Saturday, February 19, 2011

El sexo no es como lo hacen en Cinemax


Antes de la Internet, de la sección de adultos en la tienda de alquiler de películas y de las mujeres de carne y hueso, los adolescentes de mi generación teníamos que esperar hasta la medianoche para ver a una hembra desnuda moviéndose en la cama. Con la casa a oscuras, prendíamos el televisor y poníamos el volumen en bajito para que nadie se fuera a despertar. Canal: Cinemax. Anuncio del locutor: “A continuación, Noches de Clímax.” En ese espacio, el canal pasaba películas soft porn y cuyos títulos – Noches de Lujuria, Mentiras Desnudas o Sexo y Satén – ya daban indicio de lo mala que sería la trama.

Las protagonistas de estas películas eran todas unas mamis interpretando a ejecutivas fogosas. Un vestidito ajustado y un dialogo ridículo, las llevaba de cama en cama, en su supuesta lucha por el puesto de la presidencia de una corporación. Los hombres les desabrochaban el sostén con un dedo, les quitaban las pantaletas con la lengua y las penetraban en posiciones disimiles. Ellas, daban gemidos gatunos de placer, llegando a un orgasmo veinticinco minutos después.

Ya grandes para vivir nuestras propias historias de sexo, nos vamos dando cuenta de que la realidad no ha sido como una escena de estas películas. Apartando el sueño adolescente de hacerlo con una estrella porno, ninguno de nosotros tiene el beneficio de una segunda toma, de la iluminación correcta o de una buena dirección que nos guié los pasos en la cama. En las Noches de Clímax que nos ofrece Cinemax, jamás saldrá un hombre montando una labia para que una mujer se acueste con él. En las Noches de Tuve Suerte que nos ofrece la vida, sí. Contamos con una sola toma para lograr una experiencia sexual que merezca una secuela y vamos con todo al momento de decir “acción”.

En nuestra película, la oportunidad de sexo no viene porque una ejecutiva nos pide que le revisemos su balance. Nuestra oportunidad se concreta en el momento “¿y ahora qué?” Ese, son los cinco segundos que balancean si nos vamos a quedar sentados juntos en el sofá viendo la televisión o si ella va a estar sentada encima de nosotros haciendo el helicóptero. Un chiste nervioso fuera del guión o un beso forzado que la deje asqueada, es la manera más segura de que nos pregunte si queremos más cotufas y no si queremos pasar la acción al cuarto.

Si logramos coronar el momento “¿y ahora qué?” el momento del desnudo es fácil, siempre y cuando nuestra chica tenga uno de esos vestiditos de lycra que las estrellas del porno se quitan facilito. Como no es así, nos vemos obligados a desabrochar una camisa estándar. Romperle los botones–como lo hacen en Cinemax- es sexy pero también cabe la posibilidad de que ella ponga cara de costurera traumatizada. Lo mismo con el sweater. Un movimiento brusco al arrancárselo, puede hacer que su cabeza se quede atracada en una maraña de algodón y lo que saldrá será una mal peinada viéndonos con cara de – “¿Por qué demonios me quieres ahogar?” – No es fácil.

En las películas, no importa si el hombre es un jardinero, siempre está empintado. Nosotros estamos vestidos de nosotros: hombres que se despertaron pensando que ni en sueños tendrían sexo esa noche y que ahora piensan que los bóxers con caritas de Pedro Picapiedra fue una malísima idea. Igual con las medias. Por alguna razón, creemos que ella va a perder interés en nosotros si nos tomamos dos nanosegundos para desnudarnos al completo. -“¿Y no te vas a quitar las medias?” – jamás debe ser un tema de conversación durante el foreplay. Mucho menos responder –“es que me da frío” – como anunció famosamente un pana mío. El cuento se regó y hoy es el soltero menos cotizado de la comarca.

En las películas de Cinemax no hay atracciones secundarias: nadie deja el televisor prendido en la mitad de un juego Caracas-Magallanes que pueda desviar la atención. En Cinemax, el condón se pone facilito, las posiciones varían, el sexo es inacabable y nadie le ruega en calladito al Dios de los Espermatozoides que la eyaculación precoz sea cosa de una mala noche el martes pasado. Nuestra película es todo lo contrario, pero con la diferencia de que vamos con todo. Nerviosos o no, ya estamos metidos en la cama y si algo hemos aprendido en la vida, es que no hay manera de arruinar una escena haciendo la posición del misionero. Todo lo demás ya es cuestión de movimiento y si nos sale bien, nuestra protagonista querrá retroceder la película y volverle a dar a play.-

3 comments:

Sabri said...

Excelente!! No sabes como me reí...muchas imagenes en la cabeza, pobre pana que le da frío en los pies, sólo imaginarme la cara de la jeva con su respuesta y me vuelvo a reir!!
Saludos TOTO!

Ora said...

Buenísimo Toto, así es la vida real.

Martha said...

las medias LAS MEDIAS!!!!! es mas frecuente de lo q uno cree...FYI SOCKS AND SEX DO NOT...I repeat DO NOT GO TOGETHER!!!!

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