Thursday, February 17, 2011

Las oportunidades pintadas en la pared

Es impresionante como una sola pared puede brindar tanto a la imaginación. La pared del consultorio del terapeuta del Rey Jorge VI en la película El Discurso del Rey es una de tales paredes. La plétora de colores difuminados plasmados a ella, la hacen ver como un pasticho de recortes. Lo extraordinario es el gran número de escenas que en ese cuarto se desarrollan y lo poco monótono que parece. No es cuestión de darle pausa a la película, sino más bien una sensación de que –al igual que el progreso terapéutico- siempre va a haber algo nuevo que encontrar.

La película también me puso a pensar en las oportunidades que se nos presentan. Poco sabía yo del rey Jorge VI, más allá de que murió de cáncer y que vio a Isabel por última vez cuando ésta abordó un avión para irse a Kenia, sólo para volver vestida de negra y untada simbólicamente como reina. Yo soy más del team Eduardo y Wallis. Personajes odiados por la historia británica pero que me producen una fascinación. Abandonar un trono por una mujer. ¿Puede el amor ser más fuerte que la obligación? Aparentemente y según lo demuestran las prendas que éstos dos se intercambiaron a lo largo de su vida, sí.

Pero para Jorge VI también representó una oportunidad. Una obligación malquerida. Tener que pararse frente al montículo a pichar por una nación que siempre lo tomó como uno más de la bancada. La guerra y su esposa jugaron a su favor en el levamiento de un espíritu altruista de unificación nacional. Sus hijas formaron parte del romanticismo de la época, su fotografía inmortalizada en la pared del escondite holandés de otra niña menos afortunada.

Pero vaya que renunciar hubiese sido más fácil que permanecer incólume ante las adversidades. Huir era la solución más acertada pero aquel afiche jamás usado «Mantén la calma y sigue adelante» probó ser el estandarte a seguir. Team Eduardo y Wallis tienen su encanto pero la película me enseñó que Team Jorge e Isabel demostraron aplomo para no desmoronarse. Poco fácil en esta era de «quítate tú pa’ ponerme yo» sentir el gran peso detrás de una corona no deseada. Me pone a pensar en todas aquellas obligaciones que he adquirido recientemente. No, I’m not fit to rule. But damn, I’ll try to govern. A fin de cuentas, es cuestión de mirar dos veces a la pared.-

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