Monday, May 30, 2011

Tu mamá se divorció en Facebook (y fuiste el último en enterarte)



Pongámonos a pensar en algo serio. Hace tiempo que tu mamá y tu papá están en Facebook. Se crearon su perfil tres años después de que pasara de moda, pero ahí están. Un buen día, en el cual estás de viaje o vives en otro país, decides meterte para ver los momentos Kodak de otros. Ahí está: “[Tu mamá] is now listed as single”. ¿Qué pasó ahí? Le pones un chistecito como quien no quiere la cosa: «¿Se divorciaron en verdad o tus amigas guarimberas te pusieron paranoica con los secuestros por Facebook?». Lo que menos te esperas es que ella  responda: «Se me olvidó decirte, tú papá y yo estamos separados». Plop!

Obviamente esto no me pasó a mí. Los Picapiedra tienen su página en Facebook pero si saben ver fotos es un milagro. Igual me pone a pensar. Con esto de los avances tecnológicos, hay demasiadas maneras por donde enterarse de verdades cercanas antes de que un familiar te lo comunique. Tori Spelling se enteró de que su papá se había muerto porque un amigo le mandó un mensajito de texto dándole el pésame. Cierto, la otrora Donna Martin está peleadísima con su mamá pero ¿no es de lo último enterarse de último?

Tenemos tantas maneras por donde comunicarnos que nos es imposible estar al tanto de todo. Invitaciones se pierden en eventos creados en Facebook porque «¿Esto fue ayeeeer? Sorry pana es que yo no me meto mucho en FB ». El tweet no se vio y mandar un mensaje de voz es tan 2008 que asusta. No conozco a nadie que oiga sus mensajes de voz. Alguien –seguro un sifrino- decretó que el BlackBerry está puteado por lo cual cada vez más amigos me obligan a bajarme la aplicación Whatsapp para poder hablar con ellos. Pues como la gente que vive en La Lagunita: para mí esa gente sencillamente no existe. Que hablen con los que tienen su tecnología.

Toda la información que queremos –salvo quien mató a Kennedy- está en nuestras manos. Y sin embargo, huimos de ella, sea porque nos hacemos los locos o porque en verdad no vimos el mensaje. Oraimar mi fan número 1 pensó que sería chévere ser invitada al debut de mi libro en noviembre. Días después del evento abrió un correo que nunca revisa y allí estaba: «Toto te invita al debut social de Cuentos de Sobremesa».

Cierto, la he debido llamar pero hoy en día nadie quiere hablar por teléfono. El paradigma del micro texto ha vuelto para suplantar a la radiocomunicación. Palomas mensajeras en la yema de nuestros dedos. El mensaje fue transmitido. Es tu culpa si no lo viste. No mía. Por lo menos así piensa el SAIME.

Hay pésames que se mandan por Direct Message; si tu cumpleaños no aparece en Facebook pues tu no cumpliste. Y si sale pero no tienes habilitado el muro por donde escribirte, olvídate del tango, tú lo que eres es un amargado. Cada vez más pensamos que nos gustaría hablar con alguien y cada vez menos lo hacemos.

Todo el mundo está ahí, detrás de un arroba y dentro de un avatar. El problema es que no sabemos cuando se cambiará la letra “D” de delivered por la “R” de read para verdaderamente comenzar a interactuar. Eso nos obliga a dejar un mensaje al aire: «drinks, Entre Hojas, 9 pm CJR, ALB, MZZ, tú y yo» para luego rematar con un nada educado «Ping!». El plan se hace, la gente se divorcia, la felicitación se envía, sin saber cuándo, cómo ni donde, alguien responderá: «Voy que quemo a celebrar que tu mamá se divorció y fuiste el último en enterarte». Tal es el precio que pagamos los que creemos estar conectados.-

2 comments:

Ora said...

Ahora reviso ese correo todos los días (no me vuelve a pasar)

Acuarela said...

Excelente reflexión. Vamos directo a la automatización. Si me das permiso, me encantaría publicarlo en mi Facebook a modo reflexivo.
Saludos mil.
Acuarela.

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