Tuesday, June 28, 2011

Síndrome Esto es el Colmo


El Síndrome de Estocolmo es una condición psíquica en la cual la víctima de un secuestro desarrolla empatía hacia sus captores hasta el punto en el cual los defiende. La reacción viene debido a la necesidad de cooperación ante la posibilidad de la muerte o quizás porque el secuestrador estaba bueno y la víctima andaba soltera y solitaria. Uno nunca sabe.

Venezuela no escapa de este síndrome. Pero como de todo hay que hacer un bochinche, hemos desarrollado una variación de la condición la cual seguramente tiene a la Asociación Mundial de Psiquiatría rascándose la calva. A los venezolanos nos parece que Estocolmo queda como lejos. Nos da como frío. Aquí en verdad lo que sufrimos es del Síndrome de Esto es el Colmo.

La variedad del Síndrome de Esto es el Colmo es que odiamos a nuestro captor. Nos cae de la patada. Consideramos que es un inepto en la manera como nos dirige y pensamos que nosotros podemos ser mejores secuestradores que él. Cien veces mejor. La diferencia está en que lo dejamos actuar. No hacemos nada por interrumpir nuestro secuestro salvo el quejarnos. Por supuesto que nos quejamos. En su cara. Que se lo twittiemos es otra cosa. Allí está su avatar y para el venezolano, eso es una cara suficiente.

El Síndrome Esto es el Colmo no es producto de la V República pero nos gusta pensar que sí. El Señor Presidente nos tiene apresados a todos con un cuento del socialismo el cual ha producido no pocas quejas hacia su persona. Pero no hablaremos de él aquí. No, mientras esté enfermo operado y recuperándose en la ciudad de Pa’lante, Cuba. Nuestros nuevos captores han pasado a ser su séquito de ministros. Esos sí son el colmo. Con caras largas admiten que el Presidente está fino, fino como Bambino pero no le montan un flux y lo sacan parapetado a un balcón para que nos cante No Llores Por Mí Argentina. ¿Cómo se supone que drenemos el síndrome si no lo vemos?

A causa de esto, los venezolanos hemos tenido que lidiar exclusivamente con las otras formas de secuestro que avivan nuestro síndrome. ¿Quiénes son nuestros captores del día a día que nos hacen la vida imposible? Pues, la conserje es una. Que no haya agua para bañarse en el edificio es culpa de esa doña egoísta quien acopla la llave de paso a su horario de novela. La gente en CORPOELEC es otra. Basta que uno se monte en un ascensor para que a un pasante en la empresa estatal le dé por jugar al cuarto oscuro nacional. No hay otra explicación de ineficiencia.

Otro surgimiento del síndrome es en el tráfico. Éste es inevitable pero ahí la culpa la tiene el que reporta el tránsito desde un helicóptero. Es el colmo que alguien que ni siquiera maneja nos diga que la ciudad está «colacsada». Lo sabemos. Hay quince obreros sentados en la parte trasera de un camión viéndonos desde hace media hora.

Los parqueros son otros captores responsables de nuestras quejas fútiles. Es el colmo que pongan conos en un estacionamiento, reservados para las «aquí bien lavadito mami, bella tú, bello el carro». Pero como uno no es mami, ni quiere lavar su carro, tiene que dar cien vueltas por la roca madre del estacionamiento, de donde no se puede salir hasta tanto no se aparque en alguna parte para cancelar el ticket de estacionamiento. ¡Absurdo!

Ni hablar de las recepcionistas. Es el colmo llegar a una cita puntual y que ésta nos diga: «Mi rey tú te me vas a tener que esperar porque el Doctor está furrrlll». El mireyismo no nos importa mucho. Lo que nos duele en el ego es que se mire las uñas laqueadas con maripositas y no demuestre compasión. Que nos deje sentados por horas con revistas cuyas editoriales ya ni existen. ¡Desgraciada!

Así vamos por la vida. En cola, con ticket en mano, entablando amistad con los otros que padecen el Síndrome de Esto es el Colmo. Nos encanta eso, compartir la enfermedad. La lentitud de un proceso administrativo o mercantil es el rompe hielo perfecto para que dos extraños compartan una dolencia muscular. Unirse para comentar sobre la ineficiencia del muchachito de la caja quien no hace sino hablar por celular con Marjorie, la que no sabe lo que es un picnic, es el epítome del síndrome.

¿Caja de sugerencias? ¿Quejas ante el gerente? ¿Organización vecinal? ¿Búsqueda de nuevos líderes políticos? No mijoooo. El Síndrome Esto es el Colmo no se reporta ante las autoridades que pueden prescribir la medicina. Mientras haya un captor a quien echarle la culpa, se coopera (im)pacientemente con la ineficiencia. No vaya a ser que por quejarnos nos quedemos sin el pasaporte, el Presidente, el puesto de estacionamiento o un pollo desmenuzado pa’ la cena de esta noche. Los venezolanos sufrimos del Síndrome Esto es el Colmo. Pero también sufrimos de la falta de tiempo.-

3 comments:

Anonymous said...

Toto,
Entrar en la embajada de Venezuela es como teletransportarse... Es encontrar todos esos personajes en un área de 300 mt2. Lo peor es que uno se contagia rapidito.
¡Increible!

marlonmujica said...

El colmo es que tú escribas estas cosas jajaja

Emiliana said...

chapeau

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