Friday, January 28, 2011

Cortando la grama


El tea party se ha vuelto como el terreno del Canódromo en Margarita: una vez fue esplendido. Ahora no es más que monte y culebra. Enero ha sido tan caótico que no he tenido tiempo de sentarme en las mesitas para contar mis cuentos. Tanto, que le mencioné a la Catira Tropical que se lo alquilaba mientras tanto. Lo chimbo es que mientras más tiempo dejo pasar, más me desacostumbro a escribir y no puedo dejar que eso pase. Es cierto, a veces no hay historias que contar pero más de una vez me ha pasado que dejo los buenos cuentos para después y pasa precisamente esto: silencio mediático. Como la gente a la que no le atiendo cuando no me sé el número que sale en la pantalla y que no deja mensaje. Amigo, perdiste tu chance.

Me han pasado varias cosas interesantes en este mes de vientos fríos. Comencé a dar clases de Derecho Intenacional en la Universidad y eso ha sido todo un eventazo. El primer día fui directo a renunciar porque no me sentía preparado (yo me saboteo mi propia vida: es digno de psicólogo) pero me convencí en el trayecto del estacionamiento de que esto es algo que siempre había querido y que a veces hay que montarse en el tren. Es una nota, me encanta la clase que estoy dando y los alumnos son excelentes. Por lo menos se ríen. Y reírse en Derecho es como pedirle Splenda a un vendedor de algodón de azúcar.

Mi relación con la nueva sobrina es inexistente. La adoro y me parece una de esas muñequitas de madera china pero jamás había pensado que un ser humano pudiera ser tan aburrido cuando empieza a vivir. Duerme y come, duerme y come. No hace mucho más. Así que he decidido darle el beneficio de la duda y postergar mi amor profeso hacia ella cuando no quiera seguir echándose un buen camarón. Me ha hecho pensar mucho en si yo quiero chamos. Es un tema de conversación pues con el crowd de dos a siete años soy lo máximo. No sé si esté preparado para el vecindario de los “ay que cuchi, te agarró el dedo”.

Josefa se ha largado a Colombia. Pandemonio histórico en mi casa. No se fue de por vida (al menos eso creemos) sino de vacaciones. Cuatro años sin haber salido de mi casa, lo que me hace pensar que ha vivido en una penitenciaría pero con el beneficio de tener Venevisión Plus. La montada en el autobús fue de película. La señora se llevó cuatro maletas repletas de todo lo que se perdió en mi casa en algún momento (mentira pero hace más interesante el cuento).

Los guardias le dijeron que tenía que quitar dieciocho kilos de una de las maletas. Josefa –como la buena  Comandante que es- no dejó su brazo a torcer y comenzó a gritar: “¡Yo sin mis ollas no me voy!” La callé rapidito diciéndole: “Mamita no grite eso que la gente va a jurar que está diciendo ‘joyas’”. Así se fue. Desde Colombia han llamado todos los primos: “¿Cuándo es que salió Josefa? Porque esa no ha llegado.” Espero que llegue. Dios libre a Piedad Córdoba si tiene que ir a rescatar a Josefa en algún monte.

Cuentos de Sobremesa, la segunda edición está ya en el horno. La Arriera mi socia y yo nos sentamos a sacar números, las cuentas dan y vamos a echarle pichón. Ya mandamos las correcciones del texto que se nos escaparon en la primera edición a la gente de diseño y prontamente a la imprenta. Si alguno de Ustedes se quedó esperando por el libro, buenísimo porque ahora sí necesito compradores fieles. El cobro por el descorche en las librerías es como para dejarme pobre así que necesito agotar esta edición cuanto antes. Espero que así sea.

Ya corté la grama en el tea party. Espero volver rápidamente para que no me expropien el terreno por ocioso.-

3 comments:

Tropical Blonde said...

Me encanta cuando vuelves al b log con promesas de escribir mas... se que esas si se cumplen y no como las que uno declara el 31 de diciembre jejeje

Ora said...

No sabes la falta que hacías, que haces.
Bienvenido.

Tatyle said...

Me encantas

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