Saturday, June 18, 2011

Hablemos del bullying (y del sexo) en la mesa


Con las nuevas tecnologías, la vida está difícil para los muchachos de hoy. Recientemente he oído unos cuentos de bullying en los colegios que dejan a las prácticas de acoso en mi época como nimiedades. En el cien por ciento de estos cuentos hay una forma de tecnología involucrada, léase Facebook, léase el Messenger del BlackBerry y las fotos. No es un problema de reciente data. De hecho ¿a quién no le sacaron el gato en el colegio por puro placer? A mí me fastidiaron toda la vida en el colegio cantando: “Hacer el amor con Toto, no, no, no. No es la misma cosa. No hay estrellas de color rosa”. Uno lo asume pero la verdad es que ninguno de nosotros se vio afectado por una foto que se volvió viral con un solo clic de la parte agresora.

Es normal que el adolescente tenga curiosidad sobre el sexo. Basta con recordar nuestro desespero entre el acné y las hormonas como para pretender que nuestros hijos y sobrinos con frenillos no están en lo mismo a puerta cerrada. El problema es que hoy en día cualquiera puede teclear la palabra “teta” o “pene” en la Internet y le salen diecisiete millones de fotos. En mi época sólo habían dos recursos: una película robada de la biblioteca del tío lascivo o las páginas de anuncios de la revista Estampas donde se promocionan los implantes de “glúteos” y “senos” con modelos en atuendos sugerentes.

Más allá de la variedad de opciones, el gran problema es que el sexo continúa siendo un tema tabú en la sobremesa familiar. Se rehúye de hablar sobre él con los hijos por pena o porque sencillamente nuestros padres no lo hicieron con nosotros. Y eso es un gran error.

No puedo hablar sobre las mujeres pero el tema de la masturbación del varón al comienzo trae un gran miedo. Sea porque oyes a los amigos hablar de ella o porque te preguntas el porqué Ron Jeremy se frota su pene así en la película mal hecha, el descubrir el placer de masturbarse para luego eyacular constituye una mortificación temprana: ¿Qué es este líquido que sale de mi cuerpo? ¿Me estoy muriendo? ¿Será que me rompí un órgano? Desde ese momento es importante tener la confianza para poder hablarlo con un adulto.

La educación sexual en los colegios sólo se limita a la reproducción. En mi caso, en primaria, dividían a los hombres y a las mujeres en dos salones distintos. Al hombre le enseñaban todo sobre el aparato sexual masculino y a las mujeres el suyo. Siempre he pensado que este fue el error. Si tienen el tupé de juntarnos para hacernos ver lo que es un paramecio ¿por qué demonios el varón no tiene derecho a saber cómo funcionan las trompas de Falopio y la mujer los testículos?

Nada se habla sobre la importancia de relaciones sexuales sanas, hechas a través de la confianza y el consentimiento mutuo. Es un tema dejado para la casa pero en casa no lo estamos hablando lo suficiente. Sobre todo cuando la “primera vez” se aleja cada vez más de la “primera vez” que te acuestas con tu marido o con tu esposa. En tiempos permisivos como éstos no nos podemos dar el lujo de apostar por la virginidad del matrimonio. Si no lo hicimos nosotros ¿cómo esperar que nuestros hijos lo hagan?

Yo no tengo hijos pero me uno a la causa de la educación: hay que hablar sobre lo que está mal y lo que está bien. La pena son cuatro letras que bien valen la pena olvidar, porque si nuestros hijos son como nosotros, primero muertos antes de sentarse a hablar sobre sexo. Pero hay que hacerlo de alguna manera. Más que controlar y bloquear todo acceso de Internet a contenidos explícitos y pretender que con eso estamos seguros, hay que enseñarles que eso existe pero que todo tiene su momento.

Hay que enseñarles que lo que se jura es un acto inocente como “mándame una foto porque yo te mandé una foto mía”, como está sucediendo, es un acto que puede traer consecuencias. No podemos ser los espías de lo que nuestros hijos hacen en Internet pero es necesario impartir la confianza para dejarlos ser, a sabiendas que lo “malo” que pueden estar haciendo, se discutió o se puede discutir en la mesa con franqueza. Y con opciones.

El último caso de bullying que escuché se debió a que una niña confesó en la mesa con sus padres lo que le estaba pasando a un niño que había sido víctima de una foto enviada a otro amigo por ignorancia. El niño había perdido una chorrera de kilos como consecuencia de eso, sin poderlo hablar con sus padres o sus profesoras por vergüenza. No podemos permitirnos ese lujo. Hay que sentarse a hablar sobre temas molestos para poder garantizar al menos que existe un tipo de ayuda en caso de requerirla. Es horrible ser hijo, eso todo lo sabemos. Pero más horrible es ser hijo víctima de un bullying y no poder sentarse a discutirlo en la mesa por desconocer que eso puede ser una opción. A veces la mejor de todas.-

4 comments:

Ata Alibrandi said...

Tienes full razón en esto!.. Hoy en día nadie le dice a los chamos qué está bien y qué no... Las fotos de niñitas rondan por el internet, porque ellas las envían, porque ellos las reenvían y se convierte en un caso grave de bullying así que yo creo que tanto los colegios como los papás tiene que dejar un pelo los tabúes y poner las cartas sobre la mesa para evitar esto un poco al menos!

Ira Vergani said...

Ayer escuché el cuento y me quedé aterrada no con pena. Aterrada porque si bien creo que hablarlo es la respuesta, es complicado escoger el momento, es un línea muy gris entre educar y promover. Nada de esto es fácil y uno ni manual tiene.

Anonymous said...

El bullying siempre me ha parecido de las cosas mas dañinas y mas injustas con cualquier persona. Y lo encontramos a todos los niveles. Internet, facebook, twitter, BB. No solo afecta niñas y niños........que me dices del bullying contra Alicia Machado?

Toto said...

Tienes razón, no había visto lo de Alicia Machado como una forma de bullying.

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