Sunday, March 20, 2011

Marlenys prende la rumba




Una señorita anónima se viste de blanco impoluto. Se toma seiscientas fotos en el jardín de su casa y se monta con su papá en un Rolls Royce. Es llevada a una iglesia desconocida donde está a punto de convertirse en la señora de alguien. Las notas de Mendelssohn la llevan a vivir en carne propia lo que ha soñado desde que jugaba a ser novia con una funda en la cabeza como velo. Sólo la mano sudorosa de aquel que de ahora en adelante compartirá cama y poceta con ella rompe la barrera entre la realidad y el sueño. El sudor, por alguna razón, jamás está presente en las ilusiones de la gente. Nada le indica que ésta no será una noche perfecta. Nada, excepto el susurro a destiempo de la madrina la cual en pleno Ave María se le acerca para decirle: «Marica, no te asustes pero la wedding planner se desmayó».

¿Cómo no se va a desmayar la wedding planner? No hace más de quince minutos ha logrado clavarle un botonier en la solapa al cortejo entonado, ha pegado gritos para que se organicen por orden de tamaño, le ha arreglado la cola del velo a la novia inmamable para que éste no se queme con las velitas del ala central y sentado al abuelito que se lo trajeron con suero clavado al brazo para ver casar a la última de sus nietas antes de que se despache. Con un microfonito pegado al oído, la wedding planner le menta la madre al fotógrafo que le ha pisado la sotana al cura, regaña al músico por desafinar una nota de «En la arena he dejado mi barca» y desaprueba con la cabeza el hecho de que ninguna de las niñitas del cortejo se le ocurre comulgar.

Su celular en modo vibrar se ha disparado quince veces pero ella no lo atiende. Sólo a la decimoséptima llamada es que se lo desprende del pantalón para atenderlo en calladito. «Marlenys, sí es de aquí de la Quinta La Esmeralda. Mira, esto se está incendiando». Schubert se convierte rápidamente en las Valquirias de Wagner. Marlenys la wedding planner sólo ve las luces incandescentes de las lámparas y de ahí como en espiral sucumbe al piso. Vestida de negro indiferente, Marlenys ha quedado tendida en una muerte viva, azuzada por una voz en el celular que le grita: «¿Aló? ¿Alóoo?».

Esta escena pasó ayer en algún lugar de Caracas. A tempranas horas de la noche se incendió la Quinta La Esmeralda. Un depósito ubicado en el sótano de esta casa de festejos donde suele guardarse mobiliario se prendió en fuego. Apagado diligentemente por nuestros bomberos y sin fatalidades que reportar, el incendio conmocionó a la capital. Olvídense de los bombardeos en Libia y las radiaciones en Japón. Los caraqueños no habíamos estado tan consternados por un incendio desde que se quemó el Hotel La Mirage en la serie Dinastía. Prueba fiel de que Venezuela se puede estar cayendo a pedazos pero nada causa más dolor que un sarao arruinado. Así sea ajeno.

Sin ánimos de ofender, vaya toda nuestra solidaridad con la familia Rodríguez y la Quinta La Esmeralda, albergue de todos nuestros guateques capitalinos por una pronta recuperación de sus espacios. A la novia chamuscada, chapeaux: la fiesta no es tan importante como lo es arreglarle el sudor en las manos a tu esposo (llámate a la Dra. Mariela Cogorno en el Centro Estético Laser Los Naranjos que es lo máximo en estos menesteres). Y a Marlenys nuestra wedding planner sentimental: mamita a ti mandaron a prender la rumba. Quédate tranquila que you did it! Por lo menos no te tocó presenciar el clavado olímpico de la novia suicida en la foto de abajo.-


2 comments:

gcvalero said...

Jajaja and that's me in the corner...
No creo q haya sido una noche muy divertida para la novia d anoche
Jajaja
Nos tienes abandonados port el twit

SHAMI said...

Te voy a cobrar royalties sobre esa foto.

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