Monday, March 14, 2011

En cuestión de parejas no nos vamos a caer a mojones

Por lo general, siempre me hago amigo de las novias/novios de mis amistades. Sólo una vez me «enamoré» de una de ellas y eso fue un desastre. No para mí. Ella se hizo la gafa. Él se enrolló pero se le pasó. El desastre fue para las terceras personas que no se dieron abasto con la clásica revisión en Facebook, Twitter y el blog a ver si alguno de los tres había publicado algo remotamente picante como para extender el cuento unas semanillas más. Así somos, yo lo hago también.

Ahora, en circunstancias normales los términos del contrato de mi amistad con la nueva/nuevo adquisición que mi amigo/a ha escogido para convivir conmigo son sencillos:

Artículo 1: La nueva adquisición amará a Toto por sobre todas las cosas sin tener potestad ni discreción de irrumpir por cualquier medio la amistad con el amigo/a originaria;

Artículo 2: Toto se reservará el derecho de criticar a la nueva adquisición en su cara si así le place, teniendo la nueva adquisición derecho a réplica sólo si entiende que la crítica viene para romper el hielo de ser considerada «la nueva adquisición»;

Artículo 3: En caso de divorcio/montada de cachos/separación por diferencias irreconciliables, se entenderá que la repartición de Toto será indivisible, quedando de lado del amigo/a originaria.

Es justicia, en Caracas a la fecha de su debut en zoociedad.

El contrato ha sido exitoso en el 98% de los casos. El otro dos por ciento corresponde a La Gorda que no me dejó a una adquisición sino a Coro «En el Muelle de San Blas» Atencio y el otro caso es de mi amigo El Pastor que se metió a cura y dejó a la novia arrecha. A Coro y a la «EnSerioNoTeVistasQueNoVas» las tuve que adoptar. Cuestión de filantropía.

Todo va bien con mis amigos y sus parejas. Nadie se está divorciando, todos me quieren según el contrato (ojo el cariño tiene que ser público, en privado me pueden odiar todo lo que quieran), yo no me meto en la vida de nadie y todos ellos se meten en la mía. Es una relación perfecta. Hasta que ellos pelean.

He descubierto que el único vacío en mi contrato inquebrantable es qué hacer conmigo durante una pelea en público de los dos tórtolos. ¿No les pasa con sus amigos? Están en el mejor momento de la fiesta, echando el mejor chiste de todo su repertorio, entonados, ya listos para conseguirse su propia adquisición o yendo rapidito a «toser» al baño ajeno y de repente oyen el zafarrancho armado en una esquina. Novio se para arrecho, novia se batuquea el pelo. Novio lanza puerta, novia agarra cartera. Novio forcejea, novia se las da de Lupita. Y ya para el último «mamagu…» uno se lleva las manos a la cabeza porque DE LA NADA salen con «¡TOTO MONTATE EN EL CARRO QUE NOS VAMOS!»

El Curioso Caso de las Parejas que me han aceptado como parte inalienable de su asiento trasero: Ok, yo admito que ME PASO y pido más cola que estudiante de la Nueva Esparta, y que efectivamente hay que llevar y buscarme porque yo con esto del Mystic River no cruzo ni el charco de la manguera. ¿Pero de cuando acá le pasa por la cabeza a uno de los integrantes de la pareja peleada que me tienen que llevar a mi casa? Secretamente «aww k-lindos que se acuerden de mi» pero en cuestión de parejas no nos vamos a caer a mojones. Una simple subida de mi whisky en señal de «pero si no me he terminado el trago» es suficiente como para que me griten «¡Bueno jódete!» y se vayan a armarse su fox trot en el estacionamiento del edificio de ella.

El Curioso Caso de las Parejas que me incluyen en su repartición de bienes: El otro episodio que me hace pensar que a mi contrato le faltan más estipulaciones es cuando la pelea es tan fuerte que el novio se tiene que quedar porque la que se arrechó de tal manera que se lleva hasta las llaves y la dignidad es la nueva adquisición. Al amigo le doy la cola yo (en verdad la persona que me trajo pero él no lo sabe todavía) y ya mañana verán cómo se arreglan. Lo que no me espero es que antes de arrancar, la nueva adquisición baja la ventana de su carro y saca una guitarra, que por supuesto lo termino agarrando yo ante las ordenes de «TOTO. ¡DÁSELA A ÉL QUE YA NO LA QUIERO!» Yo no sé tocar guitarra pero los otros convidados al fescupe del rompimiento opinan que mi tributo a «Lloran las Rosas» para romper la tensión me quedó genial.

El Curioso Caso de las Parejas que me usan como su dealer:  Evento en cuestión: matrimonio de turno. Novio es el padrino de la fiesta. Como todos los hombres sabemos el frac de Sastrería Camargo sólo tiene un bolsillo. Y ese es para el celular. Toda la demás parafernalia que nos montamos usualmente –llaves, billetera, cigarros, yesquero y la cédula y la pintura de labio de la nueva adquisición- deben ir necesariamente en la cartera de la nueva adquisición. Pero si esa siempre ha traído la cartera de noche más petite del mercado, no podemos pretender que en una noche donde ella es la seudo protagonista por el padrinazgo de su novio vaya a traer una cartera más grande. Enter los bolsillos de Toto donde guarda hasta el misal. Ahora bien, esto jamás debe ser intentado con dos personas que están tratando que el otro deje de fumar.

Mis instrucciones son claras: «Toto. Esta es mi caja de Belmont. Bajo ningún concepto le des a Federico cigarros». Está bien. Secretamente pienso que pobre ilusa la nueva adquisición. Darme a mí cigarros, que no creo en la propiedad privada, es como encontrar un ticket dorado de Willy Wonka. No pasan más de cinco minutos cuando llega Federico a decirme un secreto: «Toto, pana dame un cigarro». Y yo me pongo en dos por tres porque la nueva adquisición me advirtió y en verdad darle cigarros al fumón de Federico implica quedarme sin cigarros extras. Veo a la nueva adquisición, quien ve a Federico y se forma la trifulca coronada con  “¡QUE TOTO NO TE VA A DAR CIGARROS TE DIJE!” Y yo veo a los lados a la gente que fuma escondiendo sus Belmont discretamente en el otro bolsillo. «Toto» -pensarán- es código para pimp nupcial. El acuerdo arribado es que cada hora le puedo dar un cigarro al criseado del Fede. Cosa que los tres olvidamos a los veinte minutos cuando la adquisición se entona.

Amigos todos de la comarca. Es así. A la final hacen que Toto se ría lo cual es importante y sus nuevas adquisiciones son de autógrafo. Pero estoy considerando seriamente agregar un addendum a mi contrato para gozarnos la vida mejor:

ARTÍCULO 4: En cuestión de parejas no nos vamos a caer a mojones. Resuelvan su peo (que Toto siempre apuesta por Ustedes).-

6 comments:

Ira Vergani said...

Lo mejor de este post fue imaginarte tocando "lloran las rosas"!!!

Anonymous said...

hola! ¿por casualidad alguno de tus posts es una reseña sobre un libro de cuentos Roald Dahl? es que me parece que la leí aquí pero no lo recuerdo y me gustaría comprar el libro! te agradecería si me sacas de dudas, gracias :)

Toto said...

Hola Anon,
No recuerdo haber hecho una reseña propiamente pero cual te interesa? Yo me los he leído casi todos.
Toto.-

Vida said...

Tots! Maravilloso todo, pero Labial? Pintura de labios? It's a no-no! Labios, orina, cabello y senos, son palabras de estricto uso médico! Uácala....

Anonymous said...

I've become so adicted que en una semana he hecho poco y nada en el trabajo! si me botan me contratas! asi como de publico que se ria de cuanta zandez digas! Debe ser bueno para el ego!

pirugenia said...

¿Dónde está algo que escribiste sobre Elluz Peraza? Saludos desde L.A.

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