Wednesday, June 22, 2011

Gozarse la Guardia

Yo gozaría siendo guardia de seguridad. Cuando se tiene un apellido impronunciable y consecuentemente inscribible en una hoja de papel sin sentido, es poco lo que no he oído. Para todo guardia en este país yo soy «Juan ¿quéee?», «Juan ¿ahhh?» o simplemente «¿Cómo?» a secas. Entre el deletreo de una de las tres eres que puebla mi apellido, envidio secretamente a los García o a los Pérez. Los García entran derechito. Los Pérez son gente VIP.

Siempre me he preguntado a donde van a parar las hojitas con los datos de los visitantes que los guardias de las garitas residenciales rellenan con esmero. Entiendo la función de saber quien entra y quien sale pero realmente ¿alguien las revisa? No hay presidenta de asociación de vecinos tan fastidiada en la vida como para hacer un cotejo de los que visitan su calle cerrada. Una pena. A falta de crónicas sociales entretenidas en este país, con las listas sabríamos quien tiene un amante y quien no.

Buscar por ejemplo a Nina mi editora es un calvario. Espantados por dos que diecisiete atracos en la zona, los vecinos decidieron amurallarse dentro de Fort Knox. En la garita hay un foco de luz que nada tiene que envidiarle al faro de Puerto La Cruz. La luz es intensa, propia para un interrogatorio. ¿Por qué no hay faros en los clubes de stripper? Es la única ocasión en la cual se me ocurre que sería bueno tener las pupilas dilatadas.

Como polilla cegada por bombillo energético, acelero con trepidación hacia el poste de seguridad que me tranca el paso hacia Fort Knox. Es un palo estándar pero lleno de cartelones con prohibicione tipo: Identifíquese, no toque corneta, baje los vidrios, no insista los guardias no cantan cumpleaños. Están todos allí. Desde la garita, y como para añadirle más vatios al Electrical Parade, hay un guardia que me alumbra con una linterna. La misión de este guardia es indicarme que debo bajar las luces de mi carro.

Otro guardia se acerca con la tablita y la hoja para anotar mis datos. No sirve el rutinario hashtag que da uno cuando baja el vidrio del carro: «#sibuenasamigovoyaresidenciasendora». Este guardia es de los que se asoma. De los que me pide prender la luz interna de mi carro y de los que se molesta porque no puede entender que la luz interna de mi carro no sirve desde 1999. Nina mi editora está avisada de que estoy en la garita. Desde hace tres esquinas cuando le mandé el mensajito de «Baja». Yo la puedo ver en la distancia pero no hay forma de que me dejen pasar. Entrar a su calle es cruzar Schengen. Mínimo quince minutos de suministrar información ilógica. Darles tu tipo de sangre como ñapa no sirve. Pocos guardias residenciales ríen.

Mis guardias favoritos son los wachiman a la entrada del edificio. Todos con postgrado en la Escuela de Wachimanes, donde aprendieron a tener sueño y acostumbrarse a la pantalla de un televisor pequeño. Despertarlos con un «Buenas» o tres toquecitos cada vez más frenéticos en el vidrio es un crimen pero más seguros están ellos de lo que estoy yo fuera del edificio.

Me entretienen los sabiondos. Los que saben donde vive cada quien. Detesto a los que no tienen idea en cual torre es que vive la familia García. Yo no sé donde vive la familia. No me interesa, sólo vine a buscar a alguien. Pero ahí tengo que esperar a que se encuentre el piso. Siempre es 1-B. Lógico, el de la ventana justo encima de la caseta. Un trabajo sencillo que no tiene ciencia, salvo la insoportable impaciencia por lograr que baje alguien desde la más alta torre.

Sí, yo gozaría. Si yo fuera wachiman mi técnica para avisar que alguien está en la puerta sería gritar en el aire: «¡NIIIINA LLEGÓ TOTO! QUE BAJES». Los vecinos que se molesten. Cualquier cosa que se quejen con el nombre que anoté en la planilla de entrada. Teodoro Petkoff o el que más caché le de a la llegada de un visitante impaciente.-

3 comments:

Valentina said...

Chamo, eso no es en Colinas de la tahona, por casualidad? Si es así, sé cuáles son esos wachimanes. Es LA odisea!

Ora said...

Una vez uno llegó a realizar su cuestionario. Después de preguntar por el número de placa dijo: ¿color del vehículo? COLOR DEL VEHÍCULO. Nunca entendí. Si yo digo verde, pero él está viendo que es azul, ¿qué anotará? ¿me devuelve?

La Nena said...

No te puedes imaginar lo que han hecho con mi nombre que es frances y mi apellido aleman!! He visto que han escrito cada cosa!! Jejeje

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