Tuesday, May 24, 2011

El Tea Party ahora es un Ambiente 100% Libre de Humo


El jueves en la noche fui a Lola a tomarme un trago. Al entrar, me topé con un cartelón de 80 cm. de ancho por 50 cm. de largo que decía: «Este es un Ambiente 100% Libre de Humo de Tabaco por Resolución del Ministerio del Poder Popular para la Salud». Abajo el símbolo internacional de prohibición de fumar. «Wao –pensé- se pusieron duros con la Ley».

No me importó mucho. Me extrañó estar en un sitio normalmente lleno de humo y me divertí saliendo del local a fumar con otros fumadores. El sábado, luego de una misa fui a almorzar a Il Grillo. Allí también estaba el cartelón. Grande. Enorme. Como para que hasta el yesquero sepa que no debe ser prendido. Tampoco me importó mucho. Total, me gusta sentarme afuera donde sé que no molesto a nadie.

Esta tarde bajé a EntreLibros a entregar unas facturas. Allí estaba el cartelón. Bajé al Edificio Tecoteca a mandarme a hacer otras facturas. Allí estaba el cartelón. Entré a Atlantique a saludar a mi amigo Lalo que tiene una exposición este sábado Allí estaba el cartelón. Entré al Centro Plaza y allí estaba el cartelón. Allí estaba el cartelón. Allí estaba el cartelón. Allí estaba el cartelón.

Me tuve que sentar un momento. No estoy en contra de la prohibición de fumar. Jamás lo he estado. He estado en países en donde tengo que salir a la calle en temperaturas de menos 0 grados para prender un cigarro. Pero nunca me había sentido tan invadido por una prohibición. Tan discriminado. Entiendo el mensaje pero ¿me lo tienen que repetir cada tres pasos? ¿Tienen que ser tan extraordinariamente grandes los cartelones?

Caminé hacia mi casa. Prendí un cigarro en la calle. No me provocaba pero cuando a uno le prohíben algo, tiene que irse al único sitio donde es verdaderamente libre. Mientras estaba detenido en la acera esperando la luz para el paso peatonal observé el comportamiento de mis vecinos. Tres se lanzaron a correr fuera del paso peatonal aun cuando los carros estaban pasando. Una doña paseando un perro dejó que hiciera sus desechos en la acera y siguió de largo. Otro se terminó de tomar un jugo y puso el vasito en una esquina como si nada. Tomé una bocanada y pensé: el cartelón de no fumar está errado.

El cartelón está errado porque no nos importa. Decimos que nos importa pero en realidad no es así. Manifesté mi desaprobación del cartel en Twitter y la respuesta más común fue «¿qué se le va a hacer?». Esa fue la de los fumadores. La de los no fumadores fue –la más bonita- «¡por fin! Es por culpa de gente como tú que yo no pueda respirar aire 100% puro». Pero una cosa son nuestras opiniones y otra nuestro comportamiento ante una prohibición. El «NO» para nosotros es el «ya te llamo que estoy en el banco» y «señor deme cinco minutos que ya yo le muevo el carro». ¿Sirve entonces, un cartelón para una sociedad que tiene la viveza de irrespetarla así sea por cinco minutos?

Tiene que haber una forma en la cual el mismo mensaje repercuta de una manera interactiva, eco-amistosa y didáctica. Hubiera sido interesante que el Gobierno hubiese sido permisivo en las dimensiones del cartel (la permisividad es que el cartel sea más grande de 80cm x 50 cm, no menos). Hubiera sido interesante dejar que las gobernaciones y alcaldías o los locales mismos llamasen a concurso con artistas alternativos para diseñar cartelones que tuviesen una repercusión positiva en el público. Que fuesen a tono con el diseño interior del local. Es un adefesio entrar a una librería y que te reciba un cartelón genérico de no fumar. Es una lástima que un restaurante no te reciba con un cartel que diga «Bienvenidos» sino con un mamotreto de no fumar.

Diseños alternativos hubiesen creado un boca a boca. «¿Viste el cartelón que diseñaron para St. Honoré? ¿Viste el de la Alcaldía? ¿Viste el de Suka? Hubiera sido una propuesta interesante y generado trabajo, ideas artísticas y mensajes positivos para la población. Por sobre todas las cosas, hubiera dejado claro que Venezuela le dice que no al cigarrillo y que alienta a su pueblo a hablar de la prohibición de una manera positiva a través de un arte que embellece sus ciudades. Este no es el caso.

El empeño de decretar a una ciudad –un país de hecho- como no fumadora para estar a la vanguardia de los Objetivos del Milenio 2015 se aplaude. Fumar es malo. Pero empapelarla de pies a cabeza con cartelones nada discretos es señalar al enemigo: el fumador. El tamaño de los cartelones hace pensar que el fumador es el culpable de todos los males en el país. Pero no es el que pierde. Perdemos todos. El único que sale ganando es el señor que tiene una imprenta de cartelones genéricos que prohíben fumar con las dimensiones exactas que pide el Gobierno. A él mis respetos. A sus millones, mi denuncia.

Apago mi cigarro en el suelo y camino hacia mi casa para escribir estas letras. Sí en el suelo. Porque los cartelones me han echado a una calle donde lamentablemente no hay ceniceros.-



4 comments:

Ira Vergani said...

Este post es de estilo de mis favoritos: primero me rio, sigo leyendo y me doy cuenta que viene algo intenso, sigo leyendo y me maravillo con tus ideas y termino leyendo y digo WOW.

Tots, soy no fumadora y como muchos de los que te comentaron en Twitter, digo por fin. Sin embargo, tratando de aprender a pensar de la forma que tu aprendiste en tu cole (siendo mamá de uno que va a uno del mismo estilo) estoy 100% de acuerdo que la forma no es negativizando al que fuma sino resaltando lo bueno del que no lo hace, se trata de motivar y usar el reforzamiento positivo.

No puedo dejar de decirte que este país necesita ideas buenas como esas, hoy tienes acceso a muchos medios, úsalos para que esas ideas lleguen a los oidos de quienes deben llegar.

Besos,
La Presi del Club de Fans

Chemi said...

Ciertamente que esos carteles son más que invasivos, y lo de la creatividad es una excelente idea. Ahora, lo que quisiera saber es como se va a enforzar esa ley, por que por más cartel que exista alguién no lo va a acatar. Como será eso?

Anonymous said...

NO soy fumadora y me molesta muchisimo el humo, pero estoy de acuerdo contigo,cuando pongas unos del mismo tamaño para aprender a ser ciudadanos y no animales viviendo en una ciudad es que de algo serviran esos carteles

Gustavo Pérez said...

Realmente el "cartelón" es como una especie de dedo gigante que señala a un culpable, un juez que te recuerda que no debes transgredir una Ley y te persigue en todos lados.

En mi oficina lo tengo justo al lado de mi escritorio. Lo increíble es que no fumo pero por alguna extraña razón me siento acusado de algo que no he hecho.

Definitivamente esos mamotretos pudieron ser mejor planeados en una mejor campaña.

Buen post, un saludo

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