufriendo insultos monárquicos de vaya a usted a saber por qué.

De repente me ve. Yo tampoco es que me voy a andar escondiendo del enemigo. Y es cómico ver como toda su personalidad cambia. Su primer acto instintivo es mojarse los labios mientras busca frenéticamente con su mano el brazo de su novio músculos de goma espuma. El pobre no entiende la causa de aquel acto espontáneo de cariño pero yo lo veo clarito y raspao. La señal inequívoca de una mujer desesperada que busca a toda costas probarle al mundo (ósea yo) que ella no está sola. Ella viene en paquete donde las baterías sí están incluidas. Y son triple A. Pobre ilusa.

Su mayor placer es que ando solo. Eso le da confianza para venir hacia mí y saludarme. De haber estado acompañado de una catira la hubiese visto de arriba abajo, se hubiese reído y continuado su camino, en una falsa creencia que ella está más buena. De haber ella estado sola, se hubiese escondido porque ni muerta, me saluda. Pero ahora como cree que tiene a Dios agarrado por la barba porque tiene un novio que es más alto que yo, le da la perrísima gana de volverme a dirigir la palabra. Esto, debo acotar, no es ningún saludo de cortesía. Mucho menos una averiguación de cómo he estado. Esto es flagrante e inequívocamente un acto de superioridad.

Ella está mejor en la vida porque está acompañada. Yo soy un pobre imbécil que perdió el ticket de la lotería cuando “la dejé” (porque ella se encargó de manipular el cuento a su conveniencia). Ergo el provecho del momento Kodak para ella. Se posiciona frente a mí (ignorando la orden de restricción que me tiene en Facebook y Twitter) y me pone su gélida mano en mi hombro haciendo el ademán de venir a besarme en el cachete. Ser besado por Jabba the Hut es más placentero que este momento. “¿Qué más?” – me dice fríamente. Le devuelvo el saludo con cortesía de primo comulgante escoltando a monja. Le veo en la cara la maquinaria de mujer que está sucediendo por los costados de su corta materia gris: ¿se lo presento o no se lo presento? “Mira, este es Orión, mi novio.” Bingo.

“Ah, mucho gusto” le doy la mano al Mister con nombre de mascota noventosa. El novio faldero, es uno de esos que pica el ojo cuando saluda. Joder, encima me levanto al mariquito. Un silencio estático en medio del bullicio de la fiesta, le hace ver a ella que esto de venir a acercarse a saludarme fue la peor idea desde que se decidió rebanar aún más la nariz. Sí, lo fue. No sabe para donde agarrar, ni como escapar de su triunfalismo anunciado o que más decir para poder contarle a las pavosas de sus amigas a la mañana siguiente de cómo yo le jodí la noche. Decide salirse con “¿y eso tú solo por aquí?” lo cual me indica que es momento propicio para recordarle que a diferencia de ella, la gente sí le gusta hablar conmigo pero prefiero irme con “esperando a que te vayas”.

Con esa respuesta los ojos se le suben hasta un punto en que la parte blanca la hace ver más exorcista de su costumbre habitual, un guión no practicado en su cabeza. Agarra al tal Orión de un tirón y se larga a quien sabe dónde, registrando tres pasos más allá que debería venir a pegarme. Pero es lo suficientemente inteligente como para no regresar. No es sin embargo, lo suficientemente sabia como para no enviarme un mensaje de texto al celular a las cuatro de la mañana con las palabras “Te extraño.” Lo siento querida especie en extinción. Tu reinado malévolo no tiene reelección. Anda a comerte las sobras de Bambi. Preocupada de por vida que ese mensaje, va sin respuesta.-

Friday, October 15, 2010

Películas Buenas que nos Arruinaron la Existencia

Pocas cosas me dan más placer en esta vida que ir al cine. Malo, bueno, regular o sencillamente espléndido, tiendo a creer que si en el Paraíso no hay una pantalla gigante y un carrito de cotufas me devuelvo a espantar a Scorsese. Debo ser la única persona que le va a la mamá en la propaganda “Pirata como tu película” que pasan en la sección anterior a Noticolor. En el cine, soy de los que pone el celular en vibrar y a la novia en mute. ¿La persona que dice “’’ta ocupado” y luego se pasa toda la película cual guarimbero gritando “shhh”? Ese soy yo. Comer cotufas, todas las que quieran.

Hacer listas de las diez mejores películas es un intento fallido de dárselas de erudito antipático. Pongan a Darth Vader a vestirse del Ciudadano Kane dándole un beso a Scarlett O’Hara en el Café de Ricks y ahí sí tenemos el mejor filme de todos los tiempos. Así que vayámonos por lo chévere. Hablemos de lo traumatizados que nos dejó el encarcelamiento de la mamá de Dumbo. Así mismo. Hay buenas películas allá afuera que nos han arruinado nuestra existencia, sólo porque a Dios –es decir Walter Elías Disney- se le ocurrió pensar que una escena como esa era necesaria.

Miren, la mamá de Bambi es una cosa. Esa muerte era inevitable porque francamente la trama de Bambi es fastidiosísima hasta que la deciden aniquilar. Dumbo no. El elefante orejón es la personificación de ese gallo que fuimos en primaria y que nos ha costado toda una vida esconder. Encima, vienen e inhabilitan políticamente a la mamá elefante que es un sol de animal. ¡Eso fue una tragedia infantil!

Es que desde que somos chamos, las películas nos van ofreciendo una visión de la vida que no concuerda con la felicidad que nos pinta Forrest Gump. ¿Alguien no se traumatizó con el malo de Indiana Jones y el Templo Maldito? No puede ser que uno aplauda toda la película a James Bond disfrazado de safari para que venga Mola Ram, el sacerdote vudú, a intentar arrancarle el corazón. Ni los proyectiles exorcizados de Linda Blair en Cine Millonario dicen “voy a dormir con la luz prendida” como este intento de asesinato en contra de Indiana Jones. Eso, conjuntamente con el niño maharajá drogado con burundanga clavando alfileres a un muñeco para herir a nuestro aventurero con sombrero de hacendado expropiado, es suficiente como para que ningún niño considere a la religión vudú como una alternativa.

Ahora bien, eso es porque el cine no nos había preparado para ver a Rebecca de Mornay en La Mano que Mece la Cuna. A uno lo acostumbran desde chiquito que las únicas niñeras que valen la pena son aquellas interpretadas por Julie Andrews. Es tiempo después que uno se da cuenta que Mary Poppins estaba más drogada que Lucy en el cielo de los diamantes y que la Novicia Rebelde fue la trepadora social más grande de la industria cinematográfica, con la posible excepción de la Cenicienta.

Con de Mornay es distinto. La Mano que Mece la Cuna es una película sobre una señora cuyo marido es un ginecólogo que se suicida luego de ser enviado a la cárcel por abuso sexual a sus pacientes. Para vengarse, de Mornay se hace pasar por la niñera de una de las victimas que testificó contra él en el juicio. Eso lleva a la protagonista por un espiral de horrores, en los que la niñera no solamente asesina a su mejor amiga, sino que le da de comer leche materna al bebé e intenta robarse al marido. Es Eva al Desnudo paseando en Bimbolandia con Barney. Un horror de película que te hace cuestionar hasta las intenciones de la señora estupenda que hace el café en la oficina.

Ni hablar de Bajos Instintos. Sharon Stone es la razón primordial por la cual todos los hombres venezolanos estrellamos las bolsas de hielo en el piso para llenar una cava con cerveza. Nada dice “asesinato” más que un pica hielo luego de haber visto esta película, logrando que hasta el cuchillo para raspar el queso de bola nos recuerde más a Hook que a Julie & Julia. Y odiamos a los perros poodles porque Hannibal Lecter nos enseñó que si algo da más miedo que verlo a él contar como se comió el hígado de un paciente con frijoles y un buen Chianti (“phht, phht, phht”) es ver como Buffalo Bill, el asesino en serie en El Silencio de los Inocentes soba con gusto al perrito de la niña que tiene secuestrada en un pozo en su casa. ¡Dantesco!

No podemos pasar por debajo de la mesa a Titanic, la película por excelencia que nos arruinó la existencia. Todavía es incomprensible el por qué demonios Leonardo di Caprio se muere congelado al final pero la razón es obvia. “Jaaaack” se murió por culpa de Kate Winslet. A esa gorda la encaramaron en una tabla que, vamos a estar claros, no era precisamente la tablita donde está pintada la Virgen de La Chinita. Esa tabla en la que flotan al final es del tamaño de un secuoya californiano cortado por la mitad. Ahí de cajón cabían los dos.

Jack Dawson se muere por idiota. No hace menos de tres horas había estado metido en un carro con Kate Winslet jugando a hacer un sauna de vapor. ¿Nos van a venir a decir que ese firi firi no se pudo montar encima de ella en un momento de supervivencia? Estamos saliendo de la era victoriana pero amiga, si tú eres lo suficientemente valiente como para andar posando al natural para vengarte del nuevo rico de tu prometido, asume tu rol de Bárbara Blade y salva a tu amante. Por gorda. Rose mató a Jack Dawson por gorda. Y encima se pone vieja y lanza el collar al mar. Hablemos en perspectiva: matas al amor de tu vida y después le niegas una herencia suntuosa a tu prole. ¿Por amor? ¡Por egoísta! Tragedias de películas que no han hecho sino amargarnos la existencia en la vida real.-

Thursday, October 14, 2010

La verdad del error empresarial

Me reúno con un pana para tomarme un whisky. Tragos van, tragos vienen, me confiesa de que hoy lloró en la oficina. Hago una pausa para decirle que es un maricón. El se ríe. Yo me río. Para hacer énfasis le vuelvo a repetir lo maricón que es. Me cuenta que pasó un mes preparando una presentación que iba a hacer su jefe para la junta directiva. Un estudio completo del balance financiero para el año que viene y todas esas cosas con numeritos que yo digo “ajá, ajá, si como no” para que él crea que estoy entendiendo pero la verdad no entiendo ni papa.

Al momento de entrar a la reunión, el jefe le pregunta por casualidad si las cifras están estimadas en miles o en millones. Mi amigo se pone pálido. No le da la cabeza para saber. Se preocupó por todo hasta el colorinche de la presentación pero por esa pregunta jamás se paseó. Le dice al jefe que no está seguro. El jefe le pone el puño ficticio de “te quiero caer a coñazo limpio” y entra a la presentación. Mi amigo se va a la baño y suelta dos lagrimas.

El estrés por lograr la perfección en los trabajos agobia. Mucho más cuando uno tiene un jefe que ni por error te da opinión sobre cómo vas. Los tres meses de prueba al principio de cada trabajo son una falacia. Todo el mundo jura que lo van a sentar a decir “eres bueno, aquí está este nuevo contrato con una bonificación, echémosle pichón juntos”. Los tres meses de prueba pasan a ser seis años en un mismo trabajo en donde la presión por probar ser infalible ante los errores termina por querer anudarse un poco más la corbata en el ascensor. Provoca pegarla con Krazy Glue en el botón del PH y dejarse caer.

Le digo a mi amigo que de no haber dicho la verdad, lo hubiese botado. Lo siento. No importan las barras, los datos ni el color de la presentación. Si los hechos no están claros, la presentación no sirve. Todo el mundo queda mal porque la reunión fue improductiva. Por eso es que su honestidad fue acertada. Mucho peor hubiera sido que mintiera sobre los datos. Decir que son millones cuando son miles puede hacer caer la Bolsa de Nueva York en cuestión de segundos. Ha pasado. Si pasa ahí, puede pasar en cualquier reunión ejecutiva.

La cuestión está en cómo reacciona un jefe ante el error de otra persona. Nadie pide que se sienten con ellos, le den una carita feliz todos los días por ser el mejor empleado del mundo. A menos de que trabajen para la empresa que hace las calcomanías de las caritas felices, pues. Lo que sí es importante es el feedback previo y posterior al error. Un jefe despide en el acto a la gente mediocre que acompaña sus actos con mentiras o mala praxis. Un buen jefe sabe que no trabaja con gente mediocre, porque ambos tienen la confianza de admitir sus errores, sin mentiras, a sabiendas de las consecuencias ulteriores.

El “no sé” es honesto. Más aún cuando se está en la posición de “tener que saber” si algo es o no es. El problema es que consideramos que una mentira nos saca del paso cuando en verdad nos embarra más en la presión de ser empleados perfectos. Los errores son de todos y hay más que están por venir. La honestidad en el error, en cambio, es el cénit del progreso.

Mi amigo me cuenta que después de la reunión, su jefe se sienta con él para decirle que entiende el error pero que se tiene que meter en el negocio. Hacerlo suyo y saber que su trabajo es parte del éxito de la empresa. Eso es más que un jefe. Alguien que haga tiempo para transmitir la misión y el valor de la empresa a sus empleados, es una bendición curricular.-

Wednesday, October 13, 2010

Las "Maricas"


Hay cuatro palabras que ningún hombre que se respete debe decir: “faralao”, “fucsia”, “precipicio” y “neceser”. No se debe a que seamos iletrados, callados o caballeros sabios de pocas palabras. Simplemente porque cualquier conversación que incluya alguna de estas palabras pone seriamente en duda nuestra actitud varonil ante la vida. Se lo debemos como un homenaje a los cavernícolas. Pedro Picapiedra jamás le dijo a Pablo Mármol que trabajar en la cantera le producía un espanto terrible porque temía caer por algún precipicio. Los hombres somos básicos. Nos vamos por un hueco pa’ abajo y se acabó.

Esto no se traduce al lenguaje empleado por la mujer culta la cual por cuna, aprendizaje, verborrea o simplemente por caché, se llenan la boca con palabras rebuscadas. ¿Alguna vez han oído a una mujer describir su vestido de novia? Jamás es blanco. El blanco es una sombra común. Si el vestido no es nácar, arena, madreperla o –mi favorito- off white, esa niña se casa únicamente por civil.

Las mujeres cultas pueden decir con propiedad palabras como “chaflán”, “rodapiés”, “cenefa”, “nido de abejas” y “chantilly”. Como si todas hubiesen salido del internado de las Ursulinas en Barbados. Uno no sabe si lo están mandando a fumigar un poco de abejas que hay en el jardín o si Cenefa es la mujer que limpia pero se pone a pensar que o son unas sabiondas o de verdad nosotros los hombres tenemos que dejar de hablar como Pedro Picapiedra.

Si es así, y todas las mujeres tienen el poder de hablar en eufemismos típicamente femeninos yo necesito que me expliquen algo: ¿en qué momento se comenzaron a llamar unas a otras “maricas”? El término “marico” es una expresión coloquialmente vulgar para referirse a los hombres afeminados. Las mujeres de este país fueron un poco más allá. Desecharon el “chama”, el “niñitas” y la “comadre”, se olvidaron de los nombres marianos que todas ostentan (enséñenme a una venezolana educada y les apuesto que se llama María Beatriz) y decidieron que era completamente lógica generalizar a todas sus amigas llamándolas Marica.

  • Marica, saqué veinte en la tesis siempre es respondido por “¡Maricaaaaa, que genio!
  • Marica me caso siempre es respondido por “Maricaaaa por fin”
  • Marica me chocaron el carro siempre es respondido por “Marica que chimbo”
  • Marica estoy súper depre depende de la amiga: la ignorante: “Ay, marica ¿y por qué?, la que se le acabó la paciencia “¡Ay, marica ya basta!”, y la profeta: “Ya verás maricona que te va a venir algo buenísimo”.
Así van por la vida. Una hermandad de marineras en asueto. Eso deja a uno pensando: algún día no muy remoto, se  presentará Marica Josefina García y no sabremos si decirle que su faralao fucsia se rompió y que si necesita un neceser.-

Tuesday, October 12, 2010

Colorín Colorao: El libro se ha terminado!

Con la insoportable de la Zubi y Maiskell mi correctora.
Detrás la chorrera de cuentos seleccionados


A las 11:34 de la noche terminé oficialmente de escribir, corregir y compilar lo que será conocido de buenas a primeras como “El libro de Toto Aguerrevere”. Tiene otro nombre, el cual daré a conocer cuando lo vea en mis manos, pues hasta ahora todavía no me lo creo. Fue una experiencia intensa, demasiado intensa a decir verdad. ¡Y eso que casi todas las historias del libro tenían dos años de haber sido escritas!

El libro sale en noviembre. ¡Gracias a todos por estar pendientes! Pronto todos los detalles.

Monday, October 11, 2010

Pensamientos en Twitter (Vol. II)

  •  La gran pregunta de la Humanidad: ¿Agua o soda?
  • Playa El Yaque apesta a Lufthansa.
  • Sin nada que esconder” no concuerda con lo topless de la vida.
  • Es un error que no haya una tarjeta que diga: “¡Felicidades estás más gorda!” Las anoréxicas en recuperación merecen nuestro apoyo.
  • “Mi vida sexual depende de la temporada de los Yankees”.
  • ¿Se dice “casa de bolsa” o “casa de bolsas”? ¿O depende si al pendejo lo atraparon?
  • Amiga, todo tu peo en la vida es tu ubicación. Tú te mudas y a la semana tienes novio.
  • “Hay gente que tiene un video genial pero su audio es nefasto”.
  • Lo tuyo no es un latifundio. Tu pecho es un pop up book.
  • ¿Hay una Barbie de profesión ‘pajúa’? No hay otra explicación para las mujeres “Ay no sé lo que Ustedes quieran”.
  • Tener un balcón del pueblo es tan kitsch.
  • ¿En cuál lista se anota uno para ser el próximo Dalai Lama? Debería haber un Lama Idol.
  • Yo apuesto por el fracaso de todo el mundo en el exterior. ¡Devuélvanse que hacen falta!
  • “Hay límites: el pin no se putea”
  • Ser despertado por un reloj cucú debe ser una tragedia.
  • “I’m an equal opportunity dater”
  • Nunca culpé a la gente que lo hizo mal en la Cuarta República pero por si acaso me obligan, Raúl y Mercy no se escapan.
  • Tu problema en la vida es que sigues a la gente que no es. – Psicología twittera.
  • ¿Quién se baja en un túnel a poner ‘Merce te Amo’? Que noviazgo tan inoperante.
  • Nada más sabroso que conversar con una monja arrepentida. ¡Es una de nosotros!
  • ¿Cómo se llama Don Bosco? T: Se llama Don. Como Don Johnson.
  • “Deja que yo te eche un cuento”. La manera más descarada de robarle el show a otra persona. 
  •  Lo tuyo no es bagaje emocional. Es el depósito de las maletas extraviadas.

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