Sunday, June 19, 2011

Al Jardinero de Sonrisas - En el Día del Padre


Es extraña la sensación de celebrar un Día del Padre sin el Padre. Como he contado aquí, mi papá camina por las calles de Paris abriendo botellas de vino por doquier y viviendo un tórrido romance con una señorita que se hace llamar mi madre. Verlos a los dos caminando por cualquier calle parisina es pensar: que cursis. 36 años de casados más tarde han vuelto a poner de moda eso de agarrarse la mano.

Recuerdo una vez que nos mandaron a pintar un dibujo en el colegio con motivo del Día del Padre. La profesora nos pidió que pintáramos la profesión de nuestros papás para poder regalárselo como la tarjeta para algún objeto ilógico hecho a base de goma Elefante y pasta de lacitos. Yo me esmeré. Siempre me ha gustado pintar humanos. Dibujé un fondo de matas cuajadas de todas las orquídeas verdes, moradas, blancas y anaranjadas que poblaban mi casa. Como era un niño me permití el lujo de dibujar dos que tres phalaenopsis azul neón

A mi papá lo puse en el medio. Una figura con unas piernas larguísimas –característico de mi temprano período artístico-, una corbata de rayas y un saco gris que le combinaba con el pantalón. Como único accesorio le puse una manguera en la mano. Allí estaba plasmada la profesión de mi padre: jardinero estrella de las flores más bellas de mi casa.

Tres semanas después me encontraba sentado en la oficina del Dr. Nascimiento, psicoterapeuta. El dibujo de las orquídeas y el señor que riega las matas era el objeto de la discusión. Mi papá no era jardinero. Mi papá era una cosa extrañísima llamada A-B-O-G-A-D-O (el cual me hicieron deletrear sesenta veces). Como consecuencia de mi ignorancia, pasé un mes del verano de 1987 metido en el escritorio de A-B-O-G-A-D-O-S de mi papá, engrapando documentos importantes con la secretaria.

¿Fue un error confundir a mi papá por jardinero? Los psicólogos podrán explicar y dar teorías sobre mi relación pero yo difiero. El horario en el cual yo veía a mi papá era a las doce del mediodía, hora del almuerzo. ¿Qué hacía? Pues regaba matas. Se llamaba quitarse el estrés. Para cuando llegaba a las ocho de la noche, no regaba matas, solamente las contemplaba con un whisky en mano. Trago también llamado quitarse el estrés.

Es completamente lógico pensar que mi papá era el jardinero de mi casa. De niño uno jamás se pregunta donde está San Nicolás en febrero o en marzo. Yo no tenía preocupaciones por el paradero de mi propio San Nicolás en mi horario de natación, golf, tenis, matemáticas y Crema Paraíso. Estaba ahí para abrazarme a las doce antes de regar las matas y estaba ahí para hacerlo otra vez después de las ocho cuando salía a contemplarlas.

Hoy me burlo de la historia pero imagino fue toda una desgracia para él en aquel momento. ¿Cómo que mi hijo no sabe donde trabajo? Leo notas de esa época que he encontrado en gavetas y sí sale: desapego paternal. Y yo sólo pienso: que errados estaban. Mi papá era la vida para mí. Era el hombre de volar papagayos, de bicicletas en Los Caobos, de señalar a “los pavitos necios”. Era el señor antojado de ir a la apertura del primer McDonald’s en El Rosal.

Él era el papá que se bañaba con todos los primos y añadidos en la playa. El que gritaba “a la orillita” cuando nos dábamos de Julio Verne y salíamos a explorar a la mar. El exagerado que compraba la tienda de campaña más grande del mercado para poder montarla en el jardín. El rey de las películas en Súper Ocho. El bonachón en Navidad. El que deletreaba groserías. Todavía lo hace. “P-E-O”.

¿Cómo no querer a alguien así? ¿Ser alguien así? Mi mamá era la del orden, los regaños y las pelas. Mi papá era el de la confesión en la esquina: “dile a tu mamá que no te puede amenazar con pelarte porque tú tienes derechos”. Fue mi héroe supersónico. Es mi Pedro Picapiedra. La razón por la cual todavía creo en Fantasía.

Hoy en día lo regaño porque se porta como si todavía estuviera surfeando las olas con su barriga. Es el que prende el cigarro debajo del cartelón de no fumar, el que amarra una media en una bujía. El que le dice Yolanda a Cristina y el que se colea haciéndose el loco porque qué fastidio la espera. Es un desastre. Pero es mi desastre. Mi jardinero de matas. Mi regador de sonrisas. Que se fue a Paris con lo que más quiere y que algún día, con regalos ilógicos que le dieron risa en su momento, volverá.-

Happy Father’s Day, Daddy Dear.-

2 comments:

Ira Vergani said...

Awwwwwwwww.
ps. yo también fui donde Nascimento...nos hizo a todos así de locos

Bibi said...

¿Se permite llorar con esto? Pues sino ya lo hice

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