Friday, March 11, 2011

Hamlet no tenía Twitter pero Toto sí


Bloguear o no bloguear. He ahí el problema. Tengo catorce ideas en la cabeza y cuando por fin tengo un tiempo para sentarme a escribir, me deprimo. No quiero decir con esto que la culpa sea del tea party y que estoy preparado para bajar la santa maría. De ninguna manera. Mi culpa la tiene el pendejo de Twitter. Sí, lo trato como persona. Es un adolescente con frenillos que ha raspado cuarto año de bachillerato dos veces y no termina de sentar cabeza. Twitter es el alter ego de muchos. Decimos lo que pensamos sin temor a represalias porque ya nos dimos cuenta de que a lo único que hay que temerle en ese espacio de «la red social» -nada más mayamero que a esa frase- es a un unfollow. ¿Y qué es un unfollow sino una cita a ciegas que jamás se concertó, verdad? Todo bien. Nadie se enrolla.

El problema para los que escribimos en blogs para mí es que también somos soy twittero. Adicto, sectario, enfermizo. Me acuesto con él y con él me levanto. Soy Twitter. Idea que se me ocurre, idea que voy transmitiendo. Sin pensarlo dos veces. Quizás el ego de un Retweet me haya enseñado a dejar 20 caracteres libres de espacio. Quién diga que no muere por un Retweet está mintiendo.

El Twitter se ha convertido en mi maleficio adolescente dejando al querido blog como una cosa de adultos. Es fácil, twittear una historia en 140 caracteres. Una entrada de blog se ríe en mi cara si oso dejarlo así de ese tamaño. Sin foto. Ya para el momento de encarar la adultez y sentarme a escribir una laaarga historia para el deleite del tea party pienso en esas catorce ideas que se me ocurrieron durante el día.

Y lo único que me viene a la mente cuando abro una página en blanco es que esas catorce ideas ya fueron twitteadas durante el día. Twitter se mofa de mi blog como un adolescente que juega Nintendo con su padre. La fábula de Esopo sobre la liebre y la tortuga cobra vida nuevamente en este espacio de redes sociales. Y uno se queda sin se niega a le da fastidio desarrollar ideas para hacer que la tortuga gane.

¿Cómo ganarle la carrera al twitteo? ¿Equilibrar el micro blogueo con el blogueo formal? En una era de inmediatez, escribir hoy sobre Galliano y su amor hitleriano ya es noticia del pasado, Charlie Sheen y su próximo entierro es del presente y Muamar Gadaffi y su hogar de retiro es del «está por verse». Lograr el balanceo entre ambos ritmos sin represalias de repetición o sin agotamiento de un tema es el verdadero reto para los que somos blogueros para mí. ¿Cómo llegar de primero sin que el adolescente de Twitter te gane? Twittear o no twittear. He ahí el problema.-

2 comments:

Julieta Buitrago said...

Tu pendejo Twitter segurito que está emparentado con el estúpido de mi Facebook!!! … el tipo ese no me deja en paz!!!
Toto me encantó este post… y me encantó la parte de la falta de temor a represalias… Me acordé de Alicia machado!! Jajajajajaj
XOXO

Doña Treme said...

Nada mas autentico. yo que soy una adicta a "la mujer perfecta" tuve casi un orgasmo cuando Leonardo Padron me hizo RT, jajaja

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