Wednesday, April 20, 2011

Si De Niro tiene moral...


La Deneuve y yo hemos ido a Madrid al matrimonio de nuestra amiga Flore. Hospedándonos en el Barrio La Latina –en frente por cierto de un bar llamado apropiadamente Latina Turner- no nos queda de otra sino sucumbir a la maraña de taxis para llegar a todos los cócteles previos al sarao. Montarse en el Metro madrileño es más fácil que peinar a un calvo pero La Deneuve tiene un fetiche con Manolo Blahnik. El Sr. Blahnik no diseña pies para ser montados en Metros. Ergo, la metida de mis dedos en la boca para, muy americanamente, llamar a un taxi.

Uno de los que nos toca comienza la conversa con la sempiterna pregunta del viaje: «¿Vosotros qué son? ¿Mexicanos?». Aclararle de que somos de Venezuela abre la consabida discusión sobre si el Señor Presidente es lo máximo o es un chiste. Para eso hemos quedado los venezolanos que viajamos con CADIVI: para explicar la revolución. Lo sabroso es que cada taxista tiene una fuerte convicción política que permite el debate entre los euros que escalan la cuenta en el taxímetro. Éste que nos toca, muy serio él, se declara de izquierda «pero vaya hombre que a Chávez le falta un brazo más».

El taxista tiene todos los gadgets imaginables para su faena. El GPS, la libreta de direcciones, el celular con alta voz y el dedo del medio listo para levantarlo por si acaso algún coche se le atraviesa en La Gran Vía. Estamos hablando sobre el impacto económico en América Latina que ha producido el gobierno venezolano. Una conversación muy seria la cual no amerita ni el lugar donde estamos montados ni mucho menos la pinta de farandulero con la cual la señorita Deneuve y yo estamos vestidos. El timbre del celular interrumpe la conversa y el taxista lo atiende. Con manos libres para no irrumpir la Ley.

Es un señor amigo de él. Tienen tiempo que no se ven. Ambos recapitulan su vida. Éste dejó a Marujita hace seis meses, el otro se ha tenido que mudar desde que su Carmen lo botó de la casa hace mes y medio. El negocio va bien, menos mal que ya hace calor porque el frio de la semana pasada estaba «de puta madre». El taxista voltea de reojo ante la grosería para ver nuestra reacción. LaDenueve ayuda a la situación gritando «Coño, marico se me rompió la media». El taxista respira.

La razón de la llamada se devela luego del small talk. El señor que llama se ha conseguido una tía. Buenamoza ella, aunque pasada de años pero con mucha pasta. Se la ha follado un par de veces –el taxista voltea a vernos- pero esta noche le ha manifestado a él que ella quiere fumar marihuana. El taxista intenta apagar el celular sin éxito, mientras el hombre le dice: «y como tú siempre sabes donde conseguir, me gustaría saber si puedo contar con…». Frenéticamente, el taxista intenta deshacerse de la voz que sigue poblando la entereza del taxi con apologías estilo «pero oye, ¿cómo vas a decir esas cosas?» o «hombre, que yo no estoy metido en eso pero es una barbaridad», mientras trata de ver de reojo nuestra reacción sobre la llamada. El hombre le pide mil perdones, se pelean «pero vaya que no estoy discutiendo tu honorabilidass, para nada no te molestes, eh?».

Yo lo veo de lo más normal, cuando un hombre quiere ligar pues busca lo que la mujer le pida y llama a quien lo tenga. Cuando no hay, pues no hay. Pero el taxista está tan desesperado por terminar la conversación, so pena de que su clientela se baje sin pagarle la carrera que temo he de ayudarlo. Saco mi billetera y extraigo un papel que casualmente uno de los bartenders de las tascas del barrio me ha dado esta mañana porque uno nunca sabe lo que le va a provocar hacer en un viaje. «Dígale a su amigo que llame a este número», le digo. El taxista voltea sorprendido, me mira con cara de loco, lo piensa y recita los números.

Turista pero a veces dealer. No siempre pero de vez en cuando, hay que ayudar al desconocido cachondo como se pueda.-

1 comment:

Paula said...

¿es real? es buenísimo

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