Monday, April 25, 2011

Después de Usted Señora Doña


Soy hombre. Al menos eso me dice la genética cada vez que me desabrocho los pantalones. En formularios marco una equis en «masculino» bajo la casilla «sexo». Toda mi vida he sido llamado «señor» salvo aquella incómoda etapa en la cual un profesor universitario de cabello (ese sí tenía «cabello») plateado insistía en llamarme a mí, y a todos los demás, «bachiller». Jamás me ha importado en lo más mínimo ser el Señor Toto o el Señor Aguerrevere, si soy Licenciado o me dicen Abogado. A fin de cuentas soy todas esas cosas. Incluso terrateniente. De lo contrario no entiendo el porqué Josefa insiste en llamarme «Don Totín».

Eso, he descubierto, no le pasa a las que se desabrochan los pantalones y no encuentran nada. Hay una delgada línea entre ser «señorita» y ser «señora». Las normas convencionales dirían que la delgada línea constituye un aro bordeado llamado anillo de matrimonio pero hoy en día ni eso. Es un tema de batalla campal abrir una puerta y decir: «Después de Usted, Señora Doña».

No he conocido a la primera mujer que no arme una trifulca porque nosotros las llamemos como no es. Les da asco, rabia, impotencia, nauseas, sentirse mayores de los que son. Un simple «señora» a una que es «señorita» es suficiente como para salir con las tablas en la cabeza. Lo de estar casada, te dirán algunas guarimberas, es un simple tecnicismo. La virginidad se habrá podido perder en papel y en la cama pero en apariencias, se mantiene intacta.

Si las mujeres supieran que los hombres ni lo pensamos. Tratamos de ser corteses con las anónimas, y de ceder un puesto porque la caballerosidad, a pesar de afirmaciones al contrario, todavía existe. Toma siete segundos verlas (lo admitimos: tres son usados para verle las lolas) para determinar si ameritan un señorial «señora» o un muy infantil «señorita». Por lo menos en mi cabeza, así lo veo. Señorita es una chica de dieciséis. De veintiocho, vamos que ya estás como grandecita. De treinta y dos: jeva, supéralo.

Tengo dos tías abuelas solteras de noventa años. La gente dice que son cachaperas pero yo no tengo ni idea. El otro día vi una tarjeta de matrimonio dirigidas para ellas y me impresionó leer: «Señorita xxx» y «Señorita yyy». Me pareció una soberana ridiculez. ¿Esas dos no están ni para que las llamen «Doña» sino lo que viene después que no ha sido inventado y seguimos presumiendo de su inocencia virginal? Joder.

Entiendo que «Doña» es matriarcal y juro no emplearlo a ninguna mujer a menos que no sea un capataz con más bolas que un biombo de lotería pero por más que trato, no le veo el rollo a que las mujeres sean llamadas «señora». Melissa cantaba que ella no era una señora de una conducta intachable pero era señora al fin. Y vamos, que la reina del pop no tenía precisamente dulces dieciseises.

Son graduadas todas, con postgrado, trabajo y el primer marido visteado. Arrugas no les he visto y sobre canas, que hablen sus peluqueros. ¿Cuál es el miedo entonces a ser señora cuando ya ninguna de Ustedes está como para ser miss? Lo que están creando con sus «a mi no me diga señora» es que un día todos los hombres de este país nos alebrestemos y le abramos la puerta diciéndoles: «Después de usted Bachilleresa».´Un título genérico que no puede insultar a nadie, con excepción de la bruta que no se graduó.-


Fotos: Nace Aaron 

3 comments:

Julieta Buitrago said...

Este post es un "must" en el Tea Party II!!!!
Me encantó

Ora said...

"De veintiocho, vamos que ya estás como grandecita." Eso dolió jajajaja!

Emiliana said...

jajajajajajaja yo deje de quejarme el dia que me mude a un pais donde la palabra señora no se usa y pase a ser doña!!!! Eso si suena a vieja decrepita!!!!!!

También te puede interesar:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...