Tuesday, May 17, 2011

La Ira del Tráfico en un País de Vivos

Estuve esta mañana en el programa Par de Dos con Elizabeth Fuentes y Rafael Romero. Esta semana andan en una nota de celebrar los Pecados Capitales y a mí me tocó ir junto a un psicólogo experto para hablar sobre la soberbia y la ira cuyo audio pueden oir haciendo clic en este link.

Aunque fui invitado para hablar sobre la echonería como forma de soberbia moderna, nos concentramos más en la ira. Una ira que me dio a mí al ser soberbiamente opacado por el psicólogo que hablaba con la más serena de las calmas. ¡Mentira, mentira! En verdad fue una conversación divertida sobre ese mal iracundo que nos azota ya sea con nosotros mismos, nuestra familia o –lo que yo insistí- la calentera de estar en un tráfico rodeado de idiotas que bajan la ventana para saciar el hambre con unos tostones vendidos por los buhoneros.

La ira país -como la llamé- nos viene a nosotros de forma directa en el tráfico. Conocido es mi cuento de que no manejo distancias largas porque creo que es de mala educación vivir tan lejos. La verdad, es que no soporto estar sentado en un mismo sitio sin hacer nada. Por eso, camino. Por lo menos la causa de mi tráfico es culpa de mis pasos cortos. Y el de la vieja con siete bolsas que camina en frente mío y que no me deja pasar.

Uno de los cuentos que eché fuera del aire lidió precisamente con esa ira ocurrida en el tráfico y que tiene que ver como producto de la rabia causada por la viveza de otras personas. Spoiler: es la versión criolla de Bastardos Sin Gloria y no deja una lección bonita. Mucho menos debe ser intentado (y menos sin supervisión). Pero a mí me dio risa.

Hace tiempo un karateca estaba manejando para su universidad. Como sabemos, en la universidad se forman unas trancas enormes para entrar porque aquí nadie cree en el cuento de los empleados de Ikea que se estacionan lo más lejos posible si llegan temprano en respeto a los que llegan tarde. La viveza nos ha llevado a montarnos en islas, a estacionarnos en puestos para minusválidos y, porque nunca se es demasiado vivo, lanzar el carro por la montañita del Cincuentenario de la UCAB. (Ver foto):


El karateca de mi historia venía haciendo una cola eterna en su carrito cuando uno de estos raticas con un carro tipo el Pussy Wagon de Uma Thurman en Kill Bill se le coleó descaradamente. A las seis de la mañana una injusticia se cobra de la mejor manera que se puede hacer: un cornetazo pegado. Ese cornetazo hizo que el vivo de la Pussy Wagon se detuviera, pusiera el freno de mano y se bajase con actitud de «¿Bueno y a ti que es lo que te pasa, mariquito?». Pobre. No sabía lo que le esperaba. 

El karateca se volteó hacia el asiento trasero de dónde sacó un bate. Se bajó del carro. El coleador comenzó a burlarse de él diciéndole que los verdaderos machos pelean con las manos. El karateca le respondió: «No, no. El bate es tuyo. Para que te defiendas de la rolitranca de golpiza que yo te voy a dar». El karateca jamás ha visto a alguien correr tan rápido en su vida.

La ira. El psicólogo en la entrevista dijo que lo más sensato cuando sientes ira es cerrar los ojos, respirar y calmarse para entablar una conversación. Yo opté por echar este cuento. Nada fácil manejar la ira en estos tiempos de vivos.-

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Una leyenda urbana del pasado como ñapa que bien tiene que ver con el tema de la ira:

Anoche, entre el ir y venir de los vinos, salió a relucir este cuento. Un Don de unos setenta años esperaba diligentemente en el estacionamiento del Centro San Ignacio a que uno de los carros saliese para él tomar su puesto. Ya preparándose para estacionar, una de esas mamirruquis abusadoras se aprovechó de la lentitud del viejo y flagrantemente le robó el puesto.

El señor bajó su ventana con cara de incredulidad mientras la señorita se bajaba de su carro. Al ver que el don estaba molesto, la señorita se le rió en su cara y le dijo “Ay papá, bienvenido al país de los vivos”. El viejo, ni corto ni perezoso, adelantó, puso su Mercedes en retroceso y con todas las ínfulas de Rambo aceleró, chocándole el carro a la señora. Volteando a ver la cara de quinta finalista de la abusadora, el señor le dijo: “Se equivoca, Señora. Bienvenida al país de los ricos.”

Santo Tomás de Aquino decía que sólo los virtuosos podían sentir ira. No sé pero pecado o no pecado, yo quiero ser como el don chocón cuando sea grande.-

Foto: http://armandosotillo.blogspot.com/

2 comments:

Ira Vergani said...

yo algun dia voy a hacer eso

Fabs said...

Been there, done what I could jajaja
http://librarianrepublic.blogspot.com/2010/10/como-cabrear-un-pavito-en-la-via.html

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